sábado, 5 de junio de 2010

LA EUCARISTIA, FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA CRISTIANA

Fragmentos de la Ponencia del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga. V Arzobispo de Tegucigalpa y Presidente del CELAM. Fecha: jueves, 24 de julio de 1997. En el Primer Congreso Eucarístico de Maracaibo (Venezuela). La Eucaristía como fuente de la vida cristiana: “es fundamentalmente evangelizadora y a su vez se convierte en culmen de la libertad, siendo, por tanto, fuente de la liberación integral…” Monseñor Oscar Rodríguez Madariaga nos dice que como culmen de la vida cristiana personal, cada uno de nosotros tiene una experiencia única, personal e insustituible; que si se mide con plena conciencia y con el máximo fervor en su experiencia plenamente cristofánica y como tal es la más alta culmen para cada uno y que hay que resaltar que esa experiencia es accesible a todo cristiano, desde el niño que tiernamente recibe la primera comunión, hasta el moribundo que se prepara entrar con el viático a la eternidad. Esa experiencia es universal, nos dice Monseñor Rodríguez que a ella puede acceder desde el más linajudo de los nobles, hasta el más pobre de los pobres; desde un científico creyente hasta el más ignorante. Todos sin excepción podemos, si nos preparamos convenientemente, acceder a la comunión eucarística cuya experiencia es personal, insustituible, íntima, profunda, adecuada a cada personalidad y rica en resonancias. Nos dice: “Esta experiencia puede vivirse como culmen de dos formas que mutuamente se complementan: La comunión sacramental y la visita del Santísimo, las cuales pueden prolongarse, si se quiere, mediante la intercesión eucarística permanente de las jaculatorias, hoy en un cierto desuso.” Aspectos que dan sentido a la Eucaristía como culmen de la vida cristiana, explicados por Monseñor Rodríguez Madariaga: La comunión como conciencia de unión personal. Monseñor indica que se puede recibir la Eucaristía fuera de la misa sólo con una causa justa o plausible y el que la pide está pidiendo algo legítimo ya que la Eucaristía es el culmen de su vida cristiana personal. Podríamos comentar que ésta causa justa sería estar enfermo en cama, por ejemplo. La visita al Santísimo: Esta práctica tiene el obstáculo de que los templos tienen que estar cerrados a determinadas horas del día por el inconveniente del peligro de robo y sacrilegio al templo y por la inseguridad personal existente a nivel mundial. Los fieles han abandonado la práctica de la visita aunque pasen frente al templo y éste se encuentre abierto. Este abandono también puede ser consecuencia de que los fieles no conocen el manual de las indulgencias, en la catequesis no se insiste en el valor de la visita al Santísimo Sacramento y no se enseña a los fieles a hacerlas, precisamente porque pocas personas las realizan. Si los católicos no conocemos el valor y la importancia de las visitas a Jesús Eucaristía, cómo podemos enseñar a otros a hacerlas. No se puede dar lo que no se tiene. El que comulga con plena madurez, tomando conciencia de la unión personal con el Señor vive en sí su experiencia única e insustituible e íntima que nadie la puede establecer por él. Comparte Monseñor Rodríguez que la tragedia que tenemos es hacer la comunión algo trivial, es hacerla en forma mecanizada y superficial, sin un discernimiento interior y si tener la más mínima preparación para comulgar. La comunión es para todos nosotros pecadores, miembros del pueblo de Dios; pero eso no significa que vulgaricemos su recepción y la hagamos como un mero acto ritual, similar al de darnos la paz, por ejemplo. “La Eucaristía exige reverencia profunda, intensa, clara. En cambio, no exige acciones espectaculares, ni gestos complicados. La sencillez, el decoro y el respeto son suficientes. El silencio y el canto nos pueden ayudar y deben combinarse con la actitud interior y sobre todo la participación fervorosa” Con la participación plena y conciente, todo el rito eucarístico nos penetra y nos compenetra con el misterio de la comunión. “Excepcionalmente podemos y algunos casos debemos, aceptar el rito de la comunión fuera de la misa, no sólo dentro de una paraliturgia, sino como un acto privado de recepción del Señor, por quien está impedido o con circunstancias que le han impedido asistir al Eucaristía” “Quisiera, por lo tanto hacer una recomendación