jueves, 30 de junio de 2016

Papa Francesco Omelia Messa Festa Santi Pietro e Paolo 2016.HD





Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de San Pedro y San Pabloe Junio de 2016



"La Palabra de Dios de esta liturgia contiene un binomio central: cierre - apertura. A esta imagen podemos  unir el símbolo de las llaves, que Jesús promete a Simón Pedro para que pueda abrir la entrada al Reino de los cielos, y no cerrarlo para la gente, como hacían algunos escribas y fariseos hipócritas a los que Jesús reprende.



La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta tres encierros: el de Pedro en la cárcel; el de la comunidad reunida en oración; y – en el contexto cercano de nuestro pasaje – el de la casa de María, madre de Juan, llamado Marcos, donde Pedro va a llamar después de haber sido liberado.



Con respecto a los encierros, la oración aparece como la principal vía de salida: salida de la comunidad, que corre el peligro de encerrarse en sí misma debido a la persecución y al miedo; salida para Pedro, que al comienzo de su misión que le había sido confiada por el Señor, es encarcelado por Herodes, y corre el riesgo de ser condenado a muerte.



Y mientras Pedro estaba en la cárcel, «la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él». Y el Señor responde a la oración y le envía a su ángel para liberarlo, «arrancándolo de la mano de Herodes». La oración, como humilde abandono en Dios y en su santa voluntad, es siempre una forma de salir de nuestros encierros personales y comunitarios. Es la gran vía de salida de las cerrazones.



También Pablo, escribiendo a Timoteo, habla de su experiencia de liberación, la salida del peligro de ser, él también, condenado a muerte; en cambio, el Señor estuvo cerca de él y le dio fuerzas para que pudiera llevar a cabo su trabajo de evangelizar a los gentiles. Pero Pablo habla de una «apertura» mucho mayor, hacia un horizonte infinitamente más amplio: el de la vida eterna, que le espera después de haber terminado la «carrera» terrena.



Es muy bello ver la vida del Apóstol toda «en salida» gracias al Evangelio: toda proyectada hacia adelante, primero para llevar a Cristo a cuantos no le conocen, y luego para saltar, por así decirlo, en sus brazos, y ser llevado por él que lo salvará llevándolo a su reino celestial».



Volvamos a Pedro. El relato Evangélico de su profesión de fe y la consiguiente misión confiada por Jesús nos muestra que la vida de Simón, pescador de Galilea ? como la vida de cada uno de nosotros ? se abre, florece plenamente cuando acoge de Dios la gracia de la fe.



Entonces, Simón se pone en el camino – un camino largo y duro – que le llevará a salir de sí mismo, de sus seguridades humanas, sobre todo de su orgullo mezclado con valentía y con generoso altruismo. En este su camino de liberación, es decisiva la oración de Jesús: «yo he pedido por ti (Simón), para que tu fe no se apague».



Es igualmente decisiva la mirada llena de compasión del Señor después de que Pedro le hubiera negado tres veces: una mirada que toca el corazón y disuelve las lágrimas de arrepentimiento. Entonces Simón Pedro fue liberado de la prisión de su ego orgulloso, de su ego miedoso, y superó la tentación de cerrarse a la llamada de Jesús a seguirle por el camino de la cruz.



Como ya he dicho, en el contexto inmediato del pasaje de los Hechos de los Apóstoles, hay un detalle que nos puede hacer bien resaltar. Cuando Pedro se encuentra milagrosamente libre, fuera de la prisión de Herodes, va a la casa de la madre de Juan, llamado Marcos. Llama a la puerta, y desde dentro responde una sirvienta llamada Rode, la cual, reconociendo la voz de Pedro, en lugar de abrir la puerta, incrédula y llena de alegría corre a contárselo a su señora.



El relato, que puede parecer cómico, y que puede dar inicio al llamado complejo de Rode, nos hace percibir el clima de miedo en el que vivía la comunidad cristiana, que permanecía encerrada en la casa, y cerrada también a las sorpresas de Dios. Pedro llama a la puerta: “¡Mira!”. Está la alegría, está el miedo… “Pero. ¿abrimos, no abrimos?”. Y él corre peligro, porque la policía puede tomarlo… Pero el miedo hace que nos detengamos, ¡nos detiene siempre! Nos cierra, nos cierra a las sorpresas de Dios.



Este detalle nos habla de la tentación que existe siempre para la Iglesia: de cerrarse en sí misma de cara a los peligros. Pero incluso aquí hay un resquicio a través del cual puede pasar a la acción de Dios: dice Lucas que en aquella casa, «había muchos reunidos en oración». La oración permite a la gracia abrir una vía de salida: del cerramiento a la apertura, del miedo a la valentía, de la tristeza a la alegría. Y podemos añadir: de la división a la unidad.



Sí, lo decimos hoy junto a nuestros hermanos de la delegación enviada por el querido Patriarca Ecuménico Bartolomé, para participar en la fiesta de los Santos Patronos de Roma. Una fiesta de comunión para toda la Iglesia, como pone de manifiesto la presencia de los Arzobispos Metropolitanos venidos para la bendición de los Palios, que les serán impuestos por mis Representantes en sus respectivas sedes.



Que los santos Pedro y Pablo intercedan por nosotros, para que podamos hacer este camino con la alegría, experimentar la acción liberadora de Dios y testimoniarla a todos."



Fuente: ACI Prensa,.


sábado, 25 de junio de 2016

Descubriendo el Vaticano- Capilla sixtina

El Santo del Dia: 25 DE JUNIO SAN GUILLERMO DE VERCELLI ABAD

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Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL SÁBADO XII DEL T. ORDINARIO 25 DE JUN...

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REFLEXIÓN


Lam. 2, 2. 10-14. 18-19. Dios se dirige a su Pueblo por medio de aquellos a quienes ha confiado el anuncio y la administración de la Salvación.
El auténtico profeta no puede cerrar los ojos ante las injusticias y pecados incluso de los poderosos. No puede poner en boca de Dios palabras engañosas para adular a los soberanos de este mundo y ganarse así su favor.
El auténtico profeta debe ser fiel al mensaje recibido para no hacerse responsable de la sangre de los demás. En medio de incomprensiones y persecuciones ha de cumplir con su misión, sabiendo que así está colaborando para que los pecadores vuelvan al camino correcto y alcancen la salvación.
Cuando el mal se ha abatido sobre uno mismo, sobre la familia o sobre la sociedad debemos seguir confiando en que Dios es nuestro Padre, y que volverá sus ojos, lleno de misericordia, sobre nosotros, sus hijos, que clamamos a Él humillados y contritos. Entonces Él se llenará de celo por su Pueblo y nos librará de la mano de nuestros enemigos y de la de aquellos que nos odian.
Por eso debemos no tanto quejarnos de nuestros males, sino pedirle a Dios que nos ayude a no caer en la tentación y a vernos libres de la influencia del Malo sobre nuestra vida; le hemos de pedir que nos dé un corazón humilde y dócil para escuchar su Palabra y ponerla en práctica con gran amor; sólo entonces Él nos contemplará como a sus hijos amados y nos llevará sanos y salvos a su Reino celestial.
 
Sal. 74 (73). El Salmista parece haber entrado hasta la presencia del Señor para presentar su queja, pues parece que Dios ha abandonado a los suyos.
En un afán de que Dios se dé cuenta de lo que los enemigos han hecho con su Pueblo y con su Santuario, conduce a Dios hasta la puerta, o por lo menos abre la puerta y le dice al Señor: Ven a ver estas ruinas interminables. Ante lo que ha sucedido se le pide a Dios que se acuerde de su alianza, que se acuerde de su misericordia para que el humilde no salga defraudado, y los pobres y afligidos alaben su Nombre.
Sabemos que Dios jamás se olvidará de nosotros; más bien somos nosotros los que nos hemos olvidado de Él y hemos atraído sobre nosotros muchas desgracias, pues, como nos dirá san Pablo: el salario del pecado es la muerte.
Acudamos a nuestro Dios y Padre para suplicarle que nos libre de todo mal, pero también para vivir comprometidos en la fidelidad a su nueva y eterna Alianza con nosotros, en la que Él se compromete a ser nuestro Padre y nosotros a ser y a vivir como hijos suyos.
 
Mt. 8, 5-17. Pertenecemos al nuevo Pueblo de Dios, no por la circuncisión, sino porque a causa de nuestra fe en Cristo nos unimos a Él y en Él somos hijos de Dios e hijos de Abraham.
Nuestra fe nos lleva a reconocer en Cristo el Poder de Dios no sólo para sanar nuestras enfermedades que, incluso, parecen ponernos al borde de la muerte, sino para darnos la salvación eterna.
Esa fe no puede dejarnos inmóviles, desligados de la realidad, sino puestos al servicio del bien mediante el amor fraterno, compartiendo con los demás la vida que Dios nos ha confiado. Así, libres de todo aquello que nos encadena al mal, podremos no sólo buscar nuestro propio bien y nuestra salvación, sino que seremos capaces, incluso, de cargar con las miserias de nuestro prójimo para que pueda encontrarse con Dios con un corazón puro.
Seamos, no sólo un signo de Cristo, sino portadores de su Evangelio y de su Gracia hasta los últimos rincones de la tierra.
Nos reunimos en esta Celebración Eucarística para renovar nuestra Alianza con Dios mediante la Sangre derramada del Cordero Inmaculado. Entramos en una verdadera comunión de Vida con el Señor.
A pesar de que somos pecadores, hemos venido ante el Señor porque, llamados por Él, hemos decidido vivir en una continua conversión, de tal forma que la Vida su vida se manifieste desde nosotros cada día con mayor claridad.
Jesucristo ha dado su vida por nosotros; Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. Él ha clavado en la cruz el documento que nos condenaba, para destruirlo y para que podamos presentarnos, libres de toda culpa ante su Dios y nuestro Dios, ante su Padre y nuestro Padre. Aprovechemos esta oportunidad que hoy nos concede el Señor.
No podemos negar que en nuestro mundo actual hay muchos signos de maldad y de muerte. El egoísmo se ha posesionado de muchas mentes y de muchos corazones. Muchos, cegados por el poder o por el dinero, han desequilibrado su propia vida y han perdido la capacidad del amor fraterno. Hemos asistido a acontecimientos que nos dejan tremendamente preocupados, pues pareciera que estamos entrando en una espiral de violencia.
Tal vez queramos que Dios vuelva la mirada sobre nuestro mundo y acabe con todos aquellos que causan tantos males y tanto dolor entre los inocentes y desprotegidos. Y Dios responde, amorosamente, a la humanidad de nuestro tiempo. Él intervendrá para que estos males sean remediados y todos disfrutemos de la paz.
Él ha infundido su Espíritu Santo en nosotros, para que, desde nosotros, Él vaya trabajando para que surja una nueva humanidad y el Reino de Dios se afiance entre nosotros.
Ojalá y seamos fieles a esa misión que el Señor ha confiado a su Iglesia. Ojalá y no sólo nos sintamos los beneficiados de la Gracia de Dios, sino los responsables de hacerla llegar a todos.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber trabajar con la valentía que nos viene del Espíritu de Dios, que habita en nosotros para que su Reino, traducido en amor fraterno y solidario, se haga realidad entre nosotros. Amén.

