miércoles, 12 de febrero de 2014


"LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO"
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO.  12 de Febrero de 2014
VATICANO, 12 Feb. 14 / 10:55 am (ACI/EWTN Noticias).- En su catequesis de la audiencia general realizada esta mañana en la Plaza de San Pedro ante unas 30 mil personas, el Papa Francisco respondió a una serie de preguntas sobre cómo vivir la Misa y respondió a diversos cuestionamientos de quienes no quieren asistir a la Eucaristía dominical.

“¿Cómo vivimos nosotros la Eucaristía? ¿Cómo vivimos la Misa, cuando vamos a Misa los domingos? ¿Es sólo un momento de fiesta? ¿Es una tradición bien establecida, que se hace? ¿Es una ocasión para encontrarnos o para sentirnos bien o es algo más? Hay señales muy específicas para averiguar cómo vivir esto. Cómo vivimos la Eucaristía. Señales que nos dicen si vivimos la Eucaristía bien, o no la vivimos tan bien”

El Santo Padre dijo que, en cuanto a la Misa, es fundamental saber que allí tenemos la gracia “de ser perdonados y perdonar. A veces alguien pregunta: ‘¿Por qué hay que ir a la iglesia, si los que participan regularmente en la Misa son pecadores como los demás?’. ¡Cuántas veces hemos oído esto!”

“En realidad, quien celebra la Eucaristía no lo hace porque cree o quiere aparentar más que los demás, sino porque se reconoce siempre con la necesidad de ser aceptado y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. ¡Si cada uno de nosotros no se siente con la necesidad de la misericordia de Dios, no se siente un pecador, es mejor que no vaya a Misa!”

“¿Por qué vamos a Misa?”, cuestionó el Papa y respondió: “porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Jesús, participar en su redención, en su perdón. ¡Ese ‘confieso’, que decimos al principio no es algo ‘formal’, es un verdadero acto de penitencia! ¡Yo soy pecador y confieso! Así da inicio la Misa”.

“No debemos olvidar nunca que la Última Cena de Jesús tuvo lugar ‘la noche en que fue traicionado’. En el pan y el vino que ofrecemos y en torno al cual nos reunimos se renueva cada vez el don del Cuerpo y la Sangre de Cristo para la remisión de nuestros pecados. Debemos ir a Misa humildemente, como pecadores y el Señor nos reconciliará”.

Otro indicador de la vivencia de la Misa adecuadamente, dijo el Pontífice, es la capacidad de descubrir a los otros como hermanos a partir del amor a Jesús, para lugar compartir su Pasión y su Resurrección, especialmente con los más necesitados como aquellos que han sido afectados por la lluvia en los días recientes en los alrededores de Roma.

“Me pregunto, todos preguntémonos: yo, que voy a misa, ¿cómo vivo esto? ¿Me preocupo de ayudar, de acercarme, de rezar por ellos, que tienen este problema? ¿O soy un poco indiferente? O tal vez me preocupo de chismorrear: ‘¿viste cómo iba vestida aquella, como iba vestido aquél?’.... A veces se hace esto después de la Misa, ¿o no? ¡Se hace! ¡Y esto no se debe hacer! Debemos preocuparnos por nuestros hermanos y hermanas que tienen una necesidad, una enfermedad, un problema”.

Un “último y valioso indicador” sobre la vivencia de la Misa es la relación entre la Eucaristía y las comunidades cristianas: “debemos tener siempre presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de lo que Jesús dijo e hizo. No ¡Es propiamente una acción de Cristo! ¡Es Cristo quien los realiza, que está en el altar! Y Cristo es el Señor. Es un don de Cristo, que se hace presente y nos reúne en torno a Él, para alimentarnos con su Palabra y con su vida”.

“Esto significa que la misión y la misma identidad de la Iglesia fluyen a partir de ahí, de la Eucaristía, y allí siempre toman forma. Una celebración puede llegar a ser impecable en términos de apariencia, hermosísima, pero si no nos lleva al encuentro con Jesús, puede que no comporte ningún alimento a nuestro corazón y a nuestra vida. A través de la Eucaristía, en cambio, Cristo quiere entrar en nuestra existencia e impregnarla de su gracia, para que en cada comunidad cristiana haya coherencia entre liturgia y vida: esta coherencia entre liturgia y vida”.

