domingo, 30 de marzo de 2014

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA LUNES 31 DE MARZO DE 2013


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
LUNES 31 DE MARZO DE 2013
IV SEMANA DE CUARESMA / A

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 30, 7-8)
Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.

ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que renuevas este mundo por medio de tus sacramentos, concede a tu Iglesia aprovechar estos signos misteriosos de tu presencia y asístela siempre en sus necesidades materiales. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
Ya no se oirán gemidos ni llantos.

DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS: 65, 17-21

Esto dice el Señor: "Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; ya no recordaré lo pasado, lo olvidaré de corazón.
Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría por lo que voy a crear: Convertiré a Jerusalén en júbilo y a mi pueblo en alegría. Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo. Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.
Ya no habrá niños que vivan pocos días, ni viejos que no colmen sus años y al que no los alcance se le tendrá por maldito. Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL: Del salmo 29
R/. Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste. R/.
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. R/.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente. R/.

ACLAMACIÓN (Cfr. Am 5, 14) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan, y el Señor estará con ustedes. R/.


 Vete, tu hijo ya está sano 
DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN: 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen". Pero el funcionario del rey insistió: "Señor, ven antes de que mi muchachito muera". Jesús le contestó: "Vete, tu hijo ya está sano".
Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: "Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre". El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.
Éste fue el segundo signo que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Como fruto de este sacrificio que vamos a ofrecerte, líbranos, Señor, de la esclavitud de nuestros vicios y danos fortaleza para vivir de acuerdo con tu Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Cuaresma.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Ez 36, 27)
Infundiré mi espíritu en ustedes para que vivan según mis mandamientos y cumplan mi voluntad, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que esta santa comunión, Señor, renueve y santifique nuestra vida y nos ayude a alcanzar los bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.


HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO
“QUIEN TIENE FE CAMINA HACIA LAS PROMESAS DE DIOS, 
DE LO CONTRARIO ES UN TURISTA EXISTENCIAL”
 Lunes 31/03/2014

No vagabundear por la vida, incluida la del espíritu, sino ir derechos hacia la meta que para un cristiano quiere decir seguir las promesas de Dios, que jamás decepcionan. Es la enseñanza del Papa Francisco según las lecturas del día, y que explicó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Hay cristianos que se fían de las promesas de Dios y las siguen a lo largo de la vida. Hay otros cuya vida de fe se estanca y hay otros aún convencidos de progresar y que, en cambio, hacen sólo “turismo existencial”. El Papa hizo una distinción acerca de tres tipos de creyentes, que tienen el común denominador de saber que la vida cristiana es un itinerario, pero que son divergentes en el modo de recorrerlo o no recorrerlo de ninguna manera.

Ante todo, inspirándose en el pasaje de Isaías de la primera Lectura, Francisco explicó que Dios siempre “antes de pedir algo, promete”. Y añadió que su promesa es la de una vida nueva y la de una vida de “alegría”. Aquí, dijo, está “el fundamento principal de la virtud de la esperanza: confiar en las promesas de Dios” – sabiendo que Él jamás “decepciona” – puesto que la esencia de la vida cristiana es “caminar hacia las promesas”. Mientras después también están los cristianos que tienen “la tentación de detenerse”:

“¡Tantos cristianos detenidos! Tenemos tantos detrás que tienen una esperanza débil. Sí creen que existe el Cielo y que todo irá bien. Está bien que lo crean, ¡pero no lo buscan! Cumplen los mandamientos, los preceptos: todo, todo… Pero están detenidos. El Señor no puede hacer de ellos levadura en su pueblo, porque no caminan. Y esto es un problema: los detenidos. Después hay otros entre ellos y nosotros, que se equivocan de camino: todos nosotros algunas veces nos hemos equivocado de camino, esto lo sabemos. El problema no es equivocarse de camino; el problema es no regresar cuando uno se da cuenta de haberse equivocado”.

