lunes, 20 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XII DEL T. ORDINARIO 20 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XII DEL T. ORDINARIO 20 DE JUNI...: No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SANTOS MÁRTIRES DE INGLATER...

REFLEXIÓN
2Re. 17, 5-8. 13-15. 18. Teniendo como fondo el Capítulo 12 del Deuteronomio sobre la centralidad del culto en el Templo (que finalmente será el Templo de Jerusalén), es como podemos entender el crimen de desobediencia contra los mandatos de Dios que aquí se nos narra.
Desde Cristo nosotros hemos sido hechos el Templo del Espíritu Santo. El Señor quiere que le pertenezcamos de un modo total, de tal forma que no entreguemos nuestro corazón a otros dioses. Él quiere que sea nuestra la Patria eterna. Pero no podremos encaminar nuestros pasos con seguridad hacia ella mientras el Señor haya sido expulsado de nuestra vida.
Dios nos quiere con Él eternamente; pero nuestra unión a Él debe iniciarse ya desde esta vida en el amor y la fidelidad. Dios nos quiere como hijos amados junto a Él, y no como expulsados de su Reino por culpa nuestra.
 
Sal. 60 (59). Dios jamás se olvida de que es nuestro Padre. Él vela siempre por nosotros, pues quiere conducirnos sanos y salvos a su Reino celestial.
Cuando nosotros nos alejamos de su presencia, nosotros mismos acarreamos las desgracias sobre nuestra cabeza.
El Señor nos llama continuamente a la conversión, pues Él no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.
Arrepentidos y vueltos a su presencia con gran amor, dirijamos a Él nuestras súplicas para que nos restaure, para que haga desaparecer de nosotros la aridez que nos resquebraja, y para que nos haga fecundos en buenas obras, pues sólo con Él haremos maravillas, y nuestro enemigo será vencido definitivamente gracias a la Victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte.
 
Mt. 7, 1-5. Si queremos juzgar a alguien, juzguémonos primero a nosotros mismos para poder iniciar un camino de conversión, dejando a un lado aquellas maldades y pecados que el Espíritu Santo nos hace reconocer en nosotros mismos, pues sólo Él nos convencerá de nuestro propio pecado, no para condenarnos, sino para que volvamos al Señor y encontremos en Él el perdón y la paz.
Es buena la corrección fraterna, hecha por la solicitud que tengamos de que nuestro prójimo posea en mayor abundancia la Gracia Divina. Pero antes que nada esa misma solicitud la debemos tener por nosotros mismos, para rectificar nuestros caminos y no convertirnos en unos hipócritas, que hablan de Dios, pero que no lo tienen consigo en su corazón.
En la presencia de Dios para celebrar la Eucaristía, con humildad reconozcamos que somos pecadores, y que a pesar de nuestra maldad, el Señor nos ha amado siempre, y, entregando su Vida por nosotros, nos llama para que unidos a Él seamos hechos dignos hijos de Dios.
El Señor no ha venido a condenarnos sino a salvarnos. Él bien sabe de nuestra realidad pecadora; a Él no se le ocultan nuestros delitos, pues conoce hasta lo más profundo de nuestro ser. Su gran amor lo ha llevado a salir, como el Buen Pastor, para buscarnos a nosotros, ovejas descarriadas, hasta encontrarnos y llevarnos, cargados sobre sus hombros, de vuelta al Redil, a la Casa eterna del Padre.
Él ha preparado para nosotros este Banquete Eucarístico, con su Cuerpo y con su Sangre, pues quiere celebrar con nosotros la alegría de habernos encontrado y de que retornamos a Él como pecadores arrepentidos.
Amados por Dios, comprendidos por Dios, no juzgados, sino perdonados por Dios. Así como hemos sido amados por Dios, así hemos de amar nosotros a nuestro prójimo. Aquel que se pone como juez de su prójimo no conoce a Dios, sino que vive endiosado consigo mismo.
Conocernos a nosotros mismos nos hace tomar conciencia de nuestra propia fragilidad; desde nosotros conocemos lo frágil de nuestro prójimo, pues participamos de la misma naturaleza.
Por eso nadie puede gloriarse de sí mismo ante Dios, ya que Él conoce nuestra fragilidad, y en lugar de despreciarnos, ha salido a nuestro propio encuentro por medio de su Hijo para tendernos la mano, para levantarse victorioso sobre el autor del pecado y de la muerte.
Quienes creemos en Cristo hemos de seguir sus huellas de tal forma que jamás hemos de juzgar  ni condenar a los demás, sino que conociendo sus miserias, nos hemos de acercar a ellos para ayudarlos a levantarse de sus esclavitudes.
Cuando procedamos con ese amor fraterno el Señor reconocerá en nosotros el amor de su propio Hijo, y, junto con Él, nos dará la Vida eterna.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber abandonar los ídolos nacidos de nuestro egoísmo, y saber amarlo a Él amando a nuestro prójimo conforme al ejemplo que nos dio Jesús, Hijo suyo y Señor nuestro. Amén.

Homilia catolica





Liturgia de las horas: 20 DE JUNIO LUNES XII DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 20 DE JUNIO LUNES XII DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio IV OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor a...

domingo, 19 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL DOMINGO XII DEL T. ORDINARIO 19 DE JU...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL DOMINGO XII DEL T. ORDINARIO 19 DE JU...: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN ROMUALDO MONJE Y ANACORETA ANTÍFONA DE ENTR...

Liturgia de las horas: 19 DE JUNIO DOMINGO XII DEL T. ORDINARIO

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El Santo del Dia: 19 DE JUNIO SAN ROMUALDO MONJE Y ANACORETA

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HOMILIA 2015-08-15 Mons Munilla catedral del Buen Pastor en castellano





HOMILIA COMPLETA  DE MONS JOSE IGNACIO MUNILLA

Fuente: info católica

En la homilía predicada en la Solemnidad de la Asunción, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, ha mencionado el libro «El Señor del Mundo», de R. H. Benson, citado por el Papa en varias ocasiones. El prelado ha recordado que el Santo Padre recomendó su lectura para entender lo que es la colonización ideológica, que es lo que ocurre hoy en día, según el obispo, con la ideología de género.



 «¿Cuál es la tesis de la citada novela recomendada por el Papa, y a la que me remito para inspirar el diagnóstico de nuestra crisis contemporánea?», ha preguntado Mons. Munilla, respondiendo:

«Se trata de una profecía de la llegada de un falso humanismo mundial, de apariencia pacífica y adornado de ciertos valores éticos, pero que en nombre de lo políticamente correcto pretende imponer unos valores contrarios a la ley natural y a la ley divina; y para ello se empeña en reducir el cristianismo a su dimensión privada, expulsándolo de la vida pública. La novela no tiene desperdicio, hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar contemplando en ella la radiografía de nuestros días».

El obispo asegura que tras la caída del muro de Berlín, Occidente ha ido «asumiendo una nueva ideología… ¿A cuál me refiero? Sin duda, a la “ideología de género”. Está ocupando el rol del “alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano».

Y ha sentenciado:

«En realidad, todo apunta a que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente».

Mons. Munilla ha denunciado que  «el pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En el campo político, los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’».

Y ha advertido:

«Es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único, y, no digamos nada, por ejercer la denuncia profética frente al “Señor del Mundo”».



TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA



Queridos sacerdotes concelebrantes, queridas autoridades, queridos fieles donostiarras y visitantes que disfrutáis de estas fiestas entre nosotros; queridos todos, hijos de Dios, y por su gracia, hijos también de María:

Ayer por la noche resonaban en esta Basílica de Santa María las voces del Orfeón Donostiarra, en el tradicional canto de la Salve... A Aquella que tiene el privilegio de habitar ya en el Cielo en cuerpo y alma —como confiesa nuestra fe en esta solemnidad de la Asunción de María a los Cielos—, la sentimos, muy arriba y, al mismo tiempo, muy cerca.  No hay contradicción entre ambos adverbios: Cuanto más en el Cielo —cuanto más cerca de Dios—, más unida a los que imploramos la mirada de sus “ojos misericordiosos” en este “valle de lágrimas”.

Precisamente porque Ella está muy “arriba”, nos puede ayudar a ver la realidad desde la perspectiva divina. Y al mismo tiempo, gracias a que Ella es tan atenta y cercana a nuestras necesidades, su “mirada desde lo alto” se convierte en una auténtica clave de sentido, que nos ayuda a caminar en medio de tantas oscuridades.

Hoy, con nuestra mirada puesta en María, nos preguntamos cómo se ve la Tierra desde el Cielo, en la confianza de que Ella nos ayudará a encontrar un poco de luz para iluminar la respuesta correcta.

Y como punto de arranque en este empeño, me sirvo de una conocida novela de Robert Hugh Benson —un anglicano converso al catolicismo—, que lleva como título El Señor del Mundo, escrita en 1907.

Recurro a esa novela porque en diversas ocasiones el Papa Francisco la ha citado, como una clave hermenéutica para comprender la crisis contemporánea. Concretamente, en la rueda de prensa que concedió en el viaje de retorno de Manila a Roma, a propósito de la colonización ideológica que desde la “teoría de género” se está imponiendo a todos los pueblos y culturas, el Papa comenta: “Les recomiendo que lean este libro, y leyéndolo entenderán a qué me refiero con la expresión «colonización ideológica»”.

¿Cuál es la tesis de la citada novela recomendada por el Papa, y a la que me remito para inspirar el diagnóstico de nuestra crisis contemporánea? Se trata de una profecía de la llegada de un falso humanismo mundial, de apariencia pacífica y adornado de ciertos valores éticos, pero que en nombre de lo políticamente correcto pretende imponer unos valores contrarios a la ley natural y a la ley divina; y para ello se empeña en reducir el cristianismo a su dimensión privada, expulsándolo de la vida pública. La novela no tiene desperdicio, hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar contemplando en ella la radiografía de nuestros días.

