viernes, 31 de enero de 2014

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA Sábado, 01 de Febrero de 2014


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
Sábado, 01 de Febrero de 2014
III Semana del Tiempo Ordinario
MISA DE SANTA MARÍA EN SÁBADO

ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. Hch 1, 14)
Con un mismo espíritu, los discípulos perseveraban en la oración junto con María, la Madre de Jesús.

ORACIÓN COLECTA

Dios misericordioso, que quisiste que tu Hijo unigénito proclamara desde la cruz como Madre nuestra a su propia Madre, haz que tu Iglesia, por la mediación y cooperación maternal de la Virgen María, crezca cada día en santidad y atraiga a su seno a todas las naciones. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

He pecado contra el Señor.

Del segundo libro de Samuel: 12, 1-7. 10-17

En aquellos días, el Señor envió al profeta Natán para que fuera a ver al rey David. Llegó Natán ante el rey y le dijo: "Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y numerosas reses. El pobre sólo tenía una ovejita, que se había comprado; la había criado personalmente y ella había crecido con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su vaso y dormía junto a él. La quería como a una hija. Un día llegó un visitante a la casa del rico, y éste no quiso sacrificar ninguna de sus ovejas ni de sus reses, sino que se apoderó de la ovejita del pobre, para agasajar a su huésped".
Al escuchar esto, David se puso furioso y le dijo a Natán: "Verdad de Dios que el hombre que ha hecho eso debe morir. Puesto que no respetó la ovejita del pobre, tendrá que pagar cuatro veces su valor".
Entonces Natán le dijo a David: "¡Ese hombre eres tú! Por eso te manda decir el Señor: 'La muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has despreciado, al apoderarte de la esposa de Urías, el hitita, y hacerla tu mujer. Yo haré que de tu propia casa surja tu desgracia, te arrebataré a tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro, que dormirá con ellas en pleno día. Tú lo hiciste a escondidas; pero yo cumpliré esto que te digo, ante todo Israel y a la luz del sol' ".
David le dijo a Natán: "He pecado contra el Señor". Natán le respondió: "El Señor te perdona tu pecado. No morirás. Pero por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá". Y Natán se fue a su casa.
El Señor mandó una grave enfermedad al niño que la esposa de Urías le había dado a David. Éste pidió a Dios por el niño, hizo ayunos rigurosos y de noche se acostaba en el suelo. Sus servidores de confianza le rogaban que se levantara, pero él no les hacía caso y no quería comer con ellos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL: Del salmo 50
R/. Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu. R/.
Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores. R/.
Líbrame de la sangre, Dios, salvador mío y aclamará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza. R/.

ACLAMACIÓN (Jn 3, 16) R/. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. R/.



¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: 4, 35-41
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla del lago". Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Cállate, enmudece!" Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: "¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?" Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?"

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Convierte, Señor, en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, estos dones que te presentamos, y haz que este memorial de nuestra redención, nos inflame en el amor a la Virgen María, Madre de la Iglesia, y nos asocie íntimamente a ella en la obra de la salvación de los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, y alabarte en esta festividad de la Virgen María.
Porque al aceptar ella a tu Unigénito en su corazón inmaculado, mereció concebirlo en su seno virginal y, al dar a luz a Cristo, preparó el nacimiento de la Iglesia.
Porque al aceptar, junto a la cruz, el encargo de tu amor, recibió como hijos a todos los hombres, redimidos por la Sangre de Cristo.
Porque al unirse a las oraciones de los Apóstoles y de los discípulos, que esperaban la venida del Espíritu Consolador, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante y, desde su asunción gloriosa a los cielos, sigue mostrando su amor y protección a la Iglesia que peregrina hacia la vida eterna, hasta que venga el Señor, lleno de gloria.
Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos sin cesar, diciendo: Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. Jn 19, 26-27)
Desde la cruz, Cristo dijo al discípulo amado: "He ahí a tu Madre".

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has concedido en este sacramento la prenda de nuestra vida eterna, haz, Señor, que tu Iglesia, por la intercesión maternal de la Virgen María, ilumine a todas las naciones con la luz del Evangelio y las santifique con los dones de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Santos: Severo de Ravena, obispo; Brígida de Kildare, abadesa. Beato Andrés de Conti, presbítero.

Vísperas I de mañana: todo propio. Tomo III: p. 1354. LHF: p. 835. LHP: pp. 498 y 13. Feria (Verde)


Reflexión:
DE TEMPESTADES A TEMPESTADES
2 S 12, 1-7. 10-17; Mc 4, 35-41

El evangelista san Marcos nos presenta a los pescadores galileos que siguen a Jesús, enfrentados a una de las tormentas que azotaban con frecuencia en el lago. Los discípulos se espantan, porque se sienten desprotegidos, puesto que el Maestro duerme y las olas amenazan con hundir la barca. Jesús se alza con seguridad y se impone a la fuerza del viento, manifestándose como Señor de la creación. Justamente esa es la reacción de sorpresa y extrañamiento que muestran los discípulos. En un contexto bastante diferente aparece David, sacudido por una tormenta interior: el profeta Natán le describe una narración aparentemente ficticia, para reavivar la dimensión sana de su conciencia a fin que descubra la gravedad de su pecado y se humille ante Dios. ( www misal . com . mx)