pastoral: la de revalorar la importancia de la visita al Santísimo como acto personal de Adoración con el Señor y como reconocimiento, en nuestra vida cristiana personal de que la Eucaristía es nuestro culmen. Tenemos que ser creativos e ingeniosos y encontrar fórmulas de construcción o remodelación que nos permita, con todas la seguridades posibles, poder acceder a la posibilidad de realizar la Visita, sobre todo en aquellos templos que durante el día, en nuestras grandes ciudades, tienen gran afluencia de fieles. Asimismo, tenemos que relanzar las antiguas prácticas de la Adoración Perpetua y la adoración nocturna, insistiendo en aspectos que no hemos logrado como la oración infantil y la adoración juvenil. Los grupos de oración y todos los movimientos apostólicos deben revisar su práctica e incluir, en lugar preferentes, esta dimensión de la visita al Santísimo. Si creemos que El está ahí y nos llama, no podemos actuar de otra manera.” Las jaculatorias eucarísticas: “No podemos despreciar la ayuda de estas pequeñas fórmulas, que interiormente, si es el caso, podemos repetir y repetir, avivando en nuestra intimidad la presencia de Cristo en la Eucaristía Es decir: “Bendito, alabado y adorado sea el Santísimo Sacramento del altar” y responder: “bendito y alabado” tiene una densidad y una profundidad mayor que eruditos sermones. Repetir, al momento de la oración post concecratoria de cada una de las dos especies sacramental, la fórmula bíblica del apóstol Santo Tomás: " Señor mío de Dios mío " como suele decirse en el interior del corazón y aún más, puede musitarse, sin que impida después hacer la aclamación litúrgica. La comunión espiritual goza también de indulgencia (Nº 15) y podría ayudar a muchos que canónicamente no pueden recibir el Señor en la Eucaristía. Pongo por ejemplo, a los divorciados, vueltos a casar con matrimonio civil, a conservar su devoción eucarística; enseñándoles a acercarse de ese modo al Señor, sin perder la dimensión eucarística como culmen de su propia vida cristiana. Quiero recordar algunas oraciones Eucarística que tienen también indulgencia y que podemos repetir en cualquier momento, así: " Adoro te devote " en su versión castellana (nº4) “ Alma de Cristo " (no 10) ; el acto de reparación que comienza: “Dulcísimo Jesús” (Nº 26). la oración que transcribe el mismo Concilio y que comienza " Oh sagrado banquete " (No 40) y el "Tantum Ergo" en su versión castellana (no 52). La Eucaristía, la gran experiencia eclesial: La Eucarística no es sólo el culmen de la vida cristiana personal; es y por muchísimas más razones, el culmen de la vida cristiana eclesial, porque toda la actividad de la iglesia gira el alrededor de un profundo reconocimiento de la resurrección de Cristo con sin la cual "vana sería nuestra fe " de acuerdo con San Pablo y ese reconocimiento se corporaliza o se concretiza en la presencia de Cristo en la Eucaristía. La Eucaristía como culmen sacramental. La Eucaristía como la gran celebración sacramental. Todo lo dicho tiene esta conclusión: la celebración sacramental por excelencia, es la celebración eucarística. En la Eucaristía ciertamente el misterio Salvador de Dios resplandece en nuestro Señor Jesucristo el " Sacramento " de la Trinidad y muy parcialmente de la convocación que nos hace el padre celestial. En la Eucaristía resplandece la dimensión encarnacional de la palabra que asume nuestra corporalidad y en la Eucaristía resplandece la dimensión redentora del sacrificio de la cruz. No hay acto más trinitario y más Cristológico; de ahí el valor de las múltiples y diversas doxologías que enriquece la celebración de la Eucaristía. En la Eucaristía resplandece el sentido de la iglesia como Sacramento de Cristo. Nada hay más eclesial que su celebración, de ahí la necesidad de no " privatizar " Las celebraciones eucarística por parte del celebrante; de ahí la necesidad de atacar practicar las normas jurídicas, aprovechando al máximo la riqueza de sus posibilidades, pero dándole adecuadamente y no cimentando, añadiendo, suprimiendo, cambiando el gusto personal. En la Eucaristía reblandece la sacramentalidad de la Iglesia, más que en ninguno de los otros sacramentos, sin que esto signifique detrimento del Bautismo, el cual se plenifica en la Eucaristía. En síntesis la Eucaristía es la gran celebración sacramental. La Eucaristía como centro de la iniciación Cristiana: El rito de