Por lo que a nuestra historia reciente se refiere, todos recordaremos cómo en el momento de la caída del Muro de Berlín, acuñamos ingenuamente el concepto de la “caída de las ideologías”. Llegamos a pensar que se había iniciado un nuevo orden mundial sin necesidad de ideologías políticas; e incluso, algunos concluyeron que la economía era suficiente por sí sola para cimentar el orden social, sin necesidad de filosofías, ni de teologías… El marxismo de la Europa del Este pasaba repentinamente a asumir las tesis de la economía de mercado; mientras que las democracias occidentales, de forma progresiva, renunciaban a su inspiración en el humanismo cristiano. El futuro de Occidente parecía construirse sobre las solas bases del bienestar económico, renunciando a otros planteamientos antropológicos, culturales o religiosos…

De esta forma, Occidente cometía una grave traición: optaba por el “tener”, por encima del “ser”; por el materialismo y el hedonismo, por encima de los valores que inspiraron su historia… Si bien es cierto que Europa continuaría cuidando y fomentando algunos valores éticos, lo más determinante de su nuevo rumbo fue el hacer oídos sordos a la llamada realizada por San Juan Pablo II en Santiago de Compostela, tras la caída del Muro de Berlín: “Europa, sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces (…) Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”.

Aparentemente, Occidente terminó por transformarse en un cuerpo sin alma, donde lo único importante y definitivo parecía ser la economía floreciente y el bienestar social. ¿Acaso se habría llegado a alcanzar una ética del progreso renunciando a toda “ideología”? En pocos años se demostraría lo contrario… De la misma forma que no existe un cuerpo vivo sin alma, tampoco puede haber una sociedad de consumo, sin fundarse en una determinada concepción de la vida. Y así, en pocos años, la cultura fue asumiendo una nueva ideología… ¿A cuál me refiero? Sin duda, a la “ideología de género”. Está ocupando el rol del “alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano.

En realidad, todo apunta a que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente. A juicio de los más agudos analistas, el marxismo habría fracasado por haberse centrado en su teoría económica de la lucha de clases, pero sin atacar directamente a la familia, que es la que verdaderamente configura los valores de la persona. Por eso, en el momento presente, la “ideología de género” ha sido diseñada para confrontarse con la familia y con la misma concepción natural del hombre.

Como decía Chesterton, la persona desvinculada de la familia y de su propia naturaleza, es plenamente manipulable por el proyecto consumista. Al totalitarismo no le interesan las familias sanas y fuertes, sino las personas solitarias y desvinculadas. La victoria plena de este “nuevo orden” solo se puede conseguir desterrando el principio de subsidiariedad, hasta eliminar cualquier institución intermedia entre el Estado y el individuo. De esta forma, el ser humano se somete al “dios Estado”; y no le queda más remedio que seguir los dictados del consumismo, en obediencia plena y sumisión a lo políticamente correcto.

El pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En el campo político, los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’. Y es importante que tengamos la clarividencia necesaria para percatarnos de que lo que llamamos “políticamente correcto”, finalmente convertido en ley, se identifica con la “ideología de género”; la cual tiene en su agenda la deconstrucción del matrimonio y de la familia, por tratarse del único bastión que se le había resistido al “Señor del Mundo” —parafraseando el título de la novela—, de cara a poder controlar a  su antojo la misma humanidad.

Queridos hermanos, la Iglesia Católica y los cristianos ya hemos superado muchas dificultades en más de veinte siglos de historia. Al final, más allá de las crisis,  queda siempre lo verdadero y permanente: el amor de Dios por el hombre, y el destino eterno al que nos llama. Tenemos plena confianza en que la providencia divina guía la historia por encima de nuestras contradicciones y pecados; pero, precisamente por ello, no somos ignorantes ni indiferentes ante los retos del presente. Es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único, y, no digamos nada, por ejercer la denuncia profética frente al “Señor del Mundo”. También los nuestros son “tiempos recios”, como decía Santa Teresa de Jesús, en los que hemos de estar atentos a la permanente tentación de mundanización, contra la que, con tanta frecuencia, nos está previniendo el Papa Francisco…

Precisamente, refiriéndose a la novela citada —esta vez en el contexto de una homilía en la residencia de Santa Marta—, decía el Papa Francisco: “Existe una insidia que recorre el mundo. Es la «globalización de la uniformidad hegemónica» caracterizada por el «pensamiento único», a través del cual, en nombre de un «progresismo propio de adolescentes», no se duda en negar las propias tradiciones y la propia identidad” (18.11.13)

¡Que María nos ayude a comprender cómo se ve la Tierra desde el Cielo, para que no seamos engañados por ideologías falsas y caducas! Sabemos que el hombre no es feliz cuando recorre los caminos de su propio orgullo, sino cuando acepta su verdad y su condición de hijo de Dios. Santa María, en su humilde sí a Dios, dice el verdadero sí al ser humano y a la familia. Ella es modelo para todos: en su aparente debilidad, triunfa y permanece, mientras que todo lo falso pasa y desaparece.



¡Feliz día de la Asunción de María a los Cielos!



+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Homilía predicada en la catedral donostiarra el 15 de agosto del 2015, Solemnidad de la Asunción de María

Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio - XII Domingo del Tiempo Ordinario - La cruz, cuando se abraza por entero, nos configura con Cristo

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viernes, 17 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL SÁBADO XI DEL T. ORDINARIO 18 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL SÁBADO XI DEL T. ORDINARIO 18 DE JUNI...: Les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SANTA JULIA...

REFLEXIÓN
2 Crón. 24, 17-25. A pesar de las infidelidades del Pueblo, Dios jamás lo abandonará, ni dejará de cumplirle las promesas que le hizo. Ojalá y no nos hagamos reos de la sangre derramada, desde el justo Abel, hasta la de Zacarías, asesinado entre el Altar y el Santuario.
No podemos negar nuestras propias infidelidades a nuestro Dios y Padre. Sin embargo el Señor jamás nos ha abandonado, sino que nos ha tendido la mano cuando le buscamos con un corazón sincero. Él no se olvida de que es nuestro Padre. Él no quiere castigarnos. Más bien Él espera que nos convirtamos y vivamos para Él en una continua alabanza a su Santo Nombre. En Cristo Jesús, su Hijo, hemos recibido el perdón y la gracia. Quienes aceptamos entrar en comunión de vida con Él no escuchamos sentencia de condenación, sino palabras de perdón y de disculpa ante el trono de Dios.
¿Aprovecharemos la gracia que Dios nos ofrece en su Hijo?
 
Sal. 89 (88). Lo que Dios da lo da de una vez y para siempre. Él jamás se arrepiente de sus promesas; Él cumplirá todo aquello en lo que empeñó su Palabra.
Dios nos ha llamado a la vida para que estemos con Él eternamente. A veces la vida se nos complica un poco o un mucho. Mas no por eso podemos pensar que Dios se ha olvidado de nosotros. Dios jamás nos retirará su favor, y siempre estará junto a nosotros como poderoso Salvador. Tratemos de vivir nuestro compromiso de fe con Él, de tal forma que en verdad podamos ser dignos de alcanzar los bienes eternos, como gracia de Dios y como término de nuestro camino tras las huellas del amor fiel de Jesucristo.
 
Mt. 6, 24-34. Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Si hemos optado por el Reino de Dios lo demás vendrá a nosotros por añadidura, viviremos en paz y sabremos que Dios protege a quienes le aman y le viven fieles.
Este texto de la Escritura no puede provocar en nosotros la flojera, haciéndonos pensar equivocadamente que, puesto que Dios es nuestro Padre, Él velará por nosotros y no dejará que muramos de hambre; y, por tanto, si hay pobres, no tenemos por qué preocuparnos de ellos, pues tienen un Padre del Cielo que vele por ellos mejor de como cuida a los pájaros del cielo y las flores del campo.
El Señor nos ha pedido que hagamos una opción fundamental por el Reino de los Cielos; y que, puestos a su servicio, no nos esclavicemos a lo pasajero de tal forma que embote nuestra mente y nuestro corazón, y nos impida amar con el compromiso de llegar incluso a quitarnos lo nuestro para vestir y alimentar a los que nada tienen.
Si conocemos a Dios es porque amamos a nuestro prójimo; quien no conoce a Dios no ama a su prójimo, porque Dios es amor; y en el amor hay más alegría en dar que en recibir.
Por tanto, hablar de Dios nos debe llevar a amar haciendo el bien a nuestro prójimo hasta dar la vida por Él; este es el lenguaje del verdadero cristiano; y no lo es el de aquel que para dar culto a Dios se pierde entre ceremonias cargadas de signos materiales, pero que ha perdido el sentido del amor al prójimo, especialmente de aquel que sufre azotado por la pobreza, por la enfermedad o por las esclavitudes nacidas del pecado.
En esta Eucaristía estamos siendo testigo de la fidelidad del Señor a la Alianza que ha sellado con nosotros por medio de su sangre. Él se ha puesto exclusivamente a nuestro servicio para que encontremos en Él la salvación, es decir, nuestra plena unión con Dios.
En Cristo Dios nos ha buscado para salvarnos, para reunirnos en un sólo pueblo que, como un sólo Cuerpo cuya Cabeza es el Señor, seamos como una continua ofrenda de alabanza tributada a su santo Nombre.
A pesar de nuestra fragilidad y de que continuamente nos seducen las cosas pasajeras, en el Señor encontramos la gracia suficiente que nos basta para que en nosotros se manifieste el poder salvador de Dios. Por eso no tememos ningún mal, pues el Señor, en verdad, está con nosotros.
Pero no basta con darle culto al Señor; no basta con tener conciencia de su poder salvador en nosotros; no basta con sabernos amados y protegidos por el Señor. Quien tiene esa experiencia de Él es porque el mismo Señor lo quiere convertir en un signo de su amor, de su bondad, de su misericordia, de su perdón, de su providencia para toda la humanidad, especialmente para los más desprotegidos. Quien contemple el sufrimiento o el dolor de muchos que padecen estas miserias y viva como hombre sin entrañas ante ellos, no puede decirse persona de fe y mucho menos decir que es hijo de Dios.
Peor es aquel que se convierte en causa de dolor y sufrimiento para los inocentes y desprotegidos.
Dios quiere que seamos signos de su amor, sin esclavitudes a lo pasajero, sin que seamos ocasión de escándalo para los demás, acumulando riquezas para nosotros mismos sin saber compartir, incluso, la propia vida con los demás haciéndoles siempre el bien, como Dios lo ha hecho en favor nuestro.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la capacidad de amar como Él nos ha amado a nosotros. Amén.

Homilia catolica

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Santo rosario: Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)

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jueves, 16 de junio de 2016

Santo rosario: Misterios Luminosos (jueves)

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martes, 14 de junio de 2016

Santa Misa: martes 14 de junio de 2016 (de nazaret.tv)





LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MARTES 14 DE JUNIO DE 2016
XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

1 R 21, 17-29; Sal 50; Mt 5,43-48

ANTÍFONA DE ENTRADA Jr 29, 11. 12. 14
 
Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Ustedes me invocarán y yo los escucharé y los libraré de la esclavitud donde quiera que se encuentren.
 
