jueves, 22 de junio de 2017

El Santo del Dia: 22 DE JUNIO SAN PAULINO DE NOLA OBISPO Y CONFESOR

El Santo del Dia: 22 DE JUNIO SAN PAULINO DE NOLA OBISPO Y CONFESOR: SAN PAULINO DE NOLA OBISPO Y CONFESOR PALABRA DE DIOS DIARIA Nace: 353 en Burdeos, Francia. Su padre era gobernador d...

Liturgia de las horas: 22 DE JUNIO JUEVES XI DEL T. ORDINARIO

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domingo, 18 de junio de 2017

Liturgia de las horas: 17 DE JUNIO SÁBADO X DEL T. ORDINARIO

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sábado, 17 de junio de 2017

Gregorian Chants - Kyrie Elesion, Gloria, Sanctus, and Agnus Dei

Pange Lingua Gloriosi - Catholic Hymns, Gregorian Chant

El Santo del Dia: 17 DE JUNIO SANTA TERESA DE PORTUGAL RELIGIOSA

El Santo del Dia: 17 DE JUNIO SANTA TERESA DE PORTUGAL RELIGIOSA: SANTA TERESA DE PORTUGAL RELIGIOSA PALABRA DE DIOS DIARIA Santa Teresa, hija del rey Sancho I de Portugal y de Dª. Dulce...

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA Y REFLEXIÓN
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO -A -
18 DE JUNIO DE 2017

Ex 19, 2-6; Rom 5, 6-11; Mt 9, 36-10, 8




ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 26, 7. 9

Oye, Señor, mi voz y mis clamores. Ven en mi ayuda, no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, fortaleza de los que en ti esperan, acude bondadoso, a nuestro llamado y puesto que sin ti nada puede nuestra humana debilidad, danos siempre la ayuda de tu gracia, para que, en cumplimiento de tu voluntad, te agrademos siempre con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada.

Del libro del Éxodo: 19, 2-6

En aquellos días, el pueblo de Israel salió de Refidim, llegó al desierto del Sinaí y acampó frente al monte. Moisés subió al monte para hablar con Dios. El Señor lo llamó desde el monte y le dijo: "Esto dirás a la casa de Jacob, esto anunciarás a los hijos de Israel: 'Ustedes han visto cómo castigué a los egipcios y de qué manera los he levantado a ustedes sobre alas de águila y los he traído a mí. Ahora bien, si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada' ". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 99, 2. 3. 5.
R/. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. R/.
Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. R/.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. R/.

SEGUNDA LECTURA

Si la muerte de Cristo nos reconcilió con Dios, mucho más nos reconciliará su vida.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 5, 6-11

Hermanos: Cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mc 1, 15
R/. Aleluya, aleluya.

El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio. R/.

EVANGELIO

Jesús envió a sus doce apóstoles con instrucciones.

Del santo Evangelio según san Mateo: 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".
Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Credo

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos, hermanos, al Señor que conoce lo que está escondido a nuestros ojos y sabe cuáles son las verdaderas necesidades de los hombres, diciendo: Señor Jesús, escúchanos. (R/. Señor Jesús, escúchanos.)
Oremos por la santa Iglesia, para que Dios, nuestro Señor, aumente el número de sus fieles, aleje de ella toda división y escuche las plegarias que le dirigen todos los cristianos del mundo, roguemos al Señor.
Oremos también a nuestro Señor por los gobernantes de nuestra patria y de todos los pueblos, para que Dios les dé sabiduría y fuerza para gobernar y dirigir con paz y justicia el pueblo que tienen encomendado, roguemos al Señor.
Oremos también por los que están lejos de su hogar, para que nuestro Señor les conceda un viaje feliz, retornar con salud a sus familias y la realización plena de los proyectos de su viaje.
Oremos también a nuestro Señor por los que hoy nos hemos reunido aquí en su nombre y por el párroco (pastor) que nos preside, para que nuestro Señor escuche nuestras oraciones y nuestras peticiones le sean siembre agradables, roguemos al Señor.
Dios nuestro, que nos has elegido como reino de sacerdotes, propiedad personal y nación santa y has querido que seamos signo visible de la nueva realeza de tu reino, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos vivir en plena unión contigo, tanto en el sacrificio de alabanza como en el servicio a nuestros hermanos, para que así lleguemos a ser delante de los hombres anunciadores y testigos del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Tú que con este pan y este vino que te presentamos das al género humano el alimento que lo sostiene y el sacramento que lo renueva, concédenos, Señor, que nunca nos falte esta ayuda para el cuerpo y el alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 26, 4

Una sola cosa he pedido y es lo único que busco, habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida.

O bien: Jn 17, 11

Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean uno, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que esta santa comunión, que acabamos de recibir, así como significa la unión de los fieles en ti, así también lleve a efecto la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.



REFLEXIÓN

1.- DONDE HAY CARIDAD Y AMOR ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR

Por Gabriel González del Estal

1.- Cuerpo entregado, sangre derramada por vosotros. Hoy celebramos los católicos el día del Corpus, el día de la Caridad y del amor fraterno. Durante muchos años, y siglos, la celebración del día del Corpus, uno de los tres jueves que relucían más que el sol, tenía su representación más visible en la procesión solemnísima en la que el pueblo cristiano acompañaba, entusiasmado, por calles y plazas, al sacerdote que portaba en alto la custodia con el Santísimo. Decir día del Corpus era pensar en la procesión del día del Corpus. Esta procesión fue, incluso, declarada de interés turístico en algunas ciudades, como Toledo y Valencia. Yo he participado, con mucho gozo, en muchas de estas procesiones del día del Corpus. Pero yo creo que hoy debemos cambiar nuestro punto de mira y pensar en la fiesta del Corpus, principalmente, como en la fiesta por excelencia de la caridad, del amor fraterno. En la eucaristía no celebramos el triunfo y el éxito popular de un Cristo triunfante y resucitado, sino el amor infinito del Cristo crucificado, de un Cristo que entregó su cuerpo y derramó su sangre por amor a nosotros. Hoy, para los cristianos, lo más visible del día del Corpus debe ser un cristiano que acude a la mesa de Cáritas, o a la hucha del niño con las banderitas, para entregar su óbolo y su limosna como ayuda a los más necesitados. Celebrar hoy cristianamente el día del Corpus es, sobre todo, estar dispuestos a entregar parte de nuestra vida para dar vida a los que se están muriendo de hambre y de miseria, expresar nuestra caridad y nuestro amor con los más necesitados, porque donde hay caridad y amor allí está el Señor.

2.- Haced esto en memoria mía. Cuando Cristo instituyó su eucaristía les pidió a sus discípulos que cada vez que se reunieran para celebrar la fracción del pan lo hicieran pensando en lo que él había hecho e iba a ahora a consumar: entregar su cuerpo y derramar su sangre por amor a todos nosotros. Nuestras eucaristías deben ser un memorial de la vida, pasión y gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Un memorial que no sólo consiste en recordar, sino en celebrar, en unir nuestra vida a la vida de Cristo, en comulgar con él, en unir nuestro destino a su destino. Sólo el que celebra la eucaristía estando dispuesto a entregar su vida por los demás, lo hace realmente en memoria de Cristo. Esto es lo que los cristianos debemos proclamar hoy, día del Corpus: que nosotros somos la memoria viva de Jesús. Que cuando las demás personas nos miren y nos vean a los cristianos, vean en realidad a Cristo, se acuerden de él, vean en nosotros la memoria de él. Para eso, los cristianos debemos ser vistos hoy más como humildes continuadores de la caridad de Cristo, que como insignes portadores de su grandeza y poder. No se nos pide hoy a los cristianos, en esta celebración del día del Corpus, que exhibamos nuestra fuerza y poder, sino nuestra caridad y amor.

3.- Lo que nos dice la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Precisamente pensando en este día del Corpus, como día de la Caridad y del amor fraterno, la Comisión Episcopal de Pastoral Social escribió hace algunos años: Quiero ser, Padre, tus manos, tus ojos, tu corazón. Mirar al otro como Tú le miras: con una mirada rebosante de amor y de ternura. Envíame, Señor, enséñame a caminar en los pies del que acompaño y me acompaña. Ayúdame a multiplicar el pan y curar las heridas, a no dejar de sonreír y de compartir la esperanza. En tu Palabra encuentro la Luz que me ilumina. En la Eucaristía el pan partido y compartido fortalece mi entrega y me da vida. Y en mi debilidad, Señor, encuentro tu fortaleza cada día. Pues, Amén, que así sea.

2.- FIESTA DEL AMOR DE DIOS QUE SE ENTREGA POR TODOS

Por José María Martín OSA

1.- La Iglesia vive de la Eucaristía. El libro del Deuteronomio exhorta al pueblo para que cumpla los mandamientos de Dios. Trae a la memoria de todo el pueblo la experiencia fundamental de los 40 años por el desierto, camino de la tierra prometida. Recuerda que fue Dios quien liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Si Israel se olvida de la ayuda recibida en el desierto, caerá de nuevo en las viejas esclavitudes. La lección del desierto es ésta: que Israel vive de la palabra de Dios. En la abundancia y en la escasez, lo que hace sobrevivir al pueblo es siempre la obediencia al Señor. La única posibilidad de supervivencia sigue siendo para Israel la confianza en Dios y en el acatamiento de su voluntad. Desde la nueva situación de prosperidad y de abundancia relativa, el desierto es para Israel una realidad terrible, felizmente lejana; sin embargo, la nueva situación es mucho más peligrosa en cuanto favorece el sentimiento de autosuficiencia y lleva al olvido del Señor, que sacó al pueblo de la esclavitud y le dio de comer y beber en el desierto. El mismo peligro tenemos nosotros cuando abandonamos la participación en la Eucaristía. En este día del Corpus Christi se nos recuerda a los cristianos de ahora que, como escribió Juan Pablo II, la Iglesia vive de la Eucaristía –“Ecclesia de Eucharistia”-

2.- La Eucaristía es sacramento de unidad. Se desató una polémica en la primera comunidad cristiana sobre la licitud o no de comer carne que hubiera sido "sacrificada" a los dioses. Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, defiende también en este caso la libertad de los hijos de Dios; pero les advierte que sean considerados respecto a la opinión de los que siguen atados a la opinión antigua y no hieran su sensibilidad. Además les amonesta para que no se pasen de listos y lleguen por ese camino a una participación personal de los cultos paganos. La razón es que para Pablo no hay componenda posible entre la comunión con Cristo y la Cena del Señor y la comunión con los demonios y el culto pagano. Por eso expone el sentido profundo de la Cena del Señor, que nos une a todos en la comunión con Cristo. Por eso, la Eucaristía es sacramento de unidad y vínculo de caridad.

