viernes, 16 de agosto de 2013



LECTURAS DE LA EUCARISTIA
Viernes, 16 de Agosto de 2013

Primera lectura
Tomé al padre de ustedes del otro lado del Río: los hice salir de Egipto; los introduje en el país

LECTURA DEL LIBRO DE JOSUÉ 24, 1-13

Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos. de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo:
«Así habla el Señor, el Dios de Israel: tus antepasados, Téraj, el padre de Abraham y Najor, vivían desde tiempos antiguos al otro lado del Río, y servían a otros dioses. Pero Yo tomé a Abraham, el padre de ustedes, del otro lado del Río, y le hice recorrer todo el país de Canaán. Multipliqué su descendencia, y le di como hijo a Isaac. A Isaac lo hice padre de Jacob y de Esaú. A Esaú le di en posesión la montaña de Seír, mientras que Jacob , y sus hijos bajaron a Egipto.
Luego envié a Moisés y a Aarón, y castigué a Egipto con los prodigios que realicé en medio de ellos. Después los hice salir de Egipto, a ustedes y a sus padres, y ustedes llegaron al mar. Los egipcios persiguieron a sus padres, con carros y guerreros, hasta el Mar Rojo. Pero ellos pidieron auxilio al Señor: Él interpuso una densa oscuridad entre ustedes y los egipcios, y envió contra ellos el mar, que los cubrió. Ustedes vieron con sus propios ojos lo que hice en Egipto. Luego permanecieron en el desierto durante largo tiempo, y después los introduje en el país de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán. Cuando ellos les hicieron la guerra, Yo los entregué en sus manos, y así pudieron tomar posesión de su país, porque los exterminé delante de ustedes. Entonces Balac -hijo de Sipor, rey de Moab- se levantó para combatir contra Israel, y mandó llamar a Balaam, hijo de Beor, para que los maldijera. Pero yo no quise escuchar a Balaam, y él tuvo que bendecirlos. Así los libré de su mano.
Después ustedes cruzaron el Jordán y llegaron a Jericó. La gente de Jericó les hizo la guerra, y lo mismo hicieron los amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los guirgasitas, losjivitas y los jebuseos; pero Yo los entregué en sus manos. Hice cundir delante de ustedes el pánico, que puso en fuga a toda esa gente y a los dos reyes amorreos. Esto no se lo debes ni a tu espada ni a tu arco. Así les di una tierra que no cultivaron, y ciudades que no edificaron, donde ahora habitan; y ustedes comen los frutos de viñas y olivares que no plantaron».

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 135, 1-3. 16-18. 21-22. 24
 R.    ¡Den gracias al Señor, porque es eterno su amor!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno!
¡Den gracias al Dios de los dioses!
¡Den gracias al Señor de los señores! R.

Al que guió a su pueblo por el desierto,
al que derrotó a reyes poderosos
y dio muerte a reyes temibles. R.

Al que dio sus territorios en herencia,
en herencia a Israel, su servidor,
y nos libró de nuestros opresores. R.



EVANGELIO

Moisés les permitió divorciarse de su mujer; debido a la dureza del corazón de ustedes;
pero al principio no era así .

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 19, 3-12

Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?»
Él respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, "los hizo varón y mujer"; y que dijo: "Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne"? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?»
Él les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».
Sus discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse». Y Él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»

Palabra del Señor.

Reflexión
Jos. 24, 1-13. Todo es gracia. Todo lo hemos recibido de Dios. ¿Podremos gloriarnos de nuestros logros? ¿Acaso no hemos de decir al final: Somos siervos inútiles; sólo hemos hecho lo que debíamos hacer?
Sin embargo no hemos de perder de vista que somos colaboradores de la Gracia de Dios; que el Señor Jesús nos ha confiado la misma Misión que Él mismo recibió del Padre. Nosotros hemos sido enviados no sólo a anunciar el Evangelio, sino a unirlos a todos en Cristo, de tal forma que en Él todos lleguemos a ser hijos de Dios. Y esto también es una de las grandes maravillas que Dios realiza en nuestros días.

El autor González Cardedal en su obra "Raíz de la esperanza", escribe: El mundo es el resultado de un proyecto llevado a cabo conjuntamente entre el hombre y Dios ... En el actual designio de Dios para el mundo, ya no se valen ni Dios sin el hombre ni el hombre sin Dios. Y, efectivamente, así es porque esa fue su voluntad. Por eso la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado, debe convertirse para el mundo en la cercanía de Dios, en su Rostro lleno de bondad y de misericordia para con todos.

Por nuestro medio Dios sigue llamando a todos a la conversión y los sigue invitando a unirse a Cristo, verdadero Dios, pero también el Hombre perfecto para que, hechos uno con Él, lleguemos a nuestra plena realización.

Dios camina con nosotros; Dios nos llama a participar eternamente de su vida. Reconozcamos y aceptemos el amor que Él nos tiene, y dejemos que su Espíritu nos renueve constantemente hasta que, revestidos de Cristo, participemos, junto con Él, de los bienes eternos, como hijos amados del Padre.