ORACIÓN COLECTA
 
Concédenos, Señor, Dios nuestro, alegrarnos siempre en tu servicio porque la profunda y verdadera alegría está en servirte siempre a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo...
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
 
Has hecho pecar a Israel.
 
Del primer libro de los Reyes: 21, 17-29
 
Después de la muerte de Nabot, el Señor le dirigió la palabra al profeta Elías y le dijo: "Levántate y ve al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Se encuentra en la viña de Nabot, a donde ha ido para apropiársela. Dile lo siguiente: 'Esto dice el Señor: así que, además de asesinar, estás robando?' Dile también: `Por eso, dice el Señor, en el mismo lugar en que los perros han lamido la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu propia sangre' ".
Ajab le dijo a Elías: "¿Has vuelto a encontrarme, enemigo mío?" Le respondió Elías: "Sí, te he vuelto a encontrar. 'Porque te has prestado para hacer el mal ante mis ojos, dice el Señor, yo mismo voy a castigarte: voy a barrer a tu posteridad y a exterminar en Israel a todo varón de tu casa, libre o esclavo. Haré con tu casa lo que hice con la de Jeroboam, hijo de Nebat, y con la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi cólera y has hecho pecar a Israel. A los hijos de Ajab que mueran en la ciudad, los devorarán los perros; y a los que mueran en el campo, se los comerán los buitres'. También contra Jezabel ha hablado el Señor y ha dicho: 'Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael' ". (Y es que en realidad no hubo otro que se prestara tanto como Ajab para hacer el mal ante los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. Su proceder fue abominable, porque adoró a los ídolos que habían hecho los amorreos, a quienes el Señor expulsó del país para dárselo a los hijos de Israel).
Cuando Ajab oyó estas palabras, desgarró sus vestiduras, se puso un vestido de sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba cabizbajo. Entonces el Señor le habló al profeta Elías y le dijo: "¿Has visto cómo se ha humillado Ajab en mi presencia? Por eso, no lo castigaré a él durante su vida, pero en vida de su hijo castigaré a su casa".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 50, 3-4. 5-6a- 11-16
 
R/. Misericordia, Señor, hemos pecado.
 
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados. R/.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo. R/.
Aleja de tu vista mis maldades y olvídate de todos mis pecados. Líbrame de la sangre, Dios, salvador mío, y aclamará mi lengua tu justicia. R/.
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 13, 34
Aleluya, aleluya.
 
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. R/.
 
EVANGELIO
 
Amen a sus enemigos.
 
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 43-48
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Concédenos, Señor, que estas ofrendas que ponemos bajo tu mirada, nos obtengan la gracia de vivir entregados a tu servicio y nos alcancen, en recompensa, la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 72, 28
 
Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.
 
O bien: Mc 11, 23-24
 
Cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán, dice el Señor.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Al recibir, Señor, el don de estos sagrados misterios, te suplicamos humildemente que lo que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya, nos aproveche para crecer en nuestra caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXION

1Re. 21, 17-29. El Pecado es un mal intolerable en razón de que destruye en nosotros la vida, pues nos hace cortar nuestras relaciones con el Dios de la Vida y nos aleja de la Casa Paterna; porque nos hace perder nuestra relación fraterna con el prójimo y verlo como enemigo, a quien tratamos de eliminar para lograr nuestros intereses turbios o egoístas. Puesto que este mal no puede superarse sólo con nuestra voluntad, dañada por el pecado e inclinada al mal, Dios nos envió a su propio Hijo no sólo para el perdón de nuestros pecados, sino para que, quienes creamos en Él, en Él tengamos Vida eterna. Sin embargo, sabiendo que muchas veces el mal y nuestra propia concupiscencia están a la puerta, acechando como fieras que nos codician, el Señor, sabiendo que somos frágiles y que no podemos dominarlos por nosotros mismos, nos comunicó su Espíritu Santo, para que nos fortalezca y podamos dar testimonio firme, seguro y valiente, de una vida renovada en Cristo. A pesar de nuestras grandes miserias y pecados, volvamos a Dios con un corazón humillado y contrito. Y Él se llenará de celo por nosotros, nos perdonará y nos protegerá para conducirnos sanos y salvos a su Reino celestial.
 
Sal. 51 (50). El Rey David era un ungido del Señor. El Espíritu de Dios reposaba sobre él, como consagrado a Dios. Sin embargo, a causa de su crimen y pecado se hizo reo en la presencia de Dios; y, llamado a la conversión no se dejó dominar por la obstinación al pecado, sino que se humilló en la presencia del Señor y pidió perdón con humildad. El Señor se inclina, con gran amor y misericordia, ante el corazón arrepentido y humillado para lavarlo bien de todos sus delitos y purificarlo de sus pecados. Él no nos creó para condenarnos, sino para salvarnos. Sabiendo que, a pesar de estar consagrados a Dios por medio del Bautismo, muchas veces nos hemos alejado de Él haciendo el mal, Él quiere que estemos eternamente en su presencia, santos como Él es Santo. Dios, por medio de su Hijo, ha salido al encuentro del pecador para liberarlo del mal y llevarlo de retorno a la Casa Paterna. Aprovechemos la oportunidad que nos da nuestro Dios y Padre por medio de su Hijo Jesús.
 
Mt. 5, 43-48. El criterio para amar a nuestro prójimo, como hermano nuestro, es el amor con que el Padre Dios nos ha amado. Los que hemos sido hechos hijos suyos; los que hemos sido hechos de su linaje, debemos transparentar, desde nuestra propia vida, la Vida de Dios. El Padre Dios no sólo nos ofrece el perdón por medio del Misterio Pascual de su Hijo Jesús, sino que, a quienes retornamos a Él contritos y humillados, nos vuelve a amar como un Padre que no recuerda ya aquella maldad que, con lealtad, ha perdonado, pues quien al perdonar sigue recordando las faltas del perdonado, finalmente no ama en verdad a su prójimo. Orar por quienes nos persiguen es tanto como manifestar, desde nosotros, el amor que Dios tiene a todos y que no desea la muerte ni la condenación de alguna persona, sino que quiere que todos se conviertan y se salven. Proceder de esta manera será manifestar, desde nosotros, la perfección del amor de Dios. Esa es la Misión que se le ha encomendado a la Iglesia cuando se le envió a proclamar el Evangelio a todas las naciones para el perdón de los pecados y a bautizarlas para consagrarlas al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Acudimos a la Eucaristía porque reconocemos el gran amor que el Padre Dios nos tiene; porque siempre nos ha perdonado nuestros pecados; porque continúa llamándonos para que estemos con Él eternamente. Por eso le damos gracias mediante la celebración de la Eucaristía. Pero no sólo le damos gracias por este magnífico Don, sino que queremos hacerlo nuestro. Sabemos que, mientras continuamos nuestro camino por este mundo, seguimos siendo acosados por la maldad y por nuestra propia concupiscencia. Venimos ante el Señor para pedirle, con toda sinceridad, que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del malo. Esta obra de salvación, y el llevarla a su perfección en nosotros, no es obra nuestra, sino la Obra de Dios en nosotros. Por eso venimos ante el Señor para que nos llene de su Gracia y de su Espíritu, y vayamos, así, a dar testimonio del amor que el Señor nos ha manifestado en esta Celebración Eucarística.
El amor hacia nuestros hermanos lo hemos de vivir tras las huellas de Cristo y bajo la inspiración del Espíritu Santo, que Dios ha infundido en nuestros corazones. Muchas veces somos víctimas de conciencias llenas de injusticias, de egoísmos, de desequilibrios causados por la riqueza o por el poder mal utilizados, o mal centrados en la vida de quienes los poseen. Muchas veces podrían querernos dominar sentimientos de odio, de venganza, de persecución y de muerte, queriendo dar cabida en nosotros a la antigua Ley del Talión: Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, moretón por moretón. Tal vez actuando bajo ese criterio lo único que lograríamos sería enrolarnos en una continua espiral de violencia, que terminaría dañándonos a todos. No olvidando que el llamado a la santidad es un llamado universal, no podemos excluir a alguien para que deje de verse beneficiado de la oferta de salvación que Dios hace a todos. Por eso a todos hemos de anunciar, con lealtad y con un amor sincero, el Evangelio de salvación. Y a quienes nos persigan debemos responderles con nuestro perdón, con nuestra capacidad de un diálogo fraterno, con nuestra oración sincera por ellos, para que también ellos se encuentren con el Señor, retornen al camino del bien, dejen de hacer el mal y, juntos, construyamos ya desde ahora, el Reino de Dios entre nosotros, hasta que, juntos como hermanos, disfrutemos de él eternamente.
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia no sólo de hacer el bien a todos, sino de amar a nuestro prójimo en la misma forma como Dios nos ha amado a nosotros. Amén.

Homilia catolica.-

lunes, 13 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 13 DE JUNIO LUNES XI DEL T. ORDINARIO SAN ANTONIO ...

Liturgia de las horas: 13 DE JUNIO LUNES XI DEL T. ORDINARIO SAN ANTONIO ...: Del Común de pastores: para un santo presbítero y del Común de doctores de la Iglesia. Salterio III. SAN ANTONIO DE PAD...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XI DEL T. ORDINARIO 13 DE JUNIO...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES XI DEL T. ORDINARIO 13 DE JUNIO...: Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN ANTONIO DE PA...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...: SAN ANTONIO DE PADUA PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA PALABRA DE DIOS DIARIA San Francisco de Asís, que encontró al jove...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...

El Santo del Dia: 13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA DOCTOR DE LA IGLE...: SAN ANTONIO DE PADUA PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA PALABRA DE DIOS DIARIA San Francisco de Asís, que encontró al jove...

Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio – XI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO - El Fariseo y la pecadora

Caballeros de la Virgen - Comentario al Evangelio – XI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO - El Fariseo y la pecadora: Simón recibe a Jesús en su casa con orgullosa frialdad. María, la pecadora, se deshace en manifestaciones de arrepentimiento y amor. Por haber amado mucho, fue redimida de todas sus faltas. Y el fariseo, por orgullo, se vio impedido de pedir perdón.

sábado, 11 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 11 DE JUNIO SÁBADO X DEL T. ORDINARIO SAN BERNABÉ ...