la iniciación cristiana de adultos, el llamado RICA señala la centralidad de la Eucaristía en ese proceso y la legalidad pastoral del bautismo de niños nos lleva a valorar cada vez más la preparación conveniente para la primera comunión. Sin que eso signifique un aumento en la edad para recibirla. El niño tan despierto como el de nuestros días con el impacto de los medios de comunicación social, bien puede comprender el valor y sentido de la Eucaristía si esperara edades avanzadas. Las orientaciones de San Pío X siguen siendo válidas y no hay derecho a privar a los niños de su relación personal e íntima con Cristo. Lo que debe al ocuparnos es cómo transmitir a los niños una auténtica devoción al Santísimo Sacramento pero ese posible para los catequistas hábiles que sean ellos mismos devotos de la Eucaristía. La Eucaristía como el camino y el víatico: Hay que urgir el cumplimiento de las normas que impiden acercarnos a la eucaristía con limpieza de corazón y repudio al pecado. Se ha introducido en muchas partes una cierta laxitud que menosprecien el sacramento de la reconciliación. Esto no es válido y la orientación de la Iglesia es muy clara a la luz de los documentos sobre el tema. Falta, eso sí que los sacerdotes valoremos nuestro sacrificio de confesores y que analicemos a nuestros fieles hacia la recepción de la Eucaristía, sin escrúpulo, pero tampoco sin permisividad y complicidad con el pecado. La Eucaristía es para pecadores, es para el camino, es para orientarnos hacia la avidez eterna, de ahí que hay que fomentar una concesión mecánica, si debemos recordar la necesidad de la previa reconciliación cuando hay conciencia de gravedad en el pecado. Por otra parte, la eucaristía no es sólo el culmen de la reconciliación con la cual se recuerda en el llamado rito penitencial inicial, sino que está unida en el rito del viático, no sólo con el sacramento de la reconciliación, sino también con el sacramento de la unción de los enfermos, siendo el culmen de los dos Sacramentos. Por la parte, para la valoración de la unción de los enfermos, cuando se le pueda pastorlamente, conviene administrarse dentro de la Eucaristía y si esto no es posible, conviene que se una al menos con el rito de la comunión, siempre para señalar el sentido de culmen para toda vida cristiana la recepción del señor. La Eucaristía como el lugar de la celebración social: Todos lo sabemos que la administración del Sacramento del orden sagrado se deben realizar dentro de Eucaristía, porque a ella se dirige; asimismo lo conveniente es que la celebración del sacramento del matrimonio normalmente sea tan bien dentro de la Eucaristía, Los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, aunque pueden celebrarse fuera de la eucaristía conviene, si es posible, que se refiera, sobre todo si son colectivos que se realicen dentro del Eucaristía. Más aún, ciertos sacramentales hace conveniente su celebración dentro del Eucaristía, así la exequias, la consagración de vírgenes, la profesión religiosa etc. lo mismo que la celebración de las bodas de plata o de oro de esposos o de religiosos. Todo esto son maneras de indicarnos la centralidad de la Eucaristía y su sentido de culmen en toda la vida Cristiana. La Eucaristía como fuente: Hacemos ahora la segunda y última parte de esta ponencia, que va a ser más breve, por cuanto es en cierta manera corolario. Si la Eucaristía es el culmine la vida cristiana, de ella forzosamente brota más vida cristiana. Necesariamente el culminen es Fontal. Sigo con el triple esquema que acabo de usar en la parte primera y decir algunas pequeñas cosas de la Eucaristía como fuente de la vida cristiana personal, de la vida cristiana eclesial, y de la vida cristiana sacramental. La Eucaristía fuente de la vida cristiana personal: El primero de esos aspectos es el de considerar la Eucaristía como la " gran " devoción del cristiano de dónde proceden todas las demás. La Eucaristía es la fuente de toda vida auténticamente devota. No hay posibilidad de vivir cristianamente a plenitud sin la Eucaristía y de ella brotan, por una parte el amor y el estudio de la sagrada Biblia; por otra la profundización vital del misterio de trinitario, Cristológico y eclesiológico. Ella es de donde dimana la dimensión soteriologica y es la prenda de carácter escatológico que nos ha dado como arras,. A través del ciclo triple dominical, junto con otro