Sal. 136 (135).
Dios siempre es bueno para con todos nosotros, a pesar de que muchas veces nosotros nos alejamos de Él y encadenamos nuestra vida al pecado, Él jamás ha dejado de amarnos. Él se hizo cercanía nuestra por medio de su Hijo, hecho uno de nosotros. Por medio de Él, como único camino de salvación, somos conducidos a la posesión de la Patria eterna. Por eso podemos decir que nuestra herencia no son los bienes temporales, sino aquella que le corresponde al Hijo único de Dios: la Gloria del Padre.
Sabemos que continuamente estamos sometidos a una diversidad de tentaciones, y que nuestra concupiscencia muchas veces nos lleva por caminos equivocados. Sin embargo no contamos con nuestras débiles fuerzas, sino con la Fuerza que nos viene de lo alto para salir más que victoriosos. Es el Espíritu del Señor el que nos revela la verdad completa, y el que nos fortalece para que permanezcamos fieles a Dios. Si vivimos por el Espíritu de Dios, marchemos tras del Espíritu hasta lograr nuestra perfección en Dios


Mt. 19, 3-12. El compromiso salvador de Jesús para con nosotros no es un juego. A Jesús no lo mueven los vientos; Él no es un sí y luego un no. Él nos ha dado su sí comprometido hasta sus últimas consecuencias. Él no busca razones para evadir su entrega como la manifestación suprema de su amor hacia nosotros. Él es el Esposo fiel, que da su vida para que nosotros tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

¿Qué habría sido de nosotros si el Señor hubiera sido como la persona que es infiel a su compromiso matrimonial, y que deja tirada su cruz y no vuelve a acordarse del compromiso hecho al ser amado no con criterios infantiles, sino como persona adulta y madura? Por eso Cristo, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Así, Él se unió a la humanidad y se desposó con ella para conducirla, como a su Esposa resplandeciente, a la Casa del Padre.

Jesús es el camino de la fidelidad donde el hombre abandona a su padre y a su madre, deja la casa en la que lo tiene todo, y se une a su esposa para hacerse uno con ella. Es cierto que no se acepta una persona perfecta, sino en camino de perfección. En ese camino el amor se convertirá en la mano que se tiende para que la persona llegue a ser la mujer o el hombre ideal que está en la mente del cónyuge. A pesar del sacrificio y del esfuerzo de cada día no se puede dar marcha atrás en el compromiso adquirido. Antes al contrario, este debe reforzarse día a día sabiendo que, incluso a costa de la propia vida, se logrará que el ser amado brille con la intensidad del amor de Cristo, y se convierta en un verdadero fruto de nuestros esfuerzos, y en el cumplimiento de nuestros deseos. Renunciar al compromiso matrimonial no sólo es infidelidad, es inmadurez, es egoísmo donde se busca la propia felicidad, y no la felicidad de la persona con quien se ha adquirido el compromiso de un amor auténtico y maduro.

La Eucaristía es la manifestación del amor de Dios hacia nosotros. El Señor, además de dar su vida por nosotros en la Cruz para el perdón de nuestros pecados, y de resucitar para darnos nueva vida, se convierte en el Esposo que entra en comunión con su Iglesia. Así, quienes le tenemos en nuestro propio ser, estamos llamados a identificarnos con Él teniendo un sólo corazón y un sólo espíritu.

¿Qué amigo más fiel que Él podremos encontrar en la vida? Sin embargo esto no sólo es un consuelo para nosotros; es, ante todo, un compromiso que nos hace caminar por la vida como un signo creíble del amor de Dios que, por medio nuestro, se acerca a toda clase de personas, no para engañarlas sino para decirles, con palabras y obras, cuánto les ama Dios.

En un mundo donde la infidelidad, el engaño y el fraude se ha apoderado de muchos corazones, los que creemos en Cristo estamos llamados a tomar más en serio a nuestro prójimo. Las injusticias, las tristezas, el rumbo perdido en la vida, la desesperación, nacen de sentirse engañado. No podemos continuar generando desequilibrios emocionales en las personas que nos rodean. Como consecuencia de los engaños viene la violencia y la destrucción. La inmadurez de la persona le hace incapaz de amar en serio.

Que los padres de familia no sean sólo máquinas para traer gente al mundo; es necesario que tomen en serio su papel educador de sus hijos. Educación que debe brotar del amor, y que nace en la familia. Lo que en la familia se aprende es lo que se vive. La escuela podrá prepararnos para desempeñar alguna actividad de modo profesional; sin embargo nuestras virtudes y nuestras lacras vividas como consecuencia de la educación recibida a favor o en contra en el seno familiar, nos acompañarán siempre. Podrá ser uno un buen médico, un buen litigante, un buen profesor; pero el carácter educado o no, la forma de tratar a las personas, los vicios que se van arrastrando no podrán tan fácilmente apartarse de uno si no se luchó por erradicarles desde la familia, y si no se educó para una vida responsable. Amar, amar como amigos, amar con todo el compromiso de fidelidad y sacrificio, significa generar vida. Divorciarse de la vida es generar muerte y destrucción. Y ese no es el camino de aquellos que creemos en Cristo.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la Mujer Fiel a la voluntad divina, la Mujer que le dio su Sí incondicional a Dios, la gracia de poder vivir, con toda fidelidad, nuestro sí al amor a Dios y nuestro sí a nuestro amor al prójimo, para hacerle siempre el bien y manifestarle, con nuestra vida, el amor que Dios tiene a la humanidad entera. Amén.

