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miércoles, 30 de octubre de 2013

MI VOCACIÓN ES EL AMOR


MI VOCACIÓN ES EL AMOR

No esperes sentir amor para realizar actos
concretos de amor, ¡aunque no sientas,
quieras amar!

Santa Teresa del niño Jesús nos muestra
que la santidad es posible, que está al alcance
de todos y que es posible para todas las edades,
para todas las situaciones de vida.

La vida de Santa Teresa es un continuo llamado
de Dios para todos nosotros: "¡sed santos!"
En la Iglesia, ella encontró el camino más corto,
más simple y el más correcto, como ella misma
dijo: "en la Iglesia encontré mi vocación: el amor".

Hoy, te invito a hacer gestos concretos de amor.
Ni es necesario buscar, el propio Dios nos coloca
personas que conviven con nosotros continuamente.
El pedido de Dios es que amemos estas personas
concretas con gestos concretos.

No tengas miedo de hacer gestos concretos de amor.
El amor se expresa con gestos. Inclusive, es más fácil.
Tú conoces a las personas, sabes sus necesidades,
sus gustos... ¿por qué, entonces, no amarlas
expresando eso con gestos concretos?

Hay dos caminos: a veces tenemos amor
en el corazón, basta convertirlos en gestos
concretos; y otras veces, no sentimos amor
y porque queremos amar, hacemos un acto
de voluntad, que acaba produciendo amor
en nuestro corazón.

¡Experimenta! No esperes sentir amor para realizar
actos concretos de amor, aunque no sientas,
quieras amar, ama, decídete por el amor y haz
todos los gestos que puedas para las personas
con quienes convives.

No dudes, no importa quién eres tú, cuál sea
tu estado de vida, tu profesión.
Tú podrás decir: encontré mi vocación: es el amor.

Que Dios bendiga esta linda aventura
Tu hermano,


P. Jonas Abib

martes, 24 de septiembre de 2013

martes, 17 de septiembre de 2013

TÚ DECIDES

Porque la vida está llena de decisiones...
Tú decides qué camino tomar,
qué deseas hacer o pensar...

Ante las miradas o comentarios, que te ofrecen los demás;
tú decides qué acoges o que has de rechazar; nadie más que tú
sabe lo que te puede hacer crecer o lo que te pueda afectar;
está en tus manos decidir si los demás te hacen reír o llorar...

Si alguien a quien amas, te falló o se equivocó...
tú decides si perdonas o dejas que se apodere de ti el rencor...
solo tú sabes si quieres la paz para tu alma,
o que se llene de resentimiento tu corazón...

Y si se te presentan problemas que puedan tener o no solución;
tú decides si angustiarte o tomar las cosas con serenidad;
recuerda que si algo se puede solucionar, no tienes porqué
afanarte, sólo buscarla y luchar; y si no la tiene, la vida sigue,
no hay porque desgastar nuestras fuerzas en algo
que de ahí no da para más...

Si caes en tu caminar, tú decides levantarte y continuar;
o quedarte allí lamentándote y esperando a que otros
te mimen, se compadezcan y dejar tu meta escapar...
recuerda que caer no es fracasar; el dolor no deforma
sino que transforma, lo que no te mata te fortalece,
y se saborea más el triunfo, cuando se alcanza con esfuerzo
y sacrificio, que cuando se logra regalado o con facilidad...

En un mundo que te ofrece mil caminos que tomar,
tú decides qué quieres para tu vida, está en tus manos elegir
lo que creas te hará ser feliz de verdad...
tú decides luchar u obtener todo con facilidad o comodidad;
tú decides hacer cosas grandes y no dejar de luchar,
o quedarte en un mismo punto, conformarte
con lo que se te dé, y no ver lo que hay más allá...

Tú decides si crees en el Dios Amor, o si sigues buscando
respuestas que nunca lograrán llenar tu corazón...
Dios no te presiona a que lo ames, Él te ama sin condición...

Es cierto que no decides amar ni dejar de hacerlo;
porque es difícil mandar en el corazón; pero sí decides
si ese amor te hace crecer o si te destruye porque
no es correspondido o no resultó ser lo que tanto habías querido...

Y cuando alguien muy amado, le tocó partir...
tú decides si continuas porque la vida ha de seguir...
o si renuncias a todo y prefieres morir aunque
tu corazón no deje de latir...

Tú decides ser feliz o quejarte de todo, sin poder descubrir
las bendiciones que a diario, Dios tiene para ti...
Tú decides sentir paz, aún en el reír o llorar; o fingir
lo que no eres, lanzar carcajadas al aire, que oculten
lo que has decidido asumir en los momentos difíciles
o en los de prosperidad...

Eres tú quien tienes la libertad que Dios te ha dado
para decidir lo que quieras hacer de tu vida,
si quejarte y lamentarte por lo que no tienes
o disfrutar de todo lo que posees...

Tú decides de qué vas a alimentar tu espíritu,
si de personas, pensamientos, lecturas que te fortalezcan
e iluminen tu camino o si prefieres optar por aquello
que por más que lo recibas, tu alma y corazón
se sienten aún más vacíos...

Tú decides si te dejas amar por el Amigazo,
o si sigues buscando llenar tus vacíos con aquello pasajero
y efímero que más que paz te llena de ansiedad
y no te ayuda a experimentar la Grandeza del Amor de Dios.

Recuerda... eres tú quien decides, en tus manos está...


Fuente: celebrando la vida.

viernes, 13 de septiembre de 2013


Transformando el interior

Los momentos de dificultad deben ser tomados
como oportunidades de crecimiento y como pruebas
que Dios nos pone para prepararnos para nuevos
caminos o cosas mejores.

Ante situaciones difíciles, la persona debe aprender
a sobreponerse, debe luchar para que el entendimiento
no se llene de oscuridad y no se pierda el ánimo;
y hay que estar dispuesto a aceptar los designios
de Dios y asumir los cambios que la vida misma
va proporcionando.

Se requiere mucha fortaleza interior para afrontar las crisis
concentrándose en la búsqueda de soluciones positivas.
Pero esas soluciones positivas no se pueden ni se van
a encontrar fuera de uno mismo; toca buscarlas dentro,
en la interioridad, allá donde habita el alma y reside
la fuerza del espíritu.

Hay que llegar al interior de cada uno y mirarse a sí mismo
para aprender el sentido de la vida, observando y descubriendo
toda la riqueza del espíritu que nos anima.

Es preciso saber escuchar para poder entender y hablar.
Se requiere abrir el corazón para que el amor pueda habitar
en nosotros y en el silencio interior podamos escuchar
la Palabra de Dios.

Dentro de nosotros está todo lo que somos.
Se encuentran también, de alguna forma, todas
las personas y acontecimientos que han pasado
por nuestra mente a través de toda la vida.
Hay que ir al encuentro de todo lo que hay dentro
para identificarlo, evaluarlo, radicarlo en nuestro interior
si es un objeto de bien o desalojarlo si es un objeto de mal.

Hay que rescatar la autoconfianza, consolidar la fe
y hallar nuestra propia identidad. Es imprescindible
que aprendamos a iluminarnos a nosotros mismos,
a andar con determinación a comprometernos
en un verdadero proceso de transformación interior
en el que la fuerza del espíritu nos permita encontrar
nuestro mejor sentido.

P. Eusebio Gómez Navarro OC







martes, 12 de abril de 2011