ciclo de los tiempos fuertes el ciclo doble ferial y las riquezas del santoral, la eucaristía inunda, por así decir, toda la experiencia de vida cristiana personal; y sumergen, a la que participan activa y permanentemente en ella, en todo lo que el cristianismo significa. Es, sin duda, la fuente, jamás exhausta. La fuente multiforme y riquísima de la vida cristiana. La experiencia Revalorable de la adoración eucarística: Al mismo tiempo, la fontanidad de la Eucaristía para posibilitar la libre, personal, diferente y adecuado unidad de cristiano con el Señor; y el, con el Padre y el Espíritu Santo, se realiza en el coloquio interior de oración y adoración delante del Santísimp y a partir de allí mediante la oración mental, la dedicación, la contemplación y el éxtasis. Nos hacen falta al suficientes místicos y esto deberían existir como lo más natural y normal de la vida Cristiana si esto no se da es porque se ha dejado de beber del mismo Señor, que nos dijo, que sin EL nada podíamos hacer. Por eso con urgencia necesitábamos revalorar la Adoración eucarística para que en esa intimidad brote el nuevo ardor de la nueva evangelización. La relación de esa sanación a partir de la Eucaristía. Nosotros sabemos, por dolorosa experiencia, que nuestra condición de pecadores, aunque radicalmente ha sido vencida en el bautismo, previve en su consecuencia y en la que todos necesitamos sanidad interior. Un gran aporte del movimiento de renovación carismática ha sido precisamente insistir en la necesidad de que todos tenemos la sanidad interior. Lo son los odios y venganzas toda las conscupicencias y todos los pecados causa estragos en nosotros y en la vida eclesial. Ciertamente no surge el cerrarnos; para la fuente de sanidad brota de la Eucaristía. La acción sanado hora del espíritu Santo es la misma acción pneumática, que hacer posible la epíclesis y permite al que recibe el Señor, avanzar en sus transformaciones en su cristificacion. El que comulga, poco a poco, va haciéndose subir el ideal Paulino de no ser uno mismo, sino Cristo que vive sana en nosotros. La " presencia " eucarística en el Sagrario. Si algo hace diferente un templo católico del de otras confesiones cristianas es la "presencia” del Señor en el Sagrario. Esa " presencia " irradia toda actividad a los cristianos que allí se congregan en asamblea. El problema pastoral gravísimo es el de la opacidad de nuestro Sagrario con en el sentido de olvidar y archivar como un mero dato la presencia eucarística del Señor. Sabemos que está ahí pero procedemos como si no estuviera. Tenemos en nuestra comunidad al mismo Señor y no nos preocupamos de ir a donde el y beber de él en nuestra vida interior. Somos de una en consecuencia y de una miopía que debería avergonzarnos. Muchos cristianos se conforman como con un simulacro de genuflexión con una venía a medida y hacemos nuestra la presencia de el y por eso mismo de ella no deriva y no vemos la consecuencia lógica. Somos muchas veces uno miserables pobretones a los pies de un tesoro que está a nuestra disposición. Si queremos que la Eucaristía sea fuente tenemos que revalorar en nuestra vida la experiencia de la presencia de Cristo en el Sagrario. No es que el Señor está sólo necesita de nuestra compañía con es al contrario, que nosotros estamos terriblemente solo y desamparados y lo necesitamos a el. La Eucaristía fuente de la vida eclesial. En este punto quiero resaltar otros cuatro aspectos complementarios: La Eucaristía como fuente de evangelización: El gran aporte del congreso eucarístico de Sevilla es éste, sobre todo por el punto que se refiera a los requisitos para dejarlo pasar la riqueza evangelizadora de la celebración eucarística. Ellos son dos, de acuerdo con el cardenal Martini: 1. Educar a nuestros fieles en los diferentes lenguajes de la celebración eucarística bíblico, eucológico, ritual, simbólico, gestual, y icónico etc): Educar en la participación para que se establezca una verdadera cooperación ministerial madura, amplia y pluralista. La evangelización brota del Eucaristía dentro de un triple proceso que comienza con las catequesis, entendida como evangelización para la Eucaristía; continua en la celebración, entendida como la realización dentro del Eucaristía y concluye en el compromiso, entendido como la agilización de pues de la Eucaristía. El contenido evangelizador brota de lo carestía es, en primer