Mostrando entradas con la etiqueta LECTURAS DE LA EUCARISTÍA DE MAYO 2017. CICLO A.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LECTURAS DE LA EUCARISTÍA DE MAYO 2017. CICLO A.. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de junio de 2017




LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
JUEVES 01 DE JUNIO DE 2017    
SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

Hech 22, 30; 23, 6-1; Sal 15; Jn 17, 20-26



ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 118, 85. 46

Los soberbios me tendieron trampas y no hicieron caso de tu ley. Hablaré de tus preceptos ante los poderosos y no me avergonzaré. (T. P. Aleluya)

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por la locura de la cruz enseñaste admirablemente al mártir san Justino la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por su intercesión, que rechazando los engaños del error, obtengamos la firmeza de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Tendrás que dar testimonio de mí en Roma.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, el comandante, queriendo saber con exactitud de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó que le quitaran las cadenas, convocó a los sumos sacerdotes y a todo el sanedrín, y llevando consigo a Pablo, lo hizo comparecer ante ellos.
Como Pablo sabía que una parte del sanedrín era de saduceos y otra de fariseos, exclamó: "Hermanos: Yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me quieren juzgar porque espero la resurrección de los muertos".
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, que ocasionó la división de la asamblea. (Porque los saduceos niegan la otra vida, sea de ángeles o de espíritus resucitados; mientras que los fariseos admiten ambas cosas.) Estalló luego una terrible gritería y algunos escribas del partido de los fariseos, se pusieron de pie y declararon enérgicamente: "Nosotros no encontramos ningún delito en este hombre. ¿Quién puede decirnos que no le ha hablado un espíritu o un ángel?"
El alboroto llegó a tal grado, que el comandante, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó traer a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
En la noche siguiente se le apareció el Señor a Pablo y le dijo: "Ten ánimo, Pablo; porque así como en Jerusalén has dado testimonio de mí, así también tendrás que darlo en Roma". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 15, 1-2a.5 7-8. 9-10.11
R/. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia; mi vida está en sus manos. R/.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con El a mi lado, jamás tropezaré. R/.
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción. R/.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. R/.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 17, 21
R/. Aleluya, aleluya.

Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, somos uno. Así el mundo creerá que tú me has enviado, dice el Señor. R/.

EVANGELIO

Que su unidad sea perfecta.

Del santo Evangelio según san Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:

"Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la Palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.
Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Señor, celebrar dignamente estos misterios, que san Justino con tan vigorosa fuerza defendió. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. 1 Co 2, 2

Nunca me precié de otra cosa cuando estuve entre ustedes, que de conocer a Jesucristo, y a éste crucificado. (T. P. Aleluya)

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Fortalecidos, Señor, con el alimento celestial, te suplicamos humildemente que, siguiendo las enseñanzas de san Justino, mártir, perseveremos siempre en acción de gracias por los dones recibidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXIÓN
Hech. 22, 30; 23, 6-11. Pablo parece cumplir muy bien aquellas palabras de Jesús: Sean astutos como las serpientes y sencillos como las palomas. Pablo no utiliza argucias mentirosas; utiliza la verdad sobre su realidad personal y sobre la fe recibida en el fariseísmo acerca de la resurrección de los muertos, y que ha demostrado ser el camino correcto dado el acontecimiento de la Resurrección de Cristo; en cambio, con ese mismo acontecimiento, los saduceos han quedado atrás como personas que no tienen la razón en la fe.
Y, en verdad, si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe y seríamos los más miserables de todos los hombres.
Ser testigos de la resurrección de Cristo no es algo que se limite a un lugar; hemos de ser testigos de Cristo tanto en el templo como fuera de Él; entre los hermanos por la fe, como entre aquellos que rechazan a Cristo o que nunca han oído hablar de Él. Dios nos ha llamado para enviarnos a proclamar su Evangelio por todo el mundo.

Sal. 16 (15). Dios es la Verdad. Dios, creador de todo, conoce hasta los secretos más profundos de las cosas y de nuestro corazón; más aún, el Espíritu lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios; y nosotros hemos recibido el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios gratuitamente nos ha dado.
Así podemos en realidad decir que el Señor es la parte que nos ha tocado en herencia, nuestra vida está en sus manos. Si permanecemos con Él y Él en nosotros, jamás tropezaremos.
Conociendo el camino del Señor y siguiéndolo con amor obediente, al final, junto con Cristo, seremos saciados de gozo en la presencia del Señor y de alegría perpetua junto a Él.

Jn. 17, 20-26. Jesús pide por aquellos que creerán en Él por la palabra y el testimonio de sus enviados a todo el mundo y a todos los tiempos. Pide que todos seamos uno, como el Padre y Él son uno. Sólo así el mundo creerá, pues uno será el Señor, una la fe, uno sólo el bautismo, uno sólo el Dios y Padre de todos.
Es cierto que en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, hay una diversidad de miembros con una diversidad de funciones y carismas; no todos vamos a desempeñar la misma función; la unidad en la Comunidad no se vive en la uniformidad, sino en la comunión donde vivimos en el amor fraterno poniéndonos al servicio de los demás conforme a la Gracia recibida. Sólo así caminaremos hacia nuestra glorificación en Cristo. Glorificación que consiste en amar como nosotros hemos sido amados, pues amar hasta dar nuestra propia vida, es la mejor forma de dar a conocer al mundo el Amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesús.
En la Eucaristía vivimos la Glorificación de Cristo, que pasando por la muerte, ahora vive, sentado a la diestra de su Padre Dios. En cada Eucaristía Jesús nos sigue dando a conocer el Nombre del Padre Dios, que es amor, bondad, misericordia.
Aquí vivimos la unidad en torno a Cristo; sólo el amor a Dios y el amor fraterno son dignos de crédito cuando hablamos de la necesidad de creer en Cristo, pues ¿qué otra cosa buscamos, cuál es la meta final que pretendemos al creer en Él?
Si el amor de Cristo está en nosotros, caminemos a la luz de ese amor.
En nuestra vida ordinaria seamos constructores de paz, seamos signo de unidad.
Quien odia a su hermano, quien genera guerras fratricidas, quien desprecia a su prójimo, quien lo oprime o destruye, ese no ha nacido de Dios, pues Dios es Amor; y sabemos que el que ama no hace daño a quienes ama, sino que les hace el bien, e incluso da la vida por ellos.
Si queremos que el mundo crea en Cristo, démosle razón del por qué creer en Él; demos razón de nuestra fe en Cristo; demos razón de nuestra esperanza.
No podemos proclamar el Nombre del Señor y vivir como si Dios no habitase en nuestros corazones.
Que todo el mundo sea capaz de conocer, por medio de la Iglesia, la gloria de Dios, esa gloria que se manifiesta en el amor que llega hasta dar la vida sin reservas.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir y caminar en la autenticidad de nuestra fe, para que nuestro Sí a la alianza con Cristo mediante el cual entramos en comunión con Dios, no se nos quede en vana palabrería, sino que nos impulse a vivir y a caminar en el amor, hasta que, después de pasar por nuestra propia cruz, seamos glorificados junto con su Hijo a su diestra para siempre. Amén.

