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jueves, 3 de marzo de 2011

El error más grande




El error más grande lo cometes cuando,
por temor a equivocarte, te equivocas
dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.

No se equivoca el río cuando, al encontrar
una montaña en su camino, retrocede
para seguir avanzando hacia el mar;
se equivoca el agua que por temor a equivocarse,
se estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando muere
en el surco para hacerse planta;
se equivoca la que por no morir
bajo la tierra, renuncia a la vida.

No se equivoca el hombre que ensaya
distintos caminos para alcanzar sus metas,
se equivoca aquel que por temor
a equivocarse no acciona.

No se equivoca el pájaro que ensayando
el primer vuelo cae al suelo, se equivoca
aquel que por temor a caerse renuncia
a volar permaneciendo en el nido.

Pienso que se equivocan aquellos
que no aceptan que ser hombre
es buscarse a sí mismo cada día,
sin encontrarse nunca plenamente.


* * * * * * * * * * * * * *
Fuente: celebrando la vida. com

MARZO, MES DE SAN JOSE

VIDA VIRTUIOSA DE SAN JOSE

Su libre cooperación con la gracia divina hizo posible que su respuesta sea total y eficaz. Dios le dio la gracia especial según su particular vocación y, al mismo tiempo, la misión divina excepcional que Dios le confió requirió de una santidad proporcionada.

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: "Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la mas perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos."

San José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. José Obrero, celebrada el 1 de mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

martes, 1 de marzo de 2011

ORACION A SAN JOSE



ORACIÓN DE LOS HIJOS

Oh padre de Jesús,
tú que has tenido la suerte
de cargar en tus brazos a Jesús,
de acariciarlo;
protégenos también a nosotros
con tu amor paterno.

Defiéndenos
contra todo peligro
del alma y del cuerpo.

A ejemplo de Jesús,
haznos crecer
en edad y sabiduría,
para que podamos vivir siempre
en el amor de Jesús y María.
Amén.

sábado, 26 de febrero de 2011

SOBRE LA PREPARACION PARA PARTICIPAR EN LA SANTA MISA

 He querido compartir con ustedes el testimonio de Catalina Rivas que me ha hecho reflexionar sobre la preparación que debemos tener para participar en la Santa Eucaristía. Ya está dicho por el Magisterio de la Iglesia, ésta es una forma particular de meditar sobre las faltas que omitimos en el examen de conciencia antes de la Eucaristía.

TESTIMONIO DE CATALINA RIVAS SOBRE LA SANTA MISA.

En la maravillosa catequesis con la que el Señor y la Virgen María nos han ido instruyendo, en primer lugar, enseñándonos la forma de rezar el Santo Rosario, de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de los momentos de encuentro con Dios y con nuestra Madre bendita; la manera de confesarse bien… está, la del conocimiento de lo que sucede en la Santa Misa y la forma de vivirla con el corazón.

Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor Gloria de Dios y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor. Para que muchas almas consagradas a Dios, reaviven el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñas de las manos que tienen el poder de traerlo a la tierra para que sea nuestro alimento, las otras, para que pierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivan el asombro del encuentro cotidiano con el amor. Para que mis hermanos y hermanas laicos del mundo entero vivan el mayor de los Milagros con el corazón: la celebración de la Santa Eucaristía.

“Era la vigilia del día de la Anunciación y los componentes del grupo nuestro habíamos ido a confesarnos. Algunas de las señoras del grupo de oración no alcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para el día siguiente antes de la Santa Misa.

Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un poco atrasada, el señor Arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio. Dijo la Virgen con aquella voz tan suave y femenina que a una le endulza el alma. “Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha atención, porque de lo que seas testigo hoy, todo lo que vivas en este día, tendrás que participarlo a la humanidad.” Me quedé sobrecogida sin entender pero procurando estar muy atenta.

Lo primero que percibí es que había un coro de voces muy hermosas que cantaban como si estuviesen lejos, a momentos se acercaba y luego se alejaba la música como con el sonido del viento.

El señor Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar a la Oración Penitencial, dijo la Santísima Virgen:

“Desde el fondo de tu corazón, pide perdón al Señor por todas tus culpas, por haberlo ofendido, así podrás participar dignamente de este privilegio que es asistir a la Santa Misa.”

Seguramente que por una fracción de segundo pensé: “Pero si estoy en Gracia de Dios, me acabo de confesar anoche”.