Fuente: www aciprensa . com



“LA EUCARISTÍA”
PAPA FRANCISCO. 12 DE FEBRERO DE 2014

Queridos hermanos y hermanas:

Nos preguntamos qué relación tiene la Eucaristía con nuestra vida. Hay algunos indicadores concretos que nos ayudan en este sentido.
Si vivimos bien la Eucaristía un indicador es cómo nos relacionamos con los demás. A Jesús le gustaba estar con la gente, compartir sus anhelos, los problemas y preocupaciones. En la Santa Misa nos encontramos con muchas personas, pero ¿las vemos en verdad como hermanos y hermanas? ¿La Eucaristía nos lleva a salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en ellos el rostro de Jesús? ¿O más bien cuando salimos de Misa criticamos a uno, al otro por cómo estaba vestido éste o aquel?
Un segundo indicador es sentirnos perdonados e impulsados a perdonar. Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, todos somos pecadores y si uno no se siente pecador es mejor que no vaya a Misa, porque el primer acto que hacemos en la Misa es decir “Confieso que soy pecador” y pedir el perdón por los pecados. Si no lo siente no va vivir bien la Eucaristía. Un último indicador es la coherencia entre la liturgia y la vida de nuestras comunidades. La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos de Jesús. Es la obra y el don de Cristo presente allí que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y con su vida.

(Fuente: Rado Vaticano) 


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA DEL MIERCOLES 12 DE FEBRERO DE 2014.


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MIERCOLES 12 DE  FEBRERO DE 2014.
V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. A

ANTÍFONA DE ENTRADA (Jr 29, 11. 12. 14)
Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Me invocarán y yo los escucharé y los libraré de su esclavitud dondequiera que se encuentren.

ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Señor, tu ayuda para entregarnos fielmente a tu servicio, porque sólo en el cumplimiento de tu voluntad podremos encontrar la felicidad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
La reina de Sabá comprobó la sabiduría de Salomón.

DEL PRIMER LIBRO DE LOS REYES: 10, 1-10

En aquellos días, la reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón y quiso cerciorarse personalmente de su sabiduría, haciéndole algunas preguntas sutiles. Llegó, pues, a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes, oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le hizo al rey las preguntas que había preparado. Salomón respondió a todas, de modo que no dejó de contestar ni la más difícil.
Cuando la reina de Sabá comprobó la sabiduría de Salomón y vio el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las habitaciones de sus servidores, el porte y los vestidos de sus ministros, sus coperos y los sacrificios que ofrecía en el templo del Señor, se quedó maravillada y dijo al rey:
"De veras es cierto lo que en mi país me habían contado de ti y de tu sabiduría. Yo no quería creerlo, pero ahora que estoy aquí y lo veo con mis propios ojos, comprendo que no me habían dicho ni la mitad, pues tu sabiduría y tu prosperidad superan todo cuanto oí decir.
Dichoso tu pueblo y dichosos estos servidores tuyos, que siempre están en tu presencia y escuchan tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y que por el amor eterno que le tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha hecho rey para que gobiernes con justicia".
La reina le regaló a Salomón cuatro toneladas de oro y gran cantidad de perfumes y de piedras preciosas; nunca hubo en Jerusalén tal cantidad de perfumes como la que la reina de Sabá le obsequió a Salomón.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL: Del salmo 36
R/. Rectas y sabias son las palabras del justo.

Pon tu vida en las manos del Señor, en Él confía, y hará que tu virtud y tus derechos brillen igual que el sol de mediodía. R/.

Rectas y sabias son las palabras del justo. Lleva en su corazón la ley de Dios, sus pasos son seguros. R/.

La salvación del justo es el Señor; en la tribulación Él es su amparo. A quien en Él confía, Dios lo salva de los hombres malvados. R/.

ACLAMACIÓN (Cfr. Jn 17, 17) R/. Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad. R/.



Lo que mancha al hombre es lo que sale de dentro.



DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: 7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro".
Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: "¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?" Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos. Luego agregó: "Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que estos dones traídos a tu altar nos obtengan de ti, Señor y Dios nuestro, la gracia de servirte con amor y la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mc 11, 23-24)
Yo les aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidan en la oración, si tienen fe en obtenerlo, les será concedido.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, que nuestra participación en esta Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar como memorial suyo, nos una siempre con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.



REFLEXIÓN
1Re. 10, 1-10. Sólo a Dios sea dado todo honor y toda gloria.
La Reina de Sabá ¿sólo reconoce la sabiduría de Salomón? ¿Acaso no llega a reconocer al Dios de los Israelitas, a quien eleva una oración bendiciendo su Santo Nombre?
Nadie puede enorgullecerse de sí mismos, pues ¿qué tenemos que no hayamos recibido? Y si lo hemos recibido ¿por qué enorgullecernos como si no lo hubiéramos recibido?
Salomón no era sabio por naturaleza, sino porque Dios lo hizo sabio para ponerlo frente a su Pueblo, de tal forma que lo condujera como si Dios mismo estuviera entre los suyos.
Dios sabe lo que necesita nuestro mundo. Que Dios nos conceda todos aquellos carismas que necesita la Iglesia para continuar la obra salvadora que su Hijo confió su Iglesia; y que, conforme a la gracia recibida, nos pongamos al servicio unos de otros, no vanagloriándonos, sino reconociendo que todo don perfecto viene de Dios.