Homilia catolica

Liturgia de las horas: 25 DE JUNIO SÁBADO XII DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 25 DE JUNIO SÁBADO XII DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio IV OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor abre ...

jueves, 23 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 23 DE JUNIO JUEVES XII DEL T. ORDINARIO

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Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL JUEVES XII DEL T. ORDINARIO 23 DE JUN...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL JUEVES XII DEL T. ORDINARIO 23 DE JUN...: Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos... RESPUES...



REFLEXIÓN

2Re 24, 8-17. Dios es fiel a sus promesas, y nunca abandona a los suyos. A pesar del castigo a Judá, Dios sigue conservando en el trono a un descendiente de David. Aún hay un resto pobre del pueblo que habita la tierra prometida. Y uno de los profetas: Jeremías, permanece en medio de ellos. Así se asegura que la Palabra del Señor continúe guiando, iluminando a su Pueblo.
En muchas ocasiones pudiera parecernos como si el Señor ya se hubiese olvidado de nosotros. Sin embargo Él jamás ha dejado de amarnos. Más aún: nos amó hasta el extremo al entregarnos a su propio Hijo como Camino, Verdad y Vida, para que cuantos creamos en Él, en Él tengamos vida eterna.
Sin embargo esto no es sino una oferta de parte de Dios hacia nosotros, pues somos nosotros mismos quienes hemos de corresponder a ese amor, de tal forma que no hagamos de la Gracia un fracaso en nosotros.
 
Sal. 79 (78). Hay que orar pidiendo a Dios perdón de nuestras maldades. Pero nuestra oración ha de ser totalmente sincera, de tal forma que reconociendo lo que somos y hemos hecho, vislumbremos un nuevo camino hacia nuestra pascua, hacia nuestra total liberación; y que, guiado por el Espíritu de Dios, nos pongamos en camino para lograr la meta de nuestras esperanzas.
Dios, Dios misericordioso y fiel; Él escucha nuestros ruegos y está siempre dispuesto a perdonarnos, pues es nuestro Dios y Padre, y no enemigo a la puerta.
Por eso acudamos al Señor con el corazón contrito. Descubramos ante Él nuestra propia realidad, tanto personal como social. Y pidámosle que nos perdone; que infunda en nosotros su Vida y su Espíritu; y que nos ayude a caminar decididamente hacia nuestra perfección en Cristo Jesús.
 
Mt. 7, 21- 29. Jesús está concluyendo las enseñanzas que ha dado a sus discípulos, no sólo para que las escuchen como una hermosa doctrina, sino para que se vivan como un caminar con el Señor, como un vivir en la fidelidad amorosa a la voluntad de Dios.
No son los preceptos, es el Señor el que va con nosotros y nos quiere santos como Él es Santo. Amarlo a Él no es sólo llamarlo Señor, Señor; no podemos decir que creemos en Él porque en su Nombre arrojemos demonios, o porque en su Nombre hagamos milagros, o porque hablemos en Nombre de Él. Son nuestras obras las que han de manifestar, finalmente, si somos o no de Dios, si su salvación está o no en nosotros.
Asentar nuestra vida en roca firme significa unirla a Cristo, Roca fundamental de la Salvación y de la Iglesia.
Algo nos debe unir a Él de modo indisoluble: el Espíritu Santo, Amor que hará que ni siquiera la persecución y la muerte nos aparten de Cristo.
En la Eucaristía vivimos el amor sin hipocresías. No es el querer cumplirle externamente al Señor. No podemos venir por simple curiosidad o por costumbre.
Ojalá y nunca nos acostumbremos a estar con el Señor. Ojalá y cada Eucaristía sea una verdadera novedad entre Dios y nosotros. Ojalá y cada Eucaristía sea un compromiso renovado de vivir en la fidelidad, en la escucha y en la puesta en práctica de la Palabra de Dios, de tal forma que, por obra del Espíritu Santo, nos convirtamos en la Encarnación de esa misma Palabra, que se prolonga en la historia, haciendo presente al Señor entre nosotros, por medio de su Iglesia, con todo el compromiso y entrega de su Misterio Pascual.
No basta predicar; no basta dar catequesis y dedicarse a llevar el Evangelio a tierras de misión. Si Jesús dijo de su propia Madre que ella no era bienaventurada por haberle llevado en su seno y haberlo amamantado con sus pechos, sino porque escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica, ¿Qué no esperará de nosotros?
No pensemos que porque seamos ministros del Señor, o laicos comprometidos en el anuncio del Evangelio vayamos a tener asegurado un lugar en la eternidad. Si no queremos que al final se nos cierren las puertas, no seamos lobos rapaces disfrazados de ovejas; no seamos predicadores insignes pero obradores de maldad. Seamos congruentes con el Evangelio, anunciándolo con las obras, con la vida misma; entonces podremos hablar del Señor como testigos venidos de un auténtico encuentro y compromiso de fe con Él.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de que nuestro sí a la voluntad de Dios en nosotros no se nos quede helado en los labios, sino que tenga el calor de un corazón que esté siempre dispuesto a amar a Dios y al prójimo aceptando todas sus consecuencias. Amén.

Homilia catolica

El Santo del Dia: 23 DE JUNIO SAN JOSÉ CAFASSO CONFESOR

El Santo del Dia: 23 DE JUNIO SAN JOSÉ CAFASSO CONFESOR: SAN JOSÉ CAFASSO SACERDOTE CONFESOR PALABRA DE DIOS DIARIA A pesar de no haber durado su existencia cincuenta años, llenó...

miércoles, 22 de junio de 2016

Santa Misa: miércoles 22 de junio de 2016 (de nazaret.tv)

PAPA FRANCESCO CATECHESI UDIENZA 22 GIUGNO 2016.HD





Catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 22 de junio de 2016

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

“Señor, si quieres, puedes purificarme!” (Lc 5, 12): Es la petición que hemos escuchado dirigir a Jesús por un leproso. Este hombre no pide solamente ser sanado, sino ser “purificado”, es decir, resanado integralmente, en el cuerpo y en el corazón. De hecho, la lepra era considerada una forma de maldición de Dios, de impureza profunda. El leproso tenía que estar lejos de todos, no podía acceder al templo ni a ningún servicio divino. Lejos de Dios y lejos de los hombres. Triste vida hacía esta gente.

A pesar de eso, ese leproso no se resigna ni a la enfermedad ni a las disposiciones que hacen de él un excluido. Para llegar a Jesús, no temió infringir la ley y entrar en la ciudad, cosa que no tenía que hacer, que era prohibido, y cuando lo encontró “se postró ante él y le rogó: ‘Señor, si quieres, puedes purificarme’”.

¡Todo lo que este hombre considerado impuro hace y dice es expresión de su fe! Reconoce el poder de Jesús: está seguro que tiene el poder de sanarlo o que todo depende de su voluntad. Esta fe es la fuerza que le han permitido romper toda convicción y buscar el encuentro con Jesús, arrodillándose delante de Él y llamarlo ‘Señor’.

La súplica del leproso muestra que cuando nos presentamos a Jesús no es necesario hacer largos discursos. Bastan pocas palabras, siempre y cuando estén acompañadas por la plena confianza en su omnipotencia y en su bondad. Confiarse a la voluntad de Dios significa de hecho entrar en su infinita misericordia.

Aquí hago una confidencia personal: por la noche, antes de ir a la cama, rezo esta breve oración: “Señor si quieres puedes purificarme” y rezo cinco Padre Nuestro, uno por cada llaga de Jesús, porque Jesús nos ha purificado con las llagas. Esto lo hago yo, y lo pueden hacer también todos en su casa. Y decir: “Señor, si quieres puedes purificarme”. Pensar en las llagas de Jesús y decir un Padre Nuestro por cada una. Y Jesús nos escucha siempre.

Jesús es profundamente tocado por este hombre. El Evangelio de Marcos subraya que “Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Lo quiero, queda purificado’”(1,41). El gesto de Jesús acompaña sus palabras y hace más explícita la enseñanza. Contra la disposición de la Ley de Moisés, que prohibía acercarse a un leproso  (cfr Lv 13,45-46), Jesús, contra la prescripción, extiende la mano e incluso lo toca.

¡Cuántas veces encontramos a un pobre que viene a nuestro encuentro! Podemos ser incluso generosos, podemos tener compasión, pero normalmente no lo tocamos. Le damos una moneda, pero evitamos tocar la mano, la tiramos ahí. ¡Y olvidamos que eso es el cuerpo de Cristo! Jesús nos enseña a no tener miedo de tocar al pobre y excluido, porque Él está en ellos.