Homilia catolica

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Santoral:
Asunción de la Santísima Virgen María, San Arnulfo,
San Tarsicio, San Luis Batis Sáinz, Manuel Morales,
Salvador Lara y David Roldán, San Alfredo,
Beato Claudio Granzotto, Beato José María
Peris Polo, Beato Luis Masferrer y
compañeros mártires, Beata María
del Sagrario de San Luis Gonzaga

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miércoles, 14 de agosto de 2013

VIDEO: El Papa a Italia y Argentina: Recen por mí para que juegue un partido honesto y valeroso en el "campo" de Dios

VIDEO: El Papa a Italia y Argentina: Recen por mí para que juegue un partido honesto y valeroso en el "campo" de Dios

LECTURAS DE LA EUCARISTÍA DEL MIERCOLES 14 DE AGOSTO


Miércoles, 14 de Agosto de 2013

Primera lectura
Allí murió Moisés. como el Señor lo había dispuesto, y nunca más apareció un profeta igual

LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO 34, 1-12

Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó, y el Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, todo Neftalí, el territorio de Efraím y Manasés, todo el territorio de Judá hasta el mar Occidental, el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó -la Ciudad de las Palmeras- hasta Soar. y el Señor le dijo: «Ésta es la tierra que prometí con jura- mento a Abraham, a Isaac ya Jacob, cuando les dije: "Yo se la daré a tus descendientes". Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella».
Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto. Él mismo lo enterró en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor, y nadie, hasta el día de hoy, conoce el lugar donde está su tumba. Cuando murió, Moisés tenía ciento veinte años, pero sus ojos no se habían debilitado, ni había disminuido su vigor. Los israelitas lloraron a Moisés durante treinta días en las estepas de Moab. Así se cumplió el período de llanto y de duelo por la muerte de Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él; y los israelitas le obedecieron, obrando de acuerdo con la orden que el Señor había dado a Moisés.
Nunca más surgió en Israel un profeta igual a Moisés -con quien el Señor departía cara a cara- ya sea por todas las señales y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el Faraón, contra todos sus servidores y contra todo su país, ya sea por la gran fuerza y el terrible poder que él manifestó en presencia de todo Israel.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL  65, 1-3a. 5. 8. 16-17

R.    ¡Bendito sea Dios, que nos concedió la vida!

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.

Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres.
Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza. R.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia Él,
mi lengua comenzó a alabarlo. R.



EVANGELIO
 Si te escucha, habrás ganado a tu hermano

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 18,15-20

Jesús dijo a sus discípulos:
Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.

Palabra del Señor.

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Reflexión
Deuteronomio 34,1-12: Terminamos hoy la lectura del Deuteronomio, y con él, la del Pentateuco el grupo de los primeros cinco libros de la Biblia. Y lo hacemos con el relato sobrio por demás, de la muerte del gran protagonista de las últimas semanas.
Muere a la vista de la tierra que Dios había prometido a Abrahán y sus descendientes.
Los ciento veinte años no habría que entenderlos como números aritméticos, sino simbólicos: Moisés muere habiendo llevado a cabo la misión que se le había encomendado.
La historia sigue. Ahora, bajo la guía de Josué, el pueblo se dispone a la gran aventura de la ocupación de la tierra de Canaán. Pero, dentro de la discreción del pasaje, es lógico que se haga un breve resumen de la figura de Moisés y que se nos diga que «ya no surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara».
Gran profeta, amigo de Dios, solidario de su pueblo, hombre de gran corazón, líder consumado, gran orante, convencido creyente, que ha dejado tras sí la impresión de que no es él, un hombre, sino Dios mismo el que ha actuado a favor de su pueblo. El protagonista ha sido Dios. Incluso en su muerte, Moisés es discreto: no se conoce dónde está su tumba.
El salmo parece que pone en sus labios esta invitación: «Aclama al Señor, tierra entera, cantad himnos a su gloria, venid a ver las obras de Dios... venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo: a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua».
Ojalá se pudiera resumir nuestra vida, y la misión que realizamos, cada cual en su ambiente, con las mismas alabanzas que la de Moisés. Recordemos las veces que lo nombra el mismo Jesús. Y cómo en la escena de la Transfiguración en el monte, aparece Moisés, junto con Elías, acompañando a Jesús en la revelación de su Pascua y de su gloria.
¿Se podrá decir de nosotros que hemos sido personas unidas a Dios, que hemos orado intensamente? ¿y que hemos estado en sintonía con el pueblo, sobre todo con los que sufren, trabajando abnegadamente por ellos? ¿se podrá alabar nuestro corazón lleno de misericordia?
Tal vez no se nos permitirá ver el fruto de nuestro esfuerzo, como Moisés no vio la tierra hacia la que había guiado al pueblo durante cuarenta años de esfuerzos y sufrimientos. Pero no se nos va a examinar por los éxitos y los frutos a corto plazo, sino por el amor y la entrega que hayamos puesto al colaborar en la obra salvadora de Dios.