3.- Entrar en comunión con Cristo. Los judíos llamaban "cáliz de la acción de gracias" o "de la bendición" a la copa que, una vez bendecida dando gracias a Dios, se pasaba en la última ronda entre los comensales. Cuantos los cristianos beben de ese cáliz entran en comunión con Cristo y se comprometen juntos en el único y verdadero sacrificio. También "el pan que partimos" se refiere al pan eucarístico (la eucaristía se llamó desde el principio "fracción del pan"), en el que recibimos el cuerpo de Cristo. Cuantos participamos del cuerpo de Cristo nos incorporamos a Cristo y a su misión y formamos juntos un solo cuerpo, esto es, una comunidad de vida, que es la Iglesia. De la misma suerte que el alimento natural se une orgánicamente al hombre, así también el que come la carne y bebe la sangre de Cristo entra en una unión de vida con él. Esta unión es comparada a la que Jesús tiene con el Padre que le ha enviado al mundo. Comulgar es entrar en unión de vida con Cristo para entregarse con él a todos los hombres y alcanzar así vida eterna. Así lo expresa San Agustín: “No podéis vivir bien si él no os ayuda, si él no os lo otorga, si él no os lo concede. Al obrar el bien y al vivir bien, él os llenará. Examinad vuestra conciencia. Vuestra boca se llenará de alabanza y gozo de Dios” (Sermón 132 A)

4.- “Llamados a ser comunidad”. Necesitamos vivir unidos a Cristo para poder participar también de su misión en la tierra. Por eso la iglesia celebra en este día del Corpus “el día de Caridad” El lema de la Campaña de Caridad en la diócesis de Madrid, “Llamados a ser comunidad”, nos invita a la comunidad cristiana a compartir juntos y a no pasar de largo ante el sufrimiento de los otros. En esta campaña se nos propone poner el foco en el valor de la participación y la comunidad como ejes del proyecto de Transformación social. Celebramos el Día de Caridad coincidiendo con el Día del Corpus Christi, la celebración de la Eucaristía. Es nuestra fiesta grande, un momento especial para celebrar el Amor que se entrega, en especial, a los preferidos de Dios, a los que viven en pobreza y son víctimas de la desigualdad, sin derechos, excluidos de todos. Como dice el Papa Francisco “La Comunidad parroquial está llamada a ser Comunidad de comunidades"

3.- LA DOCTRINA DE LA EUCARISTÍA

Por Antonio García-Moreno

1.- LA MÍSTICA DEL DESIERTO.- El camino del desierto quedó como paradigma, como ejemplo que sería recordado muchas veces. Fueron momentos inolvidables en los que Dios estuvo cerca de su pueblo como nunca. El desierto se convertía así en una mística, un vivir en soledad y silencio, en intimidad entrañable con Dios. Por eso, a lo largo de la Historia hubo quienes buscaron, y buscan, el desierto o la montaña como lugar de encuentro con el Señor.

No es cierto que para encontrar a Dios tengamos que huir del mundo. Algunos así lo deben hacer por vocación divina. Pero los demás no. Sin embargo todos podemos y debemos buscar el silencio y la soledad para estar con Dios. De ordinario dedicando un rato cada día, unos días cada año. Y siempre entrando en lo interior de nuestro corazón, donde Dios nos espera y nos ama. Aunque fuera haya polución y ruidos, dentro de nosotros puede haber aire limpio y silencio apacible.

2.- MISTERIO DEL AMOR.- Este capítulo es uno de los más extensos, y también más densos en los relatos joánicos, de por sí pletóricos de rico sentido teológico. Este versículo que hemos señalado es el gozne que une con la primera parte de los discursos pronunciados, según refiere San Juan, por el Señor en la sinagoga de Cafarnaún. Primero ha insistido en la necesidad de la fe para alcanzar la vida eterna.

Luego el Maestro expone la doctrina de la Eucaristía, insistiendo en la necesidad de comer su carne y de beber su sangre para alcanzar esa vida eterna. Sus palabras provocan una reacción de escándalo y rechazo. Tanto que incluso los discípulos le abandonan. Ante esa actitud Jesús no suaviza sus afirmaciones, ni aminora sus exigencias. A los apóstoles les pregunta si también ellos se quieren marchar. Pedro, en nombre de todos, hace un acto de fe y de confianza en Jesús... Sólo así, con una fe rendida y firme, podremos aceptar el Misterio de Amor que supone que el Señor se haga pan para que le podamos comer.

4.- A LA CALLE Y A LAS PERSONAS

Por Javier Leoz

Solemnidad del Corpus y, con esta fiesta, cerramos en broche de oro (detrás de la Pascua) tantos Misterios de nuestra fe: ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡EN LA EUCARISTÍA! Hoy, al contemplar la Eucaristía, nuestros ojos se van en dos direcciones: hacia la calle (necesitada de la presencia del Señor, aunque algunos la rechacen) y hacia las personas (custodias de carne y hueso en donde nos hemos de afanar mediante el obrador de la caridad). Calle y personas son un binomio excepcional e imprescindible para entender el Corpus: sin caridad y sin testimonio público…la fe se queda corta y coja.

1. Hoy, al celebrar esta Solemnidad, nos viene el recuerdo de Jueves Santo. Entonces, Jesús, lo hizo en intimidad y –hoy nosotros- lo proclamamos a los cuatro vientos. La Eucaristía es vida que nutre nuestras venas. Sin ella, la Iglesia, los cristianos y los seguidores de Jesús perdemos el norte y la fuerza necesaria para saber si estamos en sintonía con el Evangelio. Es un Sacramento admirable y de gran belleza, de profundidad y de pasión, de muerte y de resurrección: ¡NO LO PODEMOS ENCERRAR ENTRE LAS CUATRO PAREDES DE UN TEMPLO!

Llevar adelante nuestra vida cristiana, sin detenernos en el Pan de la Eucaristía, es un imposible. Con el Sacramento del altar recobramos impulso, fuerza y valor. Sin ella, sin la Eucaristía, nos convertimos en guiso sin sal, en pan sin levadura, en cristianos venidos a menos. Con ella, la Eucaristía, la caridad nos urge a la entrega y al compromiso. Cáritas, en este día, así nos lo recuerda: la mirada hacia el altar, hacia la custodia, reaviva nuestros ojos hacia los más necesitados. Es lógica y consecuencia del encuentro con el Jesús Eucaristía.

2. Hoy, además, por cada uno de los poros de nuestra piel se ha de notar ese afecto singular al Sacramento eucarístico. Los primeros cristianos decían aquello de: “sin el domingo no podemos vivir”. El Corpus, además de acentuar esa visión, nos incita a muchas reflexiones:

-¿Llevamos la identidad cristiana a las plazas y calles del día a día?

-¿Hablamos del domingo, en nuestros círculos, como un referente cristiano?

-¿Practicamos la misa dominical como necesidad o como cumplimiento?

-¿Procuramos reservar unos momentos para la adoración, para la visita al santísimo, la misa diaria o, tal vez, nos hemos acostumbrado al ritmo dominical?

-¿Seguimos a Cristo en la custodia de nuestro cristianismo o, tal vez, la dejamos escondida en el armario de nuestra privacidad, pereza, timidez apostólica o cobardía?

3. CORPUS: La caridad es causa de felicidad personal y comunitaria. El dar supone enriquecerse a sí mismo. Con la caridad todos somos beneficiados.

CORPUS: Es centralizar el Misterio de la Eucaristía en aquel acto de supremo servicio donde Jesús da pruebas del señorío del amor de Dios en su corazón.

CORPUS: Es manifestar públicamente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene. Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino.

CORPUS: Es el AMOR de DIOS que toma cuerpo. Que se hace cuerpo; visible, alimento, vino y pan. Y, si el amor de DIOS se hace cuerpo, nuestras calles se abren de par en par para que, por unos momentos, se conviertan en mesa interminable donde los seguidores de Jesús celebren, proclamen, vivan y coman su pan multiplicado.

Ahora, en estos tiempos sobre todo, donde hay tanto contraste de culturas y hasta de religiones…es bueno manifestar públicamente lo que sentimos y lo que creemos: ¡DIOS ESTA AQUÍ!

No sé porque me da que el Corpus, hoy más que nunca, puede ser un desafío ante ese afán de replegar y de esconder todo lo que suene a religioso. Frente a ese intento, desenfrenado y hasta provocador, de silenciar y apartar a Dios de la vida pública. La custodia, con Cristo dentro, puede ser perfectamente la gran pancarta de un Dios que sigue hablando y manifestándose a través de nosotros. Pero, ¡eso sí!, primero lo creamos nosotros y luego…lo manifestemos con todas las consecuencias.

3.- ¡VAS POR DELANTE, SEÑOR!

Porque, conociendo la  humanidad del hombre,

sabes que necesita de tu  mano y de tus huellas

para no perder el norte de  su existencia.

Que, sin Ti, está abocada a  la desilusión y al desencanto

a la tibieza, al pesimismo o  al enfrentamiento.

Sales, en este día del  Corpus Christi,

y empujado con la fuerza o  el secreto del amor.

¡Inyecta, Señor, un poco de  tu sangre en nuestro mundo!

Porque, nuestros cuerpos, se  encuentran débiles

Porque, la sangre que corre  por nuestras venas,

además de roja y viva  queremos que sea divina

¡Danos un poco de tu Cuerpo,  oh Cristo!

Porque, en las mesas de  nuestra vida,

sobra el pan que se cuece en  un simple horno

y nos falta ese otro Pan que  se dora en el amor divino

 

¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Sales en la custodia y  rodeado de mis vasallos

Somos nosotros, Señor, tus  amigos

los que, un día sí y otro  también,

queremos llevarte como el  mejor tesoro al mundo

Los que, envueltos en  contradicciones,

somos miembros de tu Cuerpo

y anunciadores de tus buenos  y santos misterios.

 

¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Mira al enfermo que, desde  la azotea de su sufrimiento,

te grita: ¡ten compasión de  mí!

