sábado, 3 de agosto de 2013

LECTURAS DE LA EUCARISTIA DEL DOMINGO 4 DE AGOSTO DE 2013



DOMINGO XVIII DURANTE EL AÑO. CICLO C.
LECTURAS DEL DOMINGO 4 DE AGOSTO DE 2013

¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo?

LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIASTÉS 1, 2; 2, 21-23

¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet.

¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!

Porque un hombre que ha trabajado

con sabiduría, con ciencia y eficacia,

tiene que dejar su parte

a otro que no hizo ningún esfuerzo.

También esto es vanidad y una grave desgracia.

¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo

y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?

Porque todos sus días son penosos,

y su ocupación, un sufrimiento;

ni siquiera de noche descansa su corazón.

También esto es vanidad.


Palabra de Dios.

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SALMO RESPONSORIAL 89, 3-6. 12-14. 17

R. Señor, Tú has sido nuestro refugio.


Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».

Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche. R.


Tú los arrebatas, y son como un sueño,

como la hierba que brota de mañana:

por la mañana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita. R.


Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...?

Ten compasión de tus servidores. R.


Sácianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;

que el Señor, nuestro Dios,

haga prosperar la obra de nuestras manos. R.


EVANGELIO
Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO
A LOS CRISTIANOS DE COLOSAS 3, 1-5. 9-11

Hermanos:

Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la esperanza de ustedes, entonces también aparecerán ustedes con Él, llenos de gloria.

Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Tampoco se engañen los unos a los otros.

Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquél que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Palabra de Dios.



EVANGELIO
¿Para quién será lo que has amontonado?

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS 12, 13-21

Uno de la multitud dijo al Señor: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».

Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida".

Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?"

Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».


Palabra del Señor.

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Reflexión

TODO PASA Y TODO QUEDA, PORQUE LA VIDA ES PASAR

1.- Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? La parábola del hombre rico y sus placenteros planes para el futuro debe ser para nosotros un motivo de reflexión seria y realista sobre nuestra vida. Es evidente que todos queremos vivir bien ahora y asegurarnos una vida buena para el futuro. Pero no debemos pasarnos la vida pensando en el futuro, porque el futuro está escrito en las estrellas y no alcanzamos a leerlo. Tenemos la obligación, claro está, de hacer bien lo que hacemos ahora y tenemos también la obligación de programar en lo posible nuestro más inmediato futuro. Pero, como nos dice la parábola, sabiendo que no sabemos ni siquiera lo que va a ocurrir mañana. Sobre todo, con el dinero y con los bienes materiales hay que procurar siempre ser muy realistas y dueños de nosotros mismos. Convertirse en esclavo del dinero y de los bienes materiales presentes, para asegurarnos un futuro económicamente seguro es algo peligroso. Porque, como decía alguna
canción que yo ya no recuerdo, en la vida todo pasa y pasamos irremediablemente nosotros.


Por amor a un futuro incierto, no seamos esclavos del presente cierto. Ser precavidos, sí, porque también es verdad que en la vida todo queda, es decir, el futuro es siempre continuación de un presente, pero sin absolutizar el futuro. La frase final de esta parábola deja todo muy claro: así será el que amasa riquezas para sí y no es rico para Dios. Amasar riquezas para sí es amasar riquezas por puro amor a las riquezas, olvidándonos de Dios y de su mandamiento del amor al prójimo. Nuestros bienes materiales deben estar siempre subordinados a nuestros intereses espirituales. Lo único absolutamente necesario en esta vida es tener nuestra conciencia en paz con Dios y esto no se consigue almacenando riquezas para sí y siendo pobres para Dios.


2.- Vanidad de vanidades, todo vanidad. Estas palabras de Cohélet, hijo de David, rey de Jerusalén, en este libro que llamamos “Eclesiastés”, las hemos dicho todos alguna vez y las hemos oído decir muchísimas veces. Porque todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido y experimentado la verdad de esta frase. Nuestras ambiciones y nuestras ilusiones nos han hecho más de una vez trabajar y trabajar en balde, sin haber recibido fruto alguno de nuestro trabajo. ¡Tanto esfuerzo y tantas esperanzas como puse en esto, nos decimos, para nada! No es que debamos ser pesimistas e indiferentes en nuestra manera de pensar y actuar, no, pero sí debemos ser siempre realistas y equilibrados en nuestras actuaciones y en nuestros cálculos y proyectos. Yo no creo que, en nuestra vida, todo sea vanidad de vanidades, pero sí creo que mucho de lo que el ser humano hace, piensa y anhela es vanidad. La realidad acabará poniéndonos siempre a cada uno en nuestro verdadero sitio.

3.- Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestíos del nuevo. El tema del “hombre viejo” y “hombre nuevo” en san Pablo es de sobra conocido por todos nosotros. Procuremos ser siempre hombres nuevos, dirigidos por el espíritu de Cristo, despojándonos del hombre viejo, no siendo esclavos de los impulsos de la carne y de las ambiciones de este mundo.

Gabriel González del Estal
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EVANGELIO Y ÉTICA

1.- La búsqueda del sentido de la vida. "¿Por qué? ¿Para qué? No vale la pena. Todo es absurdo". ¿Os habéis hecho alguna vez estas preguntas? Tarde o temprano, en una u otra ocasión, el hombre topa con estas preguntas. Unas veces, cuando se ve asediado por la soledad. Otras, cuando el dolor inunda su vida. O cuando todo se vuelve absurdo. O cuando después de unos momentos alegres nos queda un sabor amargo. O cuando la muerte pasa a visitar a alguno de nuestros seres más queridos. O cuando un gran amor que prometía una felicidad inmensa se rompe para siempre. Esta sensación es la que tiene el autor del Eclesiastés. La conocidísima expresión, "vaciedad de vaciedades" es profundamente pesimista. Podríamos traducir por el "total sin-sentido". Recordemos que trabajar y no disfrutar, trabajar para otros, es una de las maldiciones clásicas de la ley y los profetas. Piensa el autor que hay hombres que se condenan a sí mismos a semejante maldición. Aunque el Qohélet no se lo llega a plantear así, estas palabras muestran la necesidad de una trascendencia, de una apertura hacia algo más que la limitación del hombre.

La vida del hombre cerrada sobre sí misma es un imposible. Qohelet quiere comprender el sentido de la vida, da vueltas en torno a ella, pero se estrella siempre ante el muro de la muerte. Por eso lanza su grito desconsolado: "todo es fatiga". No tiene sentido una actividad cuyo fin es la misma actividad. Esto es lo que le pasa al hombre del siglo XXI. Una de las formas de salir de este círculo opresor será el de apagar nuestra sed fundamental ayudando a apagar con nuestro mayor bien, que es la vida, la sed de los demás. Todo este modo de pensar, oscuro e imperfecto, se aclarará con la luz que aporta el hecho de Jesús. La vida adquiere nuevo sentido desde la fe en Jesús.

2.- La codicia es el origen de todos los males. En el evangelio Jesús comienza no aceptando el papel de juez que toda autoridad religiosa podía ejercer en la sociedad judía. Lo que a Jesús en realidad le interesa es la raíz generadora del conflicto. Lo importante es detectar y combatir la causa, el tratamiento en profundidad. ¿De qué serviría solucionar el caso concreto si no se ataca la raíz de la que pueden brotar otros mil casos más? Esta raíz es la codicia y constituye el tema central del texto. Con fina ironía y gran sentido común y del humor, Jesús hace ver lo absurdo y ridículo de una actitud que es incapaz de prolongar, siquiera un segundo, la propia vida. La codicia está en el origen de la corrupción de las personas públicas, que no se conforman con lo que les corresponde, sino que intentan aprovecharse del puesto privilegiado que ocupan.

3.- Fe y estilo de vida. La ambición del tener es insaciable. Convierte a los que deberían ser servidores de la sociedad en corruptos aprovechados. Incluso les lleva a apropiarse de lo que pertenece a los parados y a los excluidos de nuestra sociedad. Es necesario que todos comprendamos que creer en Jesucristo conlleva un comportamiento ético. Es urgente la regeneración ética de nuestro mundo. Quizá tenga razón Gandhi cuando decía que con el mensaje evangélico ha ocurrido lo que con esa piedra depositada en el fondo de lago. El agua no ha impregnado su interior. Necesitamos cambiar, convertirnos, transformar nuestra vida. Quizá hemos insistido demasiado en algunos sacramentos y nos hemos olvidado del principal, que es el amor y la justicia. La Doctrina Social es la gran desconocida e ignorada por parte del cristiano. Comentando este evangelio, San Agustín propone el dominio de sí mismo, la generosidad y el valorar los bienes comunes más que los propios como camino auténtico para encontrar el sentido de la vida:

“No ames demasiado tus bienes que pueden perecer, pues perderás sin duda los imperecederos. «Yo -dices- no quiero ni perder lo mío, ni apropiarme de lo ajeno». Esta excusa o pretexto es señal de cierta codicia, no gloria del amor. Del amor se dijo: No busca las cosas propias, sino lo que interesa a los demás (1 Cor 13,5; Flp 2,4). No busca su comodidad, sino la salvación de los hermanos. Pero aún da un paso más Jesús. La codicia no sólo es incapaz de hacer vivir más o menos, sino que además incapacita para el desarrollo de las propias capacidades. Jesús resalta una fundamental: la capacidad de relación con Dios. Matando esta capacidad, la codicia mata al propio codiciosos.

José María Martín OSA
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¡DIOS! ¡TESORO A LA VISTA!

1.- En cierta ocasión murió un hombre profundamente creyente. Durante toda su existencia intentó llevar una vida sencilla y sin estridencias. Cerró los ojos al mundo con la misma serenidad con la que los mantuvo abiertos ante los muchos acontecimientos que se le presentaron en su caminar.

Desde siempre le preocupó querer y disfrutar aquello que hacía. Y, por ello mismo, antes de presentarse ante Dios les dijo a los suyos: “temo que Dios pueda decirme que no estuve suficientemente pendiente de Él”.

Cuando se presentó ante Dios, el hombre creyente, dijo: “perdóname si mis fuerzas las dediqué más a lo material que hacia lo espiritual”. Dios le contestó: “¿Cómo puedes decir eso amigo mío?”. “Cada mañana cuando despertabas me ofrecías tu trabajo. Después de realizarlo me dabas las gracias por la fuerza que yo te inspiraba. Cuando, a final de mes, te correspondían con el sueldo, supiste dejar una parte aunque fuera muy pequeña, para las necesidades de los otros. En varias ocasiones, y por tu posición en la empresa, tuviste oportunidad de haberte convertido en un pequeño ladronzuelo y, por si fuera poco, nunca pudo contigo el afán de poseer o de aparentar lo que no podías alcanzar. Entra amigo y disfruta de este gran paraíso”.

Estamos metidos de lleno en este verano del 2013 y, cuando leo el evangelio de este domingo de agosto, concluyo que la vida entera es un prolongado tiempo estival (en unos, dura más, que en otros) donde tenemos dos opciones:

a) O dedicarnos a un simple y caduco bronceado del cuerpo (el sol achicharrante del materialismo puro y duro).

b) O procurar un bronceado más profundo que afecte también al alma que llevamos dentro (la brisa que de diversas maneras Dios nos sopla).

2.- ¿Cómo se broncea el cuerpo?

-Con el gel de “la codicia” nos creemos administradores y dueños de todo. Luego, cuando discurre el tiempo, vemos que con el dinero no puede añadir ni un día más a nuestra vida o a la salud del cuerpo.

-Con el bronceador de “la ambición” olvidamos que somos caducos y hasta nos puede producir ceguera para lo espiritual. Pasan los años y nos damos cuenta que no llena de felicidad el mundo de las cosas sino el mundo de Dios.

-Con la loción del “trabajo como ganancia” tendremos más pero, tal vez, perderemos muchas sensaciones necesarias para ser de verdad felices.

-Con la crema de “la riqueza” conseguiremos prestigio y relevancia social pero, cuando nos visite la ruina, ¿nos acompañarán los que nos aplaudieron siendo ricos?.


3.- ¿Cómo se broncea el alma?

-Con el gel de “la conformidad”. Amando y disfrutando de los bienes materiales que uno tiene y, siendo consciente, que el origen de todo está en una fuerza superior: DIOS,

Con el bronceador de “la libertad” nos protegeremos del virus de la ambición de ser dioses y de sentirnos prepotentes frente a los demás. Nos daremos cuenta que uno anda mejor por la vida cuando sabe valorar sus propias limitaciones.

-Con la loción del “trabajo como perfección” sabremos que nunca podrá más la ocupación que el cultivo de la amistad, la oración, la fe, la espiritualidad personal, etc.

-Con la crema de “la sobriedad” no estaremos expuestos al sol del egoísmo o de la insolidaridad. Siendo sobrios es como se consigue un camino para dar con la auténtica riqueza de los hijos de Dios.

Todos, desde el momento en que nacemos, tenemos abierta una cuenta corriente en la gran caja de ahorros que existe en el cielo. Una cuenta donde los ángeles administrativos van apuntando los esfuerzos y los intentos que los creyentes vamos haciendo en la tierra para darle brillo y bronceado celestial a nuestra vida cristiana.

Y también todos, desde el instante en que fuimos bautizados, vamos restando a esa cuenta con la ambición y el afán de poseer, el aparentar, el acaparar o el olvido de Dios por dejarnos arrastrar por la seducción de la riqueza.

Qué ilustradora es aquella sentencia: “no es rico quien más tiene sino quien menos necesita”. O también aquella otra: “La avaricia es un constante vivir pobremente por miedo a la pobreza” (San Bernardo de Clairvaux).

Javier Leoz
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Santoral: San Juan María Vianney, San Aristaco, Beato Federico Janssoon, Beato Gonzalo Gonzalo.


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA 03 DE AGOSTO DE 2013


17º Semana del tiempo ordinario. Ciclo C.
Sábado, 3 de Agosto de 2013
En el año jubilar, cada uno regresará a su propiedad

LECTURA DEL LIBRO DEL LEVÍTICO 25, 1. 8-17

El Señor dijo a Moisés sobre la montaña del Sinaí: Deberás contar siete semanas de años -siete veces siete años- de manera que el período de las siete semanas de años sume un total de cuarenta y nueve años. Entonces harás resonar un fuerte toque de trompeta: el día diez del séptimo mes -el día de la Expiación- ustedes harán sonar la trompeta en todo el país. Así santificarán el quincuagésimo año, y proclamarán una liberación para todos los habitantes del país. Éste será para ustedes un jubileo: cada uno recobrará su propiedad y regresará a su familia. Este quincuagésimo año será para ustedes un jubileo: no sembrarán ni segarán lo que vuelva a brotar de la última cosecha, ni vendimiarán la viña que haya quedado sin podar; porque es un jubileo, será sagrado para ustedes. Sólo podrán comer lo que el campo produzca por sí mismo. En este año jubilar cada uno de ustedes regresará a su propiedad. Cuando vendas o compres algo a tu compatriota, no se defrauden unos a otros. Al comprar, tendrás en cuenta el número de años transcurridos desde el jubileo; y al vender, tu compatriota tendrá en cuenta el número de los años productivos: cuanto mayor sea el número de años, mayor será el precio que pagarás; y cuanto menor sea el número de años, menor será ese precio, porque lo que él te vende es un determinado número de cosechas. No se defrauden unos a otros, y teman a su Dios, porque Yo soy el Señor, su Dios.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 66, 2-3. 5. 7-8
R. ¡Que todos los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.

Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto: el Señor, nuestro Dios, nos bendice.

Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.

EVANGELIO
Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a informar a Jesús


EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 14, 1-12

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y ésta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor.

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Reflexión

Lv. 25, 1. 8-17. Año jubilar; año de gracia; todo retorna a su legítimo dueño: los esclavos, la tierra; se recobrarán las propiedades y se volverá a la familia. En Cristo, Dios ha proclamado para nosotros el Año de Gracia del Señor. Ese año se cumple hoy para nosotros, perdurará hasta el final de los tiempos. Nosotros, por medio de la Sangre de Cristo, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado; volvemos a Dios, nuestro legítimo Dueño; y volvemos no sólo como criaturas, sino elevados a la dignidad de hijos suyos, por nuestra unión a su Hijo amado. No volvamos esta liberación y este año de gracia en una nueva esclavitud, a causa de nuestros pecados. No sea que nos suceda lo que dice la Escritura en otro lugar: Como el perro vuelve a su vómito, el necio insiste en su estupidez. Si hemos sido salvados por Cristo, dejémonos conducir por su Espíritu.

Sal. 67 (66). Parece resonar aquella bendición con la que Aarón bendecía a los Israelitas: El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor te muestre su rostro y te dé la paz. Puesto que Dios se ha convertido para nosotros en una bendición juzgando al mundo con justicia y concediéndonos abundantes cosechas para alimentarnos, que todos lo alaben con júbilo y que le rinda honor el mundo entero. Y ¿cómo no alabar a Dios si por medio de su Hijo Jesucristo el Señor nos bendijo con toda clase de bendiciones? Por eso confiemos en Él, pues si nos ha dado lo más preciado que es su Hijo, cómo no nos va a conceder todo lo que le pidamos en su Nombre, siempre y cuando eso no estorbe nuestro camino de salvación? Por eso, que Dios sea bendito por siempre. Mt. 14, 1-12. Parece que la voz de la conciencia de aquello que uno ha hecho para perjudicar a los demás no puede acallarse tan fácilmente. Sólo quien ha perdido la conciencia de un Dios que es Padre, que nos pide amarnos y respetarnos como hermanos; sólo quien ha perdido la capacidad de confrontar sus acciones con la Palabra de Dios, con los auténticos valores, o por lo menos con la ley natural, vivirá sin trascendencia; sus intereses serán sólo temporales y al final pensará que perecerá como los animales. Quien, finalmente haya perdido el sentido de sus actos que destruyen a su prójimo tendría que preguntarse qué sentido tiene para él creer en un Dios a quien le reza, tal vez para cometer tropelías, pero no para saber amar; para saber reconocer ante Él los propios errores e iniciar una vida donde la Palabra de Dios no se tome como un juego sino como un compromiso para proclamarla no sólo con las palabras, sino con una vida que se renueve por obra del Espíritu Santo. No basta entristecerse por el mal que uno ha cometido; es necesario volver la mirada hacia Dios para podernos encontrar con Él y, desde Él, podernos encontrarnos con nuestro prójimo para tenderle la mano y no para destruirlo; para salvarlo, no para condenarlo. En esta Eucaristía el Señor nos reúne en torno a Él, libres de la esclavitud de nuestros pecados. En Cristo nos bendice, nos manifiesta su Rostro Misericordioso y nos da su Paz. Él sabe que hay muchas cosas que tenemos que corregir, que hay muchas más que oprimen nuestra conciencia. A pesar de todo Él nos ofrece su perdón. Él espera de nosotros que desaparezca el corazón de piedra y estrenemos un corazón nuevo, de carne, capaz de amar; Él infunde en nuestro corazón su Espíritu Santo para que amemos en el mismo estilo como nosotros hemos sido amados por Cristo. Ese estilo de amor lo celebramos en esta Eucaristía, donde contemplamos la entrega Pascual de Cristo: Su pasión, su muerte, su resurrección, su glorificación. ¿Queremos estar donde Él está? No hay otro camino sino el de la Pascua de Cristo que hacemos nuestra, no sólo para aprovecharla, sino para hacerla un signo de amor concreto en favor de nuestro prójimo. Hemos sido enviados a proclamar el Año de Gracia del Señor. Seamos esa Buena Noticia de amor para nuestro prójimo. Que los intereses temporales que muchas veces mueven los pensamientos y las voluntades de las gentes de hoy no ofusquen nuestras decisiones, de tal forma que se conviertan en un criterio equivocado de acción para quienes creemos en Cristo. Es cierto que por el Nombre de Cristo podemos dejarnos golpear en las dos mejillas, y dejar que nos despojen de lo que tenemos, incluso entregar nuestra vida, como testimonio supremo de nuestra fe en el Señor. Sin embargo, no podemos utilizar el Nombre del Señor para despojar, golpear, asesinar a los demás. Las guerras santas jamás pueden ser justificadas, pues el Dios-Amor-

Misericordia por medio de su Hijo no vino a condenar, sino a salvar todo lo que se había perdido; y a quienes creemos en Él no nos envió a condenar, sino a salvar; no nos envió a dar una noticia de destrucción y de muerte, sino la Buena Noticia del Amor Fraterno y de la necesidad de abandonar los caminos de maldad y de volver a Dios para actuar, no conforme a nuestros criterios, muchas veces mezquinos, sino conforme a los criterios de Dios, que es Amor, que es Verdad, que es Vida y que, así, se convierte en Camino que hemos de seguir con lealtad, si es que en verdad somos personas de fe, y no manipuladores de esa fe para amoldarla a nuestros caprichos y visiones equivocadas. Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir con toda lealtad nuestra fe. Que seamos portadores de la misma Bendición con que nosotros hemos sido bendecidos en Cristo. Así, con una conciencia limpia, podremos en verdad, no sólo llamarnos, sino ser hijos de Dios que trabajen para que el Reino del Dios-Amor se haga realidad en todos los corazones. Amén.

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Reflexión: Homilía católica
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Santoral: San Pedro Julián Eymard, Santa Lidia y Santa Juana de Chantal

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA 2 de Agosto de 2013



Viernes, 2 de Agosto de 2013
17º Semana del tiempo ordinario. Ciclo C. 
En las fiestas del Señor convocarán las asambleas litúrgicas .

LECTURA DEL LIBRO DEL LEVÍTICO 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37

El Señor dijo a Moisés: «Las fiestas del Señor, las asambleas litúrgicas que ustedes convocarán a su debido tiempo, son las siguientes: En el primer mes, el día catorce, al ponerse el sol, se celebrará la Pascua del Señor, y el quince de ese mismo mes tendrá lugar la fiesta de los Ácimos en honor del Señor. Durante siete días comerán panes sin levadura. El primer día tendrán una asamblea litúrgica y no harán ningún trabajo servil. Durante siete días ofrecerán una ofrenda que se quema para el Señor. El séptimo día habrá una asamblea litúrgica y ustedes no harán ningún trabajo servil».

El Señor dijo a Moisés: «Habla en estos términos a los israelitas: Cuando entren en la tierra que Yo les doy y cuando recojan la cosecha, entregarán al sacerdote la primera gavilla. El día siguiente al sábado, él la ofrecerá al Señor con el gesto de presentación, para que les sea aceptada.

También contarán siete semanas, a partir del día en que entreguen la gavilla ofrecida con el gesto de presentación, o sea, a partir del día siguiente al sábado. Las semanas deberán ser completas. Por eso tendrán que contar hasta el día siguiente al séptimo sábado: cincuenta días en total. Entonces ofrecerán al Señor una ofrenda de grano nuevo.

Además, el décimo día del séptimo mes, será el día de la Expiación. Habrá una asamblea litúrgica, observarán el ayuno y presentarán una ofrenda que se quema para el Señor.

Además, el día quince de este séptimo mes se celebrará la fiesta de las Chozas en honor del Señor, durante siete días. El primer día habrá una asamblea litúrgica, y ustedes no harán ningún trabajo servil. Durante siete días presentarán una ofrenda que se quema para el Señor. Al octavo día, celebrarán una asamblea litúrgica y presentarán una ofrenda que se quema para el Señor: es una asamblea solemne y ustedes no harán ningún trabajo.

Éstas son las fiestas del Señor, en las que ustedes convocarán las asambleas litúrgicas y presentarán ofrendas que se queman para el Señor -holocaustos, oblaciones, sacrificios y libaciones, según corresponda a cada día-».

 Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 80, 3-6b. 10-11b
R. ¡Canten con júbilo al Señor; nuestra fuerza!

Entonen un canto, toquen el tambor, y la cítara armoniosa, junto con el arpa. Toquen la trompeta al salir la luna nueva, y el día de luna llena, el día de nuestra fiesta. R.

Porque ésta es una ley para Israel, un precepto del Dios de Jacob: El se la impuso como norma a José, cuando salió de la tierra de Egipto. R.

No tendrás ningún Dios extraño, no adorarás a ningún dios extranjero: Yo, el Señor, soy tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

EVANGELIO
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿De dónde le vendrá todo esto?

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 13, 54-58

Al llegar a su pueblo, Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.

«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»

Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia» .

 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Palabra del Señor

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Reflexión

 Lv. 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34-37. Después de que el Pueblo de Dios termine su caminar por el desierto y tome posesión de la tierra prometida, recordará ese peregrinar viviendo en enramadas, como sus antepasados lo hicieron en tiendas de campaña en el desierto. Entonces, al cosechar, presentarán al Señor la primera gavilla de trigo, con gratitud hacia Quien les dio en posesión una tierra que mana leche y miel; y se prepararán para la Pascua comiendo panes ázimos en memoria de aquel momento en que, liberados por Dios y expulsados por quienes les tenían cautivos, no pudieron siquiera fermentar la masa para comer su pan. Memoriales, volver a vivir aquellas maravillas de Dios y darle gracias por sus beneficios y por su amor.

Nosotros, con un corazón renovado, presentamos al Señor nuestros dones que el Espíritu de Dios, que reposa en nosotros y que es para nosotros la Primicia de salvación que Dios nos otorga, los convierte en el Memorial de la Pascua y Glorificación del Señor.

Recordando que somos peregrinos hacia la Patria eterna, el Señor nos alimenta y fortalece con su Palabra y con el Sacramento de salvación. Que en medio de nuestros trabajos de cada día no nos olvidemos de trabajar por el Reino de Dios con el testimonio de nuestra propia vida, a la par que con nuestras palabras.

Sal. 81 (80). Dios nos ha manifestado su amor y su misericordia. Por eso alabemos y glorifiquemos su Santo Nombre. Si amamos al Señor, cumpliremos sus mandamientos; entonces Él hará su morada en nuestros corazones. Examinemos si en verdad el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo es único en nuestro corazón. Pues de nada sirve alabar al Señor si después entregamos nuestro corazón a falsos dioses simbolizados en la riqueza, en el placer, en el poder. Tendremos que escuchar nuevamente al Señor que se dirige a nosotros y nos pregunta: ¿Y para ti, quién soy yo? Ojalá y sea el centro de toda nuestra vida; ojalá y su Espíritu sea quien dirija nuestros pasos por el camino del bien; ojalá y que, a pesar de nuestras fragilidades que muchas veces nos hacen caer, pero sabiendo que el Espíritu de Dios nos pone en pié y nos hace caminar nuevamente en el bien, podamos decirle al Señor: Tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero.

 Mt. 13, 54-58. Pareciera que a veces sólo fuesen dignos de confianza y de ser escuchados como enviados de Dios aquellos que ostentan algún título, o que pertenecen a familias de alcurnia económica. Los de origen sencillo y pobre pareciera que muchas veces estuviesen condenados al ostracismo, a ser despreciados y a volverse ocasión de mofa para los demás. Jesús fue despreciado en su tierra por no pertenecer al grupo de los maestros de Israel, por no ser un Rabí. Despreciado por provenir de una familia pobre, humilde, sencilla. Es el hijo del carpintero, y su madre y hermanos y hermanas son bien conocidos por los del pueblo. ¿Qué caso tiene ir tras de alguien sobre el que se levantan muchas sospechas sobre el origen de su sabiduría y de sus poderes milagrosos? ¿Cómo va a ser el Mesías alguien a quien conocemos desde pequeño?

Negarse a creer en Cristo no está sólo significando la incredulidad de la mayoría de los judíos, sino la de todos aquellos que, por evitar un compromiso de fe con el Señor, prefieren continuar lejos de Él para evitar el ser cuestionados ante las propias actitudes pecaminosas. No seamos de aquellos de los que san Juan nos dice: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. El Señor nos reúne en torno suyo en esta celebración Eucarística, no para celebrar un rito mágico, sino para que renovemos ante Él nuestra Alianza de amor, y volvamos a hacer nuestro el compromiso de proclamar su Evangelio y construir su Reino entre nosotros.

El Señor a nadie de nosotros rechaza, ni tiene preferencia por alguna persona o por algún grupo. Más aún, a aquellos que se puedan creer puros y santos los quiere más comprometidos en la salvación de sus hermanos y en el esfuerzo por devolverles su dignidad. No es la ciencia humana, que muchas veces hincha a la persona, lo que le dará eficacia a la acción pastoral de la Iglesia. Es Cristo, con quien entramos en contacto; es Cristo que nos da su Vida y su Espíritu. Es Él, que continúa realizando su obra salvadora en la historia de nuestro mundo por medio de su Iglesia. A la par del ilustrarnos y profundizar en la Palabra de Dios y en el Misterio Pascual de Cristo, que hoy celebramos, debemos tener la apertura suficiente al Espíritu de Dios para dejarnos conducir por Él, pues no somos nosotros sino el Señor quien realiza su obra de salvación en nosotros, y por medio nuestro en el mundo entero, ya que sólo somos débiles instrumentos en sus manos y fieles siervos suyos. A pesar de que muchas veces la gente que nos conozca nos rechace, no podemos cerrarnos al anuncio y testimonio del Evangelio.

 El Señor ha encendido en nosotros la Luz de su amor, de su misericordia y de su gracia, y no podemos querer ocultarla cobardemente bajo nuestros miedos y temores, pues no hemos recibido un espíritu de cobardía, sino al Espíritu de Dios que amándonos a todos, quiere que todos nos salvemos y lleguemos al pleno conocimiento de la Verdad. Quienes nos reconocemos pecadores acudimos al Señor para recibir de Él su perdón.

Sólo quien se ha sentido comprendido, amado y perdonado por Dios puede convertirse en testigo de Él en el mundo. Quien se siente puro, quien piensa que Dios lo ha consagrado y lo ha alejado del mundo, vivirá aislado de todos; tal vez condenando a los pecadores, con una gran incapacidad de amar y de salvar. Debemos sentirnos pobres y necesitados de Dios para poder comprender la fragilidad de nuestro prójimo, y saber luchar para que también Él alcance la salvación que Dios ofrece a todos sin distinción.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de ser portadores de su amor y de su gracia al mundo entero, sin hacer entre nosotros distinciones inútiles, sino buscando el bien de todos como el Señor lo ha hecho para con todos. Amén.


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Reflexión: Homilía católica

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Santoral: Santoral: San Alfonso María de Ligorio, San Bernardo, Vu Van Duê, Santo Domingo Hanh  y Beata María Estela.

jueves, 1 de agosto de 2013

Padres, educadores y África en intenciones del Papa para agosto

Padres, educadores y África en intenciones del Papa para agosto

**La intención general del apostolado de la oración del Papa es: "Que padres y educadores ayuden a las nuevas generaciones a crecer con una conciencia recta y en una vida coherente".
**Y en su intención misionera dirigida al otro Continente de la Esperanza, pide: "Que las Iglesias locales en África, fieles al Evangelio, promuevan la construcción de la paz y la justicia".

Papa Francisco(3)

Papa Francisco(3)

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA

Jueves, 1° de Agosto de 2013
17º Semana del tiempo ordinario. Ciclo C.


Primera lectura
La nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 25, 8-9; 40, 16-21. 34-38

El Señor dijo a Moisés: «Me harás un Santuario y Yo habitaré en medio del pueblo. En la construcción de la Morada y de todo su mobiliario, te ajustarás exactamente a los modelos que Yo te mostraré». Moisés realizó exactamente todo lo que el Señor le había ordenado. En el segundo año, el primer día del primer mes, se procedió a la erección de la Morada. Para ello, Moisés asentó sus bases, colocó sus bastidores, dispuso sus travesaños y levantó sus columnas. Después extendió la carpa por encima de la Morada, y sobre ella colocó la cobertura de la carpa, como el Señor se lo había ordenado. En seguida tomó las tablas del Testimonio y las puso en el arca; sujetó las andas en el arca, y sobre ella colocó la tapa. Entonces condujo el arca hasta el interior de la Morada, colgó el velo que la protegía y así cubrió el Arca del Testimonio, conforme a la orden que el Señor le había dado. Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada. Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada. En todas las etapas del camino, cuando la nube se alzaba, alejándose de la Morada, los israelitas levantaban el campamento. Pero si la nube no se alzaba, ellos no se movían, hasta que la nube volvía a hacerlo. Porque durante el día, la nube del Señor estaba sobre la Morada, y durante la noche, un fuego brillaba en ella, a la vista de todo el pueblo de Israel. Esto sucedía en todas las etapas del camino.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 83, 3-6a. 8a. 11

R. ¡Qué amable es tu Casa, Señor del universo!

 Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente. R.

Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones, junto a tus altares, Señor del universo, mi Rey y mi Dios. R.

¡Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar! ¡Felices los que encuentran su fuerza en ti! Ellos avanzan con vigor siempre creciente. R.

Vale más un día en tus atrios que mil en otra parte; yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios antes que vivir entre malvados. R.

EVANGELIO
Recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 13, 47-53

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?»
«Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Palabra del Señor.

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Reflexión
Ex. 40, 16-21. 34-38. Al principio creó Dios una digna morada para el hombre. Ahora Dios pide a Moisés que le fabrique una morada para habitar en medio de su pueblo. Y Moisés construye el templo-tienda de campaña, conforme a la orden de Dios, siguiendo el modelo y dimensiones que le manifestó el Señor. Y el libro del Éxodo concluye con la posesión que Dios hace de ese templo, donde escuchará a Moisés y donde, con un signo de detenerse o levantarse de él, Dios indicará estacionarse o emprender la marcha.
Por medio del Evangelio se va construyendo en el interior de cada uno de nosotros un templo digno al Señor. Dios ha tomado posesión de nuestra vida por medio de la Fe y del Bautismo. Dios ha colocado en nuestro interior su Espíritu para que la Iglesia sea el lugar de encuentro entre Dios y los hombres, y podamos así, conforme al mandato del Señor, encaminar nuestros pasos hacia la posesión de la Patria eterna. Dios siempre irá con nosotros; a nosotros nos corresponde oír su voz y no endurecer ante Él nuestro corazón.

Sal. 84 (83). Los peregrinos, que se encaminan hacia Jerusalén para dar culto al Señor, se llenan de ánimo y fuerzas para continuar su camino, ante el anhelo no sólo de contemplar el Templo, sino de entrar en relación con Dios, que habita en el Templo. Consideran dichosos incluso a los pájaros que han hecho sus nidos cerca de los altares del Señor de los ejércitos. Quienes sirven al templo, más que una carga, tienen el gran honor de estar con el Señor día y noche.
Jesucristo nos ha abierto el camino que nos conduce hacia las moradas eternas; Dios es para nosotros el término de nuestro peregrinar por este mundo. Ojalá y no perdamos esto de vista, para que nuestros pasos no se desvíen por caminos equivocados, ni nos quedemos embotados por lo pasajero.
Nuestro caminar, hecho en comunidad de fe, ha de ser alegre, fraterno y solidario de unos con otros.
Así, guiados por un mismo Espíritu, encontraremos en el Señor y en el amor fraterno, fuerza para no desmayar en nuestro camino.

Mt. 13, 47-53. Nadie puede quedar excluido del anuncio del Evangelio. Todos pueden llegar a formar parte de la comunidad de fe que ha aceptado a Jesús como el Salvador enviado por el Padre, y que, engendrado en María Virgen por obra del Espíritu Santo, nos ha liberado del pecado y nos ha elevado a la dignidad de hijos de Dios por medio de su Misterio Pascual.
Sin embargo, no todos los que ha entrado a formar parte de la Iglesia pueden, por ese simple hecho, considerarse ya salvados.

Examinando nuestro propio interior nos vamos dando cuenta de que hay muchas cosas de las que continuamente necesitamos convertirnos. Ojalá y fuésemos totalmente buenos. Sin embargo, así como reconocemos nuestras miserias y pedimos al Señor que sea misericordioso con nosotros, así, por ningún motivo, podemos condenar a quienes vemos que han ido por caminos equivocados. Más bien hemos de salir a su encuentro para ayudarlos a redescubrir a Dios en su vida de tal forma que le den una respuesta cada día más comprometida con su fe.

Quien tiene a Dios podrá aprovechar la novedad del anuncio del Evangelio y de las enseñanzas contenidas en la Primera Alianza para que, con un nuevo lenguaje, con nuevos métodos y con un nuevo ardor, lo haga comprensible a todos, y capaz de transformar el corazón de quienes ven y escuchan a la persona de fe.

En esta Eucaristía el Señor nos ha convocado en su Templo Santo. Sin distinciones sociales ni culturales, el Señor nos ha recibido a todos en una comunidad de fe, que ha de desembocar en una comunidad de amor fraterno, con la esperanza de darle un nuevo rumbo a nuestra vida social. Dios quiere de nosotros personas que, día a día, se vayan transformando en un signo más claro y más perfecto de su amor en medio del mundo. No sólo espera que escuchemos su Palabra, sino que la hagamos nuestra y la dejemos dar fruto, fruto que nos haga convertirnos en un buen alimento, como los peces buenos, para cuantos nos traten.

Por eso, quienes participamos del Pan de Vida, no podemos ser, por nuestras palabras, obras, actitudes y vida, un alimento que envenene, que destruya a los demás. La Eucaristía nos ha de llevar a ser un signo de Vida y no de muerte para aquellos con quienes convivimos en nuestra vida ordinaria.

Puesto que el Señor habita en nuestros corazones como en un templo, jamás podemos decir que salimos de su presencia al concluir el culto que le tributamos junto con la comunidad de fieles. Somos portadores de Cristo; y toda nuestra vida debe convertirse en un lenguaje que proclame su Nombre ahí donde se desarrolle nuestra existencia. En el desierto la nube se posaba sobre el santuario de Dios. Nosotros, mejor aún: hemos sido revestidos de Cristo, hemos sido hechos un signo sacramental de Él para todos. Como signos del amor misericordioso de Dios, debemos proclamar su Evangelio a todos; y jamás podemos convertirnos en jueces implacables de los malvados, pues son a los pecadores a quienes ha sido enviada la Iglesia para salvarlos, no para condenarlos.

Por eso, al contemplar la miseria, el pecado en el mundo, tenemos que preguntarnos hasta dónde hemos tomado nuestra responsabilidad de hacer que la obra salvadora de Jesús siga llegando a todos, e impulsando su vida.

No queramos una Iglesia de puros, de santos inmaculados; tendamos hacia allá, hacia la perfección de nuestro Padre Dios, pero poniendo nuestro empeño en llamar a todos a una vida de santidad; hagámoslo con el testimonio de quien sabe perdonar, comprender y amar en el mismo estilo con que Dios nos ha amado por medio de Jesús, su Hijo.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre y Arca de la Nueva Alianza, ser portadores de Cristo desde la fe que nos une a Él, desde la esperanza que nos hace capaces de vislumbrar un mundo renovado en Cristo y caminar hacia Él afrontando todos los riesgos de haber puesto nuestra esperanza en Dios, hasta lograr que, en verdad, su amor nos una con el Padre Dios y con nuestros hermanos como un sólo pueblo que alabe, con el corazón y con los labios, al Señor, desde ahora y después en la eternidad. Amén.

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Reflexión: Homilia catolica

Obispos y fieles abarrotan Catedral de Santiago en Misa de desagravio

Obispos y fieles abarrotan Catedral de Santiago en Misa de desagravio

martes, 2 de julio de 2013

sábado, 30 de marzo de 2013

Catholic.net - Evangelio de hoy

Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia 

"En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado y de manera especial en la celebración del misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.

Acogiendo pues tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia" ..... " (Fragmento del Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000.

Indulgencias en el Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia


"Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti")".