Tocar al pobre puede purificarnos de la hipocresía e inquietarnos por su condición. Tocar a los excluidos. Hoy me acompañan aquí estos chicos. Muchos piensan de ellos que sería mejor que se hubieran quedado en su tierra, pero allí sufrían mucho. Son nuestros refugiados. Pero muchos les consideran excluidos. Por favor, son nuestros hermanos. El cristiano no excluye a nadie, da sitio a todos, deja venir a todos.

Después de haber sanado al leproso, Jesús le pide que no hable con nadie, pero le dice: “Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio” (v. 14).

Esta disposición de Jesús muestra al menos tres cosas. La primera: la gracia que actúa en nosotros no busca el sensacionalismo. Normalmente esta se mueve con discreción y sin clamor. Para medicar nuestras heridas y guiarnos en el camino de la santidad, esta trabaja modelando con paciencia nuestro corazón sobre el Corazón del Señor, para asumir cada vez más los pensamientos y los sentimientos.

La segunda: haciendo verificar oficialmente la sanación a los sacerdotes y celebrando un sacrificio expiatorio, el leproso es readmitido en la comunidad de los creyentes y en la vida social. Su reintegro contempla la sanación. ¡Como él mismo había suplicado, ahora está completamente purificado! Finalmente, presentándose a los sacerdotes el leproso les da testimonio sobre Jesús y su autoridad mesiánica. La fuerza de la compasión con la que Jesús ha sanado al leproso ha llevado la fe de este hombre a abrirse a la misión. Era un excluido ahora es uno de nosotros.

Pensemos en nosotros, en nuestras miserias. Cada uno tiene la propia, pensemos con sinceridad. ¡Cuántas veces las cubrimos con la hipocresía de las “buenas maneras”! Y precisamente entonces es necesario estar solos, ponerse de rodillas delante de Dios y rezar: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Y es necesario hacerlo, hacerlo antes de ir a la cama, todas las noches. Y ahora hacemos esta bonita oración: ‘Señor si quieres, puedes purificarme’. Todos juntos, tres veces, todos: ‘Señor, si quieres, puedes purificarme. Señor, si quieres, puedes purificarme. Señor, si quieres, puedes purificarme’. Gracias”.

Fuente: Zenit.

martes, 21 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES XII DEL T. ORDINARIO 21 DE JUN...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES XII DEL T. ORDINARIO 21 DE JUN...: ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran! RESPUESTAS D...



REFLEXIÓN
2Re. 19, 9-11. 14-21. 31-35. 36. El Señor jamás se olvida de los suyos; y Él protege a los que en Él confían. Buscar al Señor en su Templo no debe convertir ese lugar como en una especie de amuleto. Nuestra confianza sólo está puesta de un modo definitivo en Dios. A Él es al que buscamos; con Él nos encontramos; su Palabra es escuchada y vivida por nosotros.
Nuestro Dios, el único Dios vivo y verdadero, nos contempla con amor de Padre, pues no sólo lo llamamos Padre, sino que lo tenemos por Padre en verdad.
Nuestro Dios y Padre, para librarnos de la mano de nuestros enemigos y de la de aquellos que nos odian, nos envió a su propio Hijo.
Tras las huellas de Cristo nos encaminamos hacia la plena unión con Dios, unidos a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.
Dios jamás se olvidará de nosotros; confiemos en Él y no sólo digamos que lo tenemos por Padre, sino que vivamos como hijos suyos con toda lealtad.
 
Sal 49 (48). Dios habita con su pueblo. De un modo especial está en su Templo, desde donde nos contempla con gran amor, escucha nuestras oraciones y se convierte para nosotros en poderoso protector. Por eso, cuando acudimos al Templo vamos con la ilusión de encontrarnos con el Señor, pero también con el gran compromiso de escuchar su Palabra para ponerla en práctica.
Nuestro encuentro con el Señor debe afectar constantemente nuestra vida para hacer el bien. La Iglesia de Cristo, lugar de encuentro de todos con su Dios, debe ser un signo creíble de su amor para todas las naciones. Convertida en defensa del pobre, alivio para el agobiado y en alegría para los tristes cumplirá así con su Misión de proclamar, de un modo viviente, el Evangelio a ella confiado.
Que los que no sólo vean nuestras buenas obras, sino que experimenten el amor de Dios desde nosotros, alaben al Señor continuamente.
 
Mt. 7, 6. 12-14. El llamado a la santidad es universal. Sin embargo cuando el Señor nos pide que, después de haber corregido nuestra propia vida, quitando la viga que nos impida ver bien, tratemos de quitar la paja del ojo de nuestro hermano, nos está invitando a realizar la corrección fraterna con gran amor y no simple y sencillamente para tratar de orientar a nuestro prójimo por caminos de bondad que nosotros mismos no hemos hecho nuestros.
El anuncio del Evangelio nos ha de llevar a una unión cada vez más plena con el Señor. Esa unión la realizamos ya desde ahora mediante el contacto con lo sagrado: La Escritura, las acciones litúrgicas, La Iglesia, comunidad de fe.
Toda esta riqueza espiritual no podemos ponerla en manos de cualquiera que, sin tener fe, o teniendo intenciones equivocadas, en lugar de aprovecharlas personalmente y proclamarlas para la salvación de los demás, se volvería en contra nuestra y nos destrozaría.
El Señor nos pide también que veamos lo que hacemos y damos a los demás; pues en el dar está el recibir. Si construimos una vida sobre el egoísmo, sobre las injusticias, sobre los desprecios, sobre el odio, eso será lo que cosecharemos venido de los demás, pues ellos nos tratarán como nosotros los hayamos tratado.
Caminar en el bien no es sencillo, pues debemos renunciar a muchas cosas que nos impiden manifestarnos como hijos de Dios.
La puerta que se nos abre para ingresar en la eternidad con Dios sólo tiene la medida del amor. Si vamos cargados de egoísmos, maldades e injusticias nos quedaremos fuera.
Tratemos, por tanto, de vivir en el amor a Dios y al prójimo para que sea nuestra la salvación que el Señor ofrece a todos.
Mediante la celebración de la Eucaristía entramos en contacto con lo trascendente, con lo divino. En la Eucaristía nos encontramos de frente con el Señor, que nos ha llamado a su presencia para encontrarse con nosotros, con el mismo amor y ternura con que se encuentra un padre con su hijo amado.
Entrando en comunión de vida con el Señor Él nos concede su Espíritu Santo; y junto con Él su fuerza y el arrojo necesarios para trabajar continuamente en la construcción de un mundo más fraterno, más justo, más lleno del amor que procede de Dios.
Contemplamos a todos aquellos a quienes hemos de llevar no sólo el mensaje de salvación, sino la salvación misma, que es Cristo.
No podemos ir a ellos temerosos, pues el Señor va con nosotros para que, incluso en las grandes persecuciones, sepamos que el Señor no se olvida de sus fieles ni dejará que suframos la corrupción, pues, aun cuando tengamos que pasar por la cruz, Él quiere llevarnos sanos y salvos a su Reino celestial.
El Señor ha llamado a su Iglesia como su signo profético en el mundo. Ella es la voz viva de Dios en el mundo. Ella llama a la conversión; ella entrega el Evangelio y la Salvación a toda persona de buena voluntad. En medio de persecuciones y amenazas de muerte, la Iglesia, permaneciendo fiel a su Señor, interpreta los diversos acontecimientos de la vida y genera nuevos comportamientos individuales y colectivos.
La Iglesia no puede generar desprecios ni violencias. Lo que hagamos a los demás se revertirá a favor o en contra nuestra. En un diálogo fraterno con las personas de todas las razas, culturas y religiones, no podemos claudicar en aquello que debemos anunciar con amor y valentía, tratando, engañosamente, de ganarnos a los demás renunciando a la fidelidad que debemos a Cristo y a su Evangelio.
Amar con una entrega total a favor de los demás; convertirnos en voz de los desvalidos; trabajar por la justicia y la paz, propiciar una auténtica convivencia en el amor fraterno, son cosas por las que luchamos los que nos llamamos y somos hijos de Dios.
El Señor nos ha dado la fuerza de su Espíritu para que, en su Nombre, continuemos su obra de salvación en el mundo y su historia. Seamos fieles al Señor y fieles a aquellos a quienes hemos sido enviados para salvarlos, aun a costa de la entrega de nuestra propia vida.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber transparentar a Cristo mediante una vida renovada en Él, y mediante el trabajo a favor de su Evangelio, guiados no por nuestras imaginaciones, sino por su Espíritu Santo, que habita en nosotros como en un templo. Amén.

Homilia catolica

Liturgia de las horas: 21 DE JUNIO MARTES XII DEL T. ORDINARIO SAN LUIS G...

Liturgia de las horas: 21 DE JUNIO MARTES XII DEL T. ORDINARIO SAN LUIS G...: Del Común de santos varones: para los santos religiosos. Salterio IV SAN LUIS GONZAGA, religioso. (MEMORIA). Na...

El Santo del Dia: 21 DE JUNIO SAN LUIS GONZAGA RELIGIOSO

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lunes, 20 de junio de 2016

Homilia 2016-06-19 Mons Munilla

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XII DEL T. ORDINARIO 20 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XII DEL T. ORDINARIO 20 DE JUNI...: No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SANTOS MÁRTIRES DE INGLATER...