Reflexión:
2Sam. 12, 1-7. 10-17. ¿Quién de nosotros puede sentirse libre de culpa?
Dios conoce nuestras maldades, miserias y pecados. ¡Ojalá y con grandes penitencias hubiésemos logrado lavar nuestras culpas!
Hay Alguien que, por nuestros pecados, aceptó ir libremente a la muerte para purificarnos y presentarnos libres de culpa ante su Padre Dios: Cristo Jesús.
Y por más ayunos, por más sayales que nos hubiésemos puesto, por más oraciones elevadas ante Dios, por nosotros mismos jamás hubiésemos logrado ser perdonados.
Por eso no podemos decir que hubiésemos podido evitar que Cristo muriera, pues la Salvación, por voluntad del mismo Dios, sólo nos llegaría por su Muerte Salvadora.
A nosotros corresponde no vivir encadenados al mal, sino aceptar esa salvación que sólo nos viene de Dios por medio de su Hijo.
Por eso, reconozcamos con humildad que hemos pecado, confesemos nuestros pecados, aceptemos a Cristo como nuestra única salvación, y Dios tendrá compasión de nosotros y nos dará vida eterna.

Sal. 51 (50). Sólo Dios puede crear en nosotros un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Él, el Dios misericordioso, nos dará su salvación y nos renovará para que caminemos ante Él con un corazón puro.
A nosotros sólo corresponde ponernos en las manos de Dios y dejarlo llevar adelante su obra de salvación en nosotros.
Nuestras buenas obras manifestarán que realmente la salvación ha llegado a nosotros. Y nuestra fidelidad nos hará cada día más dignos de confianza ante Dios que, finalmente, nos confiará los bienes eternos, no sólo para que los disfrutemos, sino para nos esforcemos en hacerlos llegar a los demás.
Por eso, habiendo experimentado el amor de Dios, enseñemos a los descarriados los caminos del Señor para que los pecadores vuelvan a Él, pues, desde nuestra experiencia de Dios no estaremos anunciando fábulas ni inventos humanos, sino al Dios vivo y verdadero que se ha hecho cercanía amorosa y misericordiosa para con nosotros.

Mc. 4, 35-41. Jesús es Dios-con-nosotros. ¿Creemos realmente esto? Si es así entonces no podemos tener miedo ni aunque se levante una tempestad tormentosa que quisiera acabar con nosotros.
Al proclamar el Evangelio del Señor tratamos, como instrumentos del Espíritu Santo que habita en nosotros, de suscitar la fe en Jesús.
Tal vez este anuncio sea acompañado de señales que ayuden a comprender que no vamos en nombre propio, sino en Nombre de Dios. Pero finalmente esas señales no son tan importantes cuanto sí lo ha de ser el lograr la finalidad del Evangelio: Que Jesús sea reconocido como Dios y como el único Salvador de la humanidad.
Vivamos confiados en Dios y dejémonos conducir por su Espíritu para que al anunciar su Nombre a los demás no queramos hacer nuestra obra, sino la obra de Dios para que todos encuentren en Cristo el camino que nos conduce al Padre.
Nos reconocemos pecadores; pero sabemos que Dios nos sigue amando.
Con humildad nos acercamos a Él, confundidos por nuestra maldad, para pedirle que tenga misericordia de nosotros por la Sangre que su Hijo derramó por nosotros.
Y Dios ha tenido misericordia de nosotros; nos ha perdonado y nos ha recibido nuevamente en su casa como a hijos suyos. Nuestro encuentro con Él en esta Eucaristía es el momento culminante de su amor y de su perdón. Por eso nos acercamos a Él llenos de gratitud, pues no nos abandonó a la muerte ni dejó que nuestra vida se hundiera en la maldad.
Dios nos pide, así, que no nos detengamos, sino que sigamos con paso firme, fortalecidos con su Espíritu Santo, hasta que alcancemos la otra orilla donde nos encontraremos definitivamente en la casa eterna de nuestro Padre Dios.
Mientras caminamos por este mundo debemos esforzarnos porque el Reino de Dios y la misericordia de nuestro Padre llegue a todos, pues Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Dios jamás se ha olvidado de nosotros; Él va siempre como compañero de viaje en nuestra vida.
Sin embargo Él no está con nosotros para suplir lo que a cada uno corresponde realizar en la vida. Cada uno de nosotros debe aportar todo su esfuerzo, toda su vida para construir un mundo que no se quede estancado en la maldad, ni se resigne con las realizaciones logradas; siempre será necesario ir más allá, hasta que, por obra y gracia de Dios, logremos llegar a la perfección del mismo Dios conforme a la invitación de Jesús: Sean perfectos como su Padre Dios es perfecto.
Sabemos que esto no lo lograremos en esta vida, pero sí debemos hacer de nuestro mundo un signo cada vez más claro del Reino de Dios por el amor fraterno, en que todos disfrutemos de la Paz y vivamos la solidaridad, la comunión fraterna y la justicia social.

Roguémosle a Dios, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de vivir totalmente comprometidos con su Reino, pidiéndole al mismo Dios que nos purifique de todo pecado para que siempre pasemos haciendo el bien a todos, siguiendo las huellas de Jesús, nuestro Salvador. Amén.


Reflexión de: Homilia catolica

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