El modelo de quien cree y sigue lo que la fe le indica es el funcionario del rey descrito en el Evangelio, que pide a Jesús la curación de un hijo enfermo y no duda un instante en ponerse en camino hacia casa cuando el Maestro le asegura que la ha obtenido. Opuesto a este hombre, afirmó el Papa, es quizás, el grupo “más peligroso”, en el que están aquellos que “se engañan a sí mismos: los que caminan pero no hacen camino”:

“Son los cristianos errantes: giran, giran como si la vida fuera un turismo existencial, sin meta, sin tomar las promesas en serio. Aquellos que giran y se engañan, porque dicen: ‘¡Yo camino!’. No, tú no caminas: tú giras. Los errantes… En cambio, el Señor nos pide que no nos detengamos, que no nos equivoquemos de camino y que no giremos por la vida. Girar por la vida... Nos pide que miremos las promesas, que vayamos adelante con las promesas como ese hombre, como ese hombre: ¡ese hombre creyó en la palabra de Jesús! La fe nos pone en camino hacia las promesas. La fe en las promesas de Dios”.

“Nuestra condición de pecadores hace que nos equivoquemos de camino”, reconoció el Papa Francisco, si bien aseguró que: “El Señor nos da siempre la gracia de volver”:

“La Cuaresma es un tiempo hermoso para pensar si estoy en camino o si estoy demasiado quieto: conviértete. O si me he equivocado de camino: pero ve a confesarte y retoma el camino. O si soy un turista teologal, uno de estos que hacen el giro de la vida pero jamás dan un paso hacia adelante. Y pido al Señor la gracia de retomar el camino, de ponerme en camino, pero hacia las promesas”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

FUENTE: RADIO VATICANO.

REFLEXIÓN

Is. 65, 17-21. He aquí que yo hago nuevas todas las cosas. Mediante el Misterio Pascual de Cristo, Dios llevó a su plenitud lo que hoy nos anuncia el Profeta Isaías. Dios no sólo nos ha perdonado nuestros pecados, sino que nos ha convertido en hijos suyos, haciéndonos participar de su mismo Espíritu, que nos capacita para que entremos en diálogo amoroso con Él y para que, día a día, vayamos siendo más perfectos como hijos suyos por nuestra unión, cada vez más íntima, a Jesús, su Hijo único e Hijo amado, en quien Él se complace. Puesto que nosotros nos hemos convertido en el pueblo en el que el Señor se goza, tratemos de permanecer fieles al amor que Él nos tiene. Que Él nos conceda vivir ya desde ahora con Él hasta lograr permanecer con Él eternamente, y no permita que nos convirtamos en malditos a causa de nuestras infidelidades.

Sal. 30 (29). Dios jamás olvidará, ni abandonará a sus hijos. Aún en medio de las grandes pruebas; aún en medio de las grandes persecuciones, Dios permanecerá siempre a nuestro lado, y jamás permitirá que nuestros enemigos se rían de nosotros. Confiemos en el Señor y Él nos salvará. Y aún cuando en algún momento pareciera como que somos vencidos, Dios hará que incluso nuestra muerte tenga sentido de salvación, pues tanto en vida como en muerte somos del Señor. Él hará que al final de nuestra existencia nos levantemos victoriosos, con la Victoria de Cristo, para gozar eternamente de su Glorificación. A Él sea dada toda alabanza, y todo honor y toda gloria ahora y por siempre.