Sal. 37 (36). Los insensatos pensaban que los justos habían perecido como los animales, pero su vida está en las manos de Dios.
Por eso ya desde ahora hemos de aprender a poner nuestra vida en manos de Dios. Si así lo hacemos nuestros pasos jamás vacilarán, pues el Señor vela por los justos, ya que estos son los que han abierto su vida al amor de Dios y le viven fieles.
Teniendo a Dios con nosotros Él hablará y actuará por medio nuestro.
A nosotros corresponde ser los primeros en dejarnos salvar y santificar por Él. Sólo entonces, habiendo Dios tomado posesión de nuestra vida, hará que la Iglesia se convierta en un signo claro de su amor salvador para todos los pueblos.

Mc 7, 14-23 La vida moral del hombre no se basa en cumplimientos externos, tal vez muy exactos, de la Ley.
Ante Dios y ante los demás cuenta el corazón, lo que hay en Él. Si la vida de una persona está llena de manifestaciones de amor, es porque Dios vive en ella; de lo contrario su comportamiento manifestará que, a pesar de exterioridades aparentemente rectas, su vida no tiene a Dios.
Jesús indicará, efectivamente, que de la abundancia del corazón habla la boca. Lo que uno come no lo mancha; sí lo mancha lo malo que mete uno en el corazón y destruye la capacidad de amar y después sale de nosotros para destruirlo todo.
Es entonces cuando las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad, nacidas de un corazón hecho estiércol, mancharán la vida de quien actúa en esa línea; y uno mismo se estará embarrando con su propia miseria.
En esta Eucaristía Cristo da su vida para el perdón de nuestros pecados. Por Él tenemos nueva vida y nosotros somos reconciliados con Dios y con el prójimo. Hemos de reconocernos pecadores y dar el primer paso hacia la sincera conversión, de tal forma que no seamos portadores de maldad, sino del amor y de la bondad de Cristo, no sólo manifestada, sino recibida en Comunión en esta Eucaristía. Por eso preguntémonos: ¿Venimos sólo a darle culto al Señor conservando un corazón cargado de maldad; o realmente venimos a unir nuestra vida a Él y a dejarnos llenar de su Espíritu Santo? Pues sólo teniendo a Dios con nosotros podremos convertirnos en portadores de su salvación para el mundo entero.
Qué alegría el que muchos se hayan encontrado con Cristo y en Él hayan dado un nuevo rostro a sus vidas. Finalmente su trato es de mayor cariño y respeto, de mayor fidelidad a los compromisos adquiridos, de mayor justicia en la retribución salarial, de mayor honestidad en todos los sentidos, de una mejor aceptación del prójimo y de una mayor colaboración con él en la realización de una vida más digna de ser llamada vida. Esta es parte de la vocación del Cristiano.
Por desgracia muchos viven todavía en el legalismo y hacen sus obras para evitar el castigo y no se han dado cuenta de que, antes y por encima de todo, hay que amar a Dios como un hijo ama a su padre. Como consecuencia de ese amor vendrá la fidelidad a Él y la manifestación, con obras, de que realmente el Señor está con nosotros.
Tratemos, con la gracia de Dios, con su vida en nosotros, de ser constructores de un mundo que manifieste que Él habita en nosotros y que, desde nosotros, continúa sirviendo en amor a todos.
Sólo así de nuestro interior no saldrán cosas que manchen a la Iglesia, sino que harán que el rostro del Señor brille resplandeciente desde su Pueblo santo, que es su Cuerpo.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda vivir así nuestra fe, contando con la especial intercesión de la Virgen María. Amén.

Reflexión de Homília católica




Santos: Melecio de Antioquía, obispo; Mártires de Abitinia. Beato Jorge Haydock, mártir. Feria (Verde)


lunes, 10 de febrero de 2014

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA MARTES 11 DE FEBRERO DE 2014.


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
MARTES 11 DE  FEBRERO DE 2014.
V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. A
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. Jdt 13, 23. 25)
María, el Altísimo te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra, y de tal manera te ha glorificado, que los hombres no cesan de alabarte.

ORACIÓN COLECTA
Padre misericordioso, ven en ayuda de nuestra debilidad y, por intercesión de María, Madre inmaculada de tu Hijo, haz que podamos resurgir del pecado a una vida nueva. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo. Oye la súplica de tu pueblo, Israel.

DEL PRIMER LIBRO DE LOS REYES: 8, 22-23. 27-30

El día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración:
"Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad.
Si ni el cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido? Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: 'Yo estaré ahí'. Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio. Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos". 

Palabra de Dios. 
Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL: Del salmo 83
R/. Qué agradable, Señor, es tu morada.

Anhelando los atrios del Señor se consume mi alma. Todo mi ser de gozo se estremece y el Dios vivo es la causa. R/.