REFLEXIÓN
2Re. 17, 5-8. 13-15. 18. Teniendo como fondo el Capítulo 12 del Deuteronomio sobre la centralidad del culto en el Templo (que finalmente será el Templo de Jerusalén), es como podemos entender el crimen de desobediencia contra los mandatos de Dios que aquí se nos narra.
Desde Cristo nosotros hemos sido hechos el Templo del Espíritu Santo. El Señor quiere que le pertenezcamos de un modo total, de tal forma que no entreguemos nuestro corazón a otros dioses. Él quiere que sea nuestra la Patria eterna. Pero no podremos encaminar nuestros pasos con seguridad hacia ella mientras el Señor haya sido expulsado de nuestra vida.
Dios nos quiere con Él eternamente; pero nuestra unión a Él debe iniciarse ya desde esta vida en el amor y la fidelidad. Dios nos quiere como hijos amados junto a Él, y no como expulsados de su Reino por culpa nuestra.
 
Sal. 60 (59). Dios jamás se olvida de que es nuestro Padre. Él vela siempre por nosotros, pues quiere conducirnos sanos y salvos a su Reino celestial.
Cuando nosotros nos alejamos de su presencia, nosotros mismos acarreamos las desgracias sobre nuestra cabeza.
El Señor nos llama continuamente a la conversión, pues Él no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.
Arrepentidos y vueltos a su presencia con gran amor, dirijamos a Él nuestras súplicas para que nos restaure, para que haga desaparecer de nosotros la aridez que nos resquebraja, y para que nos haga fecundos en buenas obras, pues sólo con Él haremos maravillas, y nuestro enemigo será vencido definitivamente gracias a la Victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte.
 
Mt. 7, 1-5. Si queremos juzgar a alguien, juzguémonos primero a nosotros mismos para poder iniciar un camino de conversión, dejando a un lado aquellas maldades y pecados que el Espíritu Santo nos hace reconocer en nosotros mismos, pues sólo Él nos convencerá de nuestro propio pecado, no para condenarnos, sino para que volvamos al Señor y encontremos en Él el perdón y la paz.
Es buena la corrección fraterna, hecha por la solicitud que tengamos de que nuestro prójimo posea en mayor abundancia la Gracia Divina. Pero antes que nada esa misma solicitud la debemos tener por nosotros mismos, para rectificar nuestros caminos y no convertirnos en unos hipócritas, que hablan de Dios, pero que no lo tienen consigo en su corazón.
En la presencia de Dios para celebrar la Eucaristía, con humildad reconozcamos que somos pecadores, y que a pesar de nuestra maldad, el Señor nos ha amado siempre, y, entregando su Vida por nosotros, nos llama para que unidos a Él seamos hechos dignos hijos de Dios.
El Señor no ha venido a condenarnos sino a salvarnos. Él bien sabe de nuestra realidad pecadora; a Él no se le ocultan nuestros delitos, pues conoce hasta lo más profundo de nuestro ser. Su gran amor lo ha llevado a salir, como el Buen Pastor, para buscarnos a nosotros, ovejas descarriadas, hasta encontrarnos y llevarnos, cargados sobre sus hombros, de vuelta al Redil, a la Casa eterna del Padre.
Él ha preparado para nosotros este Banquete Eucarístico, con su Cuerpo y con su Sangre, pues quiere celebrar con nosotros la alegría de habernos encontrado y de que retornamos a Él como pecadores arrepentidos.
Amados por Dios, comprendidos por Dios, no juzgados, sino perdonados por Dios. Así como hemos sido amados por Dios, así hemos de amar nosotros a nuestro prójimo. Aquel que se pone como juez de su prójimo no conoce a Dios, sino que vive endiosado consigo mismo.
Conocernos a nosotros mismos nos hace tomar conciencia de nuestra propia fragilidad; desde nosotros conocemos lo frágil de nuestro prójimo, pues participamos de la misma naturaleza.
Por eso nadie puede gloriarse de sí mismo ante Dios, ya que Él conoce nuestra fragilidad, y en lugar de despreciarnos, ha salido a nuestro propio encuentro por medio de su Hijo para tendernos la mano, para levantarse victorioso sobre el autor del pecado y de la muerte.
Quienes creemos en Cristo hemos de seguir sus huellas de tal forma que jamás hemos de juzgar  ni condenar a los demás, sino que conociendo sus miserias, nos hemos de acercar a ellos para ayudarlos a levantarse de sus esclavitudes.
Cuando procedamos con ese amor fraterno el Señor reconocerá en nosotros el amor de su propio Hijo, y, junto con Él, nos dará la Vida eterna.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber abandonar los ídolos nacidos de nuestro egoísmo, y saber amarlo a Él amando a nuestro prójimo conforme al ejemplo que nos dio Jesús, Hijo suyo y Señor nuestro. Amén.

Homilia catolica





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domingo, 19 de junio de 2016

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HOMILIA 2015-08-15 Mons Munilla catedral del Buen Pastor en castellano





HOMILIA COMPLETA  DE MONS JOSE IGNACIO MUNILLA

Fuente: info católica

En la homilía predicada en la Solemnidad de la Asunción, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, ha mencionado el libro «El Señor del Mundo», de R. H. Benson, citado por el Papa en varias ocasiones. El prelado ha recordado que el Santo Padre recomendó su lectura para entender lo que es la colonización ideológica, que es lo que ocurre hoy en día, según el obispo, con la ideología de género.



 «¿Cuál es la tesis de la citada novela recomendada por el Papa, y a la que me remito para inspirar el diagnóstico de nuestra crisis contemporánea?», ha preguntado Mons. Munilla, respondiendo:

«Se trata de una profecía de la llegada de un falso humanismo mundial, de apariencia pacífica y adornado de ciertos valores éticos, pero que en nombre de lo políticamente correcto pretende imponer unos valores contrarios a la ley natural y a la ley divina; y para ello se empeña en reducir el cristianismo a su dimensión privada, expulsándolo de la vida pública. La novela no tiene desperdicio, hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar contemplando en ella la radiografía de nuestros días».

El obispo asegura que tras la caída del muro de Berlín, Occidente ha ido «asumiendo una nueva ideología… ¿A cuál me refiero? Sin duda, a la “ideología de género”. Está ocupando el rol del “alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano».

Y ha sentenciado:

«En realidad, todo apunta a que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente».

Mons. Munilla ha denunciado que  «el pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En el campo político, los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’».

Y ha advertido:

«Es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único, y, no digamos nada, por ejercer la denuncia profética frente al “Señor del Mundo”».



TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA



Queridos sacerdotes concelebrantes, queridas autoridades, queridos fieles donostiarras y visitantes que disfrutáis de estas fiestas entre nosotros; queridos todos, hijos de Dios, y por su gracia, hijos también de María:

Ayer por la noche resonaban en esta Basílica de Santa María las voces del Orfeón Donostiarra, en el tradicional canto de la Salve... A Aquella que tiene el privilegio de habitar ya en el Cielo en cuerpo y alma —como confiesa nuestra fe en esta solemnidad de la Asunción de María a los Cielos—, la sentimos, muy arriba y, al mismo tiempo, muy cerca.  No hay contradicción entre ambos adverbios: Cuanto más en el Cielo —cuanto más cerca de Dios—, más unida a los que imploramos la mirada de sus “ojos misericordiosos” en este “valle de lágrimas”.

Precisamente porque Ella está muy “arriba”, nos puede ayudar a ver la realidad desde la perspectiva divina. Y al mismo tiempo, gracias a que Ella es tan atenta y cercana a nuestras necesidades, su “mirada desde lo alto” se convierte en una auténtica clave de sentido, que nos ayuda a caminar en medio de tantas oscuridades.

Hoy, con nuestra mirada puesta en María, nos preguntamos cómo se ve la Tierra desde el Cielo, en la confianza de que Ella nos ayudará a encontrar un poco de luz para iluminar la respuesta correcta.

Y como punto de arranque en este empeño, me sirvo de una conocida novela de Robert Hugh Benson —un anglicano converso al catolicismo—, que lleva como título El Señor del Mundo, escrita en 1907.

Recurro a esa novela porque en diversas ocasiones el Papa Francisco la ha citado, como una clave hermenéutica para comprender la crisis contemporánea. Concretamente, en la rueda de prensa que concedió en el viaje de retorno de Manila a Roma, a propósito de la colonización ideológica que desde la “teoría de género” se está imponiendo a todos los pueblos y culturas, el Papa comenta: “Les recomiendo que lean este libro, y leyéndolo entenderán a qué me refiero con la expresión «colonización ideológica»”.

¿Cuál es la tesis de la citada novela recomendada por el Papa, y a la que me remito para inspirar el diagnóstico de nuestra crisis contemporánea? Se trata de una profecía de la llegada de un falso humanismo mundial, de apariencia pacífica y adornado de ciertos valores éticos, pero que en nombre de lo políticamente correcto pretende imponer unos valores contrarios a la ley natural y a la ley divina; y para ello se empeña en reducir el cristianismo a su dimensión privada, expulsándolo de la vida pública. La novela no tiene desperdicio, hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar contemplando en ella la radiografía de nuestros días.

Por lo que a nuestra historia reciente se refiere, todos recordaremos cómo en el momento de la caída del Muro de Berlín, acuñamos ingenuamente el concepto de la “caída de las ideologías”. Llegamos a pensar que se había iniciado un nuevo orden mundial sin necesidad de ideologías políticas; e incluso, algunos concluyeron que la economía era suficiente por sí sola para cimentar el orden social, sin necesidad de filosofías, ni de teologías… El marxismo de la Europa del Este pasaba repentinamente a asumir las tesis de la economía de mercado; mientras que las democracias occidentales, de forma progresiva, renunciaban a su inspiración en el humanismo cristiano. El futuro de Occidente parecía construirse sobre las solas bases del bienestar económico, renunciando a otros planteamientos antropológicos, culturales o religiosos…

De esta forma, Occidente cometía una grave traición: optaba por el “tener”, por encima del “ser”; por el materialismo y el hedonismo, por encima de los valores que inspiraron su historia… Si bien es cierto que Europa continuaría cuidando y fomentando algunos valores éticos, lo más determinante de su nuevo rumbo fue el hacer oídos sordos a la llamada realizada por San Juan Pablo II en Santiago de Compostela, tras la caída del Muro de Berlín: “Europa, sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces (…) Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”.