Homilia  catolica


martes, 30 de mayo de 2017







LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MIÉRCOLES 31 DE MAYO DE 2017  
SEPTIMA SEMANA DE PASCUA
LA VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Rom 12, 9-16; Lc 1, 39-56



ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 65, 16

Cuantos temen a Dios vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que inspiraste a la santísima Virgen María, cuando llevaba ya en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a Isabel, concédenos que, siguiendo las inspiraciones del Espíritu Santo, podamos con María proclamar siempre tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA**

Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 12, 9-16

Hermanos: Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

O bien:

El Señor será el rey de Israel dentro de ti.

Del libro del profeta Sofonías: 3, 14-18

Canta, hija de Sion, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha levantado su sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos. El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún mal.
Aquel día dirán a Jerusalén: "no temas, Sion, que no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador, está en medio de ti. Él se goza y se complace en ti; él te ama y se llenará de júbilo por tu causa, como en los días de fiesta. Apartaré de ti la desgracia y el oprobio que pesa sobre ti". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Isaías 12, 2-3. 4bcd. 5-6

R/. El Señor ha hecho maravillas con nosotros. Aleluya.

El Señor es mi Dios y salvador, con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza y ha sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación. R/.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. R/.
Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. R/.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Lc 1, 45
R/. Aleluya, aleluya.

Dichosa tú, santísima Virgen María, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. R/.

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?

Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 39-56

En aquellos días, María se encaminó presurosa aun pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre". María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, recibe con agrado este sacrificio de salvación que ofrecemos a tu majestad, así como te fue grato el gesto de amor de la santísima Madre de tu Unigénito. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO II de santa María Virgen MR, p. 527 (528).

La iglesia alaba a Dios con las palabras de María

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación proclamar que eres admirable en la perfección de todos tus santos, y de un modo singular en la perfección de la Virgen María. Por eso, al celebrarla hoy, queremos exaltar tu benevolencia inspirados en su propio cántico. Pues en verdad, has hecho maravillas por toda la tierra, y prolongaste tu misericordia de generación en generación, cuando, complacido en la humildad de tu sierva, nos diste por su medio al autor de la salvación, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Por él, los ángeles y los arcángeles te adoran eternamente, gozosos en tu presencia. Permítenos unirnos a sus voces cantando jubilosos tu alabanza: Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 1, 48-49

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios nuestro, que la Iglesia proclame tu grandeza, porque haces cosas grandes en tus fieles, y así como Juan Bautista se alegró al sentir la presencia oculta de tu Hijo, haz que tu pueblo pueda reconocer siempre con alegría en este sacramento al mismo Cristo viviente. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