Hasta el gorrión encuentra casa y la golondrina un lugar para su nido, cerca de tus altares, Señor de los ejércitos, Dios mío. R/.

Dichosos los que viven en tu casa, te alabarán para siempre; dichosos los que encuentran en ti su fuerza, pues caminarán cada vez con más vigor. R/.

Pues un día en tus atrios vale más que mil fuera de ellos, y yo prefiero el umbral de la casa de mi Dios al lujoso palacio del perverso. R/.

ACLAMACIÓN (Sal 118, 36. 29)
R/. Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos y dame la gracia de cumplir tu voluntad. R/.



Ustedes anulan la palabra de Dios con las tradiciones de los hombres.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas). Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".
Después añadió: "De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: 'Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre'. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta". 

Palabra del Señor. 
Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Jubilosos de poder celebrar la festividad de la Madre de tu Hijo, te presentamos, Señor, estas ofrendas de alabanza, y te pedimos que por este santo intercambio de dones, se acrecienten en nosotros los frutos de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Santa María Virgen.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. Lc 1, 48)
Me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha puesto Dios sus ojos en la humildad de su esclava.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Habiendo recibido el sacramento celestial, te pedimos, Señor, que cuantos hemos celebrado con veneración, la memoria de la santísima Virgen María, merezcamos participar del banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXIÓN
1Re. 8, 22-23. 27-30. Nada hay imposible para Dios. A Él no lo pueden contener los cielos de los cielos; y sin embargo se ha dignado hacer su morada en nosotros. Él siempre quiere mostrarse misericordioso para con nosotros. Pero, puesto que Él no habita en un corazón manchado, debemos, con amor de hijos fieles, vivir en una continua conversión hacia Él, aprendiendo a cumplir de todo corazón su voluntad. Dios siempre está dispuesto a escuchar nuestros ruegos, pues Él está con nosotros, no como enemigo a la puerta, sino como Padre compasivo y misericordioso hacia nosotros. Por eso nuestras súplicas no pueden quedarse sólo pidiéndole que nos ayude en cosas materiales, sino que le hemos de pedir que venga a morar en nosotros, que, por medio de la fe, lo hemos aceptado como único Dios y Señor nuestro.

Sal. 84 (83). Nuestra vida se encamina continuamente al encuentro definitivo de Dios en la casa de sólidos cimientos. ¿Hasta dónde tenemos puesta nuestra fe en lograr el cumplimiento de nuestra esperanza en nuestra salvación definitiva? Pues si sólo tenemos un vago deseo de salvación difícilmente encaminaremos nuestros pasos hacia el Señor. Quien no tiene claro el término de su camino por esta vida podrá, tal vez, dar culto al Señor, pero vivirá falto de compromiso en el amor y en la manifestación de la presencia salvadora de Dios desde la propia vida. Si los Israelitas, peregrinos hacia el Templo, se alegraban cuando desde lejos lo contemplaban y entonaban cantos al Señor, nosotros, que tenemos la esperanza cierta de nuestra salvación, día a día dejémonos iluminar por el Señor que nos conduce por medio de su Espíritu y de su Palabra para que, llevando una vida recta, manifestemos que en verdad no sólo estamos cerca del Señor, sino que Él habita ya en nosotros y sólo esperamos que, si le somos fieles, disfrutaremos de Él eternamente.