J. Aldazabal
Enséñame Tus Caminos

Mt. 18, 15-20. Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. Así, quien vive en Cristo es una criatura nueva en Él, pues todo don perfecto viene de Dios, que nos ha reconciliado consigo mismo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. No podemos, por tanto, satanizar y condenar a los malvados y pecadores. El Señor, que hecho uno de nosotros, entregó su vida para salvar a la humanidad entera, nos ha enviado a continuar su misión de Buen Pastor, buscando a la oveja descarriada hasta encontrarla para que, cargándola sobre nuestros hombros, la llevemos de vuelta a la comunión con Dios y con la Iglesia. Hemos de agotar hasta el último recurso con tal de liberar a nuestro prójimo de sus esclavitudes al pecado y a la muerte. No atemos, no condenemos; más bien desatemos y salvemos. El Señor ha confiado ese poder a su Iglesia. Cuando pareciera que ya todo es imposible, sin dejar de trabajar por el bien de los demás, acudamos al Señor y roguémosle que conceda su amor, su perdón, su paz, la salvación y la vida eterna a quienes pareciera que ya no tienen esperanza de ser renovados. Puesto que la salvación es un Don gratuito y libre de parte de Dios hacia nosotros, acudamos con fe al autor de nuestra salvación para que nos renueve y nos haga no sólo llamarnos sino vivir como hijos suyos, pues lo que a los ojos de los hombres es imposible, es posible para Dios.
El Dios paciente, lleno de amor y de misericordia hacia nosotros, nos reúne en esta Eucaristía para ofrecernos su perdón. A pesar de todo aquello que nos alejó de Él, Él quiere que renovemos nuestra Alianza de amor. Él no se complace en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva. Para eso el Señor derramó su Sangre por nosotros. Él intercede ante el Padre Dios por nosotros para que nos contemple con amor y nos perdone. ¿Habrá alguien que nos haya amado como Él? Dios no quiere alejarse de nosotros. Él está a la puerta y llama; si alguien le abre Él entrará y cenará con Él. Él nos sienta a la Mesa en esta Cena Pascual. No sólo quiere llegar a nosotros como visitante, sino como huésped que, al habitar en nosotros, nos convierta en templos suyos para que seamos santos, como Él es Santo. No cerremos nuestro corazón a su presencia salvadora. Ojalá y escuchemos hoy su voz y no endurezcamos nuestro corazón en su presencia.
La Iglesia de Cristo es un comunidad en diálogo; en diálogo permanente con su Señor para conocer su voluntad y para poder cumplirla con la ayuda del Espíritu Santo; en diálogo permanente con los demás miembros de este Cuerpo Místico de Cristo, de tal forma que viviendo la comunión pongamos mutuamente nuestros carismas para nuestra mutua edificación; en diálogo permanente con toda la humanidad para vivir la solidaridad que nos ayude a remediar los males y las pobrezas de muchos hermanos nuestros, pues desde Cristo ya no podemos hablar sólo de prójimos, sino de hermanos, que tal vez dispersó el pecado y los alejó en un día de tinieblas y nubarrones, pero que Dios no ha dejados de amarlos, ni ha dejado de llamarlos a la plena unión con Él. Como Iglesia no vayamos a los demás para condenarlos y alejarlos, sino para atraerlos a todos hacia Cristo para que en Él encuentren la salvación, y recuperen el compromiso de trabajar por la unidad y la paz.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de sabernos perdonar mutuamente; de no pasar de largo ante el pecado de nuestro prójimo; de no acercarnos a él para condenarlo sino para salvarlo, aún a costa de nuestra propia vida, pues esa es la medida con que nosotros hemos sido amados por Dios, y, quienes en Cristo somos sus hijos, no podemos seguir un camino diferente al que Él nos mostró en la Cruz. Amén.

Homilía católica

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El Papa consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la Virgen de Fátima

El Papa consagrará el mundo al Inmaculado Corazón de María ante la Virgen de Fátima

martes, 13 de agosto de 2013

LECTURAS DE LA EUCARISTIA


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
Martes, 13 de Agosto de 2013
Décimonovena semana del tiempo ordinario. Ciclo C.

Josué, sé fuerte y valiente.
Tú irás con este pueblo hasta la tierra
que el Señor les dará

LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO 31, 1-8

Moisés dijo estas palabras a todo Israel: «Ya tengo ciento veinte años. En adelante no podré ejercer ninguna actividad; además, el Señor me dijo: "Tú no pasarás el Jordán". El Señor, tu Dios, es el que cruzará delante de ti; Él eliminará de tu presencia a todas esas naciones, y tú las desposeerás de sus dominios. Será Josué el que cruzará al frente de ti, como el Señor lo ha ordenado. El Señor tratará a esas naciones como trató a Sijón y a Og -los reyes amorreos- y a sus países, cuando los destruyó por completo. Él las pondrá en tus manos, y entonces ustedes deberán comportarse con ellas conforme a la orden que les di.
¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni tiemblen ante ellas. Porque el Señor, tu Dios, te acompaña, y Él no te abandonará ni te dejará desamparado».
Después Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente. Tú irás con este pueblo hasta la tierra que el Señor les dará, porque así lo juró a sus padres, y tú los pondrás en posesión de ella. El Señor irá delante de ti; Él estará contigo y no te abandonará ni te dejará desamparado. No temas ni te acobardes».

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL  Deut  32, 3-4a. 7-9. 12

R.    ¡La herencia del Señor es su pueblo!

Yo voy a proclamar el Nombre del Señor:
¡den gloria a nuestro Dios!
Él es la Roca:
su obra es perfecta. R.

Acuérdate de los días lejanos,
considera las épocas pasadas;
pregúntale a tu padre, y él te informará,
a los ancianos, y ellos te lo dirán. R.

Cuando el Altísimo dio una herencia a cada nación,
cuando distribuyó a los hombres,
Él fijó las fronteras de los pueblos
según el numero de los hijos de Dios. R.

Pero la parte del Señor es su pueblo,
la porción de su herencia es Jacob.
El Señor solo lo condujo,
no había a su lado ningún dios extranjero. R.



EVANGELIO

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños

EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO 18, 1-5. 10. 12-14

Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños».

Palabra del Señor.