Detén tu mirada sobre el  que, muerto aun estando vivo,

te pide un poco de esperanza  en su caminar

No dejes de bendecir a los  que, abriendo su corazón,

te dicen que, entre todo lo  conocido,

Tú eres lo mejor y digno de  ser adorado

 

¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Gracias, Jesús, por  compartir nuestras prisas

y ofrecernos un poco de  calma

Gracias, Jesús, por no ser  indiferente a nuestra vida

y colmarnos con tu gracia

Gracias, Jesús, por  contemplar nuestra situación

y regalarnos tantas caricias  con serenas respuestas

Gracias, oh Cristo, porque  tu Cuerpo y tu Sangre

nos redime, nos hace  fuertes, decididos, valientes,

entusiastas, comprometidos….

y nos hace sentir hoy, más  que nunca,

que merece la pena caminar y  vivir contigo.

Amén.

5.- PARTIENDO DE ALGO MUY ÍNTIMO…

Por Ángel Gómez Escorial

 1.- Conmemoramos hoy la permanencia real de Cristo en la tierra, bajo las especies de pan y vino, en la Eucaristía. Es algo tan grande que sólo es posible explicarlo, partiendo de algo muy íntimo. Y así, en mi experiencia personal arroja un balance de enorme importancia la recepción diaria del Santísimo Sacramento. No se trata de presumir de piedad. Responde a una necesidad que tiene mucho de espiritual, pero que también incide en lo físico.

2.- La presencia innegable de Jesús en las formas de pan y vino comunica una corriente espiritual fehaciente. No es solamente un rito sacralizado por la fe. Es una realidad que transforma, aquieta, perdona y enriquece. Siempre hay un antes y un después en la recepción de la Santa Eucaristía. Muchos días se llega a la misa cotidiana con problemas, aprensiones, tristezas, distracciones o dudas. Gran parte de todos esos problemas van a aclararse. Nuestro cuerpo, alma y pensamiento han cambiado después de recibir a Jesús. No es un espejismo, no es una falsa emoción. Hay momentos en que el fruto del Santo Sacramento es recibir --por ejemplo-- un mayor tino para todas las cosas y, sobre todo, en las de índole espiritual.

3.- No es posible dejar de proclamar tal efecto real de un don espiritual. El mayor bien "terreno" que podemos dar a nuestros hermanos es comunicarles lo que sentimos a la hora de recibir el Cuerpo de Cristo. Y la mejor ayuda es --si ellos no lo sienten-- predibujarles tales dones. Porque el alimento espiritual que supone la recepción del Cuerpo y Sangre de Jesucristo es fundamental para construir nuestra identidad total como cristianos, con todo lo que eso significa y debe significar. Por todo ello debemos celebrar esta Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo con especial dedicación. Pidiendo a Jesús que nos ilumine y que nos "regale" de manera fehaciente su presencia. Y una vez que seamos capaces de aprehender esos dones, hemos de esforzarnos por comunicárselos a nuestros hermanos.

4.- Hay brillantes exhortaciones, en los textos litúrgicos de la Misa de hoy, a la unidad de los cristianos en torno al Cuerpo y Sangre de Cristo. "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan". Lo dice Pablo en la Carta Primera a los Corintios. Jesús en el evangelio de San Juan lo expresa sin la menor ambigüedad: "Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre".

5.- Esa unidad en torno a la Eucaristía debería ser un proyecto común para todos. La corriente ecuménica de estos tiempos, la búsqueda de la unidad de las Iglesias, tiene cada vez más fuerza en el pensamiento común de los cristianos. Ciertamente, que hay un buen número de Iglesias que abandonaron el uso de la Eucaristía tras la Reforma. Hay otras, como las Iglesias Ortodoxas y la anglicana, que el Misterio Eucarístico está presente en sus liturgias. El camino de la Unidad debería ir desplazando todo aquello que separa y reforzando todo lo que une y, además, es común en las celebraciones. Nos parece que dedicar la fiesta de la Santísima Sangre y Cuerpo de Cristo a la unidad de los cristianos es una lección muy acertada.

Fuente: La homilia de Betania





LECTURAS DE LA EUCARISTÍA Y REFLEXIÓN
SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2017
X SÁBADO DEL TIEMPO ORDINARIO -A-

2 Cor 5, 14-21; Sal 102; Mt 5, 33-37




ANTÍFONA DE ENTRADA

Te aclamamos, santa madre de Dios, porque has dado a luz al Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, concédenos a nosotros, tus siervos, gozar siempre de completa salud de alma y cuerpo, y, por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de esta vida y concédenos disfrutar de las alegrías eternas. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo "pecado" por nosotros.

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5, 14-21

Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es nuevo.
Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios.
Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo "pecado" por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 102, 1-2. 3-4. 8-9. 11-12.
R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. R/.
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. R/.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. El Señor no estará siempre enojado, ni durará para siempre su rencor. R/.
Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama. R/.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 118, 36. 29
R/. Aleluya, aleluya.

Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos y dame la gracia de cumplir tu voluntad. R/.

EVANGELIO

Les digo que no juren ni por el cielo ni por la tierra.

Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 33-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las oraciones de tu pueblo, junto con las ofrendas que te presentamos, para que, por la intercesión de santa María, la Madre de tu Hijo, ningún buen propósito quede sin realizarse y ninguna de nuestras súplicas quede sin respuesta. Por Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio de Santa María Virgen.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Lc 11, 27

Dichoso el vientre de la Virgen María, que llevó al Hijo del eterno Padre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Al recibir el sacramento celestial en la conmemoración de la santísima Virgen María, te pedimos, Padre misericordioso, que, a imitación suya, nos concedas ponernos dignamente al servicio del misterio de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.



REFLEXIÓN

2 Co 5,14-21: Para Pablo, el modelo en todo momento de su agitada vida es Jesús: «nos apremia el amor de Cristo, que murió por todos». Es lo que le da ánimos para seguir actuando como apóstol a pesar de todo.
Pablo describe la obra de la reconciliación que realizó Cristo: con su muerte, hizo que todos pudiéramos vivir. «Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo». Y esto ha tenido dos consecuencias:
- todo es nuevo, todo ha cambiado de sentido, «el que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado»,
- y, además, a la comunidad cristiana, así reconciliada, le ha encargado el ministerio de reconciliar a los demás. Ministerio del que Pablo se siente particularmente satisfecho.
¡Qué hermosa la descripción del papel que juega en este mundo la Iglesia de Jesús: «nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar»!
Los cristianos estamos agradecidos por haber sido reconciliados por Cristo y haber sido hechos, por tanto, «criaturas nuevas», para que -como dice la Plegaria Eucarística IV del Misal, copiando el pensamiento de Pablo- «no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó».
Al mismo tiempo, nos sentimos convocados a servir de mediadores en la reconciliación de todos con Dios. Aunque esta mediación la ejerce la Iglesia sobre todo por sus ministros y pastores, es toda la comunidad la reconciliadora: «Toda la Iglesia, como pueblo sacerdotal, actúa de diversas maneras al ejercer la tarea de reconciliación que le ha sido confiada por Dios:
- no sólo llama a la penitencia por la predicación de la Palabra de Dios,
- sino que también intercede por los pecadores
- y ayuda al penitente con atención y solicitud maternal, para que reconozca y confiese sus pecados y así alcance la misericordia de Dios, ya que sólo él puede perdonar los pecados.
- Pero, además, la misma Iglesia ha sido constituida instrumento de conversión y absolución del penitente
- por el ministerio entregado por Cristo a los apóstoles y a sus sucesores» (Ritual de la Penitencia, n.8).
La Iglesia va repitiendo desde hace dos mil años: «en nombre de Cristo, os pedimos que os reconciliéis con Dios». Deberíamos sentirnos orgullosos de este encargo como Pablo: «nosotros actuamos como enviados de Cristo y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro». Y eso, tanto a la hora de aprovechar nosotros mismos este don de Cristo -sobre todo en el sacramento de la Penitencia-, como a la de comunicar a los demás la buena noticia del amor misericordioso de Dios.
Después de participar en la Eucaristía, que es comunión con el Cristo que quita el pecado del mundo y se ha entregado para reconciliarnos con Dios, ¿somos signos creíbles de su amor en la vida de cada día? ¿somos personas que concilian y reconcilian, que ayudan a otros a conectar con Dios? ¿de veras «nos apremia el amor de Cristo»?
Después de la comunión, podríamos rezar lentamente, por nuestra cuenta, el salmo de hoy, un canto entrañable al amor de Dios (uno de los que más veces aparece en nuestras Eucaristías como responsorial): «el Señor es compasivo y misericordioso... él perdona todas tus culpas...».
 
Mt. 5, 33-37. Comprometidos con Cristo, con su Evangelio. Llamados por el Señor para anunciar a todo el mundo el Mensaje de Salvación. Pero antes que nada hemos de ser los primeros en adentrarnos en el Evangelio, para vivirlo con toda decisión.
No podemos vivir como burócratas del Evangelio. No podemos cumplir con el anuncio del mismo durante alguna catequesis, y después olvidarnos de que somos hijos de Dios. El Señor nos pide lealtad y un sí firme, seguro, comprometido. Quienes nos traten sabrán que se encuentran no con un espejismo engañoso, ni con arenas movedizas, sino con quienes, por medio de una vida íntegra, manifiestan que Dios realmente vive en nosotros.
Así, el que ha sido escogido y enviado por Dios para evangelizar va con sus obras, con su compromiso personal proclamando el amor que Dios nos tiene y cómo quiere salvarnos a todos.
Ante una vida íntegra no es necesario emitir juramentos, pues, finalmente seremos siempre dignos de crédito y jamás seremos considerados unos hipócritas.
En la Eucaristía, que estamos celebrando, se concretiza la vocación que el Señor nos hace para proclamar su Evangelio. Él es el Evangelio viviente del Padre. Él nos ha manifestado el amor de Dios; Él se ha hecho cercano al hombre que sufre; Él bajó hasta nuestros pecados para liberarnos de ellos mediante la entrega de su propia vida; Él proclamó el amor que el Padre Dios nos tiene; Él nos da su misma Vida y su mismo Espíritu.
Llegar ante el Señor y ser testigos de todo esto nos compromete a vivir conforme al ejemplo que Él nos ha dado.
A Eliseo Dios le llama cubriéndole con el manto del profeta Elías. A nosotros el Padre Dios nos hace entrar en comunión de vida con su propio Hijo, de tal forma que, revestidos de Cristo, no sólo anunciemos el Evangelio, sino que, junto con Él, seamos el Evangelio viviente que el Padre Dios sigue pronunciando en el mundo por medio de su Iglesia para la salvación de todos.
Retornaremos a nuestras actividades diarias. Vayamos con la fuerza y el poder del Espíritu que el Señor ha infundido en nuestros corazones.
Nuestro Padre Dios quiere prolongar el ministerio de su propio Hijo por medio de la Iglesia, Esposa de Cristo. Él nos ha escogido para que seamos suyos. Sin embargo esto no pude llevarnos a sentirnos amados por Dios y a vivir en un intimismo estéril.
El Señor nos quiere totalmente comprometidos con su Reino, de tal forma que, siendo coherentes con nuestra fe, colaboremos para que la salvación llegue a todos.
Seamos el Evangelio viviente del Padre, por nuestra unión a Cristo. No denigremos el Nombre de Dios entre las naciones cuando, anunciando el Evangelio de Cristo, en lugar de vivir como hijos de Dios, viviésemos destruyendo a los demás, despreciando a los pobres, escandalizando a los débiles.
Si somos de Cristo no lo digamos sólo con las palabras, sino que demostrémoslo con las obras y la vida misma.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir como verdaderos testigos del Evangelio de su Hijo, sostenidos por la Fuerza del Espíritu Santo. Amén.
 