Aparentemente, Occidente terminó por transformarse en un cuerpo sin alma, donde lo único importante y definitivo parecía ser la economía floreciente y el bienestar social. ¿Acaso se habría llegado a alcanzar una ética del progreso renunciando a toda “ideología”? En pocos años se demostraría lo contrario… De la misma forma que no existe un cuerpo vivo sin alma, tampoco puede haber una sociedad de consumo, sin fundarse en una determinada concepción de la vida. Y así, en pocos años, la cultura fue asumiendo una nueva ideología… ¿A cuál me refiero? Sin duda, a la “ideología de género”. Está ocupando el rol del “alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano.

En realidad, todo apunta a que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente. A juicio de los más agudos analistas, el marxismo habría fracasado por haberse centrado en su teoría económica de la lucha de clases, pero sin atacar directamente a la familia, que es la que verdaderamente configura los valores de la persona. Por eso, en el momento presente, la “ideología de género” ha sido diseñada para confrontarse con la familia y con la misma concepción natural del hombre.

Como decía Chesterton, la persona desvinculada de la familia y de su propia naturaleza, es plenamente manipulable por el proyecto consumista. Al totalitarismo no le interesan las familias sanas y fuertes, sino las personas solitarias y desvinculadas. La victoria plena de este “nuevo orden” solo se puede conseguir desterrando el principio de subsidiariedad, hasta eliminar cualquier institución intermedia entre el Estado y el individuo. De esta forma, el ser humano se somete al “dios Estado”; y no le queda más remedio que seguir los dictados del consumismo, en obediencia plena y sumisión a lo políticamente correcto.

El pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En el campo político, los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’. Y es importante que tengamos la clarividencia necesaria para percatarnos de que lo que llamamos “políticamente correcto”, finalmente convertido en ley, se identifica con la “ideología de género”; la cual tiene en su agenda la deconstrucción del matrimonio y de la familia, por tratarse del único bastión que se le había resistido al “Señor del Mundo” —parafraseando el título de la novela—, de cara a poder controlar a  su antojo la misma humanidad.

Queridos hermanos, la Iglesia Católica y los cristianos ya hemos superado muchas dificultades en más de veinte siglos de historia. Al final, más allá de las crisis,  queda siempre lo verdadero y permanente: el amor de Dios por el hombre, y el destino eterno al que nos llama. Tenemos plena confianza en que la providencia divina guía la historia por encima de nuestras contradicciones y pecados; pero, precisamente por ello, no somos ignorantes ni indiferentes ante los retos del presente. Es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único, y, no digamos nada, por ejercer la denuncia profética frente al “Señor del Mundo”. También los nuestros son “tiempos recios”, como decía Santa Teresa de Jesús, en los que hemos de estar atentos a la permanente tentación de mundanización, contra la que, con tanta frecuencia, nos está previniendo el Papa Francisco…

Precisamente, refiriéndose a la novela citada —esta vez en el contexto de una homilía en la residencia de Santa Marta—, decía el Papa Francisco: “Existe una insidia que recorre el mundo. Es la «globalización de la uniformidad hegemónica» caracterizada por el «pensamiento único», a través del cual, en nombre de un «progresismo propio de adolescentes», no se duda en negar las propias tradiciones y la propia identidad” (18.11.13)

¡Que María nos ayude a comprender cómo se ve la Tierra desde el Cielo, para que no seamos engañados por ideologías falsas y caducas! Sabemos que el hombre no es feliz cuando recorre los caminos de su propio orgullo, sino cuando acepta su verdad y su condición de hijo de Dios. Santa María, en su humilde sí a Dios, dice el verdadero sí al ser humano y a la familia. Ella es modelo para todos: en su aparente debilidad, triunfa y permanece, mientras que todo lo falso pasa y desaparece.



¡Feliz día de la Asunción de María a los Cielos!



+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Homilía predicada en la catedral donostiarra el 15 de agosto del 2015, Solemnidad de la Asunción de María

Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio - XII Domingo del Tiempo Ordinario - La cruz, cuando se abraza por entero, nos configura con Cristo

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viernes, 17 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL SÁBADO XI DEL T. ORDINARIO 18 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL SÁBADO XI DEL T. ORDINARIO 18 DE JUNI...: Les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SANTA JULIA...

REFLEXIÓN
2 Crón. 24, 17-25. A pesar de las infidelidades del Pueblo, Dios jamás lo abandonará, ni dejará de cumplirle las promesas que le hizo. Ojalá y no nos hagamos reos de la sangre derramada, desde el justo Abel, hasta la de Zacarías, asesinado entre el Altar y el Santuario.
No podemos negar nuestras propias infidelidades a nuestro Dios y Padre. Sin embargo el Señor jamás nos ha abandonado, sino que nos ha tendido la mano cuando le buscamos con un corazón sincero. Él no se olvida de que es nuestro Padre. Él no quiere castigarnos. Más bien Él espera que nos convirtamos y vivamos para Él en una continua alabanza a su Santo Nombre. En Cristo Jesús, su Hijo, hemos recibido el perdón y la gracia. Quienes aceptamos entrar en comunión de vida con Él no escuchamos sentencia de condenación, sino palabras de perdón y de disculpa ante el trono de Dios.
¿Aprovecharemos la gracia que Dios nos ofrece en su Hijo?
 
Sal. 89 (88). Lo que Dios da lo da de una vez y para siempre. Él jamás se arrepiente de sus promesas; Él cumplirá todo aquello en lo que empeñó su Palabra.
Dios nos ha llamado a la vida para que estemos con Él eternamente. A veces la vida se nos complica un poco o un mucho. Mas no por eso podemos pensar que Dios se ha olvidado de nosotros. Dios jamás nos retirará su favor, y siempre estará junto a nosotros como poderoso Salvador. Tratemos de vivir nuestro compromiso de fe con Él, de tal forma que en verdad podamos ser dignos de alcanzar los bienes eternos, como gracia de Dios y como término de nuestro camino tras las huellas del amor fiel de Jesucristo.
 
Mt. 6, 24-34. Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Si hemos optado por el Reino de Dios lo demás vendrá a nosotros por añadidura, viviremos en paz y sabremos que Dios protege a quienes le aman y le viven fieles.
Este texto de la Escritura no puede provocar en nosotros la flojera, haciéndonos pensar equivocadamente que, puesto que Dios es nuestro Padre, Él velará por nosotros y no dejará que muramos de hambre; y, por tanto, si hay pobres, no tenemos por qué preocuparnos de ellos, pues tienen un Padre del Cielo que vele por ellos mejor de como cuida a los pájaros del cielo y las flores del campo.
El Señor nos ha pedido que hagamos una opción fundamental por el Reino de los Cielos; y que, puestos a su servicio, no nos esclavicemos a lo pasajero de tal forma que embote nuestra mente y nuestro corazón, y nos impida amar con el compromiso de llegar incluso a quitarnos lo nuestro para vestir y alimentar a los que nada tienen.
Si conocemos a Dios es porque amamos a nuestro prójimo; quien no conoce a Dios no ama a su prójimo, porque Dios es amor; y en el amor hay más alegría en dar que en recibir.
Por tanto, hablar de Dios nos debe llevar a amar haciendo el bien a nuestro prójimo hasta dar la vida por Él; este es el lenguaje del verdadero cristiano; y no lo es el de aquel que para dar culto a Dios se pierde entre ceremonias cargadas de signos materiales, pero que ha perdido el sentido del amor al prójimo, especialmente de aquel que sufre azotado por la pobreza, por la enfermedad o por las esclavitudes nacidas del pecado.
En esta Eucaristía estamos siendo testigo de la fidelidad del Señor a la Alianza que ha sellado con nosotros por medio de su sangre. Él se ha puesto exclusivamente a nuestro servicio para que encontremos en Él la salvación, es decir, nuestra plena unión con Dios.
En Cristo Dios nos ha buscado para salvarnos, para reunirnos en un sólo pueblo que, como un sólo Cuerpo cuya Cabeza es el Señor, seamos como una continua ofrenda de alabanza tributada a su santo Nombre.
A pesar de nuestra fragilidad y de que continuamente nos seducen las cosas pasajeras, en el Señor encontramos la gracia suficiente que nos basta para que en nosotros se manifieste el poder salvador de Dios. Por eso no tememos ningún mal, pues el Señor, en verdad, está con nosotros.
Pero no basta con darle culto al Señor; no basta con tener conciencia de su poder salvador en nosotros; no basta con sabernos amados y protegidos por el Señor. Quien tiene esa experiencia de Él es porque el mismo Señor lo quiere convertir en un signo de su amor, de su bondad, de su misericordia, de su perdón, de su providencia para toda la humanidad, especialmente para los más desprotegidos. Quien contemple el sufrimiento o el dolor de muchos que padecen estas miserias y viva como hombre sin entrañas ante ellos, no puede decirse persona de fe y mucho menos decir que es hijo de Dios.
Peor es aquel que se convierte en causa de dolor y sufrimiento para los inocentes y desprotegidos.
Dios quiere que seamos signos de su amor, sin esclavitudes a lo pasajero, sin que seamos ocasión de escándalo para los demás, acumulando riquezas para nosotros mismos sin saber compartir, incluso, la propia vida con los demás haciéndoles siempre el bien, como Dios lo ha hecho en favor nuestro.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la capacidad de amar como Él nos ha amado a nosotros. Amén.