Liturgia de las horas: 11 DE JUNIO SÁBADO X DEL T. ORDINARIO SAN BERNABÉ ...: Del Común de Apóstoles. Salterio II SAN BERNABÉ, apóstol. (MEMORIA). Nació en la isla de Chipre y fue uno de los pr...

viernes, 10 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 10 DE JUNIO VIERNES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 10 DE JUNIO VIERNES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor abre ...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES X DEL T. ORDINARIO 10 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES X DEL T. ORDINARIO 10 DE JUNI...: Yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. RESPUESTAS DE FE S.D.A....



REFLEXIÓN
1Re. 19, 9. 11-16. Escuchar al Señor. Hacer nuestra su Palabra. Vivir haciendo en todo su voluntad. Sólo así podrá uno convertirse en Profeta, en Testigo del Señor, pues hablaremos no conforme a nuestras imaginaciones o estudios eruditos, sino desde nuestra experiencia de Aquel con quien hayamos convivido.
Probablemente a veces nuestro camino se convierta en algo demasiado doloroso. Tal vez tengamos que soportar la persecución y la muerte. Sin embargo no la muerte sino la Vida tendrá la última palabra en nosotros.
A los pies del Señor abramos nuestra vida para que se derrame en ella el Don de Dios, su Espíritu que quiere comunicarnos para que vayamos como viento huracanado, como terremoto y como fuego que llegue a destruir toda la fuerza del mal, no con la violencia que destruiría al pecador, sino con el amor que busca salvarlo por todos los medios posibles. Así, libres de toda maldad, el Señor nos concederá la paz que, como suave brisa, nos hará vivir unidos a Él en el amor, y a nuestro prójimo en el amor fraterno.
 
No huyamos de nuestras responsabilidades respecto al Evangelio que se nos ha confiado. Hemos de desandar el camino y volver a nuestros hermanos, pues el Señor nos ha confiado la Misión de buscar y salvar todo lo que se había perdido aun a costa de la entrega de nuestra propia vida.
Que el Espíritu del Señor nos conceda la fuerza necesaria para dejar a un lado nuestras cobardías y convertirnos en testigos fieles del amor de Dios para el mundo entero.
 
Sal. 27 (26). Persecuciones por pertenecerle a Cristo las tendremos siempre en la vida. Pero no perdamos el ánimo, pues el Señor, que ha vencido al mundo, nos hará salir más que victoriosos de todo aquello que nos oprime en la vida presente.
No pongamos nuestro corazón en las personas o en las cosas pasajeras. No queramos encontrar en eso nuestro refugio, fortaleza o consuelo.
Busquemos al Señor; Él es nuestro destino final.
Busquémoslo no para refugiarnos en Él, sino para encontrar en Él la fortaleza necesaria para convertirnos en testigos suyos, en testigos de su amor, que arde en nuestros corazones. Efectivamente no podemos dejar de manifestar, con las obras, a Aquel que habita en nosotros, pues de la abundancia del corazón habla la boca.
Ojalá y no sólo queramos ver y experimentar, ya desde esta vida, la bondad del Señor, sino que nosotros mismos nos convirtamos en signos de esa bondad, del amor y de la misericordia de Dios para todos los pueblos
 
Mt. 5, 27-32. El Matrimonio es una alianza, realizada con toda madurez, y al mismo tiempo aceptando todas las consecuencias de la misma. Esto exige una auténtica fidelidad en el amor. Este, el amor, es lo central en la decisión de unirse un hombre y una mujer de un modo estable.
Pero no podemos negar tantas infidelidades nacidas de una falta de un auténtico compromiso de amor entre los esposos. La cultura de este tiempo, que nos ha tocado vivir, muchas veces va arrastrando las conciencias para que actúen, en algo tan importante, como si sólo fuese un juego, o si como se tratara de un experimento, haber si resulta, y si no, desecharlo para que no nos dañe.
Tenemos que reflexionar sobre las causas que llevan a las personas al matrimonio. Si son cosas externas a ellos, ellos mismos se ponen en riesgo de caminar hacia un verdadero fracaso. Por eso, la educación nacida desde el seno familiar, debe servir de pilar firme para que, a pesar de los malos ejemplos que proclaman a los cuatro vientos los medios masivos de comunicación, no se juegue ni con los demás, ni con uno mismo.
Unidos en matrimonio, lo que Dios unió que no lo separe el hombre.
El Señor nos reúne para renovar con nosotros su Alianza nueva y eterna. Él ha sido siempre fiel a nosotros, a pesar de que muchas veces nosotros nos hemos alejado de Él y nos hemos envuelto en el pecado, en la infidelidad al Señor de la Iglesia.
Sin embargo el Señor no quiere que nadie se condene, sino que todos se conviertan y se salven. Este es el sentido del Misterio Pascual de Cristo: Él, con su muerte, perdonó nuestros pecados, y con su resurrección nos dio nueva vida.
Al participar de la Eucaristía no sólo realizamos un acto de culto a Dios, sino que aceptamos volver al Señor y caminar, nuevamente, en su presencia, ya no como extraños y advenedizos, sino como hijos de Dios.
El Señor nos ha destinado para que vayamos y proclamemos su Nombre a todas las naciones, como la Buena Noticia que nos salva. Él , unido a su Iglesia por el amor siempre fiel, se hace presente a través de todas las generaciones, con su poder salvador, por medio nuestro. Ojalá y no traicionemos el amor de Cristo. Y no lo traicionaremos cuando, después de entrar en intimidad con Él, volvamos a nuestras actividades diarias como testigos de la verdad y del bien.
Seamos testigos de la Victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte para que todos puedan aclamar con júbilo al Señor.
El que oprima a su prójimo, aquel que sea ocasión para él de dolor, de sufrimiento o de muerte, no podrá decir que vive unido a Cristo, sino que, lejos de Él ha hecho de su vida un signo del malo, a quien ha unido realmente su existencia.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de permanecer fieles al amor a Él y a nuestro prójimo, de tal forma que, viviendo conforme al Evangelio y dando testimonio de él con nuestras obras, seamos dignos de permanecer unidos con el Señor en la eternidad. Amén.

Homilia  catolica

jueves, 9 de junio de 2016

miércoles, 8 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 8 DE JUNIO MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 8 DE JUNIO MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor...

El Santo del Dia: 8 DE JUNIO SAN MEDARDO OBISPO

El Santo del Dia: 8 DE JUNIO SAN MEDARDO OBISPO: SAN MEDARDO   OBISPO PALABRA DE DIOS DIARIA Los datos históricos sobre su persona y obra están en la penumbra, hay penur...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO 8 DE JUN...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MIÉRCOLES X DEL T. ORDINARIO 8 DE JUN...: Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. ...MIERCOLES 08 DE JUNIO DE 2016

X SEMANA DEL T.O.

1 R 18, 20-39; Mt 5, 17-19

REFLEXIÓN

1Re. 18, 20-39. Hay muchas carencias en todos los niveles que afectan grandes sectores de la humanidad. La pobreza, el hambre, la pérdida de los valores auténticos de la humanidad, la falta de un verdadero testimonio de muchos de los que nos llamamos personas de fe, la desorientación de la juventud causada por la carencia de padres de familia bien formados y firmes en su amor, la inclinación hacia el hedonismo propiciada por muchos medios de comunicación social que se han casado con los poderosos para explotar a las clases más débiles.
Ante este torbellino de inestabilidad interna de la persona, se han levantado muchos profetas de vientos que mueven los corazones, ansiosos de encontrar solución a sus problemas, y les han llevado como se llevan las hojas secas, sin rumbo definido.
El Señor invita a su Iglesia a convertirse en una auténtica comunidad profética, que proclame el Nombre del Señor desde la experiencia personal que de Él debe haber tenido. La firmeza de nuestro seguimiento del Señor; nuestra vida consumida en el fuego del amor divino, que nos debe ayudar a santificar los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra existencia; nuestra entrega constante a favor del bien de aquellos que han sido azotados por la enfermedad, por la pobreza o por la injusticia, debe convertirse en el Signo del Amor de Dios que llegue a las personas de nuestro tiempo para convertirse en su opción fundamental, de tal forma que no sólo se reconozca a Dios como el verdadero Dios y Padre nuestro, sino para que, abandonados nuestros caminos de maldad, hagamos nuestra la Vida que Él nos ofrece en Cristo Jesús, y hagamos de nuestro mundo un signo del Reino de Dios entre nosotros, viviendo en un auténtico amor fraterno.
El Señor espera de su Iglesia una respuesta de amor fiel; de amor que se entregue a favor de los demás; de amor que santifique aún a costa de consumir la propia vida con tal de que todos reconozcan al Señor como a su Dios, y en Él encuentren la salvación y la vida eterna.
¿Aceptamos vivir conforme a este compromiso que se nos presenta de acuerdo a la fe que tenemos en el Dios verdadero?
 
Sal. 16 (15). La formación de las conciencias conforme al Evangelio de Cristo debe ser una prioridad en la acción catequética de la Iglesia.
No podemos heredar a los demás sólo bienes materiales. Mientras no nos preocupemos de que las nuevas generaciones cimienten su vida en los auténticos valores del Evangelio, estaremos propiciando una sociedad en el futuro más deteriorada de como nosotros la recibimos.
Aprendamos a no ser ocasión de escándalo o de tropiezo para los demás. Antes al contrario ayudémosles a realizarse plenamente en la verdad, en el amor, en la capacidad de trabajar por la paz, de tal forma que juntos podamos construir una sociedad más justa y más fraterna, que logre que el gozo y la alegría del Señor se hagan realidad ya desde ahora entre nosotros.
 