Homilia.católica.com


jueves, 15 de junio de 2017

El Santo del Dia: 16 DE JUNIO SAN JUAN FRANCISCO REGIS SACERDOTE

El Santo del Dia: 16 DE JUNIO SAN JUAN FRANCISCO REGIS SACERDOTE: SAN JUAN FRANCISCO REGIS SACERDOTE PALABRA DE DIOS DIARIA Nació el 31 de Enero de 1597, en el pueblo de Fontcouverte (departam...


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA Y REFLEXIÓN
SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
JUEVES 15 DE JUNIO DE 2017

Deut 8, 2-3. 14-16; 1 Cor 10, 16-17; Jn 6, 51-58



ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 80, 17

Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Señor nuestro Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Te di un alimento que ni tú ni tus padres conocían.

Del libro del Deuteronomio: 8, 2-3. 14-16

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 147, 12-13.14-15.19-20
R/. Bendito sea el Señor.

Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. Él refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa. R/.
Él mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. Él envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente. R/.
Le muestra a Jacob sus pensamientos, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo ni le ha confiado a otro sus proyectos. R/.

SEGUNDA LECTURA

El pan es uno y los que comemos de ese pan formamos un solo cuerpo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 10, 16-17

Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SECUENCIA

(Puede omitirse o puede recitarse en forma abreviada, comenzando por la estrofa: *"El pan que del cielo baja").


Al Salvador alabemos, que es nuestro pastor y guía.
Alabémoslo con himnos y canciones de alegría.

Esto nuevo, siempre nuevo, es la luz de la verdad.
que sustituye a lo viejo con reciente claridad.

Alabémoslo sin límites y con nuestras fuerzas todas;
pues tan grande es el Señor, que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos a Cristo, que es nuestro pan,
pues El es el pan de vida que nos da vida inmortal.

Doce eran los que cenaban y les dio pan a los doce.
Doce entonces lo comieron, y, después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza y llena de alegres cantos;
que nuestro ser se desborde en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución
de este banquete divino, el banquete del Señor.

Esta es la nueva Pascua, Pascua del único Rey,
que termina con la alianza tan pesada de la ley.

En aquella última cena Cristo hizo la maravilla
de dejar a sus amigos el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia, consagramos pan y vino,
que a los hombres nos redimen, y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano que el pan se convierte en carne,
y lo que antes era vino queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos, pues no alcanza la razón;
mas si las vemos con fe, entraran al corazón.

Bajo símbolos diversos y en diferentes figuras,
se esconden ciertas verdades maravillosas, profundas.

Su sangre es nuestra bebida;
su carne, nuestro alimento;
pero en el pan o en el vino Cristo está todo completo

Quien lo come, no lo rompe, no lo parte ni divide;
El es el todo y la parte; vivo esta en quien lo recibe.

Cuando parten lo exterior, solo parten lo que has visto;
no es una disminución de la persona de Cristo.

Puede ser tan solo uno el que se acerca al altar,
o pueden ser multitudes: Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos, con provecho diferente;
no es lo mismo tener vida que ser condenado a muerte.


A los malos les da muerte y a los buenos les da vida.
¡Qué efecto tan diferente tiene la misma comida!

El pan que del cielo baja es comida de viajeros.
Es un pan para los hijos.
¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente, es figura de este pan,
con el cordero de Pascua y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos y condúcenos al cielo.

Si lo parten, no te apures, solo parten lo exterior;
en el mínimo fragmento entero late el Señor.

Todo lo puedes y sabes, pastor de ovejas, divino.
Concédenos en el cielo gozar la herencia contigo. Amén.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 6, 51
R/. Aleluya, aleluya.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. R/.

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

Del santo Evangelio según san Juan: 6, 51-58

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz, simbolizados en las ofrendas sacramentales que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o II de la Eucaristía, MR, pp. 520-521 (521-522).

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

REFLEXIÓN

1.- DONDE HAY CARIDAD Y AMOR ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR

Por Gabriel González del Estal

1.- Cuerpo entregado, sangre derramada por vosotros. Hoy celebramos los católicos el día del Corpus, el día de la Caridad y del amor fraterno. Durante muchos años, y siglos, la celebración del día del Corpus, uno de los tres jueves que relucían más que el sol, tenía su representación más visible en la procesión solemnísima en la que el pueblo cristiano acompañaba, entusiasmado, por calles y plazas, al sacerdote que portaba en alto la custodia con el Santísimo. Decir día del Corpus era pensar en la procesión del día del Corpus. Esta procesión fue, incluso, declarada de interés turístico en algunas ciudades, como Toledo y Valencia. Yo he participado, con mucho gozo, en muchas de estas procesiones del día del Corpus. Pero yo creo que hoy debemos cambiar nuestro punto de mira y pensar en la fiesta del Corpus, principalmente, como en la fiesta por excelencia de la caridad, del amor fraterno. En la eucaristía no celebramos el triunfo y el éxito popular de un Cristo triunfante y resucitado, sino el amor infinito del Cristo crucificado, de un Cristo que entregó su cuerpo y derramó su sangre por amor a nosotros. Hoy, para los cristianos, lo más visible del día del Corpus debe ser un cristiano que acude a la mesa de Cáritas, o a la hucha del niño con las banderitas, para entregar su óbolo y su limosna como ayuda a los más necesitados. Celebrar hoy cristianamente el día del Corpus es, sobre todo, estar dispuestos a entregar parte de nuestra vida para dar vida a los que se están muriendo de hambre y de miseria, expresar nuestra caridad y nuestro amor con los más necesitados, porque donde hay caridad y amor allí está el Señor.

2.- Haced esto en memoria mía. Cuando Cristo instituyó su eucaristía les pidió a sus discípulos que cada vez que se reunieran para celebrar la fracción del pan lo hicieran pensando en lo que él había hecho e iba a ahora a consumar: entregar su cuerpo y derramar su sangre por amor a todos nosotros. Nuestras eucaristías deben ser un memorial de la vida, pasión y gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Un memorial que no sólo consiste en recordar, sino en celebrar, en unir nuestra vida a la vida de Cristo, en comulgar con él, en unir nuestro destino a su destino. Sólo el que celebra la eucaristía estando dispuesto a entregar su vida por los demás, lo hace realmente en memoria de Cristo. Esto es lo que los cristianos debemos proclamar hoy, día del Corpus: que nosotros somos la memoria viva de Jesús. Que cuando las demás personas nos miren y nos vean a los cristianos, vean en realidad a Cristo, se acuerden de él, vean en nosotros la memoria de él. Para eso, los cristianos debemos ser vistos hoy más como humildes continuadores de la caridad de Cristo, que como insignes portadores de su grandeza y poder. No se nos pide hoy a los cristianos, en esta celebración del día del Corpus, que exhibamos nuestra fuerza y poder, sino nuestra caridad y amor.

3.- Lo que nos dice la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Precisamente pensando en este día del Corpus, como día de la Caridad y del amor fraterno, la Comisión Episcopal de Pastoral Social escribió hace algunos años: Quiero ser, Padre, tus manos, tus ojos, tu corazón. Mirar al otro como Tú le miras: con una mirada rebosante de amor y de ternura. Envíame, Señor, enséñame a caminar en los pies del que acompaño y me acompaña. Ayúdame a multiplicar el pan y curar las heridas, a no dejar de sonreír y de compartir la esperanza. En tu Palabra encuentro la Luz que me ilumina. En la Eucaristía el pan partido y compartido fortalece mi entrega y me da vida. Y en mi debilidad, Señor, encuentro tu fortaleza cada día. Pues, Amén, que así sea.

2.- FIESTA DEL AMOR DE DIOS QUE SE ENTREGA POR TODOS

Por José María Martín OSA

1.- La Iglesia vive de la Eucaristía. El libro del Deuteronomio exhorta al pueblo para que cumpla los mandamientos de Dios. Trae a la memoria de todo el pueblo la experiencia fundamental de los 40 años por el desierto, camino de la tierra prometida. Recuerda que fue Dios quien liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Si Israel se olvida de la ayuda recibida en el desierto, caerá de nuevo en las viejas esclavitudes. La lección del desierto es ésta: que Israel vive de la palabra de Dios. En la abundancia y en la escasez, lo que hace sobrevivir al pueblo es siempre la obediencia al Señor. La única posibilidad de supervivencia sigue siendo para Israel la confianza en Dios y en el acatamiento de su voluntad. Desde la nueva situación de prosperidad y de abundancia relativa, el desierto es para Israel una realidad terrible, felizmente lejana; sin embargo, la nueva situación es mucho más peligrosa en cuanto favorece el sentimiento de autosuficiencia y lleva al olvido del Señor, que sacó al pueblo de la esclavitud y le dio de comer y beber en el desierto. El mismo peligro tenemos nosotros cuando abandonamos la participación en la Eucaristía. En este día del Corpus Christi se nos recuerda a los cristianos de ahora que, como escribió Juan Pablo II, la Iglesia vive de la Eucaristía –“Ecclesia de Eucharistia”-

2.- La Eucaristía es sacramento de unidad. Se desató una polémica en la primera comunidad cristiana sobre la licitud o no de comer carne que hubiera sido "sacrificada" a los dioses. Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, defiende también en este caso la libertad de los hijos de Dios; pero les advierte que sean considerados respecto a la opinión de los que siguen atados a la opinión antigua y no hieran su sensibilidad. Además les amonesta para que no se pasen de listos y lleguen por ese camino a una participación personal de los cultos paganos. La razón es que para Pablo no hay componenda posible entre la comunión con Cristo y la Cena del Señor y la comunión con los demonios y el culto pagano. Por eso expone el sentido profundo de la Cena del Señor, que nos une a todos en la comunión con Cristo. Por eso, la Eucaristía es sacramento de unidad y vínculo de caridad.