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Reflexión:
Dt. 31, 1-8. Moisés nos da una gran enseñanza: hay que saber dar paso a quien continuará la obra del Señor. Moisés pone la responsabilidad de la posesión de la tierra prometida, del cumplimiento de las promesas divinas, en manos de Josué. Tanto al Pueblo como a Josué les anima con las mismas palabras: Sean valientes y fuertes, no teman, no se acobarden. Y les recuerda que el Señor, su Dios, avanza delante de ellos y que no los dejará ni los abandonará.
Quienes nos encaminamos hacia la Patria eterna también hemos escuchado la voz de Jesús que nos dice: no teman ni se acobarden; en el mundo tendrán dificultades, pero, ánimo, yo he vencido al mundo. Jesús, en el camino hacia la glorificación, nos ha precedido con su cruz. En

Él llega a su cumplimiento la promesa de salvación. Él es Aquel por quien se hace nuestra la conquista de la vida eterna. Esto no es obra nuestra, sino una donación gratuita de Dios para quienes hemos puesto nuestra plena confianza en Jesús, su Hijo, y nos hemos dejado guiar por su Espíritu.

Ojalá y la Iglesia de Cristo cumpla con su misión de continuar conduciendo a todos los pueblos a la plena participación de la Vida que Dios nos ofrece, pues una vez realizada la Redención, a nosotros corresponde, por voluntad del Señor, hacerla llegar hasta el último rincón de la tierra.

Dt. 32. 3-4a. 7-9. 12. Dios cita a juicio a su Pueblo, porque después de haberle manifestado tan grandes muestras de poder, como consecuencia del amor que le tiene, abandonó al Señor y se fue tras los ídolos, siendo así un pueblo rebelde y pertinaz. En esta parte de la Escritura el Señor recuerda a su Pueblo que Él se escogió como pueblo suyo a los hijos de Abraham, Isaac y Jacob y que les dio en posesión la tierra que Él se había reservado como suya; pues siendo su Pueblo, Él se las da en herencia.

Esta misma reflexión podemos hacerla quienes somos el nuevo Pueblo de Dios, con la diferencia de que el cielo, reservado para Dios, es la Tierra que Dios quiere darnos, pues, con Cristo somos coherederos de los bienes eternos.
Mientras nos encaminamos a la posesión de esos bienes, no entreguemos nuestro corazón a falsos dioses, creados por nuestra imaginación o por nuestras ansias de poseer desordenadamente las cosas terrenas y entregarles nuestro corazón, y quedar encadenados a ellas. Dios nos quiere como hijos, libres de todo mal y de todo lo pasajero; centrados únicamente en Él y fieles a la vocación que tenemos de ser sus hijos y de amarnos como hermanos.

Mt. 18, 1-5. 10. 12-14. La pregunta sobre quién es el más importante en el Reino de los cielos equivale a preguntar sobre quién es aquel por quien vela Dios de un modo especial, hacia quién o quienes se dirige de modo especial su amor. En el fondo se pregunta sobre la razón que da sentido al Envío y a la Encarnación del Hijo de Dios, a la entrega redentora de la vida del Hijo de Dios. Y el Señor nos dice que son los niños; los que en su tiempo no tenían valor alguno y más bien eran considerados como una carga para la familia y la sociedad.
Quien ante Dios se asemeje a los niños; quien no viva pagado de sí mismo, de su propio orgullo, sino que sepa que toda su vida está en manos de Dios, bajo su cuidado y providencia amorosa, ese, por su sencillez, humildad y confianza plena en Dios es el más importante.

Sabemos que todos somos pecadores; que nada hemos hecho de parte nuestra para merecer el que el Hijo de Dios, no reteniendo para sí mismo el ser igual que Dios, se haya anonadado a sí mismo y, hecho uno de nosotros haya salido a nuestro encuentro para conducirnos, lleno de alegría, a la presencia de su Padre, no como siervos, sino como hijos por nuestra unión a Él.
Esto nos hace ver que los pecadores jamás hemos sido expulsados de la mente ni del corazón de Dios, y que Él sigue amando y preocupándose por quienes amó aún antes de crearlos. Estos pequeños en la respuesta del amor, son buscados amorosamente por Dios, por medio de su Hijo Jesús, como el pastor busca a la oveja descarriada.
Ojalá y que nosotros no vayamos a ser ocasión de escándalo para esos pequeños en la fe y en el amor provocando el que, en lugar de dejarse encontrar por el Señor se alejen más y más de Él por culpa nuestra.

En esta Eucaristía el Señor se convierte en nuestra fuerza y valentía para no acobardarnos ante quienes quisieran que en lugar de triunfar la vida, triunfara la muerte. Dios quiere hacerse compañero de nuestro camino por esta vida; y para ello nos ofrece entrar en comunión de vida con Él. El Señor está y estará siempre con nosotros. Él nos conduce y jamás nos abandonará ni se alejará de nosotros. Ojalá y no seamos nosotros quienes le abandonemos y nos alejemos de Él. Él sabe de nuestras debilidades, pecados y miserias. Pero Él jamás ha dado marcha atrás en el amor que nos tiene. Podrán desaparecer el cielo y la tierra, pero su amor por nosotros será eterno. Él nos recibe con el cariño con que una madre estrecha a su hijo en su regazo, y con el mismo amor con que un Padre se inclina hacia su hijo pequeño.
Jesucristo, en su amor, ha dado su vida para que nos veamos libres de todo aquello que nos impide acercarnos a la presencia de su Padre Dios. Este Memorial de su Pascua que estamos celebrando nos recuerda ese amor que nos tiene. Ojalá y seamos ocasión de alegría para el Señor por retornar a su presencia para ser, nuevamente, revestidos de Cristo y convertirnos nosotros, por la obra de Dios en nuestra vida, en ocasión de alegría para nuestro prójimo.

Quienes creemos en Cristo debemos hacer nuestro el mismo camino que el Señor nos ha mostrado. No podemos convertirnos en ocasión de escándalo, de destrucción de la fe y del amor en nuestro prójimo. Dios nos ha llamado para que, estando al servicio de los demás, les ayudemos a encontrarse con Cristo y a participar de su amor y de la salvación que ofrece a todos.