Mt. 5, 17-19. Nos hemos acostumbrado a ver, ya casi con naturalidad, las faltas en contra de los principios fundamentales de la familia y de la sociedad, que cometen muchos de los que se encuentran en el poder.
Poco a poco va surgiendo una sociedad, no inmoral sino amoral, que ya no tiene claro el sentido del bien y del mal. Estamos llegando a una sociedad permisiva, en la que ya no quiere juzgar uno mismo sus propias acciones. La New Age está creando una sociedad light, sin sustancia y sin sustento: todo es válido, en la medida en que te deje satisfecho, sin tener que relacionarte con alguien que coarte tu libertad (¿libertinaje?).
Se han encendido las luces rojas para que la Iglesia abra los ojos ante lo que muchos llaman el SIDA de la fe, pues la está afectando irremediablemente.
¿Cuáles son nuestras acciones para afianzar la fe de los que nos han sido confiados? ¿Cuál es nuestra capacidad de respuesta?
Recordemos que también es un quebrantamiento de la Ley, una traición a Dios y a nosotros mismos el no saber amar para convertirnos en una luz firme, segura para las gentes de nuestro tiempo.
No nos lamentemos de las desviaciones en que están cayendo las nuevas generaciones; lamentémonos más bien de quedarnos con los brazos cruzados mientras se derrumban los cimientos de la fe en muchos hermanos nuestros.
El Señor nos reúne en torno a la celebración Eucarística de su Misterio Pascual, mediante el cual Él nos ha dado nueva vida y nos participa de su Espíritu Santo.
¿Cuál es el motivo de nuestra alegría, de nuestra acción de gracias ante el Señor?
Él presenta la entrega de su propia vida para que seamos perdonados y hechos hijos de Dios. ¿Nosotros qué traemos? ¿Cuál es nuestra entrega a favor del bien de los demás, y cuáles son las obras con las que la respaldamos?
Ojalá y no vengamos sólo para pedirle al Señor que nos ayude en las cosas temporales.
No podemos aparentar postrarnos ante el Señor cuando en verdad nos hemos postrado ante los ídolos creados por nuestra imaginación, cual pueden ser el poder, los bienes materiales y económicos que deseamos compulsivamente, el desenfreno de nuestra concupiscencia. Ídolos de los que queremos hacer cómplice al mismo Dios, queriendo tranquilizar nuestra conciencia acudiendo a su presencia para hacérnoslo propicio, pero sin estar dispuestos a dejar nuestros caminos equivocados.
La Eucaristía es un compromiso para ser personas que, renovadas y revestidas de Cristo, caminen por la vida como aquellos que proclaman la Verdad, el Bien, el Amor como una entrega a favor de los demás, dejando a un lado aquellos caminos que nos hacían destruirnos unos a otros, o pisotear los derechos de las clases más desprotegidas.
El Señor nos pide que seamos fieles a su Ley, la Ley del Amor que no sólo nos ha de llevar a amar a Dios sobre todas las cosas, sino que nos debe llevar también a amar a nuestro prójimo, no como a nosotros mismos, sino en la misma medida del amor con que nosotros hemos sido amados por Cristo.
La Iglesia de Cristo debe convertirse en el camino seguro de todos hacia nuestra plena perfección en Aquel que nos creó a su imagen y semejanza, y que nos quiere como hijos en el Hijo, pues esta es la herencia, la vocación a la que hemos sido llamados como coherederos en Cristo Jesús.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber vivir como auténticos profetas de Cristo, proclamando su Nombre no como fruto sólo de nuestros estudios, sino como fruto de la experiencia personal del amor que Él nos ha tenido, de tal forma que construyamos cada día con mayor solidez y valentía el Reino de Dios, que ya desde ahora se ha de iniciar entre nosotros. Amén.

Homilia catolica.

martes, 7 de junio de 2016

Liturgia de las horas: 7 DE JUNIO MARTES X DEL T. ORDINARIO

Liturgia de las horas: 7 DE JUNIO MARTES X DEL T. ORDINARIO: De la Feria. Salterio II OFICIO DE LECTURA INVITATORIO  Si ésta es la primera oración del día: V. Señor abre ...

El Santo del Dia: 7 DE JUNIO SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRTIR

El Santo del Dia: 7 DE JUNIO SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRTIR: SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRTIR PALABRA DE DIOS DIARIA Monje nacido en Córdoba, de familia noble y cristiana. Estuvo es...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES X DEL T. ORDINARIO 7 DE JUNIO ...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL MARTES X DEL T. ORDINARIO 7 DE JUNIO ...: Ustedes son la sal de la tierra.  Ustedes son la luz del mundo. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN ISAAC DE CÓRDOBA MONJE Y MÁRT...



REFLEXIÓN
1Re. 17, 7-16. Cuando alguien se pone en un grave peligro, incluso con gran riesgo para su vida, decimos que se metió, por sí mismo, en la boca del lobo.
Sidón era la tierra de Jezabel, esposa de Ajab. Ella había inducido al rey a adorar a Baal, pues ese era su dios, el dios de su patria. A causa de esa idolatría el Dios de Israel había enviado una gran sequía sobre los suyos. Elías había salido, conforme a la orden de Dios, para refugiarse cerca de un torrente. Pero ahora recibe la orden de ir hacia Sidón. Ahí vivirá al refugio de una viuda pobre, la cual llegará a reconocer al Dios de Israel como el verdadero Dios, y a Elías como verdadero profeta de Dios.
Con esto el Señor nos está indicando que no podemos despreciar a nuestro prójimo, que no podemos huir de aquellos que se han ido por caminos equivocados. El pecado, que ha dominado y enceguecido a muchos corazones, debe ser vencido con la Victoria de Cristo, de la cual nosotros somos portadores.
No podemos proclamar el Evangelio solo a quienes consideramos gente buena por no querer contaminarnos con el trato de los pecadores. Dios quiere que su Iglesia, al igual que su propio Hijo, baje hasta el fondo de la maldad en que muchos se han hundido, para rescatarlos aún a costa de la entrega de nuestra propia vida.
 
Sal. 4. Dios es para nosotros un Padre lleno de amor, de ternura y de misericordia. Él está siempre junto a nosotros no para castigarnos. Él no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Él está dispuesto siempre a velar por los suyos y a librarlos de todo mal.
Si alguien se aleja de Él, él mismo se hace responsable de su propia perdición.
Por eso, sabiendo que somos pecadores, y que tal vez muchas veces nos hemos alejado del Señor, con un corazón humilde volvamos al Él, que es rico en misericordia para con todos aquellos que lo invocan y lo buscan con sinceridad.
Hagamos la prueba, y veremos qué bueno es el Señor.
 
Mt. 5, 13-16. Los que hemos unido nuestra vida a Cristo hemos recibido el "Sabor" que nos viene de Él.
Aquel que entre en contacto con la Iglesia de Cristo sabrá de su amor, de su entrega, de su cercanía, de su perdón, de su misericordia, de su Vida eterna.
Hemos sido formados por Dios del costado abierto de su Hijo para que le demos un nuevo rumbo a la historia.
Pero si perdemos el sabor de Cristo, si en lugar de que los demás encuentren en nosotros la Verdad y la Vida sólo encontraran destrucción, muerte y desprecio, por muy eruditos que sean nuestros discursos sobre Cristo sólo serviremos de burla para los demás, y no serviremos sino para ser expulsados de la Casa del Padre par ser pisoteados, eternamente humillados por vivir como los hipócritas.
Por eso, la Vida que Dios ha infundido en nosotros es como una luz, que el mismo Dios ha encendido en nosotros. No podemos ocultarla bajo nuestras cobardías. El Señor nos quiere testigos suyos. Testigos de la Verdad y de su Vida, de la que nos ha hecho partícipes.
En la Eucaristía el Señor no sólo ilumina nuestra vida, sino que hace que nosotros también seamos convertidos en fuego que ilumine al mundo y el camino de la humanidad hacia su plena realización en Cristo.
La Iglesia es Luz que hace brillar el Rostro resplandeciente de su Señor a través de la historia. Pero esta Luz no es algo propio de la humanidad, sino un Don que Dios nos hace por medio de su Hijo. Quienes creemos en Él no podemos empañar esa luz con nuestros pecados. El Señor quiere que su Iglesia sea un signo claro de su amor, de su bondad y de su misericordia. Y para ello entregó su vida por nosotros.
Celebrar la Eucaristía y participar de ella significa todo un compromiso para trabajar en orden a hacer llegar la Vida de Dios y su Espíritu hasta el último rincón de la tierra, como la Buena Noticia del Amor de Dios que se nos ha comunicado por medio de Cristo Jesús.
Esa Vida divina debe dar frutos de buenas obras en nosotros. Quienes disfruten de esos frutos, quienes sean objeto de nuestro amor, de nuestro trabajo por la paz y la justicia, de nuestra misericordia, de nuestra generosidad, estarán experimentando a Dios desde nosotros y lo glorificarán a Él, pues no buscamos nuestra gloria, sino la de Aquel que es el único autor de todo bien.
Habiendo pues recibido el Don de Dios, no lo ocultemos. No guardemos únicamente para nosotros la santidad de vida que Dios nos ha concedido. Seamos portadores de ese regalo que el Señor quiere hacer llegar a todos.
El Señor no quiere que su Iglesia sea una comunidad de cobardes. Él no le ha pedido a su Padre que nos saque del mundo, sino que nos preserve del mal, pues, siendo de Dios, permanecemos en el mundo como testigos del amor y de la verdad.
Con la valentía y la fuerza que nos viene del Espíritu de Dios, que hemos recibido, debemos abrir los ojos ante tantas miserias y pecados que han atrapado a buena parte de la sociedad. Junto con el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, reflexionamos que no sólo se nos ha perdido una de las 100 ovejas del rebaño, sino una gran parte del mismo.
Con el corazón de Cristo hemos de llegar hasta los lugares más riesgosos y peligrosos en busca de quienes se dispersaron en un día de nubarrones y oscuridad.
El Señor quiere que vayamos totalmente definidos a favor de la Verdad, de la Vida y del Amor que proceden de Dios hacia nosotros. Que vayamos como luz, dispuestos a iluminar y a no dejarnos apagar en la misión que se nos ha confiado.
Muchos habrá que querrán comprarnos para sí y silenciar la voz de profeta que le corresponde a la Iglesia. Tratemos de no hacerle el juego al mal ni a los poderosos de este mundo. Aprendamos a cumplir con la misión que el Señor nos ha confiado, dispuestos a correr todos los riesgos que nos vengan por creer en Cristo Jesús.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber convertirnos en auténticos testigos de su amor en el mundo, de tal forma que seamos una verdadera Iglesia profética que cumpla y viva todo lo que decimos acerca del Dios amor, y que, por tanto, no sólo lo anunciamos con nuestros labios. Amén.

Homilia catolica

lunes, 6 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES X DEL T. ORDINARIO 6 DE JUNIO (...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL LUNES X DEL T. ORDINARIO 6 DE JUNIO (...: Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. RESPUESTAS DE FE S.D.A. SAN...