3.- Entrar en comunión con Cristo. Los judíos llamaban "cáliz de la acción de gracias" o "de la bendición" a la copa que, una vez bendecida dando gracias a Dios, se pasaba en la última ronda entre los comensales. Cuantos los cristianos beben de ese cáliz entran en comunión con Cristo y se comprometen juntos en el único y verdadero sacrificio. También "el pan que partimos" se refiere al pan eucarístico (la eucaristía se llamó desde el principio "fracción del pan"), en el que recibimos el cuerpo de Cristo. Cuantos participamos del cuerpo de Cristo nos incorporamos a Cristo y a su misión y formamos juntos un solo cuerpo, esto es, una comunidad de vida, que es la Iglesia. De la misma suerte que el alimento natural se une orgánicamente al hombre, así también el que come la carne y bebe la sangre de Cristo entra en una unión de vida con él. Esta unión es comparada a la que Jesús tiene con el Padre que le ha enviado al mundo. Comulgar es entrar en unión de vida con Cristo para entregarse con él a todos los hombres y alcanzar así vida eterna. Así lo expresa San Agustín: “No podéis vivir bien si él no os ayuda, si él no os lo otorga, si él no os lo concede. Al obrar el bien y al vivir bien, él os llenará. Examinad vuestra conciencia. Vuestra boca se llenará de alabanza y gozo de Dios” (Sermón 132 A)

4.- “Llamados a ser comunidad”. Necesitamos vivir unidos a Cristo para poder participar también de su misión en la tierra. Por eso la iglesia celebra en este día del Corpus “el día de Caridad” El lema de la Campaña de Caridad en la diócesis de Madrid, “Llamados a ser comunidad”, nos invita a la comunidad cristiana a compartir juntos y a no pasar de largo ante el sufrimiento de los otros. En esta campaña se nos propone poner el foco en el valor de la participación y la comunidad como ejes del proyecto de Transformación social. Celebramos el Día de Caridad coincidiendo con el Día del Corpus Christi, la celebración de la Eucaristía. Es nuestra fiesta grande, un momento especial para celebrar el Amor que se entrega, en especial, a los preferidos de Dios, a los que viven en pobreza y son víctimas de la desigualdad, sin derechos, excluidos de todos. Como dice el Papa Francisco “La Comunidad parroquial está llamada a ser Comunidad de comunidades"

3.- LA DOCTRINA DE LA EUCARISTÍA

Por Antonio García-Moreno

1.- LA MÍSTICA DEL DESIERTO.- El camino del desierto quedó como paradigma, como ejemplo que sería recordado muchas veces. Fueron momentos inolvidables en los que Dios estuvo cerca de su pueblo como nunca. El desierto se convertía así en una mística, un vivir en soledad y silencio, en intimidad entrañable con Dios. Por eso, a lo largo de la Historia hubo quienes buscaron, y buscan, el desierto o la montaña como lugar de encuentro con el Señor.

No es cierto que para encontrar a Dios tengamos que huir del mundo. Algunos así lo deben hacer por vocación divina. Pero los demás no. Sin embargo todos podemos y debemos buscar el silencio y la soledad para estar con Dios. De ordinario dedicando un rato cada día, unos días cada año. Y siempre entrando en lo interior de nuestro corazón, donde Dios nos espera y nos ama. Aunque fuera haya polución y ruidos, dentro de nosotros puede haber aire limpio y silencio apacible.

2.- MISTERIO DEL AMOR.- Este capítulo es uno de los más extensos, y también más densos en los relatos joánicos, de por sí pletóricos de rico sentido teológico. Este versículo que hemos señalado es el gozne que une con la primera parte de los discursos pronunciados, según refiere San Juan, por el Señor en la sinagoga de Cafarnaún. Primero ha insistido en la necesidad de la fe para alcanzar la vida eterna.

Luego el Maestro expone la doctrina de la Eucaristía, insistiendo en la necesidad de comer su carne y de beber su sangre para alcanzar esa vida eterna. Sus palabras provocan una reacción de escándalo y rechazo. Tanto que incluso los discípulos le abandonan. Ante esa actitud Jesús no suaviza sus afirmaciones, ni aminora sus exigencias. A los apóstoles les pregunta si también ellos se quieren marchar. Pedro, en nombre de todos, hace un acto de fe y de confianza en Jesús... Sólo así, con una fe rendida y firme, podremos aceptar el Misterio de Amor que supone que el Señor se haga pan para que le podamos comer.

4.- A LA CALLE Y A LAS PERSONAS

Por Javier Leoz

Solemnidad del Corpus y, con esta fiesta, cerramos en broche de oro (detrás de la Pascua) tantos Misterios de nuestra fe: ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡EN LA EUCARISTÍA! Hoy, al contemplar la Eucaristía, nuestros ojos se van en dos direcciones: hacia la calle (necesitada de la presencia del Señor, aunque algunos la rechacen) y hacia las personas (custodias de carne y hueso en donde nos hemos de afanar mediante el obrador de la caridad). Calle y personas son un binomio excepcional e imprescindible para entender el Corpus: sin caridad y sin testimonio público…la fe se queda corta y coja.

1. Hoy, al celebrar esta Solemnidad, nos viene el recuerdo de Jueves Santo. Entonces, Jesús, lo hizo en intimidad y –hoy nosotros- lo proclamamos a los cuatro vientos. La Eucaristía es vida que nutre nuestras venas. Sin ella, la Iglesia, los cristianos y los seguidores de Jesús perdemos el norte y la fuerza necesaria para saber si estamos en sintonía con el Evangelio. Es un Sacramento admirable y de gran belleza, de profundidad y de pasión, de muerte y de resurrección: ¡NO LO PODEMOS ENCERRAR ENTRE LAS CUATRO PAREDES DE UN TEMPLO!

Llevar adelante nuestra vida cristiana, sin detenernos en el Pan de la Eucaristía, es un imposible. Con el Sacramento del altar recobramos impulso, fuerza y valor. Sin ella, sin la Eucaristía, nos convertimos en guiso sin sal, en pan sin levadura, en cristianos venidos a menos. Con ella, la Eucaristía, la caridad nos urge a la entrega y al compromiso. Cáritas, en este día, así nos lo recuerda: la mirada hacia el altar, hacia la custodia, reaviva nuestros ojos hacia los más necesitados. Es lógica y consecuencia del encuentro con el Jesús Eucaristía.

2. Hoy, además, por cada uno de los poros de nuestra piel se ha de notar ese afecto singular al Sacramento eucarístico. Los primeros cristianos decían aquello de: “sin el domingo no podemos vivir”. El Corpus, además de acentuar esa visión, nos incita a muchas reflexiones:

-¿Llevamos la identidad cristiana a las plazas y calles del día a día?

-¿Hablamos del domingo, en nuestros círculos, como un referente cristiano?

-¿Practicamos la misa dominical como necesidad o como cumplimiento?

-¿Procuramos reservar unos momentos para la adoración, para la visita al santísimo, la misa diaria o, tal vez, nos hemos acostumbrado al ritmo dominical?

-¿Seguimos a Cristo en la custodia de nuestro cristianismo o, tal vez, la dejamos escondida en el armario de nuestra privacidad, pereza, timidez apostólica o cobardía?

3. CORPUS: La caridad es causa de felicidad personal y comunitaria. El dar supone enriquecerse a sí mismo. Con la caridad todos somos beneficiados.

CORPUS: Es centralizar el Misterio de la Eucaristía en aquel acto de supremo servicio donde Jesús da pruebas del señorío del amor de Dios en su corazón.

CORPUS: Es manifestar públicamente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene. Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino.

CORPUS: Es el AMOR de DIOS que toma cuerpo. Que se hace cuerpo; visible, alimento, vino y pan. Y, si el amor de DIOS se hace cuerpo, nuestras calles se abren de par en par para que, por unos momentos, se conviertan en mesa interminable donde los seguidores de Jesús celebren, proclamen, vivan y coman su pan multiplicado.

Ahora, en estos tiempos sobre todo, donde hay tanto contraste de culturas y hasta de religiones…es bueno manifestar públicamente lo que sentimos y lo que creemos: ¡DIOS ESTA AQUÍ!

No sé porque me da que el Corpus, hoy más que nunca, puede ser un desafío ante ese afán de replegar y de esconder todo lo que suene a religioso. Frente a ese intento, desenfrenado y hasta provocador, de silenciar y apartar a Dios de la vida pública. La custodia, con Cristo dentro, puede ser perfectamente la gran pancarta de un Dios que sigue hablando y manifestándose a través de nosotros. Pero, ¡eso sí!, primero lo creamos nosotros y luego…lo manifestemos con todas las consecuencias.

3.- ¡VAS POR DELANTE, SEÑOR!

Porque, conociendo la  humanidad del hombre,

sabes que necesita de tu  mano y de tus huellas

para no perder el norte de  su existencia.

Que, sin Ti, está abocada a  la desilusión y al desencanto

a la tibieza, al pesimismo o  al enfrentamiento.

Sales, en este día del  Corpus Christi,

y empujado con la fuerza o  el secreto del amor.

¡Inyecta, Señor, un poco de  tu sangre en nuestro mundo!

Porque, nuestros cuerpos, se  encuentran débiles

Porque, la sangre que corre  por nuestras venas,

además de roja y viva  queremos que sea divina

¡Danos un poco de tu Cuerpo,  oh Cristo!