Quienes viven como destructores de la vida; quienes son causantes del hambre, de la pobreza, del dolor y del sufrimiento de los demás, y piensen que por llamar Señor, Señor a Jesucristo, por eso están ya salvados, están sumamente equivocados. Dios nos quiere convertidos en un signo de su amor en favor de nuestros hermanos.

A nosotros corresponde continuar la obra de Jesús de salir a buscar a los pecadores y a los que sufren para encontrarles, alegrarnos de haberlos encontrado y dedicarnos a trabajar a favor de ellos, para que los pecadores rectifiquen sus caminos y los pobres recuperen su dignidad de hijos de Dios.

Cuando todos vivamos la unidad fraterna en torno a Cristo podremos decir que la paz, la alegría y el amor de Dios, en verdad, estarán entre nosotros.
Por eso, si Dios no quiere que nadie se pierda, no seamos nosotros quienes los condenemos; más bien, por muy grandes que sean sus pecados esforcémonos por ayudarles a encontrar el camino del bien aun cuando para ello tengamos que renunciar a nuestra propia vida.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser portadores de su amor, de su paz y de su alegría para todos los pueblos. Que nos conceda tener un especial cuidado de los pobres y pecadores, para ayudarlos a vivir conforme a la dignidad que todos tenemos de hijos de Dios. Amén.

Homilia católica


Santoral: San Ponciano, San Hipólito, San Estanislao de Kostka, San Juan Berchmans, San Venidlo Romançon, Beato Felipe de Jesús Munárriz y compañeros mártires y Beato Santiago Gapp.

El Papa Francisco exhorta a defender la vida desde la concepción

El Papa Francisco exhorta a defender la vida desde la concepción

EL PAPA FRANCISCO DICE:
VATICANO, 12 Ago. 13 / 10:17 am (ACI/EWTN Noticias).- La vida humana debe ser defendida "siempre", desde el vientre materno, reconociendo en ella un don de Dios y una "garantía del futuro de la humanidad", afirmó el Papa Francisco en un mensaje para la Semana Nacional de la Familia, que comenzó ayer en el Brasil.

Según señala Radio Vaticano, el Papa inicia su mensaje afirmando que todavía conserva "vivas en el corazón las alegrías recibidas" durante el viaje al Brasil por la Jornada Mundial de la Juventud celebrada hace unos dias en Río de Janeiro.

El Papa animó a los padres en la "misión noble y exigente de ser los primeros colaboradores de Dios en la orientación fundamental de la existencia y en la garantía de un buen futuro. Por ello es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen la maduración de la fe de los hijos".

Los padres, prosiguió el Papa, fueron llamados a "transmitir con las palabras y sobre todo con sus obras las verdades fundamentales sobre la vida y el amor humano, que reciben una nueva luz de la Revelación de Dios".

"En particular, frente a la cultura del deshecho, que relativiza el valor de la vida humana -subrayó el Santo Padre- los padres están llamados a transmitir a sus hijos la conciencia de que siempre debe ser defendida, desde el vientre materno, reconociendo en ella un don de Dios y una garantía del futuro de la humanidad, pero también en el cuidado de los ancianos, especialmente de los abuelos, que son la memoria viva de un pueblo y transmiten la sabiduría de la vida".

Para concluir, invocando la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, el Papa pidió que las familias puedan llegar a ser "los testimonios más convincentes de la belleza del amor sostenido por la fe".

La Semana Nacional de la Familia es una iniciativa de la Conferencia Episcopal del Brasil, y este año gira en torno al tema "Transmisión y educación de la fe cristiana en la familia". Los obispos brasileños, retomando el documento de Aparecida, recordaron en una nota que la familia "es uno de los tesoros más importantes de América Latina y es un patrimonio de toda la humanidad".


domingo, 11 de agosto de 2013

El amor de Dios es el verdadero tesoro del hombre, asegura el Papa Francisco

El amor de Dios es el verdadero tesoro del hombre, asegura el Papa Francisco

VATICANO, 11 Ago. 13 / 10:04 am (ACI/EWTN Noticias).- Esta mañana en sus palabras previas al rezo del Ángelus desde la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco recordó que antes que la familia, el trabajo, y los amigos está Dios, porque su amor es el verdadero tesoro del hombre que alimenta todo lo demás.

Bajo el abrasador sol de Roma y ante miles de peregrinos, el Papa Francisco cuestionó “yo me pregunto: ¿'Dónde está su tesoro', cuál es para ustedes la realidad más importante, más preciosa, la realidad que atrae sus corazones como un imán? ¿Qué atrae sus corazones, pueden decir que es el amor de Dios? Que cada uno responda en su corazón”.

“Alguno podrá decirme: Pero Padre, si yo trabajo, tengo familia, para mí la realidad más importante es llevar adelante la familia, el trabajo... ¿es cierto, eh? Es importante, ¿Pero cuál es la fuerza que tiene unida a la familia?”.

“Precisamente es el amor, y ¿quién siembra el amor en nuestros corazones? Dios, el amor de Dios. Es precisamente el amor que da sentidos a nuestros pequeños compromisos de cada día y nos ayuda a afrontar las grandes pruebas. Éste es el verdadero tesoro del hombre. Caminar hacia adelante en la vida con amor, con el amor que el Señor sembró en el corazón, con el amor de Dios”, explicó.