Homilia catolica

Liturgia de las horas: 18 DE JUNIO SÁBADO XI DEL T. ORDINARIO

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Santo rosario: Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)

Santa Misa: viernes 17 de junio de 2016 (de nazaret.tv)

El Santo del Dia: 17 DE JUNIO SANTA TERESA DE PORTUGAL RELIGIOSA

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jueves, 16 de junio de 2016

martes, 14 de junio de 2016

Santa Misa: martes 14 de junio de 2016 (de nazaret.tv)





LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MARTES 14 DE JUNIO DE 2016
XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

1 R 21, 17-29; Sal 50; Mt 5,43-48

ANTÍFONA DE ENTRADA Jr 29, 11. 12. 14
 
Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Ustedes me invocarán y yo los escucharé y los libraré de la esclavitud donde quiera que se encuentren.
 
ORACIÓN COLECTA
 
Concédenos, Señor, Dios nuestro, alegrarnos siempre en tu servicio porque la profunda y verdadera alegría está en servirte siempre a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
 
Has hecho pecar a Israel.
 
Del primer libro de los Reyes: 21, 17-29
 
Después de la muerte de Nabot, el Señor le dirigió la palabra al profeta Elías y le dijo: "Levántate y ve al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Se encuentra en la viña de Nabot, a donde ha ido para apropiársela. Dile lo siguiente: 'Esto dice el Señor: así que, además de asesinar, estás robando?' Dile también: `Por eso, dice el Señor, en el mismo lugar en que los perros han lamido la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu propia sangre' ".
Ajab le dijo a Elías: "¿Has vuelto a encontrarme, enemigo mío?" Le respondió Elías: "Sí, te he vuelto a encontrar. 'Porque te has prestado para hacer el mal ante mis ojos, dice el Señor, yo mismo voy a castigarte: voy a barrer a tu posteridad y a exterminar en Israel a todo varón de tu casa, libre o esclavo. Haré con tu casa lo que hice con la de Jeroboam, hijo de Nebat, y con la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi cólera y has hecho pecar a Israel. A los hijos de Ajab que mueran en la ciudad, los devorarán los perros; y a los que mueran en el campo, se los comerán los buitres'. También contra Jezabel ha hablado el Señor y ha dicho: 'Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael' ". (Y es que en realidad no hubo otro que se prestara tanto como Ajab para hacer el mal ante los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. Su proceder fue abominable, porque adoró a los ídolos que habían hecho los amorreos, a quienes el Señor expulsó del país para dárselo a los hijos de Israel).
Cuando Ajab oyó estas palabras, desgarró sus vestiduras, se puso un vestido de sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba cabizbajo. Entonces el Señor le habló al profeta Elías y le dijo: "¿Has visto cómo se ha humillado Ajab en mi presencia? Por eso, no lo castigaré a él durante su vida, pero en vida de su hijo castigaré a su casa".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 50, 3-4. 5-6a- 11-16
 
R/. Misericordia, Señor, hemos pecado.
 
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados. R/.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo. R/.
Aleja de tu vista mis maldades y olvídate de todos mis pecados. Líbrame de la sangre, Dios, salvador mío, y aclamará mi lengua tu justicia. R/.
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 13, 34
Aleluya, aleluya.
 
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. R/.
 
EVANGELIO
 
Amen a sus enemigos.
 
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 43-48
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Concédenos, Señor, que estas ofrendas que ponemos bajo tu mirada, nos obtengan la gracia de vivir entregados a tu servicio y nos alcancen, en recompensa, la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 72, 28
 
Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.
 
O bien: Mc 11, 23-24
 
Cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán, dice el Señor.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Al recibir, Señor, el don de estos sagrados misterios, te suplicamos humildemente que lo que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya, nos aproveche para crecer en nuestra caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXION

1Re. 21, 17-29. El Pecado es un mal intolerable en razón de que destruye en nosotros la vida, pues nos hace cortar nuestras relaciones con el Dios de la Vida y nos aleja de la Casa Paterna; porque nos hace perder nuestra relación fraterna con el prójimo y verlo como enemigo, a quien tratamos de eliminar para lograr nuestros intereses turbios o egoístas. Puesto que este mal no puede superarse sólo con nuestra voluntad, dañada por el pecado e inclinada al mal, Dios nos envió a su propio Hijo no sólo para el perdón de nuestros pecados, sino para que, quienes creamos en Él, en Él tengamos Vida eterna. Sin embargo, sabiendo que muchas veces el mal y nuestra propia concupiscencia están a la puerta, acechando como fieras que nos codician, el Señor, sabiendo que somos frágiles y que no podemos dominarlos por nosotros mismos, nos comunicó su Espíritu Santo, para que nos fortalezca y podamos dar testimonio firme, seguro y valiente, de una vida renovada en Cristo. A pesar de nuestras grandes miserias y pecados, volvamos a Dios con un corazón humillado y contrito. Y Él se llenará de celo por nosotros, nos perdonará y nos protegerá para conducirnos sanos y salvos a su Reino celestial.
 
Sal. 51 (50). El Rey David era un ungido del Señor. El Espíritu de Dios reposaba sobre él, como consagrado a Dios. Sin embargo, a causa de su crimen y pecado se hizo reo en la presencia de Dios; y, llamado a la conversión no se dejó dominar por la obstinación al pecado, sino que se humilló en la presencia del Señor y pidió perdón con humildad. El Señor se inclina, con gran amor y misericordia, ante el corazón arrepentido y humillado para lavarlo bien de todos sus delitos y purificarlo de sus pecados. Él no nos creó para condenarnos, sino para salvarnos. Sabiendo que, a pesar de estar consagrados a Dios por medio del Bautismo, muchas veces nos hemos alejado de Él haciendo el mal, Él quiere que estemos eternamente en su presencia, santos como Él es Santo. Dios, por medio de su Hijo, ha salido al encuentro del pecador para liberarlo del mal y llevarlo de retorno a la Casa Paterna. Aprovechemos la oportunidad que nos da nuestro Dios y Padre por medio de su Hijo Jesús.
 
Mt. 5, 43-48. El criterio para amar a nuestro prójimo, como hermano nuestro, es el amor con que el Padre Dios nos ha amado. Los que hemos sido hechos hijos suyos; los que hemos sido hechos de su linaje, debemos transparentar, desde nuestra propia vida, la Vida de Dios. El Padre Dios no sólo nos ofrece el perdón por medio del Misterio Pascual de su Hijo Jesús, sino que, a quienes retornamos a Él contritos y humillados, nos vuelve a amar como un Padre que no recuerda ya aquella maldad que, con lealtad, ha perdonado, pues quien al perdonar sigue recordando las faltas del perdonado, finalmente no ama en verdad a su prójimo. Orar por quienes nos persiguen es tanto como manifestar, desde nosotros, el amor que Dios tiene a todos y que no desea la muerte ni la condenación de alguna persona, sino que quiere que todos se conviertan y se salven. Proceder de esta manera será manifestar, desde nosotros, la perfección del amor de Dios. Esa es la Misión que se le ha encomendado a la Iglesia cuando se le envió a proclamar el Evangelio a todas las naciones para el perdón de los pecados y a bautizarlas para consagrarlas al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Acudimos a la Eucaristía porque reconocemos el gran amor que el Padre Dios nos tiene; porque siempre nos ha perdonado nuestros pecados; porque continúa llamándonos para que estemos con Él eternamente. Por eso le damos gracias mediante la celebración de la Eucaristía. Pero no sólo le damos gracias por este magnífico Don, sino que queremos hacerlo nuestro. Sabemos que, mientras continuamos nuestro camino por este mundo, seguimos siendo acosados por la maldad y por nuestra propia concupiscencia. Venimos ante el Señor para pedirle, con toda sinceridad, que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del malo. Esta obra de salvación, y el llevarla a su perfección en nosotros, no es obra nuestra, sino la Obra de Dios en nosotros. Por eso venimos ante el Señor para que nos llene de su Gracia y de su Espíritu, y vayamos, así, a dar testimonio del amor que el Señor nos ha manifestado en esta Celebración Eucarística.
El amor hacia nuestros hermanos lo hemos de vivir tras las huellas de Cristo y bajo la inspiración del Espíritu Santo, que Dios ha infundido en nuestros corazones. Muchas veces somos víctimas de conciencias llenas de injusticias, de egoísmos, de desequilibrios causados por la riqueza o por el poder mal utilizados, o mal centrados en la vida de quienes los poseen. Muchas veces podrían querernos dominar sentimientos de odio, de venganza, de persecución y de muerte, queriendo dar cabida en nosotros a la antigua Ley del Talión: Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, moretón por moretón. Tal vez actuando bajo ese criterio lo único que lograríamos sería enrolarnos en una continua espiral de violencia, que terminaría dañándonos a todos. No olvidando que el llamado a la santidad es un llamado universal, no podemos excluir a alguien para que deje de verse beneficiado de la oferta de salvación que Dios hace a todos. Por eso a todos hemos de anunciar, con lealtad y con un amor sincero, el Evangelio de salvación. Y a quienes nos persigan debemos responderles con nuestro perdón, con nuestra capacidad de un diálogo fraterno, con nuestra oración sincera por ellos, para que también ellos se encuentren con el Señor, retornen al camino del bien, dejen de hacer el mal y, juntos, construyamos ya desde ahora, el Reino de Dios entre nosotros, hasta que, juntos como hermanos, disfrutemos de él eternamente.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia no sólo de hacer el bien a todos, sino de amar a nuestro prójimo en la misma forma como Dios nos ha amado a nosotros. Amén.

Homilia catolica.-

lunes, 13 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 13 DE JUNIO LUNES XI DEL T. ORDINARIO SAN ANTONIO ...

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Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XI DEL T. ORDINARIO 13 DE JUNIO...: Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN ANTONIO DE PA...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...: SAN ANTONIO DE PADUA PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA PALABRA DE DIOS DIARIA San Francisco de Asís, que encontró al jove...