Porque, en las mesas de  nuestra vida,

sobra el pan que se cuece en  un simple horno

y nos falta ese otro Pan que  se dora en el amor divino



¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Sales en la custodia y  rodeado de mis vasallos

Somos nosotros, Señor, tus  amigos

los que, un día sí y otro  también,

queremos llevarte como el  mejor tesoro al mundo

Los que, envueltos en  contradicciones,

somos miembros de tu Cuerpo

y anunciadores de tus buenos  y santos misterios.



¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Mira al enfermo que, desde  la azotea de su sufrimiento,

te grita: ¡ten compasión de  mí!

Detén tu mirada sobre el  que, muerto aun estando vivo,

te pide un poco de esperanza  en su caminar

No dejes de bendecir a los  que, abriendo su corazón,

te dicen que, entre todo lo  conocido,

Tú eres lo mejor y digno de  ser adorado



¡VAS  POR DELANTE, SEÑOR!

Gracias, Jesús, por  compartir nuestras prisas

y ofrecernos un poco de  calma

Gracias, Jesús, por no ser  indiferente a nuestra vida

y colmarnos con tu gracia

Gracias, Jesús, por  contemplar nuestra situación

y regalarnos tantas caricias  con serenas respuestas

Gracias, oh Cristo, porque  tu Cuerpo y tu Sangre

nos redime, nos hace  fuertes, decididos, valientes,

entusiastas, comprometidos….

y nos hace sentir hoy, más  que nunca,

que merece la pena caminar y  vivir contigo.

Amén.

5.- PARTIENDO DE ALGO MUY ÍNTIMO…

Por Ángel Gómez Escorial

 1.- Conmemoramos hoy la permanencia real de Cristo en la tierra, bajo las especies de pan y vino, en la Eucaristía. Es algo tan grande que sólo es posible explicarlo, partiendo de algo muy íntimo. Y así, en mi experiencia personal arroja un balance de enorme importancia la recepción diaria del Santísimo Sacramento. No se trata de presumir de piedad. Responde a una necesidad que tiene mucho de espiritual, pero que también incide en lo físico.

2.- La presencia innegable de Jesús en las formas de pan y vino comunica una corriente espiritual fehaciente. No es solamente un rito sacralizado por la fe. Es una realidad que transforma, aquieta, perdona y enriquece. Siempre hay un antes y un después en la recepción de la Santa Eucaristía. Muchos días se llega a la misa cotidiana con problemas, aprensiones, tristezas, distracciones o dudas. Gran parte de todos esos problemas van a aclararse. Nuestro cuerpo, alma y pensamiento han cambiado después de recibir a Jesús. No es un espejismo, no es una falsa emoción. Hay momentos en que el fruto del Santo Sacramento es recibir --por ejemplo-- un mayor tino para todas las cosas y, sobre todo, en las de índole espiritual.

3.- No es posible dejar de proclamar tal efecto real de un don espiritual. El mayor bien "terreno" que podemos dar a nuestros hermanos es comunicarles lo que sentimos a la hora de recibir el Cuerpo de Cristo. Y la mejor ayuda es --si ellos no lo sienten-- predibujarles tales dones. Porque el alimento espiritual que supone la recepción del Cuerpo y Sangre de Jesucristo es fundamental para construir nuestra identidad total como cristianos, con todo lo que eso significa y debe significar. Por todo ello debemos celebrar esta Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo con especial dedicación. Pidiendo a Jesús que nos ilumine y que nos "regale" de manera fehaciente su presencia. Y una vez que seamos capaces de aprehender esos dones, hemos de esforzarnos por comunicárselos a nuestros hermanos.

4.- Hay brillantes exhortaciones, en los textos litúrgicos de la Misa de hoy, a la unidad de los cristianos en torno al Cuerpo y Sangre de Cristo. "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan". Lo dice Pablo en la Carta Primera a los Corintios. Jesús en el evangelio de San Juan lo expresa sin la menor ambigüedad: "Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre".

5.- Esa unidad en torno a la Eucaristía debería ser un proyecto común para todos. La corriente ecuménica de estos tiempos, la búsqueda de la unidad de las Iglesias, tiene cada vez más fuerza en el pensamiento común de los cristianos. Ciertamente, que hay un buen número de Iglesias que abandonaron el uso de la Eucaristía tras la Reforma. Hay otras, como las Iglesias Ortodoxas y la anglicana, que el Misterio Eucarístico está presente en sus liturgias. El camino de la Unidad debería ir desplazando todo aquello que separa y reforzando todo lo que une y, además, es común en las celebraciones. Nos parece que dedicar la fiesta de la Santísima Sangre y Cuerpo de Cristo a la unidad de los cristianos es una lección muy acertada.

Fuente: La homilia de Betania


sábado, 10 de junio de 2017



LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
DOMINGO 11 DE JUNIO DE 2017
LA SANTISIMA TRINIDAD, Solemnidad
 
Ex 34, 4-6.8-9; 2Cor 13, 11-13; Jn 3. 16-18




ANTÍFONA DE ENTRADA
Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia con nosotros 

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Dios Padre, que al enviar al mundo la Palabra de verdad y el Espíritu santificador, revelaste a todos los hombres tu misterio admirable, concédenos que, profesando la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la Unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente. 

DEL LIBRO DEL ÉXODO: 34, 4-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.
Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: "Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel".
Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: "Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya". 

Palabra de Dios. 
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL: Daniel 3 
R/. Bendito seas para siempre, Señor.

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Bendito sea tu nombre santo y glorioso. R/.

Bendito seas en el templo santo y glorioso. Bendito seas en el trono de tu reino. R/.

Bendito eres tú, Señor, que penetras con tu mirada los abismos y te sientas en un trono rodeado de querubines. Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo. R/.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.

DE LA SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS: 13, 11-13

Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes. Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz. Los saludan todos los fieles. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes. 

Palabra de Dios. 
Te alabamos, Señor.



ACLAMACIÓN (Cfr. Ap 1, 8) 
R/. Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá. R/.


Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salvara por él.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN: 3, 16-18

"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. El que cree en Él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos unidos en la fe y en la esperanza. Después de cada petición diremos: Escúchanos, Padre.
Por la Iglesia, por todos los que queremos vivir siguiendo el camino del amor de Dios. Oremos.
Por los monasterios de vida contemplativa, por los monjes y monjas que dan en nuestro mundo testimonio de fe y de oración. Oremos.
Por los gobernantes de las naciones. Oremos.
Por los padres de familia, primeros responsables del bienestar físico y moral de quienes están a su cuidado. Oremos.
Por los pobres y los enfermos, por todos aquellos que viven marcados por el dolor y la debilidad. Oremos.
Por nosotros, por los que cada domingo nos reunimos en esta iglesia para compartir la mesa de Jesucristo. Oremos.
Escucha, Padre, nuestra oración, y danos tu Espíritu Santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu Hijo único y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, en la unidad de un solo ser e iguales en su majestad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz: Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Ga 4, 6)

Porque ustedes son hijos de Dios, Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abbá, Padre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 
Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su Unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación de cuerpo y alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.


REFLEXIÓN

1.- DE MISTERIO EN MISTERIO

Por Javier Leoz

Fe, con formulación antigua pero siempre vigente, es “creer lo que no se ve”. Ya San Agustín concluía “y la recompensa es ver lo que uno cree”. En este día, en el Misterio de la Santísima Trinidad, ensalzamos, sentimos, palpamos y proclamamos el inmenso amor de Dios que, lejos de quererlo para sí, lo comparte, lo manifiesta en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

1.- ¡Dios es amor! Y lo declaramos en ese trípode de tres personas distintas pero con un común denominador: el amor que existe en todas ellas. Ese color, el amor, define este Misterio indescifrable pero que llega a lo más hondo de nuestras entrañas: ¡Dios es familia! ¡Dios es comunicación mutua! ¡Dios es comunidad!

Hoy al cantar la gloria de la Trinidad proclamamos que en su nombre hemos sido bautizados; que todos los sacramentos que edifican a la Iglesia los iniciamos invocando su presencia; que toda la vida de nuestra Iglesia, y de nuestra existencia cristiana, está precisamente marcada por este Misterio: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2.- ¡Dios es amor! Y, en esta solemnidad, vemos que lo penetra y lo abarca todo. Dios se hace Padre, Cristo se hace hermano, y el Espíritu comparte –hasta el último día- nuestra vida. ¿Puede ofrecer y enseñar más la Santísima Trinidad? ¡Sí! Puede, y lo sigue haciendo: un amor sin fronteras, sin fisuras, sin contraprestaciones, sin pedir nada cambio. Dios, en su ser Trinitario, nos regala un impresionante don: la unidad. Quien proclame la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu, a la fuerza deberá de trabajar para que –su vida- sea fraternidad, comunión y reconciliación.

3.- Es fácil, cantar, signar y anunciar este Misterio Trinitario. Es más difícil llevarlo a la práctica. ¿Por qué no ser yo distinto a los demás? ¿Por qué no puedo actuar libremente? ¿Por qué tengo que respetar la autonomía y el pensamiento del otro? ¿Qué sentido tiene vivir en comunidad cuando “yo soy yo”?

Son interrogantes que, al contrastarlos con la Trinidad de Dios, concluimos que nos cuesta ser familia; compartir sueños y utopías; guardad la comunión –no sólo la apariencia o en formas- de una vida sensata, alegre y armonizada por la batuta de un amor sin límites.

-Hoy, no puede ser de otra manera, damos gracias a Cristo porque –a través de El- comprendemos, tocamos y amamos la grandeza de Dios

-Hoy, y así lo debemos de hacer siempre, nos sentimos seducidos y empujados por el Espíritu para ser valientes cristianos; a no dejarnos arrebatar ni menospreciar verdades de fe que son el sustrato de nuestro “abc” cristiano.

-Hoy, al contemplar la Trinidad de Dios, nos incorporamos con Cristo, por Cristo, en el Espíritu y por el Espíritu a esa gran familia en la que –el Padre- siempre tiene un lugar para cada uno de nosotros sus hijos.

4.- Muchas cosas hemos celebrado en este tiempo de la Pascua. Hoy, aun con el fuego de Pentecostés ardiendo en lo más hondo de nuestros corazones, sentimos que la intimidad de Dios nos es revelada en esta fiesta de la Santísima Trinidad. Preguntaban a San Juan Evangelista en su ancianidad: “Dinos algo sobre Dios…” Y, el discípulo amado de Jesús respondía: “¡Dios es amor! ¡Amaos!” ¡Gloria a la Trinidad!