Jn. 4, 43-54. Muchos, especialmente de su pueblo, rechazaron al Señor. Le amenazan de muerte y Él, pasando en medio de ellos, se aleja. Ojalá y no se aleje también de nosotros a causa de la dureza de nuestro corazón. Mejor algunos extranjeros llegaron a creer en Él. Hoy se nos habla de un funcionario real, que pide la curación de uno de sus muchachitos. Y ante la orden de que regresara a su casa porque su hijo ya estaba sano, ese hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. La fe, efectivamente, no sólo nos lleva a aceptar, con un asentimiento libre, las verdades reveladas por Dios, sino que nos pone en camino. Estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe, de tal forma que, junto con nosotros, muchos más puedan aceptar en su corazón, y no sólo en su mente, la salvación que nuestro Padre Dios nos ofrece en Jesús, su Hijo hecho uno de nosotros.
El Señor nos reúne en torno suyo en esta celebración, Memorial de su Pascua gloriosa. Él, para darnos un corazón nuevo y un Espíritu nuevo ha entregado su vida en la cruz. Toda creación de algo nuevo reporta sacrificio. Y nosotros no podemos recibir este don de Dios sólo tratando de disfrutarlo de un modo pasivo. El Señor nos comunica su Vida y su Espíritu para que, en su Nombre, vayamos contribuyendo, en medio de renuncias y sacrificios, a la construcción de un mundo renovado en Cristo, hasta convertirlo en un signo del Reino de Dios entre nosotros. Por eso aprendamos a ser fieles, en todo, a la voluntad de Dios sobre cada uno de nosotros. Si en verdad aceptamos nuestro ser de hijos de Dios, pongámonos en camino para proclamar nuestra fe mediante las obras, dando así, en el mundo, razón de nuestra esperanza.
Tal vez nuestra propia casa sea el lugar más difícil para dar testimonio del Señor. Pero no podemos ir a otros lugares a proclamar la Buena Noticia de Salvación mientras descuidamos a los nuestros. Ellos, más que nadie, nos conocen profundamente. Cuando algunos de la casa, o de la comunidad a la que pertenecemos, nos rechacen porque conozcan nuestra vida pasada, tal vez no muy recta, no nos desanimemos; recordemos que el Señor nos invita a ir a nuestra casa y dar testimonio, en medio de los nuestros, de lo misericordioso que Dios ha sido para con nosotros. Esto nos ha de llevar también a no rechazar a quienes, reconociendo sus propias miserias, han vuelto al Señor y se han convertido en testigos suyos. Aprendamos a colaborar mutuamente en el trabajo por hacer realidad entre nosotros el Reino de Dios. Trabajemos sin envidias. Creamos que en verdad Dios habita en cada uno de nosotros, que somos sus hijos. Cuando el mundo nos vea unidos en torno a Cristo y guiados por un mismo Espíritu, podrá creer junto con nosotros en el Señor. De lo contrario, aun cuando les digamos discursos bellamente armados, junto con nosotros vivirán hipócritamente su fe, alabándolo con los labios, mientras su corazón estará lejos de Él.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda en abundancia la presencia de su Espíritu Santo en nosotros, para que tengamos la valentía suficiente para trabajar por su Reino, sin desanimarnos ante las críticas, desprecios, persecuciones o muerte. Amén.
 (Homilía católica)


CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA
Is 65,17-21; Jn 4, 43-54
El enunciado anterior no es el lema de algún grupo de sectarios o fanáticos fundamentalistas atrincherados en una visión medieval del mundo. Al contrario es una invitación a la esperanza que se traduce en formas de convivencia marcadas por los valores fundamentales, que tanto los profetas como el mismo Señor Jesús, propusieron a sus oyentes: justicia, libertad, compasión, amor fraterno y solidaridad. Ese proyecto no tendrá que ser delineado por un iluminado que pretenda disponer de dones sobrenaturales y que quiera tratar al resto como menores de edad, a quienes procurará someter por me-dio de una estructura piramidal, contraria a la libertad de conciencia. Los cielos nuevos y la tierra nueva, no son un proyecto impuesto por una facción vencedora sobre el resto de las personas, es una organización y unas estructuras construidas de manera corresponsable y colegial en clave de esperanza y fraternidad. Son primicias que paladeamos y que anhelamos consolidar en la plenitud de la vida.



Santos
 Benjamín de Persia, mártir; Balbina de Roma, mártir.
Beata Juana de Toulouse, religiosa.

Feria (Morado)

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