lunes, 14 de marzo de 2011

Gracias, Señor.







 Gracias, Señor

Sin saber cómo ni por qué,
he dicho “no” a lo que me degrada.
Me prometieron ser más feliz lejos de ti
y, veo, que son más desdichados
los que de ti apartaron.

Me señalaron que, con pan, vino y dulce
no tendría necesidad de más sustento
pero, con el tiempo, he aprendido
que, el dulce empalaga,
el vino embriaga demasiado
y el pan se endurece sobre la mesa

Sólo Tú, Señor, conservas la frescura,
eres algo siempre nuevo
y, en tu Eucaristía, permanentemente tierno.
¿Cómo voy a dejarte, Señor?
Ayúdame, Jesús, a combatir el buen combate.
A defender mi fe y mi esperanza.
A no esconder mi rostro,
cuando el enemigo me pregunte
si yo tengo algo que ver contigo.

Gracias, Señor.
Conocerte ha merecido la pena.
Servirte es mi lucha cada día.
Y, no caer en la tentación de la debilidad,
es mi oración a Ti confiada.
Guárdame y ayúdame, Señor,
a salir victorioso de tantas dudas
que siembran en mí interior incertidumbre.
Amén.

P. Javier Leoz

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