lugar la manifestación del misterio trinitario; para seguir inmediatamente la manifestación de la liberación pascua al; pasando por la dimensión sacrificios al redentora; todo lo cual consolida la unidad eclesial; exige, celebra idealiza la reconciliación; aumenta el convivio para perla justicia y de aliento a la admisión celestial, " fuente y fuerza para la misión ", de acuerdo con la encíclica "Redempotris Misio " de Juan Pablo II. La Eucaristía de dónde brota la unidad de la iglesia. La división de la Iglesia es el gran obstáculo. "No obstante esta limitación la iglesia se siente obligada a celebrar constantemente la Eucaristía, porque en ella encuentra el mismo tiempo su identidad y su verdad, su anuncio de unidad y de su denuncia profética de división, así como también su posibilidad de edificación en la comunión eclesial con ella. El Cuerpo eclesial y cuerpo carismático aparecen vinculados en el nuevo testamento. Eucaristía y comunión eclesial se exige y corresponden mutuamente. Esta unidad confesada y celebrara clama por una realización más plena y ecuménica. En la que la Eucaristía sea en verdad el lugar de comunión y edificación de todos en el mismo cuerpo de Cristo. La Eucaristía como fuente de liberación. El congreso eucarístico internacional que se realizó hace un mes en Wroclaw va a insistir en esta dimensión, partiendo de la dura experiencia vivida en la iglesia de Europa oriental durante el largo régimen comunista, sucesor en muchos de esos países de la dictadura nazi. La Eucaristía nos hace libres porque en Cristo ha querido conservarse en ella como nuestro redentor liberador. Cristo se nos ofrece libremente en el pan eucarístico y el anunciar la eucaristía signifique evangelizar la libertad. La adoración eucarística y valoración por la libertad. En la adoración eucarística se encuentran dos libertades, la infinita de Dios en Cristo que se ofrece asimismo y la finitud del hombre que se acerca. Delante del Santísimo se puede realizar este encuentro esencial con Cristo, " por encima de la apariencia y de la superficialidad en la que a veces vivimos". Para nosotros en América latina tiene una especial resonancia este aspecto, porque la auténtica teología de la liberación, querida y estimulada por el Santo padre en sus Cartas a los episcopados de Brasil y de Perú, y desarrollada de acuerdo con las dos instrucciones de la congregación de la Doctrina de la Fe, siempre entiende que es de la Eucaristía dónde brota la liberación integral. La importancia de la " Statio Orbis" (Los C.E.I) Concluyo esta parte, señalando que la Iglesia cada cuatro años profundiza la fontanidad de la eucaristía con los congresos eucarístico internacionales. Este es un proceso de continuo "Aggiornamento" y permite enriquecernos con el estudio de diversos aspectos de la eucaristía. Cada "Statio Orbis", permite reconocer el sentido de la Eucaristía y debe iluminar con el esplendor de la verdad eucarística a todas las naciones de la tierra y especialmente las de nuestra América latina. Nos permite a todos vivir el sentido de la verdadera catolicidad y poco a poco también la ecumenicidad. La Eucaristía fuente de la vida sacramental. Ahora para concluir, sólo quiero señalar, a manera de síntesis dos grandes aspiraciones, que no puede explicar, porque sería repetir. Ellas son: La Eucaristía como el " gran " Sacramento eclesial. No hay nada que pueda compararse con la carestía, en ella se concentra la dimensión sacramental, es decir salvadora de la iglesia. Así como Cristo es el sacramento del padre, la Iglesia es el Sacramento de Cristo, la eucaristía es el sacramento de la iglesia y en relación con ella todo lo sacramentos tienen su más profundo significado, por eso la eucaristía es el " gran " Sacramento, el Santísimo Sacramento. La Eucaristía como fuente de la mistagogia sacramental. Es el la Eucaristía en donde se pueden " gozar " profundamente el misterio. Tenemos que aprender mucho de los venerables mitos orientales unidos a Roma sobre la eucaristía como fuente de la mistagogia sacramental y el tiempo de pascua especialmente para profundizar en este aspecto. Conclusión. Voy a terminar con dos jaculatorias dirigidas al Santísimo Sacramento " mi dulce amor y Consuelo, quien te amara tanto de amor muriera " y " bendito, alabado y adorado sea el Santísimo Sacramento del altar".

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