Mc. 7, 1-13. No podemos honrar al Señor sólo de un modo externo; no podemos elevarle nuestros cánticos de alabanza sólo con los labios. Mientras nuestra vida y nuestras obras no se conviertan en una continua alabanza de su Santo Nombre, nuestro culto será una exterioridad inútil. Muchas veces queremos quedar satisfechos pensando que le hemos cumplido a Dios porque hemos realizado puntualmente algunos ritos para darle culto. Sin embargo después salimos de su presencia y reiniciamos una vida de maldad, de injusticia, de pecado, como si no conociéramos a Dios. Una fe así no dejará de ser sino una fe cargada de hipocresía. Dios quiere que vivamos como sus hijos fieles. Y esa fidelidad a Él nos debe llevar a amar y a respetar a todos, especialmente a nuestros padres. Efectivamente el reconocimiento de nuestros padres como el signo más cercano de Dios como Padre nuestro, nos ha de llevar a amarlos y respetarlos siempre. Quien desprecia a sus padres está manifestando que ha perdido su punto de referencia visible para llegar a madurar en todos los aspectos de su vida. Ante ellos aprendemos a enfrentar la vida, aprendemos a amar, a perdonar y a ser generadores de vida, no sólo por engendrar hijos, sino por incrementar la vida para que llegue a su plena realización. Por eso, a pesar de sus defectos los hemos de amar, sabiendo que ellos, junto con nosotros, están en una continua conversión que hará que todos lleguemos a la madurez del Hombre Perfecto, Cristo Jesús. Honrar a nuestros padres es honrar de hecho y no sólo con los labios, al mismo Dios. A partir de ese amor estaremos dispuestos a vernos todos como hermanos que jamás cierran su corazón a los demás, pues Dios no necesita de nuestro culto vacío de buenas obras; al final Él nos juzgará sobre cuánto lo amamos en nuestro prójimo y no tanto sobre cuánto cumplimos con algunos ritos meramente externos.
Reunidos para dar culto a Dios no nos limitemos a estos momentos de intimidad con el Señor en la celebración de la Eucaristía. El Señor sabe que no porque venimos, tal vez diariamente, a esta celebración ya por eso hemos de ser considerados como sus mejores amigos. Seamos prudentes para que no nos limitemos a honrar al Señor sólo con los labios, mientras nuestro corazón permanezca lejos de Él, por falta de un amor auténtico que nos ponga al servicio de nuestro prójimo. Estar cerca de Dios no es sólo ponernos de rodillas ante Él y recibirlo en la Eucaristía. Estar cerca de Dios significa que Él habita en nosotros y transforma nuestra vida para que, permaneciendo en nosotros, desde nosotros Él manifieste, con obras concretas de nuestra vida, que bajo el signo de nuestra carne mortal, Él sigue amando y salvando a todos mediante su Iglesia. Esta Iglesia, Esposa que escucha a su Señor y le vive fiel, es la que se encuentra por medio nuestro ante el Señor no sólo para decirle que le ama, sino para comprometerse a actuar conforme a la guía amorosa del Espíritu Santo que habita en ella.
Si somos realmente hombres de fe en Cristo dejemos que su Espíritu transforme nuestra vida, para que trabajemos constantemente haciendo que en nuestro mundo se viva cada vez más la justicia, la paz, la misericordia y el amor fraterno. No podemos realmente llamarnos hijos de Dios cuando, después de persignarnos y arrodillarnos ante Dios, nos levantamos en contra de nuestro hermano. Dios se ha dignado hacer su morada en nosotros. Dichoso quien contemple, quien escuche, quien viva en su Iglesia, pues desde ella Jesucristo continúa presente en el mundo. Pero no pensemos que por formar parte de la Iglesia ya somos el mejor de los signos de Cristo en el mundo. Es necesario que, aceptando esta fe, la hagamos patente ante todos los pueblos a través de nuestra vida, de nuestras obras, realizadas conforme al ejemplo que el Señor nos dio. Si llamándonos hijos de Dios llevamos una vida de maldad y de pecado, si perseguimos y asesinamos a los demás, en lugar de que el Nombre de Dios sea alabado, seremos responsables de que su Nombre sea puesto en ridículo ante aquellos que apenas a tientas le buscan tratando de encontrarlo y de experimentar su amor desde su Iglesia.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de serle fieles en todo, no sólo escuchando su Palabra y proclamándola con nuestros labios, sino con un corazón fiel que exprese, en buenas obras, que no son nuestros caprichos, sino el Espíritu Santo el que guía nuestros pasos por el camino del bien. Amén.


Reflexión de Homilía  católica.



LECTURAS DE LA EUCARISTÍA DEL LUNES 10 DE FEBRERO DE 2014.

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
LUNES 10 DE  FEBRERO DE 2014.
V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. A

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 15, 5-6)
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia; la parte que he recibido es la más hermosa. El mismo Señor es mi recompensa.

ORACIÓN COLECTA
Al celebrar la fiesta de santa Escolástica, te pedimos, Señor, que, a imitación suya, aprendamos a servirte con un amor infatigable y a disfrutar profundamente tu amistad. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
Llevaron el arca de la alianza al santo de los santos y una nube llenó el templo.

DEL PRIMER LIBRO DE LOS REYES: 8, 1-7. 9-13

En aquellos días, el rey Salomón convocó en Jerusalén a todos los ancianos y jefes de Israel, para subir allá el arca de la alianza del Señor desde Sión, la ciudad de David. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón para la fiesta de los tabernáculos, que se celebra el séptimo mes del año. Cuando llegaron los ancianos de Israel, unos sacerdotes cargaron el arca de la alianza, y otros, junto con los levitas, llevaron la tienda de la reunión, con todos los objetos sagrados que en ella había.
El rey Salomón y toda la comunidad de Israel inmolaron frente al arca ovejas y bueyes en tal número, que no se podían ni contar. Llevaron el arca de la alianza del Señor hasta su lugar en el santuario, el lugar santísimo, y la colocaron bajo las figuras de los querubines, de tal modo, que las alas de éstos quedaron cubriendo el arca y las varas que servían para transportarla.
Lo único que había en el arca eran las dos tablas de piedra, que Moisés colocó ahí, cuando el Señor estableció la alianza con los israelitas, a su salida de Egipto.
En cuanto los sacerdotes salieron de aquel sitio sagrado, una nube llenó el templo, y esto les impidió continuar oficiando, porque la gloria del Señor había llenado su templo. Entonces Salomón exclamó: "El Señor dijo que habitaría en una espesa nube. Por eso, Señor, la casa que te he construido con magnificencia, será tu morada".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSOIAL: Del salmo 131
R/. Levántate, Señor, y ven a tu casa.