5.- ¿CUAL ES TU SECRETO, TRINIDAD SANTA?

¿Para que,  siendo tres personas tan distintas

actúes como  un único Dios, santo y verdadero?

¿CUAL ES TU SECRETO, TRINIDAD SANTA?

¿Para qué,  revelándonos tu intimidad,

el amor que  habita en tus tres habitaciones

viváis en un  solo Espíritu, como Padre e Hijo

como si  fueras una única morada?

¿CUAL ES TU SECRETO, TRINIDAD SANTA?

¿Para no ser  algo solitario, sino en compañía,

viviendo en  comunidad que ama

en familia  que camina en la misma dirección?

¿CUAL ES TU SECRETO, TRINIDAD SANTA?

Tu secreto,  Trinidad Santa, es la comunión

No existe el  “yo” en Ti, sino el “nosotros”

No existe lo  mío, sino lo nuestro

No existe mi  bien, sino el bien de todos

¿CUAL ES TU SCRETO, TRINIDAD SANTA?

Tu secreto  es la enemistad con el egoísmo

Tu secreto  es la búsqueda de la unión

Tu secreto  es la verdad transparente

Tu secreto  es la voz que se comunica

Tu secreto  los tres corazones fundidos en uno:

UN SOLO DIOS Y PADRE

UN SOLO DIOS E HIJO

UN SOLO DIOS Y ESPÍRITU

UN SOLO DIOS VERDADERO

que, al  descubrirse tal y cómo es,

sólo nos  dice:

 ¡MI  TRINIDAD ES AMOR!

¡MI FAMILIA VIVE EN EL AMOR!

¡MI FUERZA ES EL AMOR!

¡MI SECRETO ESCONDIDO ES EL AMOR!

2.- REAVIVEMOS NUESTRA FE EN DIOS, UNO Y TRINO

Por Antonio García-Moreno

1.- MISTERIO DE AMOR.- El libro del Éxodo nos narra hoy uno de esos encuentros íntimos entre Yahvé y Moisés. Encuentro del hombre con Dios en el que la ínfima pequeñez de la naturaleza humana entra en relación con la infinita grandeza del Altísimo. Misterio profundo de este Dios nuestro, Uno y Trino, esencialmente amor, comunicación permanente de benevolencia.

Tres divinas personas que se aman desde toda la eternidad. El Padre, que engendra al Hijo, y el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Una sola naturaleza divina y tres divinas personas, que no son tres dioses sino un solo Dios. Iguales en todo, en la divinidad, en la gloria, en la majestad. Como es el Padre así es el Hijo y así el Espíritu Santo: increado, inmenso, eterno, omnipotente. En la Santísima Trinidad nada es anterior o posterior, nada mayor o menor, sino que las tres personas son coeternas entre sí e iguales.

Dios es compasivo, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, en amor y fidelidad, en bondad y en verdad. Ante este profundo misterio de amor que eres Tú, mi Dios Uno y Trino, sólo nos queda postrarnos por tierra, en actitud de honda adoración.

Moisés se siente anonadado ante la infinita grandeza de Dios, ante ese misterio indescifrable que es el amor divino. Ese amor que es fuerte y abrasador, grande hasta los celos, ese amor siempre vivo, esa bondad que no conoce la traición ni el olvido, ese cariño que permanece eternamente el mismo, siempre fiel y leal, misericordia que se repite de generación en generación.

Animado por esa extraordinaria grandeza del amor divino, Moisés se atreve a interceder por su pueblo, a pesar de que ese pueblo es terco y contumaz, recalcitrante en su actitud de pecado, en su desobediencia a Dios... Del mismo modo yo me atrevo, díselo también tú, a hablarte confiadamente, a pedirte con sencillez. Perdona nuestros pecados, disimula nuestras villanías. A ti te es propio el compadecer y el perdonar, incansablemente. Compadécete, una vez más, de nosotros. Y haz que ante tu infinito amor y tu eterno perdón, se despierte en nuestros corazones un amor profundo y sincero que, con una entrega incondicional y generosa, corresponda a tu maravilloso misterio de amor.

2.- EL QUE CREA SE SALVARÁ.- Nicodemo temía a sus correligionarios, y a causa de ese miedo a que le vieran con el Rabí de Nazaret, acude a verle cuando ya era de noche. Los fariseos, los ancianos y los escribas desconfiaban de aquel visionario que arrastraba a las gentes, como habían hecho en aquella época de expectación otros seudomesias. Nicodemo, fariseo él también, ha intuido, sin embargo, que el caso de Jesús de Nazaret es muy distinto. Por eso acude a conocerlo de cerca, para sondearle, para oírle hablar sobre su doctrina, para saber de modo directo cuál era su mensaje y cuáles sus propósitos.

Jesús le acoge amablemente y le habla. Sus palabras sorprenden y desconciertan a Nicodemo, pero poco a poco va descubriendo la grandeza del anuncio de Cristo. Así lo da a entender más tarde cuando recrimina a los demás miembros del Sanedrín que formulan un juicio precipitado contra Jesús, a quien ni siquiera habían escuchado. Más tarde, cuando Cristo haya muerto en la cruz, dará la cara y, junto con José de Arimatea, pedirá a Pilatos el cuerpo sin vida del Señor.

En aquella noche Jesús le habló de muchas cosas. Entre ellas, del grande amor que Dios tiene al mundo. Amor que se manifiesta y evidencia en la entrega del propio Hijo Unigénito, el Amado, como víctima de propiciación, como Cordero sin mancilla que se inmolaría para quitar el pecado del mundo. Ciertamente aquello era extraordinario, pues extraordinario fue el don que lo ratificó. Amor hasta llegar al extremo, hasta esa prueba definitiva e irrebatible que es dar la vida por la persona amada, hasta la última gota de sangre, en el patíbulo de la cruz.

Dios quiere que el mundo se salve. Dios no quiere condenar a nadie. En realidad, al final de todo, aquellos que sean arrojados de la presencia del Señor, lo serán por su propia culpa. Es decir, la sentencia condenatoria, más que una condena será el reconocimiento de una situación libremente querida y sostenida por el condenado. Pero el que cree no será condenado, sigue diciendo Jesucristo. Tomemos conciencia de esta verdad, reavivemos nuestra fe en Dios, Uno y Trino. Aceptemos con rendida humildad las verdades reveladas, seamos hijos fieles de la Iglesia y alcanzaremos la dicha sin inefable de ser amados por Dios y de amarlo eternamente.

3.- AMOR Y COMUNIÓN

Por José María Martín OSA

1.- La celebración de un misterio gozoso. Al comenzar la segunda parte del Tiempo Ordinario celebramos el domingo de la Santísima Trinidad. Es el misterio central de nuestra fe. Es muy conocida la leyenda de San Agustín meditando el misterio de la Santísima Trinidad en la playa: un niño trata de meter toda el agua del mar en un pequeño pozo. San Agustín le advierte que es imposible conseguir eso que se propone. El niño le responde que es todavía más difícil que el obispo de Hipona llegue a desentrañar el misterio en el que está pensando. Es muy probable que este suceso no ocurriera en realidad y que se trate de una leyenda piadosa. San Agustín escribió un inmenso tratado titulado “De Trinitate”. Tras una profunda y extensa reflexión llegó a la conclusión de que vemos estas cosas en espejo y en enigma, sólo podemos decir que “se nos presenta en el Padre el origen, en el Hijo la natividad, en el Espíritu Santo del Padre y del Hijo la comunidad, en los tres la igualdad”. La Trinidad es un misterio gozoso, que nos llena de alegría y de paz por dos razones: la primera, Dios es amor; la segunda, Dios es comunión entre personas.

2.- Dios es amor. En el Libro del Éxodo Moisés pronuncia el nombre del Señor. Los israelitas no se atrevían a pronunciar el nombre de Dios, pero aquí muestra su cercanía a Moisés y proclama que “Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. Dios no es desde ahora un Dios distante, sino cercano al hombre. Juan en su evangelio proclama que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en El, sino que tengan vida eterna”. Cuando vino Jesús al mundo se presentó como un nuevo Moisés, pero con la diferencia de que conocía a Dios como nadie hasta ahora le había conocido…. Jesús nos enseñó a llamar a Dios con una confianza que es todo un atrevimiento. Nos dijo que cuando invocáramos a Dios le llamáramos “Abbá”, es decir “papaíto”. Lo que reveló Moisés en el Sinaí, cuando Dios dice de sí mismo que es compasivo, paciente y lleno de amor, se hace realidad en Jesús, el Hijo de Dios. Siendo nosotros injustos y pecadores, Cristo murió por nosotros. Esta es la mayor prueba de amor. Esta revelación debe llenarnos de confianza ante la muerte, pues Dios mandó a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por El.

3.- Dios es comunión entre personas. El misterio de unidad y comunión de Dios debe reflejarse también en nuestra vida. Somos muchos y distintos, pero estamos llamados a la unidad y comunión. Unidad no es uniformidad, sino riqueza de dones y carismas. Ninguna persona que quiera alcanzar la unión con Dios puede caer en la tentación de vivir aislado y dominado por su egoísmo individualista. Necesitamos la conexión con los otros, pues nadie puede llegar a Dios si no está en comunión con los hermanos. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. El misterio de Dios unidad y comunión debe trasladarse a nuestra manera de organizar justamente la sociedad. Nuestra fe en la Trinidad tiene consecuencias para la existencia del hombre en la tierra.