 REFLEXIÓN

.1Re. 17, 1-6. Elías, profeta y signo de Dios en medio del Pueblo, manifiesta el enojo de Dios porque lo han abandonado para irse tras Baal. Pero el profeta también es signo del Pueblo, que vuelve al desierto, a la soledad, para iniciar no sólo un tiempo de reflexión, sino un nuevo retorno, no tanto hacia la tierra prometida, sino hacia Dios.
Como el Pueblo en el Desierto, Elías será alimentado con pan por la mañana y con carne por la tarde, así como con agua que brota de entre las piedras del torrente de Kerit.
El Señor nos pide a nosotros, su nuevo Pueblo, que no nos postremos ante los nuevos ídolos del poder, del tener, de la concupiscencia, sino que seamos unos constantes peregrinos hacia la posesión de los bienes definitivos. Esto no puede desligarnos de nuestros deberes diarios en la construcción de la ciudad terrena; pero no hemos de olvidar que nuestra meta final está escondida con Cristo en Dios, hacia allá nos hemos de caminar, llenos de esperanza, tratando de que el Reino de Dios, y los valores del mismo, se vayan haciendo realidad, ya desde ahora, entre nosotros.

Sal. 121 (120). Los que peregrinan, subiendo hacia el Santuario de Dios en Jerusalén, son protegidos y liberados de todo mal por Aquel que los contempla con amor y con agrado desde su santo Templo. Él ilumina el camino de sus peregrinos y no deja que den un paso en falso, pues es su guardián y nunca duerme.
Nosotros, unidos a Cristo, cargando nuestra cruz de cada día, nos hemos echado a andar tras las huellas del Señor, hacia la consecución de los bienes eternos. No sólo tenemos la mirada puesta en Dios, de tal forma que hagamos nuestros su amor, su entrega, su misericordia y su generosidad; sino que tenemos la seguridad de que también el Señor nos contempla con amor y nos protege en nuestro peregrinar por este mundo hacia la casa del Padre.
Con esta certeza de sabernos amados por Dios, nosotros debemos convertirnos en un signo del amor y de la protección del Señor para nuestro prójimo, de tal forma que la Iglesia de Cristo se convierta en Luz, y no en tinieblas, ni en ocasión de tropiezo para los demás.
Ojalá y cumplamos amorosa y fielmente con esta encomienda que el Señor nos ha confiado.

Mt. 5, 1-12. Jesús, no como un nuevo Moisés, sino como la Palabra Eterna del Padre, se dirige a nosotros para conducirnos por el camino del bien.
Nos pide que nos sintamos pobres y necesitados de Dios, desprotegidos en su presencia, pero totalmente confiados en Él. Quiere que nos sintamos amados por Él y que, a partir de ese su amor misericordioso, nos convirtamos en un signo del mismo para con nuestros hermanos, de tal forma que los consolemos en sus tristezas, que hagamos nuestros sus dolores, su hambre, las injusticias de que son víctimas; y les remediemos esos males, pues Cristo quiere continuar su obra de salvación a favor de todos por medio nuestro.
Sólo así haremos que reine entre nosotros la paz que brota de un auténtico amor fraterno. Si por ello nos persiguen y maldicen, llenémonos de gozo, pues nuestra recompensa no serán los halagos del pueblo, ni sus aplausos, sino el mismo Dios.
Celebramos la Eucaristía como el momento culminante del amor de Dios para con nosotros. El Memorial de la Pascua de Jesús nos habla de cómo el Señor entregó su vida para el perdón de nuestros pecados, y resucitó para darnos nueva vida. Así, quienes aceptamos el Don de Dios, somos elevados en Cristo a la misma dignidad que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre.
Adoptados en Cristo no sólo llamamos Padre a Dios, sino que lo tenemos por Padre en verdad.
Las Bienaventuranzas, que hoy hemos meditado, no sólo son un discurso programático de Cristo, sino que se convierten como en una Revelación autobiográfica de quien, teniéndolo todo, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, y dio su vida para que Él pudiera presentarnos limpios de corazón ante su Padre Dios. ¿Habrá un amor más grande que el que Él nos ha tenido?
Las bienaventuranzas deben convertirse en la encarnación de la Palabra amorosa y misericordiosa de Dios en nosotros.
Antes que nada hemos de ser conscientes de que la obra de salvación es la Obra de Dios en nosotros. Por eso, desprotegidos de todo, nos hemos de confiar totalmente en Dios, dispuestos en todo a hacer su voluntad con gran amor, pues el proyecto del Señor sobre nosotros, su plan de salvación, es el mejor, y está muy por encima de cualquier otro que pudiésemos concebir nosotros.
Revestidos de Cristo y transformados en Él, debemos continuamente preocuparnos del bien de los demás. Cristo nos ha dado ejemplo y va por delante de nosotros. Nosotros no sólo vamos tras sus huellas y ejemplo, sino que Él continúa actuando, socorriendo, consolando, construyendo la paz, perdonando por medio de su Iglesia, que somos nosotros.
Si en verdad amamos al Señor, si en verdad somos sinceros en nuestra fe, trabajemos constantemente por su Reino, sin importar el que por ello seamos perseguidos, calumniados, o que seamos silenciados porque alguien, incómodo ante nuestro testimonio del Evangelio, que es Cristo, y sin querer convertirse a Él, termine con nuestra vida.
Ante esas inconformidades de los demás, ante sus críticas y falsos testimonios, alegrémonos, pues, sabiendo que continuamos la Obra de salvación de Dios entre nosotros, estamos seguros de que nuestra recompensa será grande en los cielos.
En cambio, preocupémonos en verdad cuando los demás nos aplaudan y nos alaben, pues así han sido siempre tratados los falsos profetas.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de sabernos dejar transformar, por obra del Espíritu Santo, en un signo real de Cristo, con todo su amor y su misericordia para con nuestro prójimo, hasta que algún día el Padre Dios nos reúna para siempre en el gozo eterno. Amén.

Homilia catolica

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Liturgia de las horas: 6 DE JUNIO LUNES X DEL T. ORDINARIO

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El Santo del Dia: 6 DE JUNIO SAN NORBERTO OBISPO

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domingo, 5 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL DOMINGO X DEL T. ORDINARIO 5 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL DOMINGO X DEL T. ORDINARIO 5 DE JUNI...: Entonces dijo Jesús: "Joven, yo te lo mando: Levántate". Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar.  ...

REFLEXIÓN
 
JESÚS SE CONMUEVE ANTE EL SUFRIMIENTO DE LOS POBRES
1.- Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: no llores. Que Jesús sufre y se conmueve interiormente ante el sufrimiento de los que sufren es un dato comprobable en cada uno de los cuatro evangelios canónicos. Pero la conmoción de Jesús ante el sufrimiento no se queda sólo en eso, en conmoción interior; su sufrimiento interior le impulsa a la acción. La mayor parte de los milagros de Jesús son el fruto, la consecuencia externa de su conmoción interior. Esto debe hacernos pensar a los cristianos que no nos basta con apiadarnos interiormente de los que sufren, debemos pasar a la acción. ¿Cómo? Haciendo todo lo que podamos para remediar esa situación de dolor, para evitar las causas de ese sufrimiento. El que se compadece del pobre, o del enfermo, o del marginado social, pero no hace nada para arreglar de la mejor manera que sepa y pueda esa situación de dolor y sufrimiento, realmente no está haciendo nada por el pobre, o por el enfermo, o por el marginado social. La mayor parte de las veces, por supuesto, nosotros no podremos, por nosotros solos, arreglar tantas situaciones de sufrimiento como vemos en la sociedad, pero también es verdad que la mayor parte de las veces sí podremos contribuir de alguna manera a solucionar, o, al menos, a aliviar en parte alguna situación injusta de dolor o sufrimiento ajeno. Con nuestra limosna, o con cualquier otra ayuda que podamos dar, directamente nosotros, o a través de organizaciones sociales caritativas. El que de verdad quiere ayudar, siempre encuentra alguna manera de hacerlo. Jesús tampoco arregló el mundo de dolor e injusticia en el que vivía, pero consiguió de manera importante a que se arreglara, al menos en casos particulares. Tratemos nosotros, los cristianos, de hacer lo mismo.
2.- El dolor de las viudas de Naín y de Sarepta. Tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, las viudas son personas especialmente pobres y desgraciadas, porque tienen muchas dificultades económicas y sociales para poder vivir con dignidad. Por esto mismo, las viudas, casi al igual que los enfermos, o los huérfanos, son personas especialmente queridas por Jesús. En el evangelio de hoy, vemos cómo Jesús se compadece de la viuda de Naín y le devuelve a la vida a su hijo único, al que ya llevaban a enterrar. Jesús no hace este milagro para impresionar a la gente, aunque consiga hacerlo, sino porque se conmueve ante el dolor de la madre viuda. Jesús sabe lo que significa para una madre la vida de su hijo único y su corazón le pide que no deje desamparada a la pobre viuda. La grandeza del milagro de Jesús es fruto directo de la grandeza de su corazón compasivo y misericordioso. En este tiempo en que tanto hablamos de los refugiados, como personas especialmente desamparadas, los cristianos debemos sentir compasión por estas personas, y nuestra compasión debe llevarnos a la acción, ayudando como mejor podamos a resolver esta situación. En la lectura del libro de los Reyes se nos cuenta el problema de la viuda de Sarepta, que veía morirse a su hijo. El profeta Elías actúa también lleno de compasión y cura al hijo de la señora de la casa. El profeta Elías, como el profeta Eliseo, son profetas muy significativos en la historia del pueblo de Israel. Lucas, en su evangelio, tiene un interés especial en decirnos que también Jesús fue reconocido como un gran profeta por la gente que le seguía. Por eso nos dice que el pueblo, sobrecogido, daba gloria Dios, reconociendo que Jesús era el gran profeta que Dios había enviado a su pueblo. Actuemos también nosotros con compasión y misericordia ante el dolor y la desgracia de las personas, porque, si lo hacemos así, es seguro que también a nosotros la gente nos verá como auténticos discípulos de Jesús y dará gloria al Dios en el que creemos.
3.- Os notifico, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Estas palabras de Pablo, en su Carta a los Gálatas, son importantes para entender y valorar en su justa medida todo el pensamiento y el mensaje paulino. Pablo no conoció personalmente a Jesús y su conversión al cristianismo no fue fruto de la predicación directa de ninguno de los apóstoles, sino de “una revelación de Jesucristo”. Esta revelación de Jesucristo es la que da Pablo una seguridad inquebrantable y una fe en el Mesías que le dará fuerza y valentía para predicar y vivir esta fe, sin desanimarse, hasta el final de su vida. Él se considera auténtico apóstol de Jesucristo, porque sabe que habla en su nombre y por inspiración divina. Él se considera como el rostro y la palabra de Jesús; por eso llegará a decir que es realmente Cristo el que vive en él. Pidamos nosotros a Jesús que aumente siempre nuestra fe en él y que nuestra fe en él, en Jesucristo, nos dé fuerza para intentar vivir como él vivió, con un corazón compasivo y lleno de misericordia hacia las personas que sufren.
 