Que se hallaba en Efrata nos dijeron; de Jaar en los campos la encontramos. Entremos en la tienda del Señor y a sus pies, adorémoslo, postrados. R/.

Levántate, Señor, ven a tu casa; ven con el arca, poderoso auxilio. Tus sacerdotes vístanse de gala; tus fieles, jubilosos, lancen gritos. Por amor a David, tu servidor, no apartes la mirada de tu ungido. R/.

ACLAMACIÓN (Cfr. Mt 4, 23) R/. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba la buena nueva del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad. R/.

Cuantos tocaban a Jesús quedaban curados.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.
Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a Él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos. A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios misericordioso, que transformaste a santa Escolástica, para hacer de ella una mujer nueva a imagen de Cristo, renuévanos también a nosotros mediante este sacrificio de reconciliación que vamos a ofrecerte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. Mt 19, 27-29)
Yo les aseguro, dice el Señor, que los que han dejado todo para seguirme, recibirán cien veces más y alcanzarán la vida eterna.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios omnipotente, que por medio de este sacramento nos comunicas la fuerza de tu Espíritu, haz que, a ejemplo de santa Escolástica, te amemos sobre todas las cosas y vivamos siempre como verdaderos hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.


REFLEXIÓN
1Re. 8, 1-7. 9-13. Dios no sólo habita en el Templo. Su morada especial somos nosotros mismos. Él nos ha consagrado como suyos. Por eso su Gloria debe resplandecer desde nuestro propio interior. Desde que el Verbo se hizo hombre y puso su tienda de campaña en medio de las nuestras Dios vino a vivir entre nosotros. Ya no es la nube, que lo representa, sino Él mismo en medio de los suyos. Ojalá y lo recibamos, pues su Reino debe estar no de un modo externo, ni siquiera de un modo cercano, sino dentro de nosotros mismos. A partir de su presencia en nosotros, nosotros hemos sido convertidos en un signo de Él en medio de nuestros hermanos. Quien viva sólo dándole culto a Dios, lo tendrá como a un Dios lejano, al que acuda para que le solucione uno y mil problemas, y a quien tratará de tener propicio por medio de oraciones, de promesas, de donativos, etcétera. Pero nosotros no podemos quedarnos en la celebración de ritos, tal vez muy suntuosos, sino que hemos de vivir en una estrecha relación de hijos, pues eso somos, ya que su Vida está en nosotros gracias a que Dios nos ha convocado para que seamos de su familia y linaje, y nosotros hemos dado un sí amoroso a ese llamado de Dios. Ojalá y este compromiso no se haya quedado en el olvido.

Sal. 132 (131). Que el Señor, nuestro Dios, venga Él mismo a morar en nosotros. Ciertamente nosotros nos encontramos de un modo personal con el Señor en su Templo. Ahí, junto con nuestros hermanos, alabamos y glorificamos al Señor en comunión con toda la Iglesia. Mediante la recepción de la Eucaristía el Señor se levanta y viene a nosotros, como a su propia casa. Dios nos ha amado de tal forma que, por nosotros, entregó a su propio Hijo. Por eso, reconociéndonos pecadores, acudamos al Padre Dios en Nombre de Jesús, su Hijo, para que seamos perdonados y para que el Espíritu Santo sea quien nos guíe en adelante para que toda nuestra vida se convierta en una continua alabanza del Nombre Divino, no sólo por nuestros gritos de júbilo, sino, especialmente, por llevar una vida intachable.