Basándose en el Evangelio de hoy, el Papa habló del encuentro definitivo con Cristo, “un deseo que nos hace estar siempre preparados, con el espíritu despierto, porque esperamos este encuentro con todo nuestro corazón, que todos nosotros, tanto de manera explícita como escondida, tenemos en el corazón. Todos, tenemos este deseo en el corazón”, dijo.

En este sentido, el Papa recordó que hay que tener en cuenta el contexto en el que Jesús dijo tales palabras a sus discípulos, “en este caso -continuó- Lucas nos muestra que Jesús está caminando con sus discípulos hacia Jerusalén, hacia la Pascua de la muerte y la resurrección, y en este camino les enseña confiándoles que Él mismo lleva el corazón”.

El Santo Padre indicó que Jesús se separa de los bienes terrenales, confiando en la providencia del Padre, que para Jesús es la espera de la vuelta a la casa del Padre, y para nosotros “es la espera de Cristo mismo, que vendrá para tomarnos y llevarnos a una fiesta sin fin, como ya hizo su Madre María Santísima, a quien llevó al Cielo con Él”.

Este Evangelio nos dice, continuó Francisco, que el cristiano es aquél que lleva dentro de sí mismo el deseo grande, el deseo profundo, de encontrarse con su Señor junto a sus hermanos, a sus compañeros de camino.

“Y todo esto Jesús lo resume así: 'Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”. El corazón que desea... ¡Así que todos nosotros tenemos un deseo! ¡Pobre gente la que no tenga un deseo! El deseo de caminar hacia adelante, hacia el horizonte, y para nosotros cristianos el horizonte es el encuentro con Jesús, precisamente el encuentro con él, que nuestra vida, nuestra alegría, aquél quien nos hace felices”, exclamó.

“¿Todos ustedes tienen un deseo, un corazón que desea? Piensen en responder en silencio en su corazón. Tiene un corazón que desea, o tienen un corazón cerrado, un corazón adormecido, un corazón anestesiado para las cosas de la vida? El deseo de caminar hacia el encuentro con Jesús... ¿Donde está su tesoro? Aquél que desean. Porque Jesús nos dijo 'Donde está su tesoro, allá estará su corazón'”, recordó.

El Papa precisó que el amor de Dios no es algo vago, un sentimiento genérico, sino que tiene un nombre y un rostro: Jesucristo.

“El amor de Dios se manifiesta en Jesús, porque nosotros no podemos amar el aire... ¡No, no se puede! Amamos a las personas, y la persona a la que aman es Jesús, el don del Padre entre nosotros. Es un amor que da valor y belleza a todo lo demás, un amor que da valor que da fuerza a la familia, al trabajo, al estudio, a la amistad, al arte, a cada actividad humana”, explicó.

Siguiendo esta línea, Francisco indicó que el amor de Dios también da sentido a las experiencias negativas, porque nos permite caminar hacia otras experiencias, no permanecer prisioneros del mal, sino superarlo, abrirnos siempre a la esperanza, aquél horizonte de la esperanza, al horizonte final de nuestro peregrinaje.

“De esta manera también las fatigas y las caídas encuentran un sentido. También nuestro pecados encuentran un sentido en el amor de Dios, porque este amor de Dios en Jesucristo nos perdona siempre, nos ama tanto que nos perdona siempre”.

Por último el Papa recordó que hoy la Iglesia recuerda a Santa Clara de Asís, que sobre las huellas de San Francisco dejó todo para consagrarse a Cristo en la pobreza.


“Santa Clara nos da un testimonio muy bello del Evangelio de hoy: que ella junto a la Virgen María nos ayude a vivirlo también a cada uno de nosotros, según la propia vocación”, concluyó.

El Papa: Deseo que cristianos y musulmanes se comprometan en el respeto mutuo

El Papa: Deseo que cristianos y musulmanes se comprometan en el respeto mutuo

jueves, 8 de agosto de 2013


LECTURAS DE LA EUCARISTÍA
Jueves, 8 de Agosto de 2013
Semana 18ª durante el año.

Primera lectura
LIBRO DE LOS NÚMEROS 20,1-13.
En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Cin, y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, nosotros y nuestro ganado?
¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?".
Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
y el Señor dijo a Moisés:
"Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado".
Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés les dijo: "¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?".
Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: "Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado".
Estas son las aguas de Meribá - que significa "Querella"- donde los israelitas promovieron una querella contra el Señor y con las que él manifestó su santidad.

Palabra de Dios.


Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9.
Vengan, alegres demos vivas al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva;
partamos a su encuentro dando gracias;
aclamémosle con cánticos.

¡Entremos, agachémonos, postrémonos;
de rodillas ante el Señor que nos creó!
Pues él es nuestro Dios
y nosotros el pueblo que él pastorea,
el rebaño bajo su mano.
Ojalá pudieran hoy oír su voz.

«No endurezcan sus corazones como en Meribá,
como en el día de Masá en el desierto,
allí me desafiaron sus padres
y me tentaron, aunque veían mis obras.



EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16,13-23.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Palabra del Señor.

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Reflexión
Núm. 20, 1-13. Ciertamente Moisés y Aarón pasaban continuamente momentos amargos al tener que cumplir con la misión que Dios les había confiado. Pero el Señor estaría siempre de su parte. Ante los diversos dones de Dios (carne en abundancia; maná durante todo el trayecto por el desierto, etc.) siempre darían su lugar al Señor; el pueblo sabría que era Dios quien se manifestaba como un Padre providente para con su pueblo.
Ahora Moisés, cansado, agobiado por el pueblo, lleno de enojo no glorifica al Señor y proclama: Escúchenme, rebeldes ¿creen que podemos hacer brotar agua de esta roca para ustedes? No son Moisés ni Aarón quienes les dan el agua, sino Dios. A pesar de que su Nombre no fue glorificado, Dios, al golpear Moisés la roca con la vara, concede agua en abundancia; esa roca acompañará al pueblo hasta la tierra prometida, conforme nos dice san Pablo en 1Cor 10, 4.
Dios nos llama para que entremos a la Patria eterna. Por medio de Cristo ha derramado en Nosotros el Espíritu Santo, fuente de agua viva que brota hasta la vida eterna, saciando nuestra sed de amor y de eternidad.
Tratemos de que toda nuestra vida sea una continua glorificación del Nombre de Dios.

Sal. 95 (94). Adoremos y bendigamos al Señor que nos hizo. Él, además de ser nuestro Dios, es nuestro Padre. Por eso acerquémonos a Él con el corazón agradecido; pero no han de ser sólo nuestros labios, sino toda nuestra vida la que se convierta en una continua acción de gracias al Señor.
Por eso, hemos de tener abierta nuestra inteligencia para escuchar su Palabra, dispuesto nuestro corazón para meditarla, presta nuestra voluntad para cumplirla e impulsada nuestra vida por su Espíritu para que se convierta en un auténtico testimonio de nuestra fe.
Ojalá que, por tanto, no endurezcamos nuestro corazón, sino que estemos dispuestos a vivir en plena comunión con el Señor, para que no sólo estemos ante Él de rodillas, sino que lo amemos sirviendo fraternalmente a nuestro prójimo, como el Señor nos lo ha ordenado en el mandamiento nuevo que nos dio.

Mt. 16, 13-23. Jesús no puede ser confesado por nosotros como un concepto, tal vez muy elaborado, a partir de estudios profundos sobre su persona humano-divina.
Tampoco podemos quedarnos en una fe recibida por tradición familiar, pero que en nada nos compromete con Él.
Mientras no entremos en una estrecha relación personal con Jesús, no podemos convertirnos en quienes proclaman el Evangelio desde un auténtico testimonio de vida. Quien en verdad ha entrado en comunión personal con Cristo, puede ser parte de la construcción de la Iglesia, que, como Comunidad litúrgica, prefigura en la tierra la unión y la alabanza que todos tributaremos a Dios en la eternidad.
Pedro confiesa a Jesús como Mesías, el Hijo de Dios vivo. El anuncio del Evangelio nos lleva también a nosotros a hacer esa confesión de fe. Si no hemos llegado, convencidos, a ella, el Evangelio no ha dado el fruto deseado en nosotros.
La misión de la Iglesia es evangelizar, para que quien crea y se bautice se salve. Y creer es aceptar que Jesús es el Hijo de Dios, y entrar en comunión de vida con Él. Al confesar a Jesús muerto y resucitado estamos siendo edificados sobre la fe de Pedro; pues, así como Abraham es la roca de la que fue tallado el pueblo de Dios (Is 51, 1-2), así la fe de Pedro le da fundamento a la Iglesia de Cristo.
Quien se aparte de la fe en Cristo como el Siervo sufriente y quiera verlo en la Gloria sin padecer, le estará haciendo el juego al maligno y tendrá que ponerse atrás de Jesús para contemplar su camino hacia la Gloria, pasando por la ignominia de la cruz. Entonces, una vez convertido y tomando su propia cruz tras las huellas de Cristo, Pedro podrá confirmar a sus hermanos en la fe.
Jesús nos invita a seguirlo, también nosotros, hacia la Gloria, cargando nuestra cruz de cada día.

En esta Eucaristía se congrega la Iglesia de Cristo con el convencimiento de ver en Él al Mesías e Hijo de Dios vivo; convencimiento nacido del Espíritu que nos hace comprender las Escrituras y llegar a la verdad plena.
No sólo ofrecemos al Padre el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Nosotros, junto con Él, nos ofrecemos al Padre como ofrenda de suave aroma.
Que el Señor nos ayude a no huir de nuestra propia cruz. Que junto con Cristo, sepamos entregar nuestra vida para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia. Entonces seremos dignos de participar, junto con Cristo, de la Gloria que Él posee ya a la diestra de Dios Padre.

En un mundo en que hay muchos anhelos de felicidad, pero que se rehuye al esfuerzo, al sacrificio; en un mundo en que todo se quisiera lograr casi de modo mágico, quienes creemos en Cristo hemos de manifestar, con nuestras obras y actitudes, que hay que aprender a esforzarse, a luchar, a sacrificarse, incluso a dar la propia vida con tal de que la sed de la auténtica felicidad quede saciada en todos los corazones.
No son los bienes materiales que pudiéramos dar a los demás; es la vida que se hace cercanía, que se hace diálogo de amor concreto lo que, finalmente, dará paz, alegría y gozo a quienes han perdido incluso el sentido de la vida a causa de la pobreza, o de las injusticias de que han sido víctimas.
¿Quién es para nosotros nuestro prójimo? Jesús nos dirá al final del tiempo: lo que hiciste al más insignificante de mis hermanos, a Mí me lo hiciste.
Ojalá que nuestra fe en Jesús nos lleve no sólo a darle culto, sino a servirlo amorosamente en nuestro prójimo, amándolo como nosotros hemos sido amados por Cristo.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber ser personas de fe en Cristo; con una fe viva que se manifieste con las obras, para que, viendo el mundo esas buenas obras glorifique a nuestro Padre, que está en los cielos. Amén.

Homilia católica