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Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio – XI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO - El Fariseo y la pecadora

Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio – XI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO - El Fariseo y la pecadora: Simón recibe a Jesús en su casa con orgullosa frialdad. María, la pecadora, se deshace en manifestaciones de arrepentimiento y amor. Por haber amado mucho, fue redimida de todas sus faltas. Y el fariseo, por orgullo, se vio impedido de pedir perdón.

sábado, 11 de junio de 2016

viernes, 10 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 10 DE JUNIO VIERNES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 10 DE JUNIO VIERNES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor abre ...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES X DEL T. ORDINARIO 10 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES X DEL T. ORDINARIO 10 DE JUNI...: Yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. RESPUESTAS DE FE S.D.A....



REFLEXIÓN
1Re. 19, 9. 11-16. Escuchar al Señor. Hacer nuestra su Palabra. Vivir haciendo en todo su voluntad. Sólo así podrá uno convertirse en Profeta, en Testigo del Señor, pues hablaremos no conforme a nuestras imaginaciones o estudios eruditos, sino desde nuestra experiencia de Aquel con quien hayamos convivido.
Probablemente a veces nuestro camino se convierta en algo demasiado doloroso. Tal vez tengamos que soportar la persecución y la muerte. Sin embargo no la muerte sino la Vida tendrá la última palabra en nosotros.
A los pies del Señor abramos nuestra vida para que se derrame en ella el Don de Dios, su Espíritu que quiere comunicarnos para que vayamos como viento huracanado, como terremoto y como fuego que llegue a destruir toda la fuerza del mal, no con la violencia que destruiría al pecador, sino con el amor que busca salvarlo por todos los medios posibles. Así, libres de toda maldad, el Señor nos concederá la paz que, como suave brisa, nos hará vivir unidos a Él en el amor, y a nuestro prójimo en el amor fraterno.
 
No huyamos de nuestras responsabilidades respecto al Evangelio que se nos ha confiado. Hemos de desandar el camino y volver a nuestros hermanos, pues el Señor nos ha confiado la Misión de buscar y salvar todo lo que se había perdido aun a costa de la entrega de nuestra propia vida.
Que el Espíritu del Señor nos conceda la fuerza necesaria para dejar a un lado nuestras cobardías y convertirnos en testigos fieles del amor de Dios para el mundo entero.
 
Sal. 27 (26). Persecuciones por pertenecerle a Cristo las tendremos siempre en la vida. Pero no perdamos el ánimo, pues el Señor, que ha vencido al mundo, nos hará salir más que victoriosos de todo aquello que nos oprime en la vida presente.
No pongamos nuestro corazón en las personas o en las cosas pasajeras. No queramos encontrar en eso nuestro refugio, fortaleza o consuelo.
Busquemos al Señor; Él es nuestro destino final.
Busquémoslo no para refugiarnos en Él, sino para encontrar en Él la fortaleza necesaria para convertirnos en testigos suyos, en testigos de su amor, que arde en nuestros corazones. Efectivamente no podemos dejar de manifestar, con las obras, a Aquel que habita en nosotros, pues de la abundancia del corazón habla la boca.
Ojalá y no sólo queramos ver y experimentar, ya desde esta vida, la bondad del Señor, sino que nosotros mismos nos convirtamos en signos de esa bondad, del amor y de la misericordia de Dios para todos los pueblos
 
Mt. 5, 27-32. El Matrimonio es una alianza, realizada con toda madurez, y al mismo tiempo aceptando todas las consecuencias de la misma. Esto exige una auténtica fidelidad en el amor. Este, el amor, es lo central en la decisión de unirse un hombre y una mujer de un modo estable.
Pero no podemos negar tantas infidelidades nacidas de una falta de un auténtico compromiso de amor entre los esposos. La cultura de este tiempo, que nos ha tocado vivir, muchas veces va arrastrando las conciencias para que actúen, en algo tan importante, como si sólo fuese un juego, o si como se tratara de un experimento, haber si resulta, y si no, desecharlo para que no nos dañe.
Tenemos que reflexionar sobre las causas que llevan a las personas al matrimonio. Si son cosas externas a ellos, ellos mismos se ponen en riesgo de caminar hacia un verdadero fracaso. Por eso, la educación nacida desde el seno familiar, debe servir de pilar firme para que, a pesar de los malos ejemplos que proclaman a los cuatro vientos los medios masivos de comunicación, no se juegue ni con los demás, ni con uno mismo.
Unidos en matrimonio, lo que Dios unió que no lo separe el hombre.
El Señor nos reúne para renovar con nosotros su Alianza nueva y eterna. Él ha sido siempre fiel a nosotros, a pesar de que muchas veces nosotros nos hemos alejado de Él y nos hemos envuelto en el pecado, en la infidelidad al Señor de la Iglesia.
Sin embargo el Señor no quiere que nadie se condene, sino que todos se conviertan y se salven. Este es el sentido del Misterio Pascual de Cristo: Él, con su muerte, perdonó nuestros pecados, y con su resurrección nos dio nueva vida.
Al participar de la Eucaristía no sólo realizamos un acto de culto a Dios, sino que aceptamos volver al Señor y caminar, nuevamente, en su presencia, ya no como extraños y advenedizos, sino como hijos de Dios.
El Señor nos ha destinado para que vayamos y proclamemos su Nombre a todas las naciones, como la Buena Noticia que nos salva. Él , unido a su Iglesia por el amor siempre fiel, se hace presente a través de todas las generaciones, con su poder salvador, por medio nuestro. Ojalá y no traicionemos el amor de Cristo. Y no lo traicionaremos cuando, después de entrar en intimidad con Él, volvamos a nuestras actividades diarias como testigos de la verdad y del bien.
Seamos testigos de la Victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte para que todos puedan aclamar con júbilo al Señor.
El que oprima a su prójimo, aquel que sea ocasión para él de dolor, de sufrimiento o de muerte, no podrá decir que vive unido a Cristo, sino que, lejos de Él ha hecho de su vida un signo del malo, a quien ha unido realmente su existencia.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de permanecer fieles al amor a Él y a nuestro prójimo, de tal forma que, viviendo conforme al Evangelio y dando testimonio de él con nuestras obras, seamos dignos de permanecer unidos con el Señor en la eternidad. Amén.

Homilia  catolica

miércoles, 8 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 8 DE JUNIO MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 8 DE JUNIO MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor...

El Santo del Dia: 8 DE JUNIO SAN MEDARDO OBISPO

El Santo del Dia: 8 DE JUNIO SAN MEDARDO OBISPO: SAN MEDARDO   OBISPO PALABRA DE DIOS DIARIA Los datos históricos sobre su persona y obra están en la penumbra, hay penur...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO 8 DE JUN...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO 8 DE JUN...: Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. ...MIERCOLES 08 DE JUNIO DE 2016

X SEMANA DEL T.O.

1 R 18, 20-39; Mt 5, 17-19

REFLEXIÓN

1Re. 18, 20-39. Hay muchas carencias en todos los niveles que afectan grandes sectores de la humanidad. La pobreza, el hambre, la pérdida de los valores auténticos de la humanidad, la falta de un verdadero testimonio de muchos de los que nos llamamos personas de fe, la desorientación de la juventud causada por la carencia de padres de familia bien formados y firmes en su amor, la inclinación hacia el hedonismo propiciada por muchos medios de comunicación social que se han casado con los poderosos para explotar a las clases más débiles.
Ante este torbellino de inestabilidad interna de la persona, se han levantado muchos profetas de vientos que mueven los corazones, ansiosos de encontrar solución a sus problemas, y les han llevado como se llevan las hojas secas, sin rumbo definido.
El Señor invita a su Iglesia a convertirse en una auténtica comunidad profética, que proclame el Nombre del Señor desde la experiencia personal que de Él debe haber tenido. La firmeza de nuestro seguimiento del Señor; nuestra vida consumida en el fuego del amor divino, que nos debe ayudar a santificar los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra existencia; nuestra entrega constante a favor del bien de aquellos que han sido azotados por la enfermedad, por la pobreza o por la injusticia, debe convertirse en el Signo del Amor de Dios que llegue a las personas de nuestro tiempo para convertirse en su opción fundamental, de tal forma que no sólo se reconozca a Dios como el verdadero Dios y Padre nuestro, sino para que, abandonados nuestros caminos de maldad, hagamos nuestra la Vida que Él nos ofrece en Cristo Jesús, y hagamos de nuestro mundo un signo del Reino de Dios entre nosotros, viviendo en un auténtico amor fraterno.
El Señor espera de su Iglesia una respuesta de amor fiel; de amor que se entregue a favor de los demás; de amor que santifique aún a costa de consumir la propia vida con tal de que todos reconozcan al Señor como a su Dios, y en Él encuentren la salvación y la vida eterna.
¿Aceptamos vivir conforme a este compromiso que se nos presenta de acuerdo a la fe que tenemos en el Dios verdadero?
 
Sal. 16 (15). La formación de las conciencias conforme al Evangelio de Cristo debe ser una prioridad en la acción catequética de la Iglesia.
No podemos heredar a los demás sólo bienes materiales. Mientras no nos preocupemos de que las nuevas generaciones cimienten su vida en los auténticos valores del Evangelio, estaremos propiciando una sociedad en el futuro más deteriorada de como nosotros la recibimos.
Aprendamos a no ser ocasión de escándalo o de tropiezo para los demás. Antes al contrario ayudémosles a realizarse plenamente en la verdad, en el amor, en la capacidad de trabajar por la paz, de tal forma que juntos podamos construir una sociedad más justa y más fraterna, que logre que el gozo y la alegría del Señor se hagan realidad ya desde ahora entre nosotros.
 