Mc. 6, 53-56. Jesús anuncia el Evangelio no sólo con sus palabras, sino también con sus obras y con su misma persona. Él es el Evangelio viviente del Padre. Por medio de Jesucristo hemos conocido el amor de Dios. El Señor siempre está a nuestro lado. Él jamás de aleja de nosotros, sino que vela por nosotros como un Padre lleno de amor y de ternura hacia sus hijos. Por eso podemos acercarnos a Él con la confianza que nos viene de sabernos hijos amados de Dios. Pero no sólo hemos de buscar a Jesús con la fe puesta en recibir cosas materiales, o la curación de nuestros males; antes que nada hemos de buscar al Señor para comprometernos en hacer nuestra su vida y en dejarnos formar, por Él, como digna morada de su Espíritu Santo. Sólo así, después de encontrarnos con el Señor, no nos marcharemos, tal vez gozosos porque nuestra súplica haya sido escuchada; sino que nos iremos con el Señor en nuestra propia vida, de tal forma que podamos dar a conocer a los demás su amor, su bondad, su misericordia desde nuestra propia existencia unida plenamente a Él.
Nos hemos reunido en torno al Señor en este Lugar Sagrado. Hemos venido para renovar nuestra Alianza con el Señor, y a comprometernos a serle fieles. No sólo venimos a celebrar ritos externos. Dios antes que nada quiere que volvamos a ser sus hijos, santos y fieles como Él es Santo y Fiel. La Eucaristía, Memorial de su Pascua, realiza en nosotros la Comunión de Vida entre Dios y nosotros. Mediante la Pascua de Cristo nosotros hemos sido perdonados de nuestros pecados, y hemos recibido vida nueva. ¿Hemos venido con la intención de vivir con mayor generosidad nuestro compromiso con Dios y con el hombre? ¿O sólo hemos venido buscando en Jesús a un taumaturgo, a alguien que quisiéramos nos supliera en el compromiso que, como hijos de Dios, tenemos en el mundo?
El Señor nos recibe en su Casa; nos alimenta con su Palabra y su Eucaristía; pero nos envía para que vayamos y demos testimonio de nuestra fe, tal vez en ambientes hostiles, donde se nos quieran poner candados para evitar que expresemos nuestra fe con los labios, pero donde nuestro anuncio del Evangelio se realizará con una vida intachable y mediante la realización de obras que hablen de justicia, de paz, de amor fraterno, de misericordia. Los cristianos no podemos claudicar de nuestra fe, ni podemos ser cobardes en el testimonio que, de la misma fe, hemos de dar en todo momento y circunstancia de la vida. Si queremos que la Gloria de Dios tome posesión del mundo es porque no hemos de rehuir nuestro compromiso con el Evangelio; más aún, hemos de dejar que Dios nos convierta a nosotros mismos en el Evangelio viviente del Padre, pues nuestra unión a Cristo Cabeza, nos hace a nosotros, miembros de su Cuerpo, responsables de continuar su obra salvadora en el mundo. Esta es, finalmente, la Misión que tiene la Iglesia en el mundo.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de abrir nuestro corazón a la presencia de Dios, de tal forma que, al igual que Cristo, pasemos siempre haciendo el bien a todos. Amén.

Reflexión de: Homilía católica .com

EL DIOS CERCANO

1 R 8, 1-7. 9-13; Mc 6, 53-56
La dedicación del templo de Jerusalén por parte de Salomón responde a una necesidad genuina. El pueblo de Israel aprecia y reconoce la bondad de Dios y anhela ser escuchado por Él. Los creyentes construyen templos para disponer de espacios propicios para favorecer el encuentro con Dios; encuentro que de por sí es difícil de concretar, porque supone una actitud contemplativa y una apertura al Trascendente que no siempre tenemos. Salomón desea que Dios auxilie y acompañe a su pueblo cada vez que lo invoque. Los enfermos y la gente de Galilea en general, ansiaban encontrarse con Jesús. La experiencia de los enfermos era patente: quien se acercaba con una fe confiada recibía la salud y recomenzaba su vida con entusiasmo y alegría. La fe cristiana tiene una responsabilidad social: debe generar una derrama de bienestar y mejora general de la vida humana. (www misal. com . mx)

Santos: Escolástica de Nursia, fundadora; Guillermo de Malavalle, ermitaño. Beato Luis Stepinac, mártir. Memoria (Blanco)