4.- CREER EN UN DIOS QUE ES GRACIA, COMUNIÓN Y AMOR, UN DIOS FAMILIA

Por Gabriel González del Estal

1.- La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros. Como ya habéis oído al principio, en este domingo de la Santísima Trinidad también hemos comenzado nuestra eucaristía con estas palabras que san Pablo dirigió a los fieles de Corinto, deseándoles la Gracia de Cristo, el Amor de Dios Padre, y la Comunión del Espíritu Santo. Y es que el Dios en el que creemos los cristianos es Gracia, es Amor y es Comunión, es un Dios familia. Nos deseamos la gracia de Cristo porque Cristo es todo gracia, nos deseamos el amor del Padre, porque el Padre nos ama a todos como a hijos suyos, y nos deseamos la comunión del Espíritu Santo, porque el Espíritu siempre nos une y reconcilia con Dios y con los hermanos. Cristo es todo Gracia, porque vino a salvarnos, no a condenarnos, Dios Padre es todo Amor, como el padre de la parábola del hijo pródigo, nos ama a todos como a hijos, y el Espíritu Santo es Comunión de amor entre el Padre y el Hijo. No es que queramos explicar teológicamente el misterio de la Santísima Trinidad, porque en ningún caso lo íbamos a conseguir. El ser humano no puede entender, ni explicar a Dios. Un ser que es esencialmente infinito e inmenso no puede ser explicado con palabras humanas, siempre limitadas y finitas. Cuando hablamos del misterio de la Santísima Trinidad nos basta con creer lo que nos dice hoy San Pablo: que Dios, nuestro Padre, es gracia, es amor, es comunión, es un Dios familia. Nos basta con creer que la gracia, el amor y la comunión nos la da el Padre a través de su hijo Jesucristo, enviándonos su Santo Espíritu. El Padre y el Hijo están unidos en una comunión indisoluble a través del Espíritu, que es Amor. Por eso decimos también que nuestro Dios es un Dios familia, una familia unida por el amor. El Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu Santo es amor; todo Dios es Amor. Y, lo que es más consolador, también tenemos derecho a pensar que nosotros formamos parte de esta Familia que forman el Padre, el Hijo y el Espíritu. Porque somos hijos de Dios y, por tanto, hermanos de Cristo e hijos del Padre, vivificados por el Espíritu Santo. También nosotros, si vivimos en comunión con Dios somos linaje de Dios, formamos parte de la familia de Dios. También nosotros “en Dios vivimos, nos movemos y somos”, como nos dice el mismo San Pablo. Este es nuestro mayor orgullo y nuestra mayor responsabilidad. En esta fiesta de la Santísima Trinidad le damos gracias a Dios por permitirnos formar parte de su familia y, al mismo tiempo, le prometemos hacer todo lo posible para ser unos buenos hijos suyos, amándonos unos a otros como hermanos.

2.- No mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. También el Hijo es todo amor; no ha venido a condenar, sino a salvar. Los discípulos de Cristo debemos reprimir un poco, o un mucho, nuestros impulsos habituales para juzgar y condenar al prójimo. El Espíritu de Cristo debe manifestarse en nosotros más por nuestra facilidad en perdonar, que por nuestro empeño en condenar. Claro que nuestra inteligencia tiende fácilmente a juzgar y, en muchos casos, a condenar, pero nuestro amor debe inclinarse preferentemente al perdón y a la misericordia. Así fue el corazón de Cristo y así debe ser nuestro corazón.

3.- Tanto amó Dios al mundo. La esencia de Dios es amor, amor de padre. De padre y madre, porque en Dios no hay distinción de género. No todos los padres humanos, ni todas las madres humanas, se distinguen por el amor, pero Dios padre y madre sí se distingue por el amor. Para entender humanamente el amor del Dios padre y madre nos basta con fijarnos en la conducta del padre en la parábola del hijo pródigo, o del padre misericordioso. El amor del padre de esta parábola llega a extremos difícilmente aceptables en nuestros comportamientos humanos: es todo ternura, compasión, misericordia, perdón. No hay reproches, ni condenas, ni memoria del pecado del hijo. El amor de Dios es así; así nos dibujó Cristo a su Padre en esta parábola, así quiere Cristo que veamos nosotros a su Padre y a nuestro Padre Dios.

4.- Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Así hemos querido reconocer a nuestro Dios todos los creyentes de las tres grandes religiones: judíos, cristianos y musulmanes. Así lo reconoció Moisés, así lo vivió Cristo, así lo escribió repetidamente Mahoma en el Corán. Que este nuestro reconocimiento del Dios compasivo y misericordioso no se quede sólo en un reconocimiento verbal y teórico, sino que así lo vivamos en nuestro comportamiento diario. Es la mejor confesión que podemos hacer del Dios gracia, del Dios amor, del Dios comunión, del Dios familia, del Dios Trinidad.

5.- EL DIOS DE LOS ASTROS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En la bendición solemne de la Misa de Pentecostés --el domingo pasado-- se alude al "Dios de los Astros". Es una definición de fuerza y poder. Los astros son nuestro referente de lejanía, grandeza y dimensión. Solo pensar en la inmensidad del espacio interestelar nos da vértigo. Y es obra de Dios, quien a su vez lo mantiene. La mención de Dios de los Astros nos estremece y nos traslada a realidad de nuestra evidente pequeñez. Y, sin embargo, la dimensión histórica --además de transcendente-- del mensaje de Cristo es la descripción de Dios --del Dios invisible-- como Padre. Ya hemos dicho muchas veces que el termino Abba, en arameo, tiene una traducción que equivale a nuestro "papá" o "papaíto". Cristo nos enseña a llamar al ser omnipresente y omnipotente papaíto. Somos sus hijos y el ejerce su amor y ternura para con nosotros. Y ahí nos surge una primera paradoja de difícil entendimiento.

2.- Y es que dicen muchos sabios que la confirmación de la veracidad del hecho cristiano es que su "discurso" es una continua paradoja. No se dan facilidades para construir una narración lógica y fácil del creer. El misterio de la Santísima Trinidad es, a simple vista, una gran paradoja: un Dios Único que contiene tres Personas y que ellas se han manifestado históricamente. ¿Es Uno, o son Tres? ¿Puede Uno ser Tres? La aplicación de principios coherentes y creíbles a una narración siempre responden al deseo de no descubrir su falsedad. Si ponemos una excusa por haber llegado tarde, buscaremos "resortes narrativos" que resulten verosímiles, aunque no sean ciertos. La paradoja es lo que lleva al hombre a volver sobre sus pasos y reflexionar. Porque si lo que oye no parece una locura, ni es obra de locos, se estará abriendo un mundo más grande que el de nuestra medianía.

3.- La existencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo la expresa Jesús en muchos lugares de los Evangelios. Hoy mismo, en el texto de San Juan, Jesús da --digámoslo así-- el posicionamiento entre el Padre y el Hijo. La mención de Dios como Padre procede del Antiguo Testamento y lo cierto es que todo el "conjunto narrativo" veterotestamentario no es otra cosa que la historia de un Padre amantísimo dando continuadas oportunidades a un pueblo desobediente para que vuelva a su Amor. Eso sigue ocurriendo dentro del Pueblo de Dios pues nuestras infidelidades y arrepentimientos no dejan de ser una imagen muy similar a las que continuamente se lee en el Antiguo Testamento. En tiempos de Cristo, la religión oficial de Israel "sufría" el efecto del politeísmo pagano. Frente a religiones que tenían muchos dioses había que enfatizar la unidad exclusiva y sin fisuras del Dios Único. A su vez, la filosofía helénica planteaba una idea de Dios inaccesible y solitario. Esto, contradictoriamente, también influyó en los judíos. De hecho quedaba ya muy lejos en el sentir de los judíos ese Dios próximo y dialogante, que tiene como amigo a Moisés o negocia con Abrahán la salvación de Sodoma y Gomorra.

4.- Jesús, en definitiva, fue condenado y muerto por "hacerse" Hijo de Dios. Jesús vino al mundo a comunicar un nuevo conocimiento de Dios. Y dicho conocimiento nos expresa la existencia de tres Personas que conviven en el Amor y en la Palabra. Dios ya no es para nosotros ni lejano, ni solitario. La Trinidad Beatísima no es otra cosa que una nueva dimensión del conocimiento íntimo de Dios que nos ha sido revelado por Jesucristo. Y la aceptación de esa realidad no es fácil, pero no imposible. Siempre hemos dicho que situados nosotros en la presencia de Dios podemos ver las cosas de otra manera. Esa presencia nos ayuda y nos ilumina. Para optar por dicha presencia debemos tener amor y humildad en nuestros planteamientos. La presencia se acrecienta mediante la oración. Y la oración solo puede abrirse hacia Dios con espíritu humilde y con el corazón lleno de amor.

5.- Además hay otras cosas. Si admitimos a Dios con todo su poder no es difícil ver una realidad multipersonal en Él, como una capacidad para asumir diferentes formas y personas dentro de la misma substancia. El misterio de Uno y Tres puede comenzar a entenderse por ahí. Pero además nos da la visión de un Dios que no vive en soledad. Un acto de comunicación amorosa engendró al Hijo y que esa corriente de amor es el Espíritu Santo. Es posible que la idea de Dios de los Astros, de la que hablábamos al principio esté todavía muy dentro de nuestros esquemas y solo podamos ver a un Dios lejano, poderoso y extraordinariamente solo. Eso último no es perfección divina. Sea como sea recomendamos -como decíamos antes-- humildad en nuestras posiciones personales al respecto. Cada uno de nosotros debe definir su camino de búsqueda de la realidad divina, ayudado por la Iglesia y por los hermanos. Y, sobre todo, amparados en la confianza de que Jesús no nos va a negar una ayuda para mejor encontrar dicho camino. En su presencia, en su cercanía, vamos a convertir una paradoja en "el encanto cotidiano que es la Sabiduría de Dios.

6.- Los textos sagrados de la misa de hoy son muy breves en su extensión, como puede comprobarse, pero no así en su contenido profundo. La descripción de las relaciones de Dios con Moisés, narradas en el capítulo 34 del Libro del Éxodo. Moisés en presencia de la magnificencia de Dios pide que adopte al pueblo elegido a pesar de su "dura cerviz". Es lo que decíamos antes sobre el "trabajo continuo" de Dios Padre buscando la adhesión de sus hijos rebeldes. Merece mención especial hoy el Salmo responsorial, no está sacado del Salterio, como suele ser habitual, sí que procede de la oración de Daniel contenida en el capítulo 2 de su Libro y que constituye un vibrante ejercicio de bendición a Dios, tal como citamos en la monición de entrada.

7.- Es Pablo en la Segunda Carta a los Corintios quien nos ofrece la clara bendición Trinitaria, que forma parte del contenido de la Misa. "La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros" es el principio de todas las misas. La contribución es importante también en contenido: Cristo es la gracia, el Padre es el amor y el Espíritu la comunión, la interrelación entre las personas de la Trinidad Santísima y con nosotros mismos. Y San Juan en el Evangelio define la misión encargada por el Padre al Hijo: "Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él". La esencia trinitaria está en estos textos que hemos leído bien y sobre los cuales nos conviene reflexionar.

Homilia catolica.-