REFLEXIÓN
Sof. 3, 14-18. Alegrémonos porque Dios ha cumplido sus promesas de salvación enviándonos a su propio Hijo, Cristo Jesús. Por medio de Él nuestro enemigo ha sido vencido, y nosotros hemos sido hechos hijos de Dios. Proclamemos, por eso, la grandeza del Señor. Que no sólo nuestros labios, sino toda nuestra vida se convierta en una continua alabanza del Nombre del Señor.
Dios, a pesar de nuestras maldades, jamás ha dado marcha atrás en el amor que nos tiene. Ahora está en medio de nosotros como el Dios misericordioso y fiel; como el Dios que no viene a condenar sino a perdonar y a salvar.
La Iglesia, Pueblo santo de Dios, que formamos aquellos que hemos depositado nuestra fe en Jesús, no puede vivir en una falsa confianza, pensando que el amor de Dios está en nosotros sólo para anunciarlo a los demás. Nosotros hemos de ser los primeros beneficiados de ese amor y de esa salvación que Dios ofrece a todos. Y a partir de entonces el mundo debe conocer y experimentar, desde nosotros, a Dios, que se hace cercano a todos por sus signos de amor, de preocupación por los necesitados, de búsqueda de los pecadores para salvarlos.
Dios, por medio nuestro, quiere seguir en medio de su Pueblo liberando a todos de sus esclavitudes, perdonándoles sus pecados y conduciéndolos a la plena unión con Él. Seamos, pues, motivo de alegría y no de tristeza para cuantos nos traten.
Is. 12, 2-3. 4. 5-6. Aún en medio de las más grandes esclavitudes Dios se manifiesta como Padre amoroso para los suyos, y los libera de la mano de sus enemigos. Los conduce por el desierto hacia la posesión de la tierra que mana leche y miel, y que Él prometió dar a los descendientes de nuestros antiguos padres.
Por eso, teniendo a Dios de parte nuestra nada tememos, pues Él es nuestra fuerza y nuestra protección, y nos conducirá sanos y salvos, no tanto a la posesión de bienes temporales, sino hacia la posesión de los bienes definitivos.
Dios, en Cristo Jesús, se ha hecho presente entre nosotros para liberarnos de la esclavitud al mal y para conducirnos a la posesión de los bienes definitivos. Ojalá y escuchemos hoy su voz y vivamos en un camino de esperanza y de fe, no haciendo el paraíso aquí en la tierra, pero sí haciendo un reflejo de él entre nosotros por el amor fraterno y por esforzarnos para que cada día el Reino de Dios se abra paso con mayor firmeza entre nosotros.
Lc. 1, 39-56. Quien tenga a Dios consigo no podrá sino encaminarse, de un modo presuroso, para comunicarlo a los demás. Ante el amor hecho servicio tal vez los demás eleven cantos de alabanzas hacia nosotros y nos llamen dichosos, pues nos habremos convertido en una bendición para ellos. Mas no podemos convertirnos en ídolos de los demás. Nosotros sólo somos siervos inútiles, que no hacen si sólo aquello que debían hacer.
Por eso nuestro canto de Victoria y de alabanza será siempre reportado hacia Dios. Él, sólo Él es el que realiza la obra de salvación en nosotros. Nosotros sólo somos sus humildes siervos, instrumentos a través de los cuales Dios hace grandes cosas en favor de los suyos.
Dejémonos conducir por el Espíritu de Dios, de tal forma que la Iglesia de Cristo sea un instrumento eficaz de la misericordia que Dios quiere que llegue a todos. Sólo entonces la Victoria de Cristo será nuestra Victoria, pues vencido el pecado y la muerte, Dios reinará en nuestros corazones, y desde nosotros será ocasión de que se levanten las esperanzas de los decaídos, y de que todos brinquen de gozo porque Dios nos ha visitado y redimido, y se ha convertido en peregrino junto a nosotros, para conducirnos a la Patria eterna.
Dios, en Cristo, ha salido a nuestro encuentro. La iniciativa es de Dios. Él mismo es el que nos reúne en esta celebración Eucarística. Esta Obra de salvación de Dios es una de las grandes cosas que el Todopoderoso ha hecho en nosotros, pues entramos en Comunión de Vida con Él.
Su Muerte y su gloriosa Resurrección no son acontecimientos lejanos para nosotros, beneficiándonos de algo que históricamente sucedió hace ya mucho tiempo, sino que se realizan hoy para nosotros en un auténtico Memorial de la Pascua de Cristo, realizada de un modo concreto para nosotros, que en este tiempo peregrinamos hacia la Patria eterna.
El Padre Dios quiere que nos revistamos de su propio Hijo, que Él tome carne en nosotros, de tal forma que unidos al Cristo glorioso, peregrinemos por este mundo como un signo visible de Él con toda su fuerza y eficacia salvadora.
Por eso la participación en la Eucaristía no es un juego, ni una celebración realizada por costumbre o tradición, sino que es todo un compromiso de amar como nosotros hemos sido amados por Dios, pues Él ha convertido a su Iglesia en el único instrumento de salvación para todos los pueblos.
Participando de la Eucaristía y haciendo nuestra la misma vida de Cristo, el Señor, por obra del Espíritu Santo, nos hace ser la Palabra Encarnada, no al margen de Cristo, sino unidos a Él como se unen los miembros a la cabeza. Así en Cristo participamos, ya desde ahora, de su gloria, de su dignidad que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre, y de su poder salvador.
Toda esta gracia recibida es para que nos encaminemos presurosos a comunicarla a los demás, a ser motivo de paz y de alegría para ellos por vivir con lealtad nuestro servicio nacido del amor fraterno.
La Iglesia de Cristo no puede provocar divisiones entre las personas, sino que debe ser instrumento de unidad y de paz para todos. Puestos al servicio de la salvación en favor de los demás debemos buscar sólo la gloria de Dios y no la nuestra, ya que si procedemos conforme a los criterios de este mundo, buscando nuestra gloria y utilizando mal el poder para oprimir o explotar a los demás, o para hacerles más pesada su vida, en lugar de gloria seremos destronados y humillados para siempre.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de sabernos amar como hermanos, de tal forma que la Iglesia se convierta en un auténtico signo del Señor, de su paz, de su alegría y de su amor para todo el mundo. Amén.
Homilia  catolica





LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MARTES 30 DE MAYO DE 2017   
SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

Hech 20, 17-27; Sal 67; Jn 17, 1-11



ANTÍFONA DE ENTRADA Ap 1, 17-18

Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo para siempre. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Dios omnipotente y misericordioso, que venga a nosotros el Espíritu Santo, que se digne habitar en nuestros corazones y nos perfeccione como templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Quiero llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 20, 17-27

En aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la comunidad cristiana de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo:
"Bien saben cómo me he comportado entre ustedes, desde el primer día en que puse el pie en Asia: he servido al Señor con toda humildad, en medio de penas y tribulaciones, que han venido sobre mí por las asechanzas de los judíos. También saben que no he escatimado nada que fuera útil para anunciarles el Evangelio, para enseñarles públicamente y en las casas, y para exhortar con todo empeño a judíos y griegos a que se arrepientan delante de Dios y crean en nuestro Señor Jesucristo.
Ahora me dirijo a Jerusalén, encadenado en el espíritu, sin saber qué sucederá allá. Sólo sé que el Espíritu Santo en cada ciudad me anuncia que me aguardan cárceles y tribulaciones. Pero la vida, para mí, no vale nada. Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús: anunciar el Evangelio de la gracia de Dios.
Por lo pronto sé que ninguno de ustedes, a quienes he predicado el Reino de Dios, volverá a verme. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 67, 10-11.20-21

R/. Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya.

A tu pueblo extenuado diste fuerzas, nos colmaste, Señor, de tus favores y habitó tu rebaño en esta tierra, que tu amor preparó para los pobres. R/.
Bendito sea el Señor, día tras día, que nos lleve en sus alas y nos salve. Nuestro Dios es un Dios de salvación porque puede librarnos de la muerte. R/.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Jn 14, 16
R/. Aleluya, aleluya.

