viernes, 7 de febrero de 2014

Papa Francisco: Pedir la gracia de morir en la Iglesia, en la esperanza y dejando un testimonio cristiano

Homilía del Papa Francisco: Pedir la gracia de morir en la Iglesia, en la esperanza y
dejando un testimonio cristiano. 06 de Febrero de 2014.


VATICANO, 06 Feb. 14 / 01:31 pm (ACI).- En la Misa presidida esta mañana en la casa de
Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó sobre la muerte y exhortó a pedirle a
Dios tres gracias: morir en la Iglesia, morir en la esperanza y morir dejando
la herencia de un testimonio cristiano.

Según señala Radio Vaticano, en su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre la
primera Lectura del día que relata la muerte de David, luego de una vida
dedicada al servicio a su pueblo. Francisco subrayó tres cosas: la primera es
que David muere “en el regazo de su pueblo”. Vive hasta el final “su
pertenencia al Pueblo de Dios. Había pecado: él mismo se llama ‘pecador’, pero
¡jamás dejó al Pueblo de Dios!”.

“¡Pecador si, traidor no! Y ésta es una gracia: permanecer hasta el final en el Pueblo de
Dios. Tener la gracia de morir en el regazo de la Iglesia, en el regazo del
Pueblo de Dios. Y éste es el primer punto que quisiera subrayar. Pedir también
para nosotros la gracia de morir en casa. Morir en casa, en la Iglesia. ¡Ésta
es una gracia! ¡Esto no se compra! Es un regalo de Dios y debemos pedirlo:
‘Señor, ¡hazme el regalo de morir en casa, en la Iglesia!’. Pecadores sí,
¡todos, todos lo somos! Pero traidores ¡no! Corruptos ¡no! ¡Siempre dentro! Y
la Iglesia es tan madre que también nos quiere así, tantas veces sucios, pero
la Iglesia nos limpia: ¡es madre!”.

El Santo Padre dijo luego que David muere “tranquilo, en paz, sereno” en la
certidumbre de andar “al otro lado con sus” padres. “Ésta es otra gracia: la
gracia de morir en la esperanza, en la conciencia” que “en la otra parte nos
esperan; al otro lado la casa continúa, continúa la familia”, no estaremos
solos. “Y ésta es una gracia que debemos pedir –observó– porque en los últimos
momentos de la vida sabemos que la vida es una lucha y el espíritu del mal
quiere el botín”.

“Santa Teresita del Niño Jesús decía que, en sus últimos años, en su alma había una
lucha y cuando ella pensaba al futuro, a aquello que le esperaba después de la
muerte, en el cielo, sentía como una voz que decía: ‘Pero no, no seas tonta te
espera la oscuridad. ¡Te espera sólo la oscuridad de la nada!’. Así dice. Es la
voz del diablo, del demonio, que no quería que ella se confiase en Dios. ¡Morir
en la esperanza y morir confiándose en Dios! Y pedir esta gracia. Pero
confiarse en Dios comienza ahora, en las pequeñas cosas de la vida, también en
los grandes problemas: confiarse siempre en el Señor y así uno adquiere esta
costumbre de confiarse en el Señor y crece la esperanza. Morir en casa, morir
en la esperanza”.


La tercera reflexión del Pontífice fue sobre la herencia que deja David. Hay
“tantos escándalos sobre la herencia”, recordó, “escándalos en las familias,
que dividen”. David, en cambio, “deja la herencia de 40 años de gobierno” y “el
pueblo consolidado, fuerte”.

“Un dicho popular dice que todo hombre debe dejar en la vida un hijo, debe plantar
un árbol y debe escribir un libro: ¡ésta es la mejor herencia!”. Por lo tanto
invitó a preguntarse: “¿Qué herencia dejo yo a aquellos que vienen tras de mí?
¿Una herencia de vida? ¿He hecho tanto bien que la gente me quiere como padre o
como madre? ¿He plantado un árbol? ¿He dado la vida, sabiduría? ¿He escrito un
libro?”. David deja esta herencia a su hijo, diciéndole: “¡Tú sé fuerte y
demuéstrate hombre. Observa la ley del Señor, tu Dios, avanzando por sus
caminos y siguiendo sus leyes!”.

“Ésta es la herencia: nuestro testimonio de cristianos dejado a los demás. Y algunos
de nosotros dejan una gran herencia: pensemos en los Santos que han vivido el
Evangelio con tanta fuerza, que nos han dejado como herencia un camino de vida
y un modo de vivir”.

Éstas, concluyó el Papa, “son las tres cosas que me vienen al corazón con la lectura
de este pasaje sobre la muerte de David: pedir la gracia de morir en casa,
morir en la Iglesia; pedir la gracia de morir en la esperanza, con la
esperanza; y pedir la gracia de dejar una bella herencia, una herencia humana,
una herencia hecha con el testimonio de nuestra vida cristiana. ¡Que San David
nos conceda a todos nosotros estas tres gracias!”.

Fuente: www aciprensa . com

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