Gabriel González del Estal
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¡NO TODO ESTÁ PERDIDO!
Iniciamos ya el ecuador de este Año de la Misericordia, de este mes de Junio en el que tenemos un recuerdo especial hacia el Corazón de Jesús. Atrás, pero con gran sabor en la boca e impacto en el corazón, han quedado las solemnidades de la Santísima Trinidad y del Corpus Christi. Ahora, con el verano llamando a nuestras puertas, el Señor, se acerca, nos habla y nos dice: ¡Levántate!
1.- En medio del desencanto general (no hay más que observar el panorama internacional) es agradece una voz, también una mano, que nos invite a seguir hacia adelante. El llanto de la humanidad es una constante y, ante esa realidad, los cristianos, los amigos de Jesús hemos de ser ese pañuelo que enjuga lágrimas y, esa voz, de los que no tienen voz.
No tenemos porqué ser pesimistas pero, tampoco, ilusos optimistas. El Señor, en la época que nos toca padecer (y también sufrir) nos enseña que la fe se hace más consistente en periodo de prueba. Un puente, recién construido, demuestra su fortaleza y su consistencia cuando –como prueba final– aguanta cierto tonelaje sobre sus cimientos.
Al escuchar el evangelio de este día no podemos menos que exclamar a los cuatro vientos: ¡DIOS NOS HA VISITADO! ¡NO TODO ESTÁ PERDIDO!
-Nos visita cuando, en medio de la desesperanza, nos muestra la oración como camino de serenidad
-Nos visita cuando, al participar en la Eucaristía, sentimos que Cristo es el Agua Viva que necesitábamos para ser fuertes en medio del vendaval de la vida
-Nos visita cuando mueren, externamente, personas a los cuales estábamos unidos pero que, por la fe, sabemos que hay una respuesta más allá del fracaso aparente.
2.- Recientemente, el Papa Francisco, nos recordaba que el gran inconveniente para permitir que Jesús nos levante es la “fascinación por lo provisional”. Y, eso, es cierto. Lo provisional, el endiosamiento de todo lo aparente, es un dique sólido que se interpone entre nosotros y Dios. Entre nuestras soledades y orfandades y la mano de un Señor que, siempre, sale a nuestro en nuestras horas más amargas. Las propuestas definitivas que nos hace Jesús chocan de lleno con aquellos otros pasteles de merengue o azúcar que nuestro entorno nos presentan en el escaparate del bienestar personal, familiar, político, económico o social.
Hoy, como ayer, Dios sigue actuando en persona. En millones de personas que, postradas en el suelo, sienten que la fe les levanta y les redime. ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué no se divulga con tanta fuerza el bien como el mal? ¿Por qué la sordina se impone siempre a lo divino y eterno y, en cambio, se coloca amplificador a lo humano y caduco?
Hoy, con el evangelio en la mano, nos acordamos de tantas familias que ven a sus hijos muertos en vida (droga, alcohol, vida fácil, sensualismo, falta de horizontes, alejados de la práctica religiosa, sin fuerza vital porque, el futuro, no tiene nada que ofrecer…..). A pesar de todo, los sacerdotes, los cristianos y la misma Iglesia siempre tendrá que repetir una y otra vez: ¡NO TODO ESTÁ PERDIDO! Dios está aquí.
 
Javier Leoz

Liturgia de las horas: 5 DE JUNIO DOMINGO X DEL T. ORDINARIO

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El Santo del Dia: 5 DE JUNIO SAN BONIFACIO OBISPO Y MÁRTIR

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sábado, 4 de junio de 2016

Caballeros de la Virgen - Inmaculado Corazón de María

Caballeros de la Virgen - Inmaculado Corazón de María: En su segunda aparición en Fátima, Nuestra Señora nos revela: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón; a quién la abrace le prometo la salvación y serán amadas de Dios estas almas, como flores puestas por Mí para adornar su trono” (13 de junio de 1917).

Caballeros de la Virgen - Inmaculado Corazón de María

Caballeros de la Virgen - Inmaculado Corazón de María: En su segunda aparición en Fátima, Nuestra Señora nos revela: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón; a quién la abrace le prometo la salvación y serán amadas de Dios estas almas, como flores puestas por Mí para adornar su trono” (13 de junio de 1917).

Caballeros de la Virgen - Jesús y María: un solo Corazón

Caballeros de la Virgen - Jesús y María: un solo Corazón

Caballeros de la Virgen - La santidad del sacerdote

Caballeros de la Virgen - La santidad del sacerdote: Mientras más semejanza con Cristo encuentren los fieles en los sacerdotes, tanto más fácilmente se dejarán guiar por ellos. Y su ministerio, por lo tanto, será más eficaz.

Caballeros de la Virgen - MEDITACIÓN PARA EL PRIMER SÁBADO - Junio 2016

Caballeros de la Virgen - MEDITACIÓN PARA EL PRIMER SÁBADO - Junio 2016: Quinto Misterio Luminoso

Institución de la Eucaristía

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo»” (Jn, 6,51)

Caballeros de la Virgen - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Manantial inagotable de bondad

Caballeros de la Virgen - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Manantial inagotable de bondad: Un corazón humano dotado de una capacidad infinita de amar: he aquí la admirable paradoja existente en el Sagrado Corazón de Jesús, del cual emana la plenitud de la bondad divina.

viernes, 3 de junio de 2016

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES IX DEL T. ORDINARIO 3 DE JUNI...

Palabra de Dios diaria.: LECTURAS DEL VIERNES IX DEL T. ORDINARIO 3 DE JUNI...: En el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse. ...



HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO EN LA MISA DEL JUBILEO DE LOS SACERDOTES EL 03 06 2016:


Texto completo;:

La celebración del Jubileo de los Sacerdotes en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos invita a llegar al corazón, es decir, a la interioridad, a las raíces más sólidas de la vida, al núcleo de los afectos, en una palabra, al centro de la persona. Y hoy nos fijamos en dos corazones: el del Buen Pastor y nuestro corazón de pastores.

El corazón del Buen Pastor no es sólo el corazón que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado. Al mirar a ese corazón, renuevo el primer amor: el recuerdo de cuando el Señor tocó mi alma y me llamó a seguirlo, la alegría de haber echado las redes de la vida confiando en su palabra (cf. Lc 5,5).

El corazón del Buen Pastor nos dice que su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido. En él vemos su continua entrega sin algún confín; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, que deja libre y nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama «hasta el extremo» (Jn 13,1), sin imponerse nunca.

El corazón del Buen Pastor nos dice que su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido. En él vemos su continua entrega sin algún confín; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, que deja libre y nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama «hasta el extremo» (Jn 13,1), sin imponerse nunca.

El corazón del Buen Pastor está inclinado hacia nosotros, «polarizado» especialmente en el que está lejano; allí apunta tenazmente la aguja de su brújula, allí revela la debilidad de un amor particular, porque desea llegar a todos y no perder a nadie.

Ante el Corazón de Jesús nace la pregunta fundamental de nuestra vida sacerdotal: ¿A dónde se orienta mi corazón? El ministerio está a menudo lleno de muchas iniciativas, que lo ponen ante diversos frentes: de la catequesis a la liturgia, de la caridad a los compromisos pastorales e incluso administrativos. En medio de tantas actividades, permanece la pregunta: ¿En dónde se fija mi corazón, a dónde apunta, cuál es el tesoro que busca? Porque —dice Jesús— «donde estará tu tesoro, allí está tu corazón» (Mt 6,21).

Los tesoros irremplazables del Corazón de Jesús son dos: el Padre y nosotros. Él pasaba sus jornadas entre la oración al Padre y el encuentro con la gente. También el corazón de pastor de Cristo conoce sólo dos direcciones: el Señor y la gente. El corazón del sacerdote es un corazón traspasado por el amor del Señor; por eso no se mira a sí mismo, sino que está dirigido a Dios y a los hermanos.

Ya no es un «corazón bailarín», que se deja atraer por las seducciones del momento, o que va de aquí para allá en busca de aceptación y pequeñas satisfacciones; es más bien un corazón arraigado en el Señor, cautivado por el Espíritu Santo, abierto y disponible para los hermanos Para ayudar a nuestro corazón a que tenga el fuego de la caridad de Jesús, el Buen Pastor, podemos ejercitarnos en asumir en nosotros tres formas de actuar que nos sugieren las Lecturas de hoy: buscar, incluir y alegrarse

Buscar. El profeta Ezequiel nos recuerda que Dios mismo busca a sus ovejas (cf. 34,11.16). Como dice el Evangelio, «va tras la descarriada hasta que la encuentra» (Lc 15,4), sin dejarse atemorizar por los riesgos; se aventura sin titubear más allá de los lugares de pasto y fuera de las horas de trabajo. No aplaza la búsqueda, no piensa: «Hoy ya he cumplido con mi deber, me ocuparé mañana», sino que se pone de inmediato manos a la obra; su corazón está inquieto hasta que encuentra esa oveja perdida. Y, cuando la encuentra, olvida la fatiga y se la carga sobre sus hombros todo contento.

Así es el corazón que busca: es un corazón que no privatiza los tiempos y espacios, no es celoso de su legítima tranquilidad, y nunca pretende que no lo molesten. El pastor, según el corazón de Dios, no defiende su propia comodidad, no se preocupa de proteger su buen nombre, sino que, por el contrario, sin temor a las críticas, está dispuesto a arriesgar con tal de imitar a su Señor.