"Matrimonio" homosexual en debate



"Matrimonio" homosexual en debate



www aciprensa

CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA: NOTA DOCTRINAL-PASTORAL SOBRE EL MATRIMONIO
6 de febrero de 2014 a la(s) 9:53
1. En el ejercicio del Ministerio Episcopal, los Obispos tienen el deber de enseñar la sana doctrina y proclamar la Verdad revelada que ilumina los diversos aspectos de la vida de los creyentes y de todos los seres humanos. Al realizarlo, con el carisma magisterial que les es propio, dan a conocer la enseñanza de la Iglesia, que reconoce, defiende y promueve la dignidad de toda persona humana.
2. Desde este horizonte, queremos recordar y proclamar la Verdad sobre el hombre. Nos revela la Escritura Sagrada que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gen. 1,27) Así, desde el inicio se estableció que existen dos sexos que distinguen a los seres humanos: el masculino y el femenino. Esta es una realidad esencial que se mantiene desde siempre y que no se puede cambiar. “Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA, n. 2335).
3. Con la Encarnación del Hijo de Dios, la naturaleza humana adquirió una mayor dignidad. De hecho, Jesús de Nazaret, Dios humanado, con su entrega pascual hizo posible que todo ser humano pudiera llegar a ser “hijo de Dios” (Cf. Jn 1,12).  Así, le abrió la puerta a la humanidad para que alcanzara la plenitud de la salvación al introducirla en el camino de la novedad de vida (Cf. Rom. 6,4).
4. Desde el mismo acto creador, Dios instituyó el matrimonio entre el hombre y la mujer. Con él, le dio la gracia de la complementariedad y de la fecundidad, para que con sus hijos poblaran la tierra (cf. Gen 1,28) El matrimonio hace del hombre un padre y de la mujer una madre. A través del diálogo de amor y la mediación sexual, se hizo posible la comunión de los esposos, quienes con la fecundidad manifestada en los hijos y la ulterior y permanente educación de los mismos se manifiestan como especiales cooperadores del Dios Creador. El CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA  nos enseña: “Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos” (n. 2333).
5. Jesús, el Señor, elevó el matrimonio a la categoría de sacramento. Como tal, es un signo sensible de la gracia divina, que permite a los esposos santificarse y hacer de su familia una “Iglesia doméstica”. Con esta realidad novedosa, el matrimonio entre un hombre y una mujer, bendecidos por el sacramento, se convierte en imagen de la estrecha e indisoluble comunión entre Cristo y su Iglesia. Desde esta perspectiva, reconoce y reafirma la centralidad del matrimonio natural entre hombre y mujer, y le da la importancia de sacramento como la afirma la Tradición y el Magisterio de la misma Iglesia.
6. En los últimos tiempos, debido a planteamientos antropológicos cuestionables, se han venido presentando visiones distorsionadas sobre el matrimonio y la familia, así como una ideología del género que pretende desvirtuar la Verdad sobre la persona humana, el auténtico sentido de la sexualidad y hasta cambiar la esencia natural del matrimonio. Una de esas distorsiones es el así denominado “matrimonio igualitario” o uniones entre personas del mismo sexo.
7. En nuestro país algunos grupos sociales están promoviendo la aprobación de este tipo de “matrimonio igualitario” o uniones entre personas del mismo sexo. Incluso han hecho la solicitud de la sustitución de los términos ‘marido y mujer’ por ‘personas’ en el artículo 44 del Código Civil Venezolano; esto con el fin de que en Venezuela pueda ser aprobado el llamado matrimonio igualitario. En este sentido, queremos llamar la atención a todos los creyentes y personas de buena voluntad. Lo hacemos desde nuestro oficio magisterial:
           a) La Iglesia insiste en la tolerancia y respeto que se debe tener hacia las personas homosexuales. Así lo hizo saber la Congregación para la Doctrina de la Fe en la “Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales”, de amplia difusión, donde se expresa: “Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen.    Revelan una falta de respeto que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones.”
           b) Sin embargo, esto no significa que se haya de claudicar en la enseñanza de la auténtica doctrina sobre la sexualidad y el matrimonio. Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas. No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. Los actos homosexuales, en efecto,  cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual.
             c) En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. En las uniones homosexuales por otra parte, falta la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.
             d) Recordamos que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela acepta como válido sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer. Para ello, se fundamenta en la ley natural. Cualquier ley o disposición legal que pretenda otra visión sobre  el matrimonio y que se quiera someter a aprobación, además de ir en contra de la ley natural, atenta contra el texto y enseñanza de la Carta Magna de nuestra nación.
              e) Tampoco se debe hablar del “matrimonio igualitario” entre personas del mismo sexo como si se tratara de un derecho humano. Los derechos humanos nacen de la ley natural y de la moral auténtica y no de ideologías, de propuestas culturales o de decisiones de entes jurídicos o legislativos. Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto  personas y ciudadanos.
8. Pedimos a todos los miembros del Pueblo de Dios reafirmar y proclamar la enseñanza de la Iglesia, sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia. A los sacerdotes, les urgimos sobre el deber que tienen de hacerlo en todo momento sea a través de las homilías, la catequesis y la enseñanza de la sana doctrina. Los catequistas y los maestros católicos aprovechen toda oportunidad para hacerlo tanto con sus alumnos como con los padres y representantes de los mismos. De igual modo, en las escuelas católicas, en los grupos parroquiales, en los grupos juveniles y en otras instancias eclesiales se ha de proponer  esta enseñanza. Los laicos, en especial quienes trabajan en la pastoral familiar, están llamados a ser voceros de esta doctrina eclesial. Nadie está exceptuado a hacerlo como tampoco se pueden esperar otros tiempos para hacerlo.
9. La oportunidad de un próximo Sínodo de Obispos sobre la familia nos permite promover esta enseñanza con decisión y valentía. Al hacerlo, estamos movidos por el Espíritu Santo y estaremos actuando en el nombre del Señor Jesús, quien nos ha hecho servidores de la Verdad y del Evangelio.

COMISION EPISCOPAL DE DOCTRINA, MORAL Y ECUMENISMO.

Caracas, 5 de febrero del año 2014


http://www.cev.org.ve/index.php/noticias-3/54-conferencia-episcopal-venezolana-nota-doctrinal-pastoral-sobre-el-matrimonio