Ella contestó: “¿Y tú crees que desde anoche no has ofendido al Señor? Déjame que Yo te recuerde algunas cosas. Cuando salías para venir aquí, la muchacha que te ayuda se acercó para pedirte algo y como estabas con retraso, a la apurada, le contestaste no de muy buena forma. Eso ha sido una falta de caridad de tu parte y dices no haber ofendido a Dios…?”

“De camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi te choca y te expresaste en forma poco conveniente contra ese pobre hombre, en lugar de venir haciendo tus oraciones, preparándote para la Santa Misa. Has faltado a la caridad y has perdido la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimado al Señor…?”

“En el último momento llegas, cuando ya la procesión de los celebrantes está saliendo para celebrar la Misa… y vas a participar de ella sin una previa preparación…”

- “Ya, Madre Mía, ya no me digas más, no me recuerdes más cosas porque me voy a morir de pesar y vergüenza”, contesté.

“¿Por qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíritu, que les otorgue un espíritu de paz que eche fuera el espíritu del mundo, las preocupaciones, los problemas y las distracciones para ser capaces de vivir este momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la celebración, y participan como si participaran de un evento cualquiera, sin ninguna preparación espiritual. ¿Por qué? Es el Milagro más grande, van a vivir el momento de regalo más grande de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.”

Era bastante. Me sentía tan mal que tuve más que suficiente para pedir perdón a Dios, no solamente por las faltas de ese día, sino por todas las veces que, como muchísimas otras personas, esperé a que termine la homilía del sacerdote para entrar en la Iglesia. Por las veces que no supe o me negué a comprender lo que significaba estar allí, por las veces que tal vez habiendo estado mi alma llena de pecados más graves, me había atrevido a participar de la Santa Misa.

Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. Dijo nuestra Señora: “Glorifica y bendice con todo tu amor a la Santísima Trinidad en tu reconocimiento como criatura Suya”.

  




Bibliografía: Catalina Rivas. La Santa Misa.Apostolado de la Nueva Evangelización. México 2003.

IMPRIMATUR
He leído atentamente el folleto “La Santa Misa”, Testimonio de Catalina, Misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús, y no encuentro en él nada contrario a la Sagrada Escritura ni a la doctrina de la Iglesia; por el contrario, creo sinceramente que es un testimonio de sublime enseñanza sobre el misterio de la Santa Misa. Recomiendo vivamente su lectura y meditación a sacerdotes y laicos para una mejor comprensión y vivencia del santo Sacrificio del Altar.
San Vicente, 2 de marzo de 2004.
Mons. José Barahona C.
Obispo de San Vicente
El Salvador, C.A.

Tienes derecho, pero no debes...


 


Tienes derecho, a enfadarte,
pero no debes pisotear la dignidad
de ninguna persona.

Tienes derecho a sentir celos del triunfo de los demás,
pero no debes desearle mal, a las demás personas.

Tienes, derecho a caer,
pero no debes quedarte tirado en el piso.

Tienes derecho a fracasar,
pero no debes sentirte derrotado.

Tienes derecho a equivocarte,
pero no debes sentir lástima de tí mismo.

Tienes derecho a regañar a tus hijos,
pero no debes romper sus ilusiones
de jóvenes emprendedores.

Tienes derecho a tener un mal día,
pero no debes permitir jamás
que se convierta en costumbre.

Tienes derecho a tomar una mala decisión,
pero no debes quedarte estacionado
en ese momento pasado.

Tienes derecho a ser feliz,
pero no debes olvidar ser agradecido.

Tienes derecho a pensar en el futuro,
pero no debes olvidar jamás el presente.

Tienes derecho a buscar tu superación personal,
pero no debes olvidar tus valores morales.

Tienes derecho a triunfar,
pero no debe ser a costa de otros.

Tienes derecho a inventar,
pero no debes olvidar nunca a Dios.

Tienes derecho a vivir en paz,
pero no debes confundir ese derecho inalienable
con ser mediocre ó conformista en la vida.

Tienes derecho a vivir en la opulencia,
pero no debes olvidar nunca compartir
con los menos afortunados en la vida.

Tienes derecho a desanimarte,
pero no debes perder la esperanza.

Tienes derecho a la justicia,
pero no debes confundirla con la venganza.

Tienes derecho a violentarte,
pero no debes dejar de ser cortés.

Tienes derecho a un mañana mejor,
pero no debes nunca cimentarlo
en un hoy fraudulento.

Tienes derecho a ser positivo,
pero no debes ser arrogante con ninguna persona.

Tienes derecho a soñar,
y enseñar a otros a soñar con un mundo mejor
y solidario, con los menesterosos.
¡De ahí en adelante has comenzado a forjar tu futuro!


 Fuente: Celebrando la vida . com