El pastor según Jesús tiene el corazón libre para dejar sus cosas, no vive haciendo cuentas de lo que tiene y de las horas de servicio: no es un contable del espíritu, sino un buen Samaritano en busca de quien tiene necesidad. Es un pastor, no un inspector de la grey, y se dedica a la misión no al cincuenta o sesenta por ciento, sino con todo su ser. Al ir en busca, encuentra, y encuentra porque arriesga; no se queda parado después de las desilusiones ni se rinde ante las dificultades; en efecto, es obstinado en el bien, ungido por la divina obstinación de que nadie se extravíe. Por eso, no sólo tiene la puerta abierta, sino que sale en busca de quien no quiere entrar por ella. Como todo buen cristiano, y como ejemplo para cada cristiano, siempre está en salida de sí mismo. El epicentro de su corazón está fuera de él: no es atraído por su yo, sino por el tú de Dios y por el nosotros de los hombres.

Incluir. Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extraña (cf. Jn 10,11-14). Su rebaño es su familia y su vida. No es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre (cf. Jn 10, 3-4). Y quiere reunir a las ovejas que todavía no están con él (cf. Jn 10,16).

Así es también el sacerdote de Cristo: está ungido para el pueblo, no para elegir sus propios proyectos, sino para estar cerca de las personas concretas que Dios, por medio de la Iglesia, le ha confiado. Ninguno está excluido de su corazón, de su oración y de su sonrisa. Con mirada amorosa y corazón de padre, acoge, incluye, y, cuando debe corregir, siempre es para acercar; no desprecia a nadie, sino que está dispuesto a ensuciarse las manos por todos. Ministro de la comunión, que celebra y vive, no pretende los saludos y felicitaciones de los otros, sino que es el primero en ofrecer mano, desechando cotilleos, juicios y venenos. Escucha con paciencia los problemas y acompaña los pasos de las personas, prodigando el perdón divino con generosa compasión. No regaña a quien abandona o equivoca el camino, sino que siempre está dispuesto para reinsertar y recomponer los litigios.

Alegrarse. Dios se pone «muy contento» (Lc 15,5): su alegría nace del perdón, de la vida que se restaura, del hijo que vuelve a respirar el aire de casa. La alegría de Jesús, el Buen Pastor, no es una alegría para sí mismo, sino para los demás y con los demás, la verdadera alegría del amor. Esta es también la alegría del sacerdote. Él es transformado por la misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita. En la oración descubre el consuelo de Dios y experimenta que nada es más fuerte que su amor. Por eso está sereno interiormente, y es feliz de ser un canal de misericordia, de acercar el hombre al corazón de Dios. Para él, la tristeza no es lo normal, sino sólo pasajera; la dureza le es ajena, porque es pastor según el corazón suave de Dios.

Queridos sacerdotes, en la celebración eucarística encontramos cada día nuestra identidad de pastores. Cada vez podemos hacer verdaderamente nuestras las palabras de Jesús: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros». Este es el sentido de nuestra vida, son las palabras con las que, en cierto modo, podemos renovar cotidianamente las promesas de nuestra ordenación. Os agradezco vuestro «sí» para dar la vida unidos a Jesús: aquí está la fuente pura de nuestra alegría.

PP Francisco. Homilía en la Misa del Jubileo de los sacerdotes. 03 de Junio de 2016.


FUENTE: A C I P r e n s a

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miércoles, 1 de junio de 2016

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REFLEXION:
2Tim. 1, 1-3. 6-12. Dios quiso confiar el Evangelio a Pablo, para que no sólo fuera apóstol y heraldo, sino maestro del mismo.
El Evangelio es la fuerza de Dios que nos da la salvación no por nuestras obras sino por la gracia que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, el cual aniquiló la muerte y nos ofrece la vida inmortal.
Este depósito de fe que Dios confió a Pablo, ahora él lo ha confiado a Timoteo, para que dé testimonio del mismo con la fuerza y el poder de Dios; por eso Timoteo no puede actuar con temor, pues Dios estará siempre con él como lo ha estado con Pablo, ahora prisionero de Cristo y no tanto de los Romanos, pues la vida de la persona de fe está en manos de Dios y no de los hombres.
Quien sufra por el Evangelio estará manifestando que en verdad va por los caminos de Dios y que es fiel a la misión que se le ha confiado. Quien amolde su vida a los criterios de este mundo y se gane la complacencia de los poderosos y malvados dejándolos hundidos en su pecado, será un mercader del Evangelio, pero no apóstol, ni heraldo, y mucho menos maestro del mismo.
Vivamos con lealtad la confianza que Dios ha tenido para con su Iglesia al confiarle el Evangelio y su anuncio al mundo entero para la salvación de todos.

Sal. 123 (122). Después de cumplir fiel y amorosamente con la misión que Dios nos ha confiado de proclamar su Evangelio no sólo con las palabras, sino con la vida misma, contemplamos esperanzados sus manos para recibir, no el premio de lo que hayamos hecho, sino lo que, en su amor, por pura gracia, Él ha prometido para quienes siendo sus amigos le vivan fieles: la Vida eterna, junto a su propio Hijo. Que esta esperanza, que no defrauda, nos mantenga firmes en nuestro trabajo y seguros en la proclamación del Evangelio de la Gracia.
Aún en medio de las grandes persecuciones, por las que debamos pasar por ser fieles a Cristo, contemplémoslo a Él, que, después de padecer, ahora vive eternamente.
Aprendamos también a dejarnos contemplar por Dios. Él nos ama y no nos abandonará a la muerte, pues nuestra vida es muy preciosa a sus ojos; valemos la Sangre de su propio Hijo. Seamos, pues, fuertes y valientes en el testimonio de nuestra fe, sabiendo que el Señor jamás nos ha abandonado, y que jamás se olvidará de nosotros, sus hijos, que queremos ser también siervos de su Evangelio.

Mc. 12, 18-27. ¿Qué significa Dios para nosotros? ¿Qué sentido tiene creer en Él? Nuestra respuesta no puede darse con simples palabras, sino de un modo vital, pues de ello dependen nuestras esperanzas y nuestras acciones cotidianas.
Si Él sólo es una fantasía en nuestra mente lo vamos a utilizar para explotar los sentimientos de los demás, para vivir cómodamente a base de una fe manipulada a favor de nuestros mezquinos intereses personales.
Si después de esta vida ya no hay vida, ni unión eterna con Dios, ¿qué sentido tiene sacrificarlo todo por los demás? ¿No será mejor pensar en nosotros mismos y tratar de sacar el mejor partido a costa de los demás para disfrutar de la vida antes de que se nos acabe y quedemos reducidos a la nada?
Quien ha perdido la fe en el Dios de la Vida podrá incluso manipular el culto, con tal de tener prestigio y riquezas hablando de un Dios en quien ya no cree, pero que puede dejarle fuertes dividendos económicos, de prestigio ante los poderosos y de influencia ante los políticos.
Dios, el Dios de la Vida, espera a la persona, peregrina de fe, que luche esforzadamente para que la vida sea plena entre nosotros y no un guiñapo que ha perdido su dignidad.
Al final gozaremos del Señor, que nos guió y ayudó a vivir comprometidos con los demás para ayudarlos en el camino de su perfección. Esa vida no será continuación de este valle de lágrimas, sino la continuación de nuestra entrega y de nuestro amor, llevado a su plenitud gracias a la Redención y al amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, su Hijo y Hermano nuestro.
¿Creemos realmente en esto? Que no sean nuestras palabras, sino nuestras obras y nuestra vida misma lo que dé una respuesta vital a esta pregunta de fe.
El Dios de la Vida nos reúne en torno a Él. Su Hijo, habiendo entregado su vida, no fue abandonado a la muerte, sino que Dios lo resucitó de entre los muertos para que, quienes creamos en Él y unamos a Él nuestra vida, en Él tengamos Vida eterna.
Por medio de la Eucaristía hacemos nuestra la misma vida de Dios; Él, en su Hijo, no viene a nosotros sólo como un visitante pasajero; Él viene a hacer su morada en nosotros. Así como el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre, así el Hijo está en nosotros y nosotros en Él. Desde esa unión de alianza nueva y eterna con Él tenemos la esperanza cierta de llegar a poseer, como coherederos, la herencia que le corresponde a Jesús como a Hijo unigénito del Padre. Esta es, finalmente, la vocación a la que hemos sido llamados.
Por eso la Eucaristía no es sólo un acto de devoción, sino el momento supremo de nuestra vida, donde el Señor realiza su Obra Redentora y Salvadora para nosotros, en un auténtico Memorial de amor para la humanidad de todos los tiempos y lugares. Sea Él bendito por siempre.
Cuando nosotros, conforme a la voluntad soberana y gratuita de Dios, aceptamos establecer con Él una verdadera comunión de Vida, estamos enrolando nuestra existencia en un auténtico compromiso a favor de la vida, de tal forma que no sólo aceptamos a Dios con nosotros, sino también a nuestro prójimo, especialmente a aquellos con quienes vamos tras las huellas de Cristo, profesando en Él nuestra fe.
Más aún, no sólo por obedecer un mandato expreso de Cristo, sino viendo esto como parte de nuestra propia naturaleza que nos asemeja con el Señor de la Iglesia, trabajaremos denodadamente para que todo y todos encuentren en Cristo la plenitud de su ser.
Aquel que vive su fe de un modo personalista, con temor ante las consecuencias de su seguimiento del Señor; aquel que tal vez se arrodilla ante el Señor pero después valora más lo pasajero sin importarle el bien de su prójimo; aquel destruye la justicia social ante intereses egoístas y turbios, no puede llamarse en verdad hijo del Dios de la Vida, pues ha perdido, en el horizonte final de su existencia su encuentro con Aquel que nos espera después de haber caminado con la mirada puesta en Él, iluminados por Él para construir un mundo más justo y más fraterno, más lleno de amor y más capaz de poner en práctica la misericordia, conforme al ejemplo que nos dio el Señor y conforme al Espíritu que debe guiar nuestros actos, nuestras actitudes y nuestra persona misma.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir trabajando constantemente por su Reino, con la esperanza cierta de llegar algún día a participar eternamente de Él. Amén.

Homilia catolica

Liturgia de las horas: 1 DE JUNIO MIÉRCOLES IX DEL T. ORDINARIO SAN JUSTI...

Liturgia de las horas: 1 DE JUNIO MIÉRCOLES IX DEL T. ORDINARIO SAN JUSTI...: Del Común de un mártir - Salterio I SAN JUSTINO, mártir. (MEMORIA) Justino, filósofo y mártir, nació a principios del...