Mt. 5, 17-19. Nos hemos acostumbrado a ver, ya casi con naturalidad, las faltas en contra de los principios fundamentales de la familia y de la sociedad, que cometen muchos de los que se encuentran en el poder.
Poco a poco va surgiendo una sociedad, no inmoral sino amoral, que ya no tiene claro el sentido del bien y del mal. Estamos llegando a una sociedad permisiva, en la que ya no quiere juzgar uno mismo sus propias acciones. La New Age está creando una sociedad light, sin sustancia y sin sustento: todo es válido, en la medida en que te deje satisfecho, sin tener que relacionarte con alguien que coarte tu libertad (¿libertinaje?).
Se han encendido las luces rojas para que la Iglesia abra los ojos ante lo que muchos llaman el SIDA de la fe, pues la está afectando irremediablemente.
¿Cuáles son nuestras acciones para afianzar la fe de los que nos han sido confiados? ¿Cuál es nuestra capacidad de respuesta?
Recordemos que también es un quebrantamiento de la Ley, una traición a Dios y a nosotros mismos el no saber amar para convertirnos en una luz firme, segura para las gentes de nuestro tiempo.
No nos lamentemos de las desviaciones en que están cayendo las nuevas generaciones; lamentémonos más bien de quedarnos con los brazos cruzados mientras se derrumban los cimientos de la fe en muchos hermanos nuestros.
El Señor nos reúne en torno a la celebración Eucarística de su Misterio Pascual, mediante el cual Él nos ha dado nueva vida y nos participa de su Espíritu Santo.
¿Cuál es el motivo de nuestra alegría, de nuestra acción de gracias ante el Señor?
Él presenta la entrega de su propia vida para que seamos perdonados y hechos hijos de Dios. ¿Nosotros qué traemos? ¿Cuál es nuestra entrega a favor del bien de los demás, y cuáles son las obras con las que la respaldamos?
Ojalá y no vengamos sólo para pedirle al Señor que nos ayude en las cosas temporales.
No podemos aparentar postrarnos ante el Señor cuando en verdad nos hemos postrado ante los ídolos creados por nuestra imaginación, cual pueden ser el poder, los bienes materiales y económicos que deseamos compulsivamente, el desenfreno de nuestra concupiscencia. Ídolos de los que queremos hacer cómplice al mismo Dios, queriendo tranquilizar nuestra conciencia acudiendo a su presencia para hacérnoslo propicio, pero sin estar dispuestos a dejar nuestros caminos equivocados.
La Eucaristía es un compromiso para ser personas que, renovadas y revestidas de Cristo, caminen por la vida como aquellos que proclaman la Verdad, el Bien, el Amor como una entrega a favor de los demás, dejando a un lado aquellos caminos que nos hacían destruirnos unos a otros, o pisotear los derechos de las clases más desprotegidas.
El Señor nos pide que seamos fieles a su Ley, la Ley del Amor que no sólo nos ha de llevar a amar a Dios sobre todas las cosas, sino que nos debe llevar también a amar a nuestro prójimo, no como a nosotros mismos, sino en la misma medida del amor con que nosotros hemos sido amados por Cristo.
La Iglesia de Cristo debe convertirse en el camino seguro de todos hacia nuestra plena perfección en Aquel que nos creó a su imagen y semejanza, y que nos quiere como hijos en el Hijo, pues esta es la herencia, la vocación a la que hemos sido llamados como coherederos en Cristo Jesús.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber vivir como auténticos profetas de Cristo, proclamando su Nombre no como fruto sólo de nuestros estudios, sino como fruto de la experiencia personal del amor que Él nos ha tenido, de tal forma que construyamos cada día con mayor solidez y valentía el Reino de Dios, que ya desde ahora se ha de iniciar entre nosotros. Amén.

Homilia catolica.

martes, 7 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 7 DE JUNIO MARTES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 7 DE JUNIO MARTES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor abre ...

El Santo del Dia: 7 DE JUNIO SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRTIR

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Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES X DEL T. ORDINARIO 7 DE JUNIO ...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES X DEL T. ORDINARIO 7 DE JUNIO ...: Ustedes son la sal de la tierra.  Ustedes son la luz del mundo. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRT...



REFLEXIÓN
1Re. 17, 7-16. Cuando alguien se pone en un grave peligro, incluso con gran riesgo para su vida, decimos que se metió, por sí mismo, en la boca del lobo.
Sidón era la tierra de Jezabel, esposa de Ajab. Ella había inducido al rey a adorar a Baal, pues ese era su dios, el dios de su patria. A causa de esa idolatría el Dios de Israel había enviado una gran sequía sobre los suyos. Elías había salido, conforme a la orden de Dios, para refugiarse cerca de un torrente. Pero ahora recibe la orden de ir hacia Sidón. Ahí vivirá al refugio de una viuda pobre, la cual llegará a reconocer al Dios de Israel como el verdadero Dios, y a Elías como verdadero profeta de Dios.
Con esto el Señor nos está indicando que no podemos despreciar a nuestro prójimo, que no podemos huir de aquellos que se han ido por caminos equivocados. El pecado, que ha dominado y enceguecido a muchos corazones, debe ser vencido con la Victoria de Cristo, de la cual nosotros somos portadores.
No podemos proclamar el Evangelio solo a quienes consideramos gente buena por no querer contaminarnos con el trato de los pecadores. Dios quiere que su Iglesia, al igual que su propio Hijo, baje hasta el fondo de la maldad en que muchos se han hundido, para rescatarlos aún a costa de la entrega de nuestra propia vida.
 
Sal. 4. Dios es para nosotros un Padre lleno de amor, de ternura y de misericordia. Él está siempre junto a nosotros no para castigarnos. Él no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Él está dispuesto siempre a velar por los suyos y a librarlos de todo mal.
Si alguien se aleja de Él, él mismo se hace responsable de su propia perdición.
Por eso, sabiendo que somos pecadores, y que tal vez muchas veces nos hemos alejado del Señor, con un corazón humilde volvamos al Él, que es rico en misericordia para con todos aquellos que lo invocan y lo buscan con sinceridad.
Hagamos la prueba, y veremos qué bueno es el Señor.
 
Mt. 5, 13-16. Los que hemos unido nuestra vida a Cristo hemos recibido el "Sabor" que nos viene de Él.
Aquel que entre en contacto con la Iglesia de Cristo sabrá de su amor, de su entrega, de su cercanía, de su perdón, de su misericordia, de su Vida eterna.
Hemos sido formados por Dios del costado abierto de su Hijo para que le demos un nuevo rumbo a la historia.
Pero si perdemos el sabor de Cristo, si en lugar de que los demás encuentren en nosotros la Verdad y la Vida sólo encontraran destrucción, muerte y desprecio, por muy eruditos que sean nuestros discursos sobre Cristo sólo serviremos de burla para los demás, y no serviremos sino para ser expulsados de la Casa del Padre par ser pisoteados, eternamente humillados por vivir como los hipócritas.
Por eso, la Vida que Dios ha infundido en nosotros es como una luz, que el mismo Dios ha encendido en nosotros. No podemos ocultarla bajo nuestras cobardías. El Señor nos quiere testigos suyos. Testigos de la Verdad y de su Vida, de la que nos ha hecho partícipes.
En la Eucaristía el Señor no sólo ilumina nuestra vida, sino que hace que nosotros también seamos convertidos en fuego que ilumine al mundo y el camino de la humanidad hacia su plena realización en Cristo.
La Iglesia es Luz que hace brillar el Rostro resplandeciente de su Señor a través de la historia. Pero esta Luz no es algo propio de la humanidad, sino un Don que Dios nos hace por medio de su Hijo. Quienes creemos en Él no podemos empañar esa luz con nuestros pecados. El Señor quiere que su Iglesia sea un signo claro de su amor, de su bondad y de su misericordia. Y para ello entregó su vida por nosotros.
Celebrar la Eucaristía y participar de ella significa todo un compromiso para trabajar en orden a hacer llegar la Vida de Dios y su Espíritu hasta el último rincón de la tierra, como la Buena Noticia del Amor de Dios que se nos ha comunicado por medio de Cristo Jesús.
Esa Vida divina debe dar frutos de buenas obras en nosotros. Quienes disfruten de esos frutos, quienes sean objeto de nuestro amor, de nuestro trabajo por la paz y la justicia, de nuestra misericordia, de nuestra generosidad, estarán experimentando a Dios desde nosotros y lo glorificarán a Él, pues no buscamos nuestra gloria, sino la de Aquel que es el único autor de todo bien.
Habiendo pues recibido el Don de Dios, no lo ocultemos. No guardemos únicamente para nosotros la santidad de vida que Dios nos ha concedido. Seamos portadores de ese regalo que el Señor quiere hacer llegar a todos.
El Señor no quiere que su Iglesia sea una comunidad de cobardes. Él no le ha pedido a su Padre que nos saque del mundo, sino que nos preserve del mal, pues, siendo de Dios, permanecemos en el mundo como testigos del amor y de la verdad.
Con la valentía y la fuerza que nos viene del Espíritu de Dios, que hemos recibido, debemos abrir los ojos ante tantas miserias y pecados que han atrapado a buena parte de la sociedad. Junto con el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, reflexionamos que no sólo se nos ha perdido una de las 100 ovejas del rebaño, sino una gran parte del mismo.
Con el corazón de Cristo hemos de llegar hasta los lugares más riesgosos y peligrosos en busca de quienes se dispersaron en un día de nubarrones y oscuridad.
El Señor quiere que vayamos totalmente definidos a favor de la Verdad, de la Vida y del Amor que proceden de Dios hacia nosotros. Que vayamos como luz, dispuestos a iluminar y a no dejarnos apagar en la misión que se nos ha confiado.
Muchos habrá que querrán comprarnos para sí y silenciar la voz de profeta que le corresponde a la Iglesia. Tratemos de no hacerle el juego al mal ni a los poderosos de este mundo. Aprendamos a cumplir con la misión que el Señor nos ha confiado, dispuestos a correr todos los riesgos que nos vengan por creer en Cristo Jesús.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber convertirnos en auténticos testigos de su amor en el mundo, de tal forma que seamos una verdadera Iglesia profética que cumpla y viva todo lo que decimos acerca del Dios amor, y que, por tanto, no sólo lo anunciamos con nuestros labios. Amén.

Homilia catolica