Yo le pediré al Padre y Él les dará otro Consolador, que se quedará para siempre con ustedes, dice el Señor. R/.

EVANGELIO

Padre, glorifica a tu Hijo.

Del santo Evangelio según san Juan: 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado. Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, las súplicas de tus fieles junto con estas ofrendas que te presentamos, para que, lo que celebramos con devoción, nos lleve a alcanzar la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua, pp. 499-503 (500-504) o de la Ascensión, pp. 504-505 (505-506).

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 20, 28

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, dice el Señor, los instruirá en todo y les recordará lo que yo les he dicho. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Al recibir, Señor, el don de estos sagrados misterios, te suplicamos humildemente que lo que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya, nos aproveche para crecer en nuestra caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXIÓN
Hech. 20, 17-27. Proclamar el Nombre del Señor, su Evangelio, sin escatimar esfuerzo, sin perder oportunidad alguna, insistiendo a tiempo y destiempo, corrigiendo, reprendiendo y exhortando; haciéndolo sin perder la paciencia y conforme a la enseñanza, sin acomodos nacidos de conveniencias personales sino con la fidelidad total al Señor; esa es la responsabilidad que tiene aquel a quien el Señor le ha confiado el Mensaje de Salvación sin escatimar nada que sea útil para anunciar a los demás el Evangelio.
No podemos quedarnos en los templos contentos porque tal vez se llenan más allá de lo esperado. Hay muchísimos más que, finalmente, se han quedado fuera. Hay que salir a proclamar el Nombre del Señor por las calles y por las casas. Hay muchos que nos han rebasado en este esfuerzo, mientras nosotros nos conformamos con los que vienen al lugar de culto y nos espantamos porque muchos cambian su forma de creer, pero nos quedamos igual de inútiles en nuestro esfuerzo por no sólo conservarlos, sino fortalecerles su fe.
Ojalá nosotros, como Iglesia, no le demos tanta importancia a no perder nuestras comodidades, a conservar nuestra vida, a no ponerla en riesgo por el Señor y su Mensaje de Salvación, pues lo más importante para nosotros ha de ser el cumplimiento del encargo que Él nos hizo: Anunciar su Evangelio, sin ocultar nada de Él y revelando en su totalidad el plan de Dios.
¿Tenemos esa valentía? ¿A qué se reduce, o, por el contrario, hasta dónde nos lleva nuestra fe en Jesús y nuestro compromiso con su Evangelio?
 
Sal. 68 (67). A través del desierto el Señor no abandonó a su Pueblo. Como un buen pastor lo condujo sin sobresaltos, dándole la victoria sobre sus enemigos.
Dios cumplió su promesa introduciendo a su Pueblo en la posesión de la tierra que mana leche y miel, conforme a las promesas hechas a nuestros antiguos padres.
Por eso, aun en los más grandes peligros, si no perdemos nuestra fe y nuestra confianza en el Señor, Él velará por nosotros y nos llevará como en alas de águila. Dios es Salvación para su pueblo, e incluso puede librarnos de la muerte.
En Cristo, además de encontrar la salvación que Dios nos ofrece, encontramos el ejemplo que fortalece nuestra vida, pues, en Jesús, Dios nos ha hecho conocer la salvación y la gloria que espera a quienes creen en Él, que es camino verdad y vida, y le viven fieles.
 
Jn. 17, 1-11. La glorificación de Jesús se inicia con su encarnación por su fidelidad a la voluntad de su Padre Dios. Jesús glorificará a su Padre en el gesto más grande de su obediencia amorosa a Él muriendo por nosotros clavado en la cruz; esto es una decisión personal de Jesús; nadie le quita la vida, Él la entrega porque quiere. El Padre Dios responderá a ese gesto de amor obediente glorificando a Jesús al resucitarlo de entre los muertos y sentarlo a su diestra, convirtiéndolo, así, en fuente de vida para todos los que creamos en Él y, unidos a Él como las ramas al tronco, seamos hechos partícipes de la misma vida que Él recibe del Padre Dios.
Sin embargo no hay otro camino, sino el mismo de Cristo, tras cuyas huellas hemos de caminar cargando obediente y amorosamente nuestra cruz de cada día.
No por estar unidos a Jesús seremos sacados del mundo, sino que, permaneciendo en él, hemos de ser un signo vivo del Señor con todos los riesgos, hasta el de ser odiados, perseguidos, asesinados por causa del Evangelio. Pero, ¡Ánimo, nos dice el Señor, no tengan miedo, yo he vencido al mundo!, pues donde yo estoy, quiero que también estén ustedes.
Nosotros, enviados por Jesús, compartimos con Él la misma misión que Él recibió del Padre. ¿Hasta dónde llega nuestro amor obediente al Padre? ¿Confiamos en el Señor y en ser glorificados junto con Él, sin importarnos el que tengamos antes que pasar por muchas tribulaciones?
En esta Eucaristía celebramos el amor de Jesús al Padre y su amor por nosotros. No podemos celebrar algo que no hemos conquistado.
Si sólo hemos venido por costumbre; si no hemos iniciado nuestro camino hacia la cumbre de nuestro propio calvario, para desde ahí ser glorificados junto con Jesús; si no amamos a nuestro prójimo como nosotros hemos sido amados; si no nos convertimos en una palabra de amor que se pronuncie no sólo con los labios sino con la vida misma; si no somos alimento que fortalezca a nuestro prójimo, ¿qué sentido tiene creer en Jesús y darle culto?
Permanecemos en el mundo, somos del mundo sin pertenecerle. Somos testigos de un mundo nuevo. En medio de las realidades que vivimos cada día nuestra proclamación del Evangelio se hace dando voz a los desvalidos y tratados injustamente, socorriendo a los necesitados, perdonando a los que nos ofenden, siendo constructores de la paz, vistiendo a los desnudos, denunciando el pecado y anunciando en su totalidad, y sin acomodos inútiles, el plan de salvación que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús.
El Cristiano debe, por su propia vida, ser un memorial del Señor que sigue amando, salvando, consolando, fortaleciendo, dando su vida y dando vida a sus hermanos.
No tengamos miedo; veamos en el horizonte la Gloria que nos espera junto a Jesús y vayamos hacia ella derramando, incluso nuestra sangre, si es necesario. Que esto no brote de una imprudencia, sino del amor que ha llegado a su madurez y que cumple aquella invitación del Señor: nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de no ser cobardes en la proclamación del Evangelio, sino que lo hagamos con la valentía que nos da el Espíritu Santo que habita en nosotros; y que lo hagamos no sólo con las palabras, sino con la vida misma; no sólo en los templos sino en todos los ambientes donde se desarrolle nuestra vida, convirtiéndonos así, verdaderamente, en fermento de santidad en el mundo. Amén.
 
Homilia  catolica




LECTURAS DE LA EUCARISTIA
LUNES 29 DE MAYO DE 2017
SEPTIMA SEMANA DE PASCUA

Hech 19, 1-8; Sal 67; Jn 16 29-33



ANTÍFONA DE ENTRADA Hch 1, 8

Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos hasta los confines de la tierra. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Descienda sobre nosotros, Señor, la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y manifestarla con una vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

¿Han recibido el Espíritu Santo, cuando abrazaron la fe?

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 19, 1-8

En aquellos días, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas de Galacia y Frigia y bajó a Éfeso. Encontró allí a unos discípulos y les preguntó: "¿Han recibido el Espíritu Santo, cuando abrazaron la fe?" Ellos respondieron: "Ni siquiera hemos oído decir que exista el Espíritu Santo". Pablo replicó: "Entonces, ¿qué bautismo han recibido?" Ellos respondieron: "El bautismo de Juan".
Pablo les dijo: "Juan bautizó con un bautismo de arrepentimiento, pero advirtiendo al pueblo que debían creer en aquel que vendría después de Él, esto es, en Jesús".
Al oír esto, los discípulos fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús, y cuando Pablo les impuso las manos, descendió el Espíritu Santo y comenzaron a hablar lenguas desconocidas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Durante los tres meses siguientes, Pablo frecuentó la sinagoga y habló con toda libertad, disputando acerca del Reino de Dios y tratando de convencerlos. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ah

R/. Cantemos a Dios un canto de alabanza. Aleluya.

Cuando el Señor actúa sus enemigos se dispersan y huyen ante su faz los que lo odian; cual se disipa el humo, se disipan; como la cera se derrite al fuego, así ante Dios perecen los malvados. R/.
Ante el Señor, su Dios, gocen los justos y salten de alegría. Entonen alabanzas a su nombre. En honor del Señor toquen la cítara. R/.
Porque el Señor, desde su templo santo, a huérfanos y viudas da su auxilio; Él fue quien dio a los desvalidos casa, libertad y riqueza a los cautivos. R/.



ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Col 3, 1
R/. Aleluya, aleluya.

Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. R/.

EVANGELIO

Tengan valor, porque yo he vencido al mundo.

Del santo Evangelio según san Juan: 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: "Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios".
Les contestó Jesús: "¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que este sacrificio inmaculado nos purifique, Señor, y fortalezca nuestros corazones con el poder divino de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua, pp. 499-503 (500-504) o de la Ascensión, pp. 504-505 (505-507).

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Cfr. Jn 14, 18; 16, 22

No los dejaré huérfanos, dice el Señor; vendré de nuevo a ustedes y se alegrarán sus corazones. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXION
Hech. 19, 1-8. El bautismo de Juan, bautismo de arrepentimiento, preparaba para recibir a Aquel que venía después de él: Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Creer en Jesús, después de haber sido catequizados sobre Él y su obra, ha de llevar a la persona a ser bautizada en Él para recibir, no sólo el perdón de los pecados, sino la participación de la misma Vida que el Hijo recibe del Padre; y la efusión, sobre el creyente, del don del Espíritu Santo, con una serie de manifestaciones carismáticas que no se reciben para hacer gala de ellas, sino para el bien de la misma Iglesia, de manera semejante a como las cualidades de cada uno de los miembros están al servicio de todo el cuerpo.
No basta que el Espíritu Santo sea derramado en nuestros corazones; es necesario recibirlo, es decir, darle amplitud de acción, de modo consciente, en nuestra propia vida.
En algunas ocasiones o en algunos lugares la Iglesia da la impresión de ser una Iglesia anquilosada, en la que el Espíritu Santo ha sido encadenado o acallado; pues se acude al culto, pero los miembros no tienen acción evangelizadora y apostólica; parece una iglesia que sólo se alimenta de la Eucaristía y de la Palabra de Dios, pero ha perdido su capacidad de ser fermento de santidad en el mundo.
Por eso debemos preguntarnos: ¿en verdad hemos recibido el Espíritu Santo, es decir, le hemos dado cabida en nuestra vida para que, por medio nuestro se continúe la obra salvadora de Cristo en el mundo?
 
Sal 68 (67). Parecen resonar en nuestros oídos aquellas palabras que pronunciara Moisés cuando, después de levantar el Campamento, el Arca se ponía en marcha para continuar el camino del Pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida: ¡Levántate, Señor! Que se disipen tus enemigos, huyan ante ti tus adversarios.
Dios, en su trono de gloria, no se ha olvidado de sus pobres, de los huérfanos, de las viudas, ni de los desvalidos y cautivos. Dios a todos ha manifestado su amor en Cristo Jesús, en quien encontramos la salvación, pues Él, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a nosotros.
Por eso, por haber padecido como nosotros puede compadecerse de nuestras flaquezas. Así es Dios, el Dios de cielo y tierra que no sólo ha dirigido su mirada hacia nosotros, sino que ha salido a nuestro encuentro para manifestarnos su amor.
 
Jn. 16, 29-33. Creer en Jesús es aceptar su Palabra, su Vida, su Espíritu en nosotros con todas las consecuencias que conlleva dicha aceptación.
No basta ver con claridad el mensaje de Cristo, como parece verse después de un retiro espiritual que ha emocionado nuestro interior. Hay que saber que el ardor del amor puede venirse abajo ante las pruebas que la vida presenta a nuestra fe. Esto no puede desanimarnos antes de tiempo; no podemos marcharnos ante las palabras, a veces insoportables, que nos dirige el Señor. Él fue perseguido y crucificado por dar testimonio de la Verdad hasta sus últimas consecuencias. Él nos amonesta: En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo.
Es verdad que nosotros somos frágiles, y que nuestra fe muchas veces es inmadura. Sin embargo, con la fuerza del Espíritu Santo podremos ser testigos fieles, valientes, firmes aún en las más grandes tribulaciones.
Reunidos para celebrar el Memorial del Señor en esta Eucaristía, seamos de aquellos que le viven fieles escuchando su Palabra y poniéndola en práctica, tomando nuestra cruz de cada día y siguiéndolo.
Aquello que en Él parecía una derrota era, en realidad, su victoria definitiva sobre el mal, el pecado y la muerte.
Celebrando su victoria no podemos quedarnos contemplándola; hemos de hacerla nuestra con la seguridad de que esa decisión nos hará capaces de recibir el Espíritu Santo, que nos impulse a trabajar por el Reino de Dios y nos fortalezca para que, aun en las más grandes tribulaciones, no perdamos la paz.
No basta con hacer promesas sobre comportamientos que pensamos deben ser mejores; la vida que se entrega cada día en favor del Evangelio es lo único que puede manifestarle a Dios y al prójimo nuestro amor sincero, comprometido, fiel.
Ese compromiso con el Evangelio debe ayudarnos a no traicionar a Cristo en la vida diaria; nosotros debemos ser los más comprometidos con la justicia, con la verdad, con la rectitud, con la honestidad, con la responsabilidad, con el servicio de caridad a los necesitados.
En medio de críticas, burlas y persecuciones volvamos la mirada hacia Cristo, que nos ha precedido con su Cruz. Pidámosle que nos conceda la Fuerza de lo Alto para permanecerle fieles.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser sus fieles testigos, no sólo en el interior de los templos, sino en la vida diaria dándole su verdadera dimensión por realizarla desde la fe, con un amor sincero especialmente hacia los necesitados, y con una gran esperanza de que, por medio nuestro, Dios dará un nuevo rumbo a nuestra historia, aun cuando para ello tengamos que pasar por muchas tribulaciones. Amén.
 
Homilia  catolica


viernes, 26 de mayo de 2017



LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
VIERNES 26 DE MAYO DE 2017
SEXTA SEMANA DE PASCUA

Hech 18, 9-18;Sal 46;  Jn 16, 20-23




ANTÍFONA DE ENTRADA Rom 5, 5; Cfr. 8, 11

El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros. (T.P. Aleluya)

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que nunca dejas de glorificar la santidad de aquellos siervos tuyos que te son fieles, haz que el fuego del Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo ardor que tan maravillosamente inflamó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 18, 9-18

En aquellos días, Pablo tuvo una visión nocturna en Corinto, en la que le dijo el Señor: "No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá la mano sobre ti para perjudicarte. Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo". Por eso Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la Palabra de Dios.
Pero cuando Galión era procónsul de Acaya, los judíos, de común acuerdo, se abalanzaron contra Pablo y lo llevaron hasta el tribunal, donde dijeron: "Este hombre trata de convencer a la gente de que den a Dios un culto contrario a la ley". Iba Pablo a tomar la palabra para responder, cuando Galión dijo a los judíos: "Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escucharía, como es razón; pero si la disputa es acerca de palabras o de nombres o de su ley, arréglense ustedes". Y los echó del tribunal. Entonces se apoderaron de Sóstenes, jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, sin que Galión se preocupara en lo más mínimo. Pablo se quedó en Corinto todavía algún tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, con Priscila y Aquila. En Céncreas se rapó la cabeza para cumplir una promesa que había hecho. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 46, 2-3. 8-9.10

R/. Dios es el rey del universo. Aleluya.

Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo llenos, que el Señor, el Altísimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo. R/.
Fue Él quien nos puso por encima de todas las naciones y los pueblos, al elegirnos como herencia suya, orgullo de Jacob, su predilecto. R/.
Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos. R/.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO cfr. Lc 24, 46. 26
R/. Aleluya, aleluya.

Cristo tenía que morir y resucitar de entre los muertos, para entrar así en su gloria. R/.



EVANGELIO

Nadie podrá quitarles su alegría.

Del santo Evangelio según san Juan: 16, 20-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.
Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada".

Palabra del Señor. 
Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Al ofrecerte, Señor, este sacrificio de alabanza, te rogamos que, a ejemplo de san Felipe Neri nos mostremos siempre alegres y bien dispuestos, para promover la gloria de tu nombre y el servicio del prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 15, 9

Así como el Padre me ha amado a mí, así yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan, pues, en mi amor. (T.P. Aleluya)

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Saciados, Señor, por este manjar celestial, te rogamos que, a imitación de san Felipe Neri, nos hagas anhelar siempre este mismo sustento por el cual verdaderamente vivimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXIÓN
Hech. 18, 9-18. Proclamar el Nombre del Señor para convocar a todos los que Él llame, aunque estén lejos, es la Misión que el Señor confía a sus elegidos.
Ante esta confianza manifestada por Él hacia su apóstol uno no puede actuar con cobardía, pues el Señor siempre se hará compañero y amigo nuestro que, estando a nuestro lado y de nuestro lado, siempre nos defenderá de la mano de nuestros enemigos y de la de aquellos que nos odian.
Dios no quiere divisiones en su Cuerpo, que es la Iglesia; Dios no quiere a nadie separado de Él. Por eso Él, como el Buen Pastor, ha salido a buscar a la oveja descarriada pues todos le pertenecemos.
Permanecer cercanos a aquellos que son evangelizados nos llevará, ciertamente, a explicarles la Palabra de Dios; pero sobre todo se las haremos comprender por el testimonio de nuestra vida; y esto, no por nosotros, sino por el Espíritu de Dios que habita en nosotros y conduce nuestros pasos por el camino del bien.
Tal vez muchos cierren sus oídos y su corazón al Mensaje de Salvación; tal vez incluso nos persigan y maldigan. El Señor nos repite lo mismo que dijo a Pablo: No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá la mano sobre ti para perjudicarte.
 
Sal. 47 (46). Dios, el Dios del universo, ha conquistado para nosotros la tierra prometida; Él ha vencido a nuestro enemigo y nos ha hecho poseedores de los bienes definitivos. Hecho uno de nosotros ha dado su vida para que nosotros tengamos vida, y la tengamos en abundancia.
Ahora, cumplida su Misión, vuelve victorioso a la gloria de su Padre rodeado de una nube de testigos que le aclaman y cantan en su honor un nuevo cántico.
Que ya desde ahora nuestra vida se convierta en una continua alabanza del Nombre del Señor.
 
Jn. 16, 20-23. La hora de dar a luz al hombre nuevo; hora de angustia y tristeza; pero hora de gran esperanza.
Ojalá y no pareciera como que hemos engendrado y que, mientras nos retorcemos damos, finalmente a luz en nosotros y en los demás puro viento.
Es el Espíritu Santo el que engendra en nosotros y nos ayuda a engendrar en los demás la presencia del Señor por su unión plena a Él, como se unen las ramas al tronco.
El verdadero apóstol, guiado por el Espíritu Santo, puede repetir ante aquellos que evangeliza las palabras de Pablo: ¡Hijos míos, por quienes estoy sufriendo de nuevo dolores de parto hasta que Cristo llegue a tomar forma definitiva en ustedes!
Cristo nos ha dado a luz como criaturas nuevas, reconciliadas, perdonadas y hechas partícipes de un nuevo espíritu, el Espíritu de Dios en nosotros, que nos hace ser hijos de Dios, teniéndolo en verdad por Padre.
¿Cuál es el compromiso y el sentido de nuestro apostolado, de nuestro anuncio de Cristo?
Muchas cosas angustian nuestro corazón. Aquel que está realmente comprometido con el Evangelio debe prepararse para la prueba.
No es fácil dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás. Esto no es obra nuestra, sino la obra del Espíritu Santo en nosotros. Nadie, sino sólo Él, engendra al Hijo de Dios en nosotros para que, junto con Cristo, seamos hijos de Dios. Es el Espíritu Santo el que engendra al Hijo de Dios que se hace Alimento para que quien coma su Carne y beba su Sangre, no muera, sino que tenga vida eterna.
El Señor nos reúne en esta Eucaristía para hacernos partícipes de su Vida y de su Espíritu. Al entrar en Comunión con Él será posible que surja en nosotros el hombre nuevo.
Que quienes participamos de esta Eucaristía seamos esa persona renovada en Cristo; que seamos capaces de ser testigos de una Esperanza que vislumbre una nueva humanidad, signo más claro del Señor resucitado, en quien creemos, y a quien nos unimos, no por costumbre, sino con el compromiso de ser testigos de su amor, de su vida y de su entrega.
Sólo quien anuncia la Buena Nueva y lo hace desde los criterios del mundo y no desde los criterios de Dios, pasará la vida sin persecuciones y sin el riesgo de dar su vida por Cristo y por su Evangelio.
Quien vive instalado y alabado por todos los hombres; quien se siente seguro y sin peligro alguno en el mundo; quien incluso puede disertar con profundidad acerca de la doctrina de Cristo y recibe laudos de los grandes y se siente en la cumbre de la realización de sus anhelos; quien vive rodeado de la admiración y del gusto de los hombres, ha de cuestionarse si en verdad es testigo del Señor, que no se confabuló con los poderosos de este mundo, ni les hizo sonar campanillas agradables en sus oídos, sino que los cuestionó acerca del amor hecho servicio, de la esperanza hecha camino hacia la realización de la criatura nueva en Cristo, de la fe manifestada con las obras de cada día, aun en medio de las más grandes pruebas.
Dar a luz a Cristo no es cuestión de palabras intelectuales bien elaboradas, sino cuestión de amor hecho cercanía, amor manifestado hasta el extremo, amor que sólo es verdadero cuando nos duele porque nos hace dar la vida para que los demás tengan vida.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de pronunciar nuestro sí definitivo ante el Señor que nos pide que pongamos nuestra vida en sus manos, para que nos forme de acuerdo a la imagen de su propio Hijo, con el mismo amor con que el alfarero toma el barro tierno entre sus manos para formar aquello que tiene en su mente. Amén.
 
Homilia  catolica.-


jueves, 25 de mayo de 2017


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
JUEVES 25 DE MAYO DE 2017 
SEXTA SEMANA DE PASCUA   

Hech 18, 1-8; Sal 97; Jn 16, 16-20



ANTÍFONA DE ENTRADA

El Señor lo eligió sumo sacerdote, le abrió sus tesoros y derramó sobre él toda clase de bendiciones.

ORACIÓN COLECTA

Concede, Señor, a tu Iglesia el espíritu de fortaleza y el celo por la justicia con que hiciste brillar la vida del Papa san Gregorio séptimo, para que, apartándose del mal, practique cuanto es recto, con libertad y amor. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Pablo se estableció en la casa de Aquila, trabajaba y predicaba en la sinagoga.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 18, 1-8

En aquellos días, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un judío, llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer, Priscila, en acatamiento a las órdenes de Claudio, que expulsó de Roma a todos los judíos. Pablo se acercó a ellos, y como eran del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Su oficio era fabricar tiendas de campaña. Cada sábado Pablo discutía en la sinagoga y trataba de convencer a judíos y griegos.
Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por completo a la predicación y afirmó delante de los judíos que Jesús era el Mesías. Como éstos lo contradecían y lo insultaban, se rasgó las vestiduras y dijo: "Que la sangre de ustedes caiga sobre su propia cabeza: yo soy inocente. De ahora en adelante, iré a hablar a los paganos".
Salió de allí y entró en la casa de Tito Justo, que adoraba a Dios, y cuya casa estaba al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. Asimismo, al oír a Pablo, muchos de los corintios creyeron y recibieron el bautismo. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 97, 1.2-3ab. 3 ed.4.

R/. El Señor nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R/.
El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor. R/.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Jn 14, 18
R/. Aleluya, aleluya.

No los dejaré desamparados, dice el Señor; me voy, pero volveré a ustedes y entonces se alegrará su corazón. R/.



EVANGELIO

Su tristeza se transformará en alegría.

Del santo Evangelio según san Juan: 16, 16-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver". Algunos de sus discípulos se preguntaban unos a otros: "¿Qué querrá decir con eso de que: `Dentro de poco tiempo ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver', y con eso de que: 'Me voy al Padre'?" Y se decían: "¿Qué significa ese 'un poco'? No entendemos lo que quiere decir".
Jesús comprendió que querían preguntarle algo y les dijo: "Están confundidos porque les he dicho: 'Dentro de poco tiempo ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver'. Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría".
Palabra del Señor. . Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Suba hasta ti, Señor, nuestra oración, acompañada por estas ofrendas, para que, purificados por tu bondad, nos dispongas para celebrar el sacramento de tu inmenso amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que, por la resurrección de Cristo, nos has hecho renacer a la vida eterna, multiplica en nosotros el efecto de este sacramento pascual, e infunde en nuestros corazones el vigor que comunica este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXIÓN

Hech. 18, 1-8. Corinto, ciudad muy importante dentro del itinerario apostólico de Pablo. En primer lugar se dirige a los Judíos para anunciarles a Jesucristo; pero puesto que ellos lo rechazan se dirige a los paganos. Estos lo reciben con alegría y con mayor disponibilidad que los judíos.
La Palabra de Dios no está encadenada. Si alguien la rechaza no por eso se cierran todas las puertas al apóstol. Jamás podemos desanimarnos porque, al anunciar a Cristo, nos encontremos con el desprecio hacia esa Palabra de Dios o con la indiferencia de quienes nos escuchan.
Pareciera que a veces nuestras comunidades se han quedado estancadas. El verdadero pastor pondrá siempre el mejor de sus esfuerzos para que el Señor sea conocido por todos y, así, todos lleguen al conocimiento de la Verdad y vuelva a arder su corazón en el amor de Dios y del prójimo.
 
Sal. 98 (97). La Victoria de Dios es nuestra Victoria. Él se ha levantado y ha vencido a nuestro enemigo. Él lo ha hecho porque nos ama. Por eso nosotros aclamemos con júbilo al Señor.
Todo aquel que crea en Él tendrá la salvación y Dios hará que se manifieste, ante todos los pueblos, como un signo de su amor siempre fiel. Él jamás nos ha abandonado; más bien, como el Buen Pastor, ha salido en busca de la oveja descarriada; pues Él quiere que todos los hombres se salven y no sólo glorifiquen a Dios, sino que participen de la Gloria que nos ha ofrecido en su Hijo Jesús.
Por eso, cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho grandes obras por nosotros.
 
Jn. 16, 16-20. Jesús se ha ido al Padre. Sin embargo está en pie su promesa: Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del tiempo.
Caminar en la fe tomando nuestra cruz de cada día y siguiendo las huellas de Jesús, llena nuestros corazones de una gran esperanza, pues queremos llegar a donde Él, nuestra cabeza y pastor nos ha precedido.
Cuando lo veamos y estemos con Él para siempre sabremos que todo tenía sentido; sabremos que nuestro testimonio sobre Jesucristo, dado entre persecuciones y muerte de un modo perseverante hasta el fin, nos conducirá al disfrute eterno de la salvación, de la paz, de la felicidad, del amor colmado.
Para entonces, libres del llanto, del dolor y de la muerte nos alegraremos eternamente en la contemplación del Rostro del Señor.
Cristo, que permanece con nosotros de un modo especial en la celebración del Memorial de su Pascua, celebrado en la Eucaristía, nos reúne, no sólo para que alabemos su Nombre, sino para que entremos en una auténtica comunión de vida y de misión con Él.
Lo contemplamos y lo escuchamos; nos alegramos porque nos ha amado de tal forma que nos hace herederos, junto con Él, de la Gloria del Padre.
Caminando con Él la vida se nos convierte en un poco de tiempo en el que hemos de ser testigos de su amor. No vamos solos, el Señor, su Espíritu Santo acompaña nuestro caminar por la vida, hasta que, finalmente, estemos con Él en una banquete eterno, participando para siempre del Gozo de nuestro Señor.
Pero mientras llega ese momento no podemos vivir destruyendo la paz. La iglesia de Cristo ha sido llamada para ser signo del Señor en medio de sus hermanos. Nuestra vocación mira al servicio nacido del amor que nos compromete a dar la vida para que los demás tengan vida.
Hemos de ser motivo de alegría para cuantos nos rodean, pues el Señor quiere darse a conocer por su cercanía, por su apoyo a los necesitados, por socorrer a los pobres, por consolar a los tristes, por dar de comer a los hambrientos; y esto lo hará en la historia por medio de su Iglesia que, unida a Él, no sólo participa de la Gloria del Señor resucitado, sino que nos lleva a manifestarnos como el hombre nuevo, renovado en Cristo, hecho salvación y cercanía de amor para la humanidad de todos los tiempos y lugares.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser auténticos portadores de su Amor y de su Salvación, para que cuantos nos traten tengan sobrados motivos de alegrarse y saltar de contento por sentir cercano a ellos, de modo concreto, la presencia del Salvador desde nuestra vida unida al Señor. Amén